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LA CREACION DEL UNIVERSO

 

 

 

HARUN YAHYA

 

Fuente: www.harunyahya.com

 

 

 

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Title: LA CREACION DEL UNIVERSO

Author: Harun Yahya

 

Traducido del inglés por:

Abu Dharr Manzolillo

 

 

Título en inglés: The Creation of the Universe

Traducción al castellano: Agosto 2001 – Buenos Aires - ARGENTINA

Primera edición en turco: Agosto de 1999 – Vural Yayincilik – Estanbul - TURQUIA

Primera edición en inglés: 2000 – Al Attique Pub. – Toronto - CANADA

 


 

INDICE

 

 

INTRODUCCION        

EL COLAPSO CIENTIFICO DEL MATERIALISMO

 

CAPITULO 1   

LA CREACION DEL UNIVERSO DE LA NADA

 

CAPITULO 2   

EL EQUILIBRIO EN LA EXPLOSION

 

CAPITULO 3   

LA ARMONIA DE LOS ATOMOS

 

CAPITULO 4   

EL ORDEN EN LOS CIELOS

 

CAPITULO 5   

EL PLANETA AZUL

 

CAPITULO 6   

EL DESIGNIO EN LA LUZ

 

CAPITULO 7   

EL DESIGNIO EN EL AGUA

 

CAPITULO 8   

LOS ELEMENTOS DE LA VIDA ESPECIALMENTE CONCEBIDOS

 

CONCLUSION

UNA EXHORTACION A LA RAZON

 

APENDICE      

EL ENGAÑO DEL EVOLUCIONISMO


 

 

ACERCA DEL AUTOR

 

 

El autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primario y secundario en ésa ciudad y luego estudió Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El hecho de haber escrito obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy conocida.

El seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello del Profeta sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus contenidos. Dicho sello representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán y de la sunnah, es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la creencia religiosa.

Todas los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la existencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos.

Los lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.

Esos libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o filosofía pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos por Harun Yahya.

No cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un  modesto medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material.

Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues los mismos “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios.

Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los individuos.

Está claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto.

Quienes dudan que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los  valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que adquieren los lectores.

Hay algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según ésta. Considerando la situación del mundo de hoy día, que conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de otro modo puede ser demasiado tarde.

No es exagerado  decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea  primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.

  


 

AL LECTOR

 

 

Z            El motivo por el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución se debe a que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Dado que el darwinismo rechaza el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que durante los últimos 140 años mucha gente haya abandonado su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación importante mostrar que esta teoría es un engaño, obligación relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida islámico). Resulta imperativo que ese importante servicio sea puesto a disposición de todos. Posiblemente algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros. De ahí que pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida.

Z            Otro punto que tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Todos esos temas referidos a los versículos de Dios se explican de una manera tal que no dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector.

Z            El estilo empleado, llano, abierto y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo social, puedan comprender los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera lúcida y efectiva del relato lo hace de rápida lectura. Incluso quienes rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por los hechos a los que se hace referencia en los libros de este autor, lo que normalmente impide refutar la veracidad de sus contenidos.

Z            Esta obra y todos los otros trabajos del autor, escritos para el agrado de Dios, pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al intercambio de reflexiones y experiencias. Además, presentarlos y animar a otros a leerlos es una forma de comunicar el din.

Z            En función de lo antedicho agregamos reseñas de otras publicaciones al final de esta obra. Esperamos que la lectura de este volumen resulte muy placentera y se compruebe que todos los escritos comparten las mismas cualidades de este. También puede constatarse la existencia de una rica fuente de argumentos para las cuestiones relacionadas con la fe.

Z            En estos libros no encontrará, como en otros, los puntos de vista personales del autor, explicaciones basadas en fuentes dudosas, estilos irreverentes, falta del debido respeto y veneración a los temas sagrados, ni la desesperanza, el fomento de la duda o relatos pesimistas que produzcan desviaciones en los corazones.

 

 


 

I  N  T  R  O  D  U  C  C  I  O  N

 

EL COLAPSO

CIENTIFICO DEL

MATERIALISMO

 

 

El materialismo ya no puede suponer que es una filosofía científica.

 

Arthur Koestler, conocido filósofo social1

 

¿Cómo pasó a existir el universo infinito en el que vivimos?

¿Cómo se desarrollaron el equilibrio, la armonía y el orden de este universo?

¿A qué se debe que esta Tierra sea un lugar de refugio tan apropiado para vivir en ella?

Interrogantes como estos han suscitado cuestionamientos desde el amanecer de la raza humana. La conclusión a la que llegaron los filósofos y científicos que buscaban respuestas por medio del intelecto y el sentido común, es que el diseño y orden de este universo son evidencias de la existencia de un Creador supremo que lo gobierna en su totalidad.

Esta es una verdad indiscutible a la que podemos llegar por medio del discernimiento. Dios manifiesta esta realidad en Su libro santo, el Corán, libro que El proyectó como una guía para la humanidad hace catorce siglos. Dios comunica que creó el universo —el cual no existía hasta ese momento— con un propósito particular, con todos sus sistemas y equilibrios diseñados específicamente para la vida humana.

Dios invita a la gente a considerar esta verdad en los siguientes versículos:

 

¿Sois vosotros más difíciles de crear que el cielo que El ha edificado? Alzó su bóveda y le dio forma armoniosa. Obscureció la noche y sacó la mañana. Extendió, luego, la tierra… (Corán, 79:27-30).

 

En distintas partes del Corán se manifiesta que las personas deberían ver y considerar todos los sistemas y equilibrios en el universo, los cuales han sido creados para ellas por Dios, y sacar una lección de sus observaciones:

 

Y ha sujetado a vuestro servicio la noche y el día, el sol y la luna. Las estrellas están sujetas por Su orden. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que reflexiona. (Corán, 16:12)

 

El Corán señala en otro versículo:

 

Hace que la noche entre en el día y que el día entre en la noche. Ha sujetado el sol y la luna, prosiguiendo los dos su curso hacia un término fijo. Ese es Dios, vuestro Señor. Suyo es el dominio. Los que invocáis en lugar de invocarle a El no pueden lo más mínimo. (Corán, 35:13)

Esta simple verdad manifestada por el Corán se confirma también por medio de varios de los importantes fundadores de la ciencia de la astronomía moderna. Galileo, Kepler y Newton reconocieron que la estructura del universo, la disposición del sistema solar, las leyes de la física y sus distintos equilibrios, fueron creados por Dios, conclusión a la que arribaron como resultado de sus propias investigaciones y observaciones.

 

 

El Materialismo:

Una Falacia Del Siglo XIX

 

La realidad de la creación de la que hablamos ha sido negada o ignorada desde un principio por un particular punto de vista filosófico que se llama »materialismo«. Dicha filosofía, formulada inicialmente por los griegos de la antigüedad, se ha presentado luego también en otras culturas de época en época. La misma sostiene que la materia existe por sí sola y que siempre fue así, es decir, que su existencia es infinita. En base a ese dogma se supone que el universo también existió »siempre« y no fue creado.

A esa suposición de que el universo existió y existirá siempre, se suma la afirmación de que no hay ningún objetivo o propósito en el mismo. Se conjetura que todos los equilibrios, armonía y orden que vemos alrededor nuestro son, simplemente, el producto de la casualidad. También se presenta esta »afirmación de la casualidad« cuando se pregunta cómo pasó a existir el ser humano. La teoría de la evolución, a la que se conoce ampliamente como darwinismo, es otra aplicación del materialismo al mundo natural.

Ya hemos mencionado que algunos de los fundadores de la ciencia moderna eran creyentes que aceptaban que el universo fue creado y organizado por Dios. Pero en el siglo XIX hubo un cambio importante en la actitud del mundo científico respecto a este asunto. El materialismo fue introducido deliberadamente en el programa de la ciencia moderna por medio de distintos grupos. La filosofía materialista fue ampliamente aceptada y se expandió a todo el mundo científico debido a las condiciones políticas y sociales del siglo XIX, pues éstas le proveyeron una buena base a ese efecto.

No obstante, los descubrimientos de la ciencia moderna demostraron, de manera innegable, lo falsas que resultaban en realidad las suposiciones materialistas.

 

 

Los Descubrimientos De La Ciencia Del Siglo XX

 

Recordemos las dos afirmaciones del materialismo acerca del universo:

1) El universo tiene una existencia infinita en el tiempo. Por lo tanto, como no tiene principio ni fin, no fue creado.

2) Todo lo que hay en el universo es simplemente el resultado de la casualidad y no el producto de algún plan, proyecto o previsión adrede.

Esos dos conceptos fueron presentados de manera osada y defendidos ardientemente por los materialistas del siglo XIX, quienes, por supuesto, en lo único que se podían apoyar era en el limitado y cándido conocimiento de aquellos días, el cual fue totalmente refutado por los descubrimientos científicos del siglo XX.

El primer concepto descartado, enterrado, fue el de la existencia infinita del universo. Desde el decenio de 1920 se acumularon evidencias que negaban esa aseveración. Hoy día los científicos saben que el universo pasó a existir de la nada como resultado de una gran explosión imposible de concebir, conocida como el Big Bang. En otras palabras, el universo pasó a existir, o más bien, fue creado por Dios.

El siglo XX también fue testigo de la demolición del segundo supuesto materialista: todo lo que se presenta en el universo es el resultado de la casualidad y no de un designio. Investigaciones coherentes llevadas a cabo a partir del decenio de 1960, demuestran que todos los equilibrios físicos en el universo en general, y en nuestro mundo en particular, tienen una disposición o arreglo complejos, para hacer posible la vida. Al ir profundizándose esa investigación, se descubrió que cada una y todas las leyes de la física, la química, la biología y las fuerzas naturales fundamentales, como la gravedad y el electromagnetismo, así como las peculiaridades de la estructura de los átomos y demás elementos del universo, han sido estipulados con una precisión ajustada, de modo que se haga posible la existencia humana. Los científicos actuales denominan a ese extraordinario designio o construcción, »principio antrópico«. Este es el principio que establece que todas las peculiaridades del universo han sido arregladas cuidadosamente para hacer posible la vida humana.

En resumen, la filosofía llamada materialista ha sido totalmente refutada por la ciencia moderna. El materialismo pasó de tener una posición dominante en la visión científica del siglo XIX a ser una fábula que colapsó en el siglo XX.

¿Podría haber sido de otra manera?. Como indica Dios al decir, »No hemos creado en vano el cielo, la tierra y lo que entre ellos está. Así piensan los infieles…« (Corán, 38:27), es erróneo suponer que el universo fue creado en vano. Una filosofía totalmente defectuosa, como la materialista, al igual que los sistemas basados en ella, estaban condenados al fracaso desde el momento de su aparición.

La creación es una realidad que examinaremos en este libro. Veremos como ha colapsado el materialismo frente a la ciencia moderna y también seremos testigos de lo maravilloso y perfecto que ha sido el diseño del universo por parte de Dios.

 

 


 

CAPITULO 1

 

LA CREACION DEL UNIVERSO DE LA NADA

 

 

La teoría del big bang, según el modelo normal, asume que todas las partes del universo empezaron a expandirse simultáneamente. Pero, ¿cómo todas las distintas partes del universo pudieron sincronizar el comienzo de su expansión? ¿Quién dio la orden?

 

Andre Linde. Profesor de Cosmología2

 

El concepto de »creación del universo« es algo que ignoraban los astrónomos de hace un siglo. La razón de ello era la aceptación generalizada de la idea de que el universo existió siempre. Los científicos de entonces, al examinarlo, suponían que se trataba de un conglomerado de materia e imaginaban que nunca tuvo un comienzo. Para ellos, nunca existió el momento de la »creación«, es decir, un momento en que el universo y todas las cosas pasaron a existir.

Esta idea de la »existencia eterna« se acomoda a los conceptos europeos que surgieron de la filosofía materialista presentada en el mundo de la Grecia antigua y que sostiene que la materia es lo único que existió, existe y existirá siempre en el universo. Dicha filosofía sobrevivió bajo distintas formas durante la época de los romanos, aunque el materialismo declinó al final del imperio y de la Edad Media como resultado de la influencia de la Iglesia Católica y la filosofía cristiana. Pero después del Renacimiento el materialismo empezó a ganar amplia aceptación entre los eruditos y científicos europeos, debido en gran medida a la devoción de los mismos a la filosofía de la Grecia antigua.

Fue Emmanuel Kant quien, durante el Iluminismo europeo, reafirmó y defendió el materialismo. Kant declaró que el universo existió siempre y que ese era el único criterio posible, independientemente de los cuestionamientos que surjan. Los seguidores de Kant continuaron defendiendo la idea de un universo infinito así como el materialismo.

A comienzos del siglo XIX se aceptaba ampliamente que el universo no tuvo un inicio, es decir, que no fue creado. Y dichos conceptos pasaron al siglo XX a través de las obras del materialismo dialéctico, como las de Federico Engels y Carlos Marx.

Esa idea de un universo infinito se acoplaba muy bien con el ateísmo. No es difícil comprender porqué. Sostener que el universo tuvo un inicio podía implicar que fue creado, lo cual, por supuesto, requería de un creador, es decir, Dios. Resultaba más conveniente y más seguro evitar esa cuestión por medio de presentar la idea de que »el universo tiene una existencia eterna«, aunque no hubiese el más leve fundamento científico para sostener tal suposición. Georges Politzer, quien abrazó y defendió esa idea en los libros que publicó a principios del siglo XX, fue un ardiente paladín tanto del marxismo como del materialismo.

Confiando en la validez del modelo de »universo infinito«, se opuso a la idea de la creación en el libro »Principios Fundamentales de Filosofía«: »El universo no se trata de un objeto creado. De ser así, habría sido creado de manera instantánea por Dios, quien le hubiera dado existencia de la nada. Admitir la creación significa admitir, en primer lugar, que hubo un momento en que el universo no existía y que salió de la nada. Eso es algo que la ciencia no puede consentir«.3

Politzer suponía que la ciencia aportaba a la defensa de su idea del universo infinito. En realidad, la ciencia iba a demostrar que el universo tuvo un comienzo. Y como lo dijo el mismo Politzer, si hay una creación tiene que haber también un creador.

 

 

La Expansión Del Universo Y El Descubrimiento

Del Big Bang

 

El decenio de 1920 fue importante en el desarrollo de la astronomía moderna. En 1922, el físico ruso Alexander Friedmann hizo cálculos que evidenciaban que la estructura del universo no era estática e incluso que un impulso diminuto podía ser suficiente para provocar la expansión o contracción de toda la estructura según la Teoría de la Relatividad de Einstein. George Lemaitre, astrónomo belga, fue el primero en reconocer lo que significaba el trabajo de Friedmann. Y basándose en los cálculos de éste, declaró que el universo tuvo un comienzo y se expandió como resultado de algo que lo había disparado, impulsado. También dijo que la proporción de radiación podía ser usada como una medida de »eso« que lo había impulsado (a expandirse).

Las meditaciones de ambos estudiosos no atrajeron mayormente la atención y probablemente habrían sido ignoradas, de no ser por las evidencias que sacudieron el mundo científico en 1929. Ese año, el astrónomo norteamericano Edwin Hubble, que trabajaba en el observatorio Monte Wilson en California, hizo uno de los descubrimientos más importantes en la historia de la astronomía. Al observar una serie de estrellas a través de su gran telescopio, descubrió que la luz de los mismos estaba corrida hacia el rojo al final del espectro visible, y que, de manera concluyente, esa corrida estaba relacionada directamente con la distancia existente entre las estrellas y la Tierra. Este descubrimiento sacudió el fundamento del modelo de universo sostenido hasta ese momento.

Según las normas reconocidas de la física, los espectros de destellos de luz de objetos que viajan hacia el punto de observación tienden hacia el violeta, mientras que los destellos de luz de cuerpos que se alejan del punto de observación tienden hacia el rojo. (Comparando con el silbato del tren, la señal acústica va perdiendo intensidad cuando la máquina se aleja del observador, y se hace más potente cuando se acerca al observador). La observación de Hubble mostraba que, según dicha ley, los cuerpos celestes se alejaban de nosotros, de la Tierra. Poco después el científico hizo otro descubrimiento. Las estrellas no estaban alejándose sólo de la Tierra sino que también se alejaban una de otra. La única conclusión que se podía extraer de un universo en donde todo se alejaba de todo, era que estaba en una »expansión« constante.

Hubble había encontrado evidencias, por medio de la observación, de algo que George Lemaitre había »profetizado« y que otra de las más grandes mentes de nuestra época había reconocido unos 15 años antes. En 1915 Alberto Einstein había llegado a la conclusión de que el universo no podía ser estático en función de los cálculos basados en su teoría de la relatividad recientemente enunciada (con lo que se anticipaba a las conclusiones de Friedmann y Lemaitre). Conmocionado por su hallazgo, Einstein agregó una »constante cosmológica« a la ecuación con el objeto de que »la conclusión resulte correcta«, porque los astrónomos afirmaban que el universo era estático y no había ninguna manera de hacer que sus ecuaciones fueran compatibles con ese modelo. Años después Einstein iba a admitir como el más grande error de su carrera dicha constante cosmológica.

El descubrimiento de Hubble de que el universo se estaba expandiendo condujo a la aparición de otro modelo que no necesitaba ningún otro agregado para que la ecuación resulte correcta. Si el universo se estaba agrandando en tanto el tiempo avanzaba, el ir para atrás en el tiempo significaría que se achicaba. Y si se iba suficientemente para atrás, todas las cosas se contraerían y convergirían en un solo punto. La conclusión que se derivaba de este modelo era que, en algún momento, toda la materia del universo estuvo compactada en un solo punto-masa con »volumen cero« debido a su enorme fuerza de gravedad. Nuestro universo pasó a existir como resultado de la explosión de este punto de masa superconcentrada que tenía volumen cero. Esa explosión pasó a ser llamada  »el Big Bang«, y su existencia fue reconocida repetidamente por las evidencias observadas.

El Big Bang indicaba otra verdad. Decir que algo tiene volumen cero es equivalente a decir que es igual a »nada«. Todo el universo fue creado de »la nada«. Y además, este universo tuvo un inicio, contrariando la visión materialista que sostenía que »había existido eternamente«.

 

 

La Hipótesis De La »Condición Invariable Del Proceso

Físico« Llamada Teoría Del Estado Estacionario.

 

La teoría del Big Bang ganó rápidamente una amplia aceptación en el mundo científico, debido a las claras evidencias para ello. Con todo, los astrónomos que favorecían el materialismo y adherían a la idea de un universo infinito, exigieron oponerse al Big Bang en su lucha por respaldar un eje fundamental de su ideología. La razón de ello fue aclarada por el astrónomo inglés Arthur Eddington, quien dijo: »Filosóficamente, la idea de un comienzo abrupto del actual orden de la Naturaleza, resulta incompatible con mi forma de pensar«4.

Otro astrónomo que se opuso a la teoría del Big Bang fue Fred Hoyle. A mediado del siglo XX se presentó con un nuevo modelo llamado »teoría del estado estacionario«, el cual resultaba una prolongación de la idea de universo infinito del siglo XIX. Mientras aceptaba la evidencia incontrovertible de que el universo se estaba expandiendo, propuso que era infinito tanto en dimensión como en tiempo. Según este modelo, como el universo se expandía permanentemente, pasaba a existir materia nueva por sí sola en la cantidad correcta para mantener la »teoría del estado estacionario« en el universo. Con el solo visible objeto de apoyar el dogma de que »la materia existió siempre en un tiempo infinito«, lo cual es la base de la filosofía materialista, esta teoría discrepa totalmente con la del Big Bang que defiende que el universo tuvo un comienzo. Los sostenedores de la teoría del estado estacionario de Hoyle permanecieron oponiéndose con firmeza al Big Bang durante años. De todos modos, la ciencia operaba en contra de ellos.

 

 

El Triunfo Del Big Bang

 

En 1948, George Gamow llevó los cálculos de George Lemaitre varios pasos más adelante y se presentó con una nueva idea respecto al Big Bang. Si el universo se formó por medio de una explosión repentina, tremenda, debería haber quedado una definida cantidad de radiación de la misma. Esa radiación debería ser detectable y, por otra parte, ser uniforme en toda la extensión del universo.

En los dos decenios siguientes se iban a comprobar las conjeturas de Gamow. En 1965 dos investigadores llamados Arno Penzias y Robert Wilson, se toparon con una forma de radiación inadvertida hasta ese momento. Llamada »radiación cósmica de fondo«, era improbable que proviniese de algún punto en particular del universo porque era extraordinariamente uniforme. No estaba localizada ni tenía una fuente definida. Por el contrario, se distribuía de manera pareja por todos lados. Rápidamente se comprobó que esa radiación era la proveniente del Big Bang, que sigue presente aún desde el primer momento de la gran explosión. Gamow había determinado muy exactamente la frecuencia de la radiación prevista por los científicos. Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel por su descubrimiento.

En 1989, George Smoot y su equipo de la NASA enviaron un satélite al espacio, llamado COBE (Explorador Cósmico Ambiental). En sólo ocho minutos los sensibles instrumentos de abordo detectaron y confirmaron los niveles de radiación informados por Penzias y Wilson. Los resultados demostraron de manera concluyente la existencia cercana y densa de ese producto de la explosión que dio origen al universo. La mayoría de los científicos reconocieron que el COBE  había captado exitosamente los remanentes del Big Bang.

Iban a presentarse más evidencias del Big Bang. Una de ellas tenía que ver con la cantidad relativa de hidrógeno y helio en el universo. Las observaciones indicaban que la mezcla de ambos elementos en el universo estaban de acuerdo con los cálculos teóricos de lo que había quedado después del Big Bang. Esto fue otro golpe al corazón de la teoría del estado estacionario, porque si el universo hubiese existido siempre y nunca hubiese tenido inicio, todo el hidrógeno debería haberse convertido en helio.

Frente a esas evidencias el Big Bang ganó la aprobación casi completa del mundo científico. En un artículo de Scientific American de octubre de 1994 se advierte que el modelo del Big Bang era el único que podía responder a la constante expansión del universo y a otros resultados de los exámenes realizados.

Dennis Sciama, al defender la teoría del estado estacionario junto a Fred Hoyle durante años, describió la posición final a la que habían llegado después de que fueron reveladas todas las evidencias que tenían que ver con la teoría del Big Bang: “En un momento dado se presentó un debate algo virulento entre algunos de los proponentes de la teoría del estado estacionario  y los observadores que la ponían a prueba, posiblemente para rechazarla. En esa oportunidad mi intervención fue casi nula porque yo apoyaba la teoría del estado estacionario no en el sentido que creía el correcto sino en el que encontraba tan atractivo que quería fuese cierto. Fred Hoyle intervino activamente cuando se presentaron con fuerza las observaciones en contrario, con el objeto de intentar contrarrestarlas. Jugué un pequeño papel a su lado por medio de sugerir cómo enfrentar lo que era indudable. Pero mientras las evidencias se acumulaban, se hacía cada vez más incontrovertible que nuestra posición se frustraba y que había que abandonar la teoría del estado estacionario 5.

 

 

¿Quién Creó El Universo De La Nada?

 

Con este triunfo del Big Bang, la tesis de un »universo infinito«, que forma la base del dogma materialista, fue lanzada al basurero de la historia. Pero ello planteó también a los materialistas preguntas molestas: ¿Qué existía antes del Big Bang? ¿Qué fuerza pudo haber causado la gran explosión que resultó en un universo que no existía antes?

Materialistas como Arthur Eddington reconocieron que las respuestas a esas preguntas podían apuntar a la existencia de un creador supremo, lo que no les gustaría. El filósofo ateo Anthony Flew comentó al respecto: »La confesión, notoriamente, es buena para el alma. Por lo tanto, empiezo por confesar que el ateísmo Stratoniciano tiene que encontrarse turbado por el consenso cosmológico contemporáneo. Parece que los cosmólogos están suministrando la prueba científica de lo que Santo Tomás no pudo probar filosóficamente. Es decir, que el universo tuvo un inicio. En tanto que se pueda pensar como consuelo que el universo existe no sólo sin final sino también sin comienzo, es fácil argumentar que su existencia bruta (ilimitada) y todo lo encontrado como rasgos más fundamentales, debería aceptarse como la explicación última. Aunque creo que esto que digo es correcto, no resulta fácil ni consolador mantener esa posición frente a los argumentos del Big Bang«6.

Muchos científicos no condicionados al ateísmo, aceptan y consideran favorablemente la existencia de un creador con un poder infinito. Por ejemplo, el astrofísico norteamericano Hugh Ross propone un Creador del universo, Quien está más allá de todas las dimensiones físicas: »Por definición, el tiempo es esa dimensión en la que tienen lugar los fenómenos de causa-efecto. Si no existe ningún tiempo no hay ninguna causa ni hay ningún efecto. Si el inicio del tiempo es concurrente con el inicio del universo, como lo expresa el teorema espacial, entonces el autor del universo debe ser alguna entidad que opera en una dimensión temporal independiente y preexistente a la dimensión temporal del cosmos…. Ello nos dice que el Creador es trascendente y opera más allá de los límites de las dimensiones del universo. Nos dice que Dios no es el universo en sí y que Dios no queda contenido dentro del universo«7.

 

 

Objeciones A La Creación Y Porqué Son Defectuosas.

 

Es claramente obvio que el Big Bang significa la creación del universo de la nada, lo que resulta, seguramente, evidencia de una creación intencionada. Respecto a esto, algunos astrónomos y físicos materialistas han intentado presentar explicaciones alternativas para oponerse a dicha realidad. Ya hablamos de la teoría del estado estacionario, señalándose que quienes se sentían incómodos con la idea de »creación a partir de la nada« persistieron en ella, en un intento por apuntalar su filosofía, a pesar de todas las evidencias en contrario.

Los materialistas que aceptaban la teoría del Big Bang también presentaron una serie de modelos para exorcizarla de la idea de creación. Uno de ellos es el llamado modelo de universo »oscilante«; otro es el modelo cuántico de universo. Examinemos estas teorías y veremos porqué son inválidas.

El modelo de universo oscilante fue presentado por los astrónomos que no aceptaban la idea de que el Big Bang fuese el inicio del universo. En este modelo se supone que la actual expansión del universo eventualmente revierte en algún punto y comienza a contraerse. Esta contracción haría que todo se junte en un solo punto que volvería a explotar, iniciándose un nuevo ciclo de expansión. Según esos astrónomos, dicho proceso se repite de manera infinita en el tiempo. Este modelo sostiene también que el universo ya ha experimentado esa transformación infinito número de veces y que continuará siendo así para siempre. En otras palabras, según esta gente, el universo existe eternamente pero se expande y se contrae en distintos intervalos con una gran explosión como separación de cada ciclo. El universo en el que vivimos ahora es precisamente uno de esos estadios cíclicos.

No se trata sino de un endeble intento por acomodar el hecho del Big Bang a los criterios de un universo infinito. El escenario propuesto no es apoyado por el resultado de las investigaciones científicas de los últimos 15 a 20 años, que muestran que es imposible la existencia de un universo »oscilante« como el mencionado. Por otra parte, las leyes de la física no proveen ninguna razón de porqué un universo que se contrae debería explotar nuevamente después de juntarse en un solo punto: en todo caso, debería permanecer como está. Tampoco dan una razón de porqué un universo que se expande debería empezar a contraerse8.

Incluso si admitimos que hay algún mecanismo por medio del cual ese ciclo de contracción-explosión-expansión tiene lugar, el punto crucial  es que no puede suceder eternamente, como se supone. Cálculos hechos para este modelo muestran que cada universo transferirá una cantidad de entropía a su sucesor. En otras palabras, la cantidad de energía útil disponible se hace cada vez menor y cada vez que el universo se »reinicie« lo hará más lentamente y con un diámetro mayor. Esto hará que los universos sucesivos sean menores, hasta que, eventualmente, disminuirán poco a poco hasta la nada. Incluso si pudiese existir un universo »abierto y cerrado«, no podría perdurar eternamente. En algún punto se hace necesario que algo sea »creado« de »la nada«9.

En resumen, el modelo de universo oscilante es una fantasía deshauciada, cuya realidad física es imposible.

El »modelo de universo cuántico« es otro intento de purgar al Big Bang de sus implicancias creacionistas. Los sostenedores de este modelo se basan en las observaciones de la física cuántica (subatómica), donde se observa que las partículas subatómicas aparecen y desaparecen espontáneamente en el vacío. Interpretando que esta observación indica »que la materia puede originarse a nivel de cuanto«, opinan que »es una propiedad característica de la materia«. Algunos físicos intentan explicar el origen de la materia a partir de la no existencia, durante la creación del universo, como una »característica propia de la materia« y la presentan como parte de las leyes de la naturaleza. En este modelo se interpreta que nuestro universo es una partícula subatómica en un tamaño más grande.

Sin embargo, este silogismo está definidamente fuera de discusión y, en todo caso, no puede explicar cómo pasó a existir el universo. William Lane Craig, autor de El Big Bang: Teísmo y Ateísmo, explica porqué: »El vacío de la mecánica cuántica produciendo partículas materiales, está lejos de la idea común de ‘vacío’ (en el sentido de nada). En todo caso, un vacío cuántico es un mar de partículas que se forman y disuelven continuamente, que toman prestada la energía del vacío, para su breve existencia. Esto no es ‘nada’, por lo que no es cierto que las partículas de materia pasen a existir de la nada«10.

Así, en la física cuántica, la materia »no existe si no estaba presente antes«. Lo que sucede es que la energía ambiental se convierte repentinamente en materia y también repentinamente desaparece para convertirse en energía nuevamente. En resumen, no se cumple ninguna condición de »existencia a partir de la nada«, como se supone.

En la física, no menos que en otras ramas de la ciencia, existen científicos ateos que no vacilan en desfigurar la verdad a través de pasar por alto los puntos y detalles críticos con tal de sostener la visión materialista y alcanzar sus objetivos. Para ellos es mucho más importante defender el materialismo y el ateísmo que revelar las realidades y hechos científicos.

Frente a esa posición de los hombres de ciencia ateos, la mayoría de los demás descartan el modelo de universo cuántico. C. J. Isham explica que »ese modelo no es ampliamente aceptado debido a las dificultades inherentes que posee«11. Incluso algunos de los originadores de esa idea, como Brout y Spindel, la han abandonado12.

Una versión reciente y muy publicitada del modelo cuántico de universo fue presentada por el físico Stephen Hawking. En su libro Historia del Tiempo, Hawking dice que el Big Bang no significa necesariamente la existencia de la nada. Hawking propuso en vez de »la inexistencia del tiempo« antes del Big Bang, el concepto de »tiempo imaginario«. La esperanza de Hawking era ignorar la realidad de la »inexistencia« del tiempo antes del Big Bang por medio de ese tiempo »imaginario«.

Como concepto, »tiempo imaginario« es equivalente a cero  o a la no existencia, como el número imaginario de personas en una sala o el número imaginario de autos en una ruta. Aquí Hawking juega con las palabras. Supone que las ecuaciones son correctas cuando se refieren a un tiempo imaginario, pero en realidad esto no tiene ningún sentido. El matemático Sir Herbert Dingle se refiere a la posibilidad de fingir como reales en matemáticas las cosas imaginarias: »En el lenguaje de las matemáticas podemos decir mentiras como así también verdades, y dentro del campo de las matemáticas no hay ninguna manera posible de distinguir unas de otras. Podemos distinguirlas solamente por la experiencia o por el razonamiento por fuera de las matemáticas, aplicado a la posible relación entre la solución matemática y su correlato físico«13.

Para decirlo resumidamente, una solución matemática teórica o imaginaria no necesita tener una consecuencia real o cierta. Usando una propiedad exclusiva de las matemáticas, Hawking produce una hipótesis que no está relacionada con la realidad. Pero, ¿qué razón podría tener para ello? Es fácil encontrar la respuesta a esa pregunta en sus propias palabras. Hawking admite que prefiere modelos de universo alternativos al Big Bang, porque éste »sugiere la creación divina«, mientras que los otros están proyectados para oponérsele14.

Lo que muestra todo esto es que los modelos alternativos al del Big Bang, como el modelo del estado estacionario, el modelo de universo abierto y cerrado, el modelo de universo cuántico, surgen de hecho de los prejuicios filosóficos de los materialistas. Los descubrimientos científicos han demostrado la realidad del Big Bang e incluso pueden explicar »la existencia de la nada«. Y  esta es una evidencia muy fuerte de que el universo fue creado por Dios, cosa que los materialistas rechazan totalmente.

Un ejemplo de esa oposición al Big Bang se puede encontrar en un ensayo de John Maddox, editor de »Nature«, (revista materialista) aparecido en 1989. En »¡Abajo con el Big Bang!«, Maddox dice que el Big Bang es filosóficamente inaceptable porque ayuda a los teólogos al proveerles un fuerte respaldo a sus ideas. El autor predijo también que el Big Bang sería desaprobado y que el apoyo al mismo se extinguiría en un decenio15. Seguramente Maddox se sintió aún más molesto por los descubrimientos realizados en esos diez años subsiguientes, los cuales aportaron más evidencias de la existencia del Big Bang.

Algunos materialistas actúan con un mayor sentido común en este tema. El materialista británico H. P. Lipson acepta la realidad de la creación, si bien con »desagrado«, cuando dice: »Si entonces la materia viva no se origina en la interrelación de los átomos, de las fuerzas naturales y de la radiación, ¿cómo pasó a existir?… Pienso, no obstante, que debemos… admitir que la única explicación aceptable es la creación. Se que esto es anatema para los físicos, como lo es para mí, pero no debemos rechazar lo que no nos gusta si la evidencia experimental lo sustenta«16.

En conclusión, la verdad revelada por la ciencia es la siguiente: la materia y el tiempo pasaron a existir por medio de un conocedor independiente con un poder inmenso, es decir, por medio de un Creador. Dios, el Poseedor de una potestad, conocimiento e inteligencia todopoderosa, ha creado el universo en el que vivimos.

Los Signos En El Corán

 

Además de explicar el universo, el modelo del Big Bang tiene otra implicancia importante. Como señala la cita de Anthony Flew mencionada antes, la ciencia ha comprobado una afirmación sostenida hasta ahora sólo por las fuentes religiosas.

La verdad que es defendida por éstas es la realidad de la creación a partir de la nada. Esto ha sido declarado en los libros santos que han servido de guía al género humano durante miles de años. Y aunque el Antiguo y Nuevo Testamento fueron bastante alterados, también nos informan que Dios creó el universo y todo de la nada.

En el único libro de Dios que ha sobrevivido completamente intacto, el Corán, aunque revelado hace catorce siglos, hay manifestaciones acerca de la creación del universo de la nada, como así también la forma en que ello se produjo, lo cual está en paralelo con el conocimiento del siglo XX.

 

En primer lugar, la creación del universo de la nada es revelada así en el Corán: Creador de los cielos y de la tierra… (Corán, 6:101).

 

Otro aspecto importante revelado en el Corán catorce siglos antes del descubrimiento del Big Bang y de los hallazgos relacionados con ello, es que el universo, cuando fue creado, ocupaba un volumen muy pequeño:

 

¿Es que no han visto los infieles que los cielos y la tierra formaban un todo homogéneo y los separamos? ¿Y que sacamos del agua a todo ser viviente? ¿Y no creerán? (Corán, 21:30)

 

En el original árabe del versículo coránico mencionado, hay una elección de palabras muy importante. La palabra ratk traducida como »formando un todo homogéneo«, significa »mezclado«, »mixturado«, en los diccionarios de la lengua árabe. Es usada para referirse a dos sustancias distintas que forman un todo. La oración »los separamos« corresponde al verbo fatk en árabe e implica que algo pasó a existir por medio de separarlo de modo violento, frenético, o destruyendo la estructura de ratk. La semilla que brota en el suelo es una de las acciones a la que se aplica este verbo.

Veamos de nuevo este versículo teniendo presente lo dicho. Los cielos y la tierra son los primeros que caen en la categoría de ratk y son separados (fatk) por medio de hacer salir a uno del otro. Los cosmólogos hablan de modo intrigante de un »huevo cósmico« que consistía de toda la materia del universo antes del Big Bang. En otras palabras, todos los cielos y la tierra estaban incluidos en dicho huevo en condición de ratk. Ese huevo cósmico explotó violentamente, lo cual llevó a su materia a fatk, proceso en el que se creó la estructura de todo el universo.

Otra verdad revelada en el Corán es la expansión del universo, descubierta en el decenio de 1920. El descubrimiento de Hubble de la corrida del espectro de la luz de las estrellas al rojo, es revelado así en el Corán:

 

Y el cielo (el universo) lo construimos con fuerza. Y, ciertamente, asignamos un vasto espacio (lo expandimos). (Corán, 51:47)

En resumen, los descubrimientos de la ciencia moderna sostienen la verdad que es revelada en el Corán y no el dogma materialista. Los materialistas pueden suponer que todo se da por »casualidad«, pero el hecho manifiesto es que el universo pasó a existir como resultado de un acto de creación por parte de Dios y que el único conocimiento verdadero respecto al origen del universo tiene que fundamentarse en las palabras de Dios reveladas a nosotros.


 

CAPITULO 2

 

EL EQUILIBRIO EN LA EXPLOSION

 

 

La fuerza explosiva del universo es así igualada, con una exactitud casi increíble, a su fuerza gravitatoria. El big bang no fue, evidentemente, una explosión antigua cualquiera, sino una explosión de una magnitud perfectamente dispuesta, preparada.

 

Paul Davis. Profesor de Física Especulativa17

 

En el primer capítulo examinamos la creación del universo a partir de la nada como resultado de una gran explosión. Consideremos ahora algunas implicancias de ello.

Los científicos estiman que en el universo existen más de 300 mil millones de galaxias de formas distintas (espiraladas, elípticas, etc.) y que cada una contiene aproximadamente tantas estrellas como el número de galaxias que hay en el universo. Una de esas estrellas, el Sol, tiene nueve planetas mayores que rotan alrededor suyo con una gran armonía. Todos nosotros vivimos en el tercero de esos planetas, contados a partir del sol.

Observe alrededor suyo. Lo que ve, ¿se le presenta como una desordenada mezcolanza de materia esparcida al azar por aquí y por allá? Por supuesto, no. Pero, ¿cómo pudo la materia haberse constituido en galaxias organizadas si había sido dispersada sin orden ni concierto? ¿Por qué la materia se acumuló en ciertos puntos y formó estrellas? ¿Cómo pudo haber emergido el delicado equilibrio de nuestro sistema solar a partir de una explosión violenta? Muchas preguntas importantes como estas, nos conducen al real interrogante de cómo fue estructurado el universo después del Big Bang.

Si el Big Bang fue realmente una explosión catastrófica, entonces es razonable sostener que la materia fue diseminada de manera fortuita por todas partes. Sin embargo, no fue así. Por el contrario, se organizó en planetas, estrellas, galaxias, grupos de galaxias y supergrupos de galaxias. Se asemeja al hecho de una bomba que al explotar en un granero provoca que todo el trigo se deposite embolsado en la cubierta de un camión listo para ser despachado a un lugar determinado, en vez de producirse una lluvia de granos por todas partes. Fred Hoyle, firme opositor durante años a la teoría del Big Bang, expresó su sorpresa frente a esta estructura del universo: »La teoría del Big Bang sostiene que el universo comenzó con una explosión singular. No obstante, una simple explosión rompe la materia y la arroja por todos lados, en tanto que el Big Bang, misteriosamente, ha producido el efecto opuesto, es decir, aglutinó la materia en forma de galaxias«18.

Que la materia producida por el Big Bang fuese a formar estructuras tan organizadas, resulta, en realidad, algo extraordinario. El hecho de una armonía así nos conduce a la comprobación de que el universo fue el resultado de su creación perfecta por Dios.

En este capítulo examinaremos y consideraremos dicha perfección y excelencia extraordinarias.

 

 


 

La Aceleración En La Explosión

 

La gente que oye hablar del Big Bang no considera el tema en profundidad, no piensa acerca del plan extraordinario que debe yacer detrás de esta explosión. Eso se debe a que la idea de explosión no sugiere armonía, planificación u organización para la mayoría de las personas. En realidad, hay una serie de aspectos muy enigmáticos en el intrincado orden del Big Bang.

Una de esas cosas confusas tiene que ver con la aceleración provocada por la explosión. Cuando ésta tuvo lugar, la materia tuvo que haber empezado a moverse, seguramente, a cierta velocidad en todas las direcciones. Pero hay otro punto al que tenemos que prestar atención: también debe haber existido una gran fuerza de atracción en el primer momento de la explosión, es decir, la gran fuerza de atracción o gravitatoria existente como consecuencia de tener a toda la materia del universo reunida en un punto.

Aquí operan dos fuerzas distintas y opuestas. La energía de la explosión, sometiendo a la materia a la fuerza centrífuga, y la fuerza de atracción, intentando resistir a la anterior y presionando por juntar todo de nuevo.

El universo pasó a existir porque esas dos fuerzas estaban equilibradas. Si la fuerza de atracción hubiese sido mayor que la centrífuga, el universo hubiera colapsado, se habría juntado en un punto. Si hubiese sido cierto lo opuesto, la materia se habría esparcido en todas direcciones, de una manera que nunca se uniría nuevamente.

Entonces, ¿cuán sensible es este equilibrio? ¿Cuánta »separación« o »diferencia« podía haber existido entre esas dos fuerzas?

El físico matemático Paul Davies, profesor en la Universidad Adelaide de Australia, realizó prolongados cálculos de las condiciones que deben haber existido al producirse el Bing Bang y concluyó con un resultado que sólo se puede describir como pasmoso. Según Davies, si la velocidad de expansión hubiese diferido en más de 10-18 segundos (un quintillonésimo de segundo) no habría existido el universo. Davies describe su conclusión: »Medidas cuidadosas ponen la velocidad de expansión muy cercana al valor crítico en el cual el universo escapa a su fuerza de gravedad y se expande para siempre. Si esa velocidad de expansión hubiese sido un poco más lenta, el cosmos hubiera colapsado; y si hubiese sido un poco mayor el material cósmico se habría dispersado completamente hace tiempo. Es interesante preguntar específicamente cuán delicadamente ha sido »ajustada« la velocidad de expansión para ubicarse en esa estrecha línea divisoria entre dos catástrofes. Si en un tiempo de 1 seg (por medio del cual el tiempo patrón de expansión ya fue firmemente establecido) la velocidad de expansión hubiese diferido de su valor real en más de   10-18, habría sido suficiente para eliminar el equilibrio. La fuerza explosiva del universo es así igualada, con una exactitud casi increíble, a su fuerza gravitatoria. El big bang no fue, evidentemente, una explosión antigua cualquiera, sino una explosión de una magnitud perfectamente dispuesta, preparada«19.

Bilim Teknik (»Ciencia Técnica«, periódico científico turco) cita un artículo que apareció en »Science«, donde se habla del fenomenal equilibrio obtenido en la fase inicial del universo:

»Si la densidad del universo hubiese sido un poco mayor, no se habría expandido debido a la fuerza de atracción de las partículas atómicas, sino que se hubiese contraído hasta quedar éstas sumidas en un punto, según la teoría de la relatividad de Einstein. Si la densidad hubiese sido un poco menor, entonces el universo se hubiera expandido rápidamente, por lo que las partículas atómicas no se hubiesen atraído entre sí y nunca se hubieran formado las estrellas y las galaxias. En consecuencia, ¡el ser humano no hubiese existido nunca! Según los cálculos, la diferencia entre la densidad real del universo y su densidad crítica —que es improbable que ocurra— es menor a un cuatrillonésimo de un uno por ciento. Esto es similar a colocar un lápiz en una posición tal que pueda permanecer parado sobre su punta más de mil millones de años… Por otra parte, como el universo se expande, ese equilibrio se vuelve más delicado«20.

Incluso Stephen Hawking, quien se esfuerza por justificar la creación del universo como producto de una serie de coincidencias en Historia del Tiempo, reconoce el extraordinario equilibrio en la velocidad de expansión: »Si la velocidad de expansión un segundo después del Big Bang hubiese sido menor, incluso en una parte en cien mil billones (uno dividido cien mil billones, es decir, 1/1017), el universo habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado nunca su tamaño natural«21.

¿Qué indica entonces un equilibrio tan notable como este? La única respuesta racional a la pregunta es que prueba la existencia de un proyecto o designio consciente que, por lo tanto, no podría ser accidental. A pesar de su tendencia materialista, el Dr. Davies admite eso: »Es difícil rechazar que la actual estructura del universo, evidentemente tan sensible a las menores alteraciones según los cálculos, haya sido, más bien, algo cuidadosamente considerado… La aparente concurrencia milagrosa de valores numéricos que la naturaleza ha asignado a sus constantes fundamentales, debe permanecer como la evidencia más precisa de un componente de designio cósmico«22.

 

 

Las Cuatro Fuerzas

 

La aceleración de la explosión del Big Bang es sólo uno de los notables equilibrios en el momento incial de la creación. Inmediatamente después del Big Bang, las fuerzas que apuntalaron y organizaron el universo en el que vivimos, tenían que ser numéricamente »correctas«, pues de otro modo no habría existido. Las »fuerzas fundamentales« reconocidas por la física moderna son cuatro. Toda estructura y movimiento en el universo es gobernado por esas cuatro fuerzas, conocidas como de gravedad, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil. Estas dos últimas operan únicamente a escala atómica. Las otras dos gobiernan la asociación o reunión de los átomos, en otra palabras, la »materia«. Estas cuatro fuerzas fundamentales entraron en acción inmediatamente como consecuencia del Big Bang y condujeron a la creación de los átomos y de la materia.

Una comparación de esas fuerzas es ilustrativa, porque sus valores son sorprendentemente distintos entre sí. A continuación se dan unidades normales internacionales:

Fuerza nuclear fuerte            15

Fuerza nuclear débil              7.03 x 10-3

Fuerza electromagnética       3.05 x 10-12

Fuerza gravitatoria                5.90 x 10-39

Advirtamos cuán grandes son las diferencias en las intensidades de las cuatro fuerzas fundamentales. ¡La razón entre la más potente (fuerza nuclear fuerte) y la más débil (fuerza gravitatoria) es aproximadamente igual a una cifra constituida por el número 25 seguido de treinta y ocho ceros! ¿A qué se debería esto?

A esta cuestión se refiere el biólogo molecular Michael Denton en su libro El Destino de la Naturaleza: »Si, por ejemplo, la fuerza gravitatoria fuese un billón de veces más potente, entonces el universo sería mucho más pequeño y su vida histórica mucho más corta. Una estrella promedio tendría una masa un billón de veces menor a la del sol y un período de vida de cerca de un año. Por otra parte, si la gravedad hubiese sido menos intensa, nunca se hubiese formado ninguna estrella o galaxia. Las otras relaciones o valores no son menos críticos. Si la fuerza fuerte hubiese sido levemente más débil, el único elemento estable sería el hidrógeno. No podría existir ningún otro átomo. Si hubiese sido levemente más potente en relación al electromagnetismo, entonces un rasgo estable del universo solo sería un núcleo atómico consistente en dos protones, lo que significaría que no habría nada de hidrógeno. Y si se hubiese desarrollado alguna estrella o galaxia, serían muy distintas de como son hoy. Claramente, si estas distintas fuerzas y constantes no tuvieran los valores precisos que tienen, no habría ninguna estrella, supernova, planeta, átomo o vida.«23.

Paul Davies comenta cómo las leyes de  la física estipulan las condiciones ideales para que la gente viva: »Si la naturaleza hubiese optado por una leve diferencia en ciertos guarismos, el mundo sería un lugar muy distinto. Probablemente no estaríamos aquí… Recientes descubrimientos acerca del cosmos primitivo nos obliga a aceptar que el universo en expansión ha sido puesto en movimiento con la cooperación de una precisión asombrosa«24.

Arno Penzias, quien fue el primero, junto con Robert Wilson, en detectar la radiación cósmica de fondo (descubrimiento por el que recibieron el Premio Nobel en 1965), hace un comentario sobre la maravillosa concepción del universo: »La astronomía nos conduce a un evento único, a un universo que fue creado de la nada, con equilibrios muy delicados y necesarios para proveer las condiciones exactas requeridas que permitan la vida, a un universo que tiene un plan fundamental (podríamos decir un ‘plan más allá de lo mundano’)«25.

Todos los científicos que hemos citado extrajeron una conclusión importante de sus observaciones. El examinar y pensar en el equilibrio increíble y el orden hermoso en el diseño del universo, conduce a una verdad: en este universo existe un propósito superior y una armonía perfecta. Incuestionablemente, el que concibe ese propósito es Dios, Quien ha creado todas las cosas sin tacha. En uno de sus versículos Dios llama nuestra atención sobre ese orden en la creación del universo, planeado y calculado en cada detalle: Quien posee el dominio de los cielos y de la tierra, … lo ha creado todo y lo ha determinado por completo. (Corán, 25:2)

 

 

El Cálculo De Probabilidad Refuta La »Casualidad«

 

Lo dicho hasta ahora exhibe el extraordinario equilibrio entre las fuerzas que hacen posible la vida humana en este universo. La aceleración de la explosión del Big Bang, los valores de las cuatro fuerzas fundamentales y todas las otras variables que examinaremos en los capítulos que siguen, variables que son vitales para la existencia, han sido dispuestas con una precisión extraordinaria.

Hagamos una breve digresión y consideremos la teoría de la casualidad sostenida por el materialismo. La coincidencia es un término matemático y la posibilidad de que algo suceda se puede calcular valiéndonos del cálculo de probabilidad.

Echemos mano del mismo.

Tomando en cuenta las variables físicas, ¿cuál es la posibilidad de que un universo que pasó a existir por casualidad produzca organismos vivientes? ¿Una en billones de billones? ¿Una en trillones en trillones? ¿O una en una cifra aún mayor?

Roger Penrose, conocido matemático británico y muy amigo de Stephen Hawking, se preguntó acerca de esto e intentó calcular la probabilidad. Incluyendo lo que consideraba eran todas las variables requeridas por los seres humanos para vivir en un planeta como el nuestro, calculó la probabilidad de que este medio ambiente se dé entre todos los que posiblemente se hubiesen generado a partir del Big Bang.

Según Penrose, la probabilidad de que ello ocurra está en el orden de 1/1010123.

Es difícil imaginar lo que significa este número. En matemáticas, el valor de 10123 se expresa por un 1 seguido  de ciento veintitrés ceros. (Dicho sea de paso, es un número mayor al de átomos que se cree existen en todo el universo, el cual está calculado en 1078). Pero la cifra que nos da Penrose, como vimos, es mucho más grande: un uno seguido de ciento veintitrés ceros.