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En el nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo
SOLO EL AMOR PUEDE DERROTAR AL TERRORISMO
HARUN YAHYA
Fuente: www.harunyahya.com
FEBRERO 2004
Primera traducción al inglés: Mayo de 2003, Estambul, Turquía. Segunda traducción al español: Abu Dharr Manzolillo, Febrero de 2004, Buenos Aires, Argentina.
INDICE
INTRODUCCION
EL SANGRIENTO SALDO DE VICTIMAS PRODUCIDO POR EL TERRORISMO
LAS IDEOLOGIAS ATEAS Y EL INCREMENTO DEL TERRORISMO
SOLO EL AMOR PUEDE DERROTAR AL TERRORISMO
UN LLAMADO A LA PAZ: LA TOLERANCIA Y LA MORAL APROPIADA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y EN EL NUEVO TESTAMENTO
LA MORAL SUPERIOR DEL PROFETA MUHAMMAD (bp)
LAS SOLUCIONES PRESENTADAS POR BEDIUZZAMAN SAID NURSI AL PROBLEMA DEL TERROR Y LA ANARQUIA
CONCLUSION
LA EQUIVOCACION DEL EVOLUCIONISMO AL LECTOR
● El motivo por el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución, es que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Dado que el darwinismo rechaza el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente abandone su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación importante relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida islámico) mostrar que esta teoría es un engaño. Resulta imperativo que ese importante servicio sea puesto a disposición de todos. Y como es posible que algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros, pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida. ● Otro punto que tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Los temas referidos a las palabras de Dios se explican de una manera tal que no dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector. El estilo empleado, llano, abierto y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo social, puedan comprender los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera lúcida y efectiva del relato lo hace de rápida lectura. Incluso algunos que rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por la veracidad de los hechos a los que se hace referencia en los libros de Harun Yahya, y no pueden refutar sus contenidos. ● Este y los demás trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al intercambio de reflexiones y experiencias. ● Además, será un gran servicio al din contribuir a la presentación y lectura de este libro, el cual está escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los escritos de Harun Yahya son muy convincentes. Por esta razón, uno de los métodos más efectivos de comunicar el din a otras personas es impulsar a su lectura. Sería interesante que el lector se tome cierto tiempo para leer las breves presentaciones de otros libros que se encuentran al final de este volumen, en las que podrá apreciar el mérito de los temas que se desarrollan. Asimismo, esperamos que su lectura le producirá un gran placer. ● A diferencia de otras publicaciones, en las redactadas por este autor nada se fundamenta sobre conceptos personales ni se recurre a explicaciones basadas en fuentes dudosas o estilos irreverentes respecto de los temas sagrados que crean la duda, la desesperanza, el pesimismo y la desviación de los corazones.
ACERCA DEL AUTOR
El autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primario y secundario en esa ciudad y luego cursó Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El haber escrito obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy conocida. El seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus contenidos: representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán y de la sunnah (literalmente significa: costumbre, práctica, uso, tradición), es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la creencia religiosa. Todos los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la presencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos. Los lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio. Esos libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o doctrina pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos por Harun Yahya. No cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material. Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios. Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los individuos. Está claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto. Quienes dudan de que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que adquieren los lectores. Hay algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según ésta. Teniendo en cuenta la situación del mundo de hoy día, que conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de otro modo puede ser demasiado tarde. No es exagerado decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.
INTRODUCCION
En el 2001 fueron estrellados aviones a reacción contra las Torres Gemelas del Centro de Comercio Mundial en Nueva York y contra el Pentágono, que mataron e hirieron a miles de personas. En los días que siguieron a esos atentados --totalmente inesperados, como método dirigido contra el único superpoder mundial-- se empezó a debatir en todo el planeta el concepto de terrorismo. Una atmósfera de horror y pánico fue tomando cuerpo, especialmente en Norteamérica, pero no por mucho tiempo: enseguida todos se empezaron a preguntar cuál sería la mejor manera de combatirlo. Ya ningún país podía quedarse fuera de la lucha contra el terrorismo diciendo “esos ataques no fueron dirigidos contra nosotros”. Los ciudadanos de todos los pueblos comprobaron que el rostro tétrico de esa maldición puede presentárseles en cualquier momento, es decir, mientras duermen, miran TV, llevan a sus hijos al parque, trabajan en la oficina. Se comprobó que el objetivo del terrorismo es paralizar a la sociedad, que tema salir a la calle, usar transportes públicos o ir de compras. En resumen, crear un clima de miedo permanente. Apenas Norteamérica se recuperó del estremecimiento del 11 de septiembre, se unió a otros países para lanzar una guerra en todo el mundo contra esa peste. Pero luego de empezada la misma, los funcionarios de tan poderosa coalición declararon públicamente que no era suficiente combatirla sólo en el campo militar. ¿Cómo se debería encarar la lucha contra el terrorismo? Para responder a ello deberíamos identificar primero las raíces del mismo. Y para hacer esto debemos examinar lo que ha sucedido durante el siglo pasado, época en que se presentó como una amenaza muy grande. El siglo XX, con sus dos guerras mundiales, muchos conflictos regionales y diversos actos de violencia locales, se convirtió en la centuria más sangrienta de la historia. Además, los constantes avances tecnológicos en la última parte del milenio ayudaron a los terroristas en demasía a extender el alcance de sus acciones. Hoy día, con sólo apretar un botón se podría asesinar a millones de inocentes. El terrorismo de alta tecnología podría infligir daños por miles de millones de dólares a la economía de cualquier nación y moldear de alguna manera la política mundial sin que sus perpetradores siquiera muestren la cara a la luz del día. Está claro que después de los ataques sobre Nueva York y Washington DC en Norteamérica --es decir, sobre la mayor potencia tecnológica del mundo-- ningún país se puede considerar a salvo del manotazo mortal del terrorismo. Peor aún, si no se toman las contramedidas necesarias, esa peste crecerá y será más intensa en el siglo XXI, al punto que un solo agente químico, biológico o ataque nuclear asesinará a decenas de miles de individuos.
Una Acertada Definición de Terrorismo
Al concentrar esta catástrofe la preocupación del mundo, la definición de “terror”, “terrorista” y “terrorismo” asume una importancia completamente nueva. Muchos países, según sus propios intereses, al hacerlo, describen el perfil de quienes nutren sus filas y publican listas de organizaciones que estarían desarrollando esas actividades. Lo que para algunos gobiernos son “organizaciones terroristas”, para otros son “luchadores por la libertad”. A países que algunos ven como “terroristas”, otros los consideran “aliados leales”. Por lo tanto, ¿quién define lo que es terrorismo? Para establecer un criterio se pueden determinar dos características distintivas: 1) Tener como Blanco a los Civiles. Cualquier país ocupado tiene derecho a resistir la agresión en su territorio por una fuerza extranjera. Pero si esa resistencia incluye ataques sobre blancos civiles, no vale ningún tipo de justificación y allí comienza otra forma de terrorismo. Como veremos después, esta definición está en plena consonancia con las normas islámicas sobre la guerra. El Profeta Muhammad (la paz y la bendición de Dios sea sobre él --PB--) ordenó a sus seguidores combatir contra quienes le declaraban la guerra. Pero también ordenó que nunca se debería considerar a los civiles como blanco de ataques. Por el contrario, determinó --e incluso obligó-- que todo musulmán debía atender especialmente la seguridad de los no combatientes. 2) Atentar Contra la Paz. Si no se está en guerra, es un acto de terrorismo tomar como blanco de ataques a funcionarios gubernamentales o militares. Ese tipo de agresión que busca romper las relaciones pacíficas entre países o comunidades, es un acto de terrorismo, aunque se perpetre contra las fuerzas armadas. Todo ataque que amenace la paz o que se dirija sobre objetivos civiles, incluso en situación de guerra, es terrorismo. No se puede defender, aprobar o justificar esas agresiones de ninguna manera. De cualquier modo es cierto que ese tipo de violencia está muy difundido en el mundo moderno. Por eso mismo debe considerarse en toda su amplitud cualquier tipo de guerra antiterrorista: planear con gran cuidado cada etapa de la misma con el objetivo de terminar con las más variadas formas de esa agresión. Para ello es necesario que los individuos de todos los pueblos se aparten totalmente de esta práctica: sea cual sea la forma del mismo debe ser inequívocamente condenado, independientemente de la causa que lo motive, el blanco al que apunte, de dónde surja o cómo sea llevado a cabo. De idéntica manera, quien se oponga sinceramente a esa calamidad debería mostrar la misma empatía por los miles de asesinados no sólo en las torres gemelas sino en Japón, España, Turquestán Oriental e Indonesia, así como en la masacre de más de medio millón de Hutus en Rwanda, el asesinato de gente indefensa en Palestina, Israel y en todo el planeta. Una vez que toda forma de terrorismo sea condenado sinceramente sin atenuantes, sus perpetradores ya no recibirán apoyo de ningún país o no podrán encontrar refugio dentro de sus territorios. De manera absolutamente literal, esos violentos no encontrarán ningún lugar donde ocultarse.
El Fundamento Ideológico del Terrorismo Para emprender una guerra victoriosa contra esta maldición, hay que identificar antes que nada la filosofía subyacente que la nutre y los medios que se emplearán para combatirla. Por lo tanto este libro se ocupa de los criterios ideológicos elementales del terrorismo y de los desastres a los que conduce. El punto del que parten sus defensores es que la violencia resulta una virtud en sí misma y un medio poderoso para resolver los problemas políticos o sociales. Cualquier terrorista que actúa bajo la influencia de ideas que le fueron impuestas, cree que está empeñado en una lucha justificada al matar inocentes, perturbar el orden público o hacer pedazos las relaciones pacíficas. Esta tragedia sólo podrá ser superada cuando gente así comprenda lo ilógico y equivocado de cualquier ideología que inspire e incite a la violencia y por lo tanto se percate de que por ese medio nunca irá a ninguna parte. Hasta que no se haga conciencia de la necesidad de cambiar los conceptos en las mentes de los terroristas, todas las medidas contraterroristas serán de un éxito en todo caso efímero. Dicho cáncer se presentará una y otra vez en distintos lugares y bajo circunstancias diferentes con una máscara peculiar. Sólo acabaremos con esta plaga destruyendo su infraestructura ideológica. En los capítulos que siguen veremos que los fundamentos ideológicos del terrorismo moderno en realidad se remontan al darwinismo social y a las tendencias materialistas que de allí se derivan. La gente expuesta a ese adoctrinamiento cree que la vida es un campo de batalla en el que sólo sobrevive el fuerte. Es decir, los débiles están condenados a ser eliminados. Para esa concepción, el ser humano al igual que el universo, son productos de la casualidad. Por lo tanto la persona no es responsable de sus acciones frente a nadie. Estas y otras ideas instan inevitablemente a llevar una forma de vida bestial, en donde la agresión, la violencia y la crueldad son consideradas aceptables e incluso virtuosas. Quien recurre al terrorismo, sosteniendo que la violencia es el único camino para lograr sus objetivos, está realmente bajo la influencia del darwinismo social y el pensamiento materialista, independientemente de la raza, religión o grupo de pertenencia. Los terroristas modernos que suponen que actúan en nombre de la religión, también están bajo la influencia del materialismo y el darwinismo. Resulta así porque es imposible que cualquiera que viva según las normas morales de la religión revelada por Dios, apruebe ese tipo de agresión y mucho menos que crea que se dirige a un objetivo más “elevado” asesinando a otros. Quienes recurren a tales métodos y por lo tanto van por el camino exactamente opuesto al de los valores morales defendidos por la religión, son movidos por la influencia de las ideologías materialistas. En el libro El Islam Denuncia el Terrorismo dejamos en claro que nuestra religión rechaza con contundencia toda forma de este flagelo, más allá de contra quién sea dirigido. Allí se explicó a la luz de los versículos coránicos de qué modo la moral religiosa convoca a la gente a la paz, a la tolerancia y a la convivencia. También subrayamos la deshonestidad de condenar sólo esos actos terroristas dirigidos contra un sector determinado, porque ese proceder debilita la lucha en contra de dicho mal. Cualquiera que vive según la moral islámica debe combatir todas las formas en que se da esa agresión. El fundamento de la lucha intelectual se asienta en revelar la verdadera moral religiosa. Los políticos actuales, los comentaristas de las distintas realidades sociales y los académicos, están de acuerdo en que la fuerza militar por sí sola no es suficiente para erradicar totalmente el terrorismo. Este libro se enfoca sobre la única manera en que puede lograrse eso: por medio de la paz, la tolerancia y el amor. Todas las religiones que Dios envió por medio de Sus mensajeros son guías provechosas. Basándonos en el Corán y en la Biblia (aunque ésta ha sido distorsionada en parte), aquí ofrecemos ejemplos de que cada una de las tres religiones divinas prohíbe el uso de la violencia injusta. También se muestra que el único camino para combatir el terrorismo es recomponer los fundamentos a través de los cuales se puedan inculcar los conceptos de amor, afecto, compasión, humildad, perdón, tolerancia y justicia, propios de la moral de la religión, en consonancia con el versículo que dice, Dios invita a la Morada de Paz... (Corán, 10:25). Los afortunados que logren esa moral serán quienes se esforzarán al máximo para construir un mundo lleno de amor y sosiego.
EL SANGRIENTO SALDO DE VICTIMAS PRODUCIDO POR EL TERRORISMO
El terror es una de las amenazas más grandes que enfrentamos en el siglo XXI porque para sus ejecutores la violencia es el único camino para alcanzar objetivos políticos. El hecho o caso en particular sobre el que van a actuar depende de su visión del mundo. A los ojos de los terroristas los conflictos y alternativas políticas pueden resolverse exclusivamente por medio de la violencia: sólo pueden conseguir lo que quieren por el camino de “la sangre y el acero”. Creen que sus metas --lograr lo que demandan, defender lo que divulgan-- son únicamente alcanzables dañando el tejido social o haciendo naufragar a los individuos en el miedo y la incertidumbre. Esa gente sostiene que de la destrucción surgirá lo que denominan “la justicia y la probidad”. Pero es una brutal equivocación esperar que los actos de terrorismo puedan establecer esos bienes tan preciados o que los problemas sean resueltos de esa manera. La violencia es contraproducente. El que vive sólo mediante la espada, muere a espada. Dios describe a gente así como los que corrompen en la tierra... (Corán, 13:25). Lo único que han hecho hasta ahora es aumentar la cantidad de muertos, tanto de inocentes como de gente de sus propias filas o simpatizantes. Cada año sus ataques provocan que miles de personas vivan en el temor y la ansiedad y sufran perjuicios económicos, sin hablar de los asesinados y heridos. Se ha convertido en un deber urgente y primordial combatir el terrorismo debido a la impresionante cantidad de víctimas que produce y a la amenaza que representa para toda la humanidad.
El Terrorismo Está Cerca de Nosotros!
Se estima que en el mundo hay unos quinientos grupos terroristas, incluidos los carteles internacionales que controlan el negocio de las drogas, las armas y la prostitución, como así también las organizaciones clandestinas, movimientos marginales, grupos ideológicos radicalizados y grupos religiosos desviados. Muchos de ellos operan dentro de sus propios países pero otros tienen como objetivo a naciones que denominan “enemigas”, atacando a lugares o personas prominentes pues calculan que eso despertará el accionar o la atención de mucha gente debido a la fama o notoriedad alcanzada. El terrorismo ya existía en épocas primitivas y se expresaba entonces a través de organizaciones esotéricas como la de los sicarios o asesinos. En los tiempos modernos reaparece con los cuadros combatientes de la Revolución Francesa (sans-cullotes) o el nihilismo ruso del siglo XIX. En el siglo XX pasa a un primer plano por medio de numerosos atentados y el elevado número de sus perpetradores. Las armas de destrucción masiva y el rápido avance tecnológico les hicieron la tarea más fácil y devastadora. En el decenio de 1960 ya muchos se preguntaban qué pasaría si un grupo terrorista consiguiera apoderarse de algún tipo de arma atómica. También se presentaba la posibilidad de que un arma química o biológica borrase del mapa pueblos enteros. Por suerte hasta ahora no se dieron ataques de ese tipo. Pero la posibilidad de los mismos aumentó en el decenio de 1990. Esa preocupación se acentuó con el colapso de la Unión Soviética y el debilitamiento del control sobre su arsenal nuclear. La expansión de Internet y la facilidad para el acceso a la información elevó esa angustia1. El pánico a ese flagelo se convirtió en el tema de cientos de películas y libros. Se escribieron muchos informes acerca de las posibles consecuencias y se investigó mucho en tal sentido. Como es obvio, hoy día los terroristas pueden ir mucho más lejos que eso a lo que nos tenían acostumbrados. Es decir, ya es posible perpetrar ataques por control remoto o computadoras, sin ninguna intervención humana directa. Una serie de recientes temores en Norteamérica debido a armas biológicas como la bacteria del ántrax, revelaron el nivel de amenaza que representa el bioterrorismo. Hoy día los terroristas pueden amenazar a miles de vidas con la ayuda de un químico experimentado y un laboratorio común. Uno de los primeros incidentes de esta naturaleza ocurrió en 1984 cuando setecientos cincuenta personas fueron envenenadas en cuatro casas de comida en una pequeña ciudad de Oregón2. Luego de un tiempo se supo que el responsable era Baghwan Shree Rajneesh, líder de un culto de inspiración hindú de la New Age. Sus discípulos habían arrojado bacterias salmonellas en bares y casas de comida. En 1995 el culto “Aum Shinrikyo” (“La Verdad Suprema”) liberó gas sarín en el sistema de subterráneos de Tokio, lo que causó la muerte de doce personas y daños orgánicos a otras cinco mil quinientas. Investigaciones posteriores revelaron que estos fanáticos habían intentado construir armas biológicas en sus laboratorios, lo cual puso en evidencia la verdadera envergadura de la amenaza terrorista para el público en general3. Se espera que la tecnología informática juegue un papel importante en el siglo XXI en las agresiones de ese tipo de gente. Mientras tanto se siguen ejecutando formas más “convencionales”, como bombardeos, ataques incendiarios premeditados, secuestros en tierra y en el aire en todo el mundo, desde Europa hasta América, desde Asia hasta Africa. Por ejemplo, los miembros de la organización terrorista ETA (Euskadi Ta Askatasuna), que dicen luchar por la independencia de la región vasca, han ejecutado muchos atentados en España, con un saldo de más de ochocientos muertos desde 1962 a la fecha4. Durante años el IRA (Ejército Republicano Irlandés) ha llamado la atención del mundo con sus ataques sangrientos para obtener la independencia de Irlanda del Norte. Su objetivo central era terminar con el control británico de esa zona y conseguir la reunificación de la isla. Por lo general su campo de actividad se centró en el Norte de Irlanda y Londres, pero también se pusieron bombas en varios países europeos, como Alemania. Desde 1969 hasta el presente, los ataques terroristas del IRA y el método de “contraterrorismo” británico elevaron la cantidad de muertos en ambos bandos a más de tres mil docientos5. Los daños económicos causados por el IRA en objetivos civiles como aeropuertos y estaciones subterráneas se elevaron a millones de dólares. Durante un campeonato de fútbol europeo, el IRA hizo estallar un coche bomba en un centro comercial de Manchester e hirió a unas doscientas personas. Actualmente ningún país puede sentirse libre de este tipo de amenazas. Los pocos ejemplos citados exhiben de qué manera el terrorismo influye en la vida de los pueblos. Ya no se trata del problema de algunas naciones en especial sino que es algo que inquieta a toda la humanidad. Puesto que nadie puede decir dónde, cuándo o cómo se producirá su zarpazo criminal, la lucha contra el mismo ya no puede considerarse el deber de un puñado de países u organizaciones. Es una amenaza para todo el mundo y solamente puede resolverse si personas bien intencionadas se apoyan entre sí en la búsqueda de la paz, la amistad y la fraternidad.
El Rostro Tenebroso del TerrorismoActualmente el terrorismo inflige daños físicos y sufrimientos en todo el mundo, no sólo en Norteamérica. En la volteada caen Uganda, Angola y Nigeria en el Africa; Gran Bretaña, España y Francia en Europa; Japón y otros países asiáticos; zonas enteras del Medio Oriente y de América Latina. En cualquier momento los civiles pueden enfrentar un ataque terrorista mientras están en sus viviendas, en el cine, en el teatro, en un centro comercial, en el trabajo o viajando en trenes, buses, etc. Como es natural, esa facilidad que tienen para entrar en residencias privadas ha conducido a una alarma y ansiedad considerables. La gente vacila antes de entrar a áreas donde hay multitud de personas o abordar medios de transporte público. La vida diaria de la población en general se convierte en un suplicio y eso es exactamente lo que buscan los terroristas: que la comunidad viva alarmada y angustiada. La evidencia de terribles ataques en todo el mundo no hace más que agudizar esa preocupación. En 1966 hubo doscientos noventa y seis incidentes con trescientos catorce personas muertas y dos mil novecientos doce heridas. En 1977, de un total de cuatrocientos treinta y nueve ataques, trescientos noventa y ocho fueron dirigidos a lugares de trabajo o propiedades no gubernamentales, lo que llevó a la pérdida de la vida de ciento treinta y nueve civiles, entre ellos treinta y nueve que eran personal civil de las fuerzas armadas6. Según el Departamento de Estado norteamericano, la cantidad de ataques terroristas en el 2000 fue un ocho por ciento mayor a los ocurridos en 1999, con cuatrocientos treinta y tres muertos y setecientos noventa y un heridos. Entre 1981 y el 2000 el total de muertos en ese tipo de circunstancia fue de nueve mil ciento ochenta y cuatro7. Pero esta cifra no indica el total de vidas perdidas por ataques terroristas en todo el mundo ya que abarca solamente los realizados por organizaciones internacionales y no los ejecutados por grupos locales. Sólo en Turquía hubo veintiún mil ochocientos sesenta y seis ataques terroristas entre el 15/8/84 y el 31/9/01, lo que costó la vida a cinco mil seiscientos cinco hombres de la fuerza de seguridad y a cuatro mil seiscientos cuarenta y seis civiles. Además fueron heridas dieciséis mil quinientos sesenta y dos personas de las fuerzas de seguridad y cinco mil noventa y un civiles8. Los daños físicos y económicos producidos por las acciones terroristas agregan otra grave dimensión al cuadro presentado. El caos y la anarquía provocados por tales incidentes evitan las inversiones en las regiones afectadas. Los ataques dirigidos a la infraestructura económica no respaldan precisamente el desarrollo. También destruyen los recursos existentes, lo cual impide una vida social adecuada en una serie de áreas, particularmente la educativa. El costo militar de la lucha contra el terrorismo impone otra carga. Ese desvío de recursos que debería emplearse en elevar el nivel de vida de las personas, afecta no sólo a la nación del caso sino a la economía del planeta. Este recuento sumario pone a la luz del día el horrendo cuadro de situación al que lleva el terrorismo, produciendo destrucción por todas partes y causando daños incontables a las vidas humanas.
El Rostro Sangriento de Sendero Luminoso Nos referimos a la organización marxista-leninista-maoísta que opera en Perú. Fundada en 1960 por el profesor de filosofía Abimael Guzmán, se la consideró inicialmente un movimiento político más. Pero en el decenio de 1970 se convirtió en un grupo guerrillero salvaje y en una de las estructuras terroristas más sangrientas del mundo. Las manifestaciones de Guzmán a favor de la violencia son particularmente sorprendentes. En una alocución hecha el 19/4/80 dijo: “El futuro yace en las pistolas y en los cañones”9. Uno de sus seguidores alabó el uso de la violencia: “La sangre nos hace más fuertes... y si ella fluye no nos daña sino que nos robustece”. La organización comunicó expresamente que su lucha creció en base a la violencia y discutía como podía alcanzar mayores niveles en el país. En consecuencia, la cifra de muertos se elevó a treinta mil. En el decenio de 1980 Guzmán llevó a la práctica lo que enseñaba y los ataques terroristas campearon por todo el Perú. Al igual que los kamikazes japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, Sendero Luminoso encaró la muerte de un modo romántico. Sus miembros creían que era un pequeño precio a pagar por el premio a obtener, precio al que Guzmán llamó “río de sangre”. Muchos inocentes fueron secuestrados, violados, torturados y asesinados. Más del uno por ciento de la población sufrió muertes brutales debido a la violencia política. Para impulsar su causa Guzmán --conocido como el presidente Gonzalo-- y su grupo asesinaron a personas de recursos modestos: maestros, alcaldes y líderes de comunidades10. Durante años Sendero Luminoso infligió daños físicos y psicológicos al pueblo peruano, forzándolo a vivir aterrorizado. Como insistiremos a lo largo de este libro, el amor es el único camino para destruir las raíces ideológicas del terrorismo. Un amor de verdad por la humanidad se impone al odio ciego y la necrofilia política de la que se alimenta el terrorismo.
LAS IDEOLOGIAS ATEAS Y EL INCREMENTO DEL TERRORISMO
Si a una persona enferma hay que atenderla como corresponde, es esencial un diagnóstico preciso4. El tratamiento que se determine a continuación deberá ser meticuloso y constante hasta que la enfermedad desaparezca. De lo contrario será inevitablemente recurrente. El mismo criterio vale para una seria dolencia que afecta a la sociedad. Una de las principales razones por la que no podemos encontrar soluciones efectivas a los problemas sociales de este siglo es que sus causas no están identificadas correctamente. Al tratar un problema social lo primero que hay que hacer es establecer qué es lo que causa su aparición. De lo contrario las medidas que se tomen serán solamente temporarias. Por lo general se buscan las raíces del terrorismo en elementos materiales, por lo que la lucha contra el mismo se dirige a cuestiones superficiales que no pueden proveer resultados duraderos. Hay que identificar los principales factores que respaldan ese flagelo para que el mundo lo pueda eliminar.
La Trama Enmarañada de la Lógica Terrorista
Resulta imposible derrotar este cáncer con medidas de seguridad. Es probable que la sola actividad de las fuerzas militares aumente la violencia, lo que lleva a un círculo vicioso en el que el derramamiento de sangre es respondido con más derramamiento de sangre. Al embarcarnos en la lucha contra esta maldición necesitamos comprenderla y luego combatir las ideas que moviliza, la forma en que los perpetradores del terror consideran su propia vida y la de los demás y el modo en que justifican el uso de la violencia. El terrorista cree que puede tener éxito sólo a través de la violencia. Quiere que la gente en su alrededor le tema, en tanto él se pone el manto de la crueldad, la agresión y la insensibilidad para hacer sentir el pánico. Cualquiera que se oponga a sus ideas es un enemigo que necesita ser eliminado. El psicoterapeuta y columnista Philip Chard examina en su artículo Los Terroristas nos Ven Como Objetivos, no Como Humanos, el conjunto de posturas establecidas por esa gente y cómo justifican los ataques violentos contra gente indefensa: Los investigadores han vislumbrado aspectos de la psiquis (de los terroristas). Lo más descollante es su capacidad para ver a sus víctimas como objetos, como parte de una estadística que esperan hacer crecer con sus muertes violentas. No quieren percibirlas como seres humanos, como amigos o como un ser querido. En todo caso se esfuerzan por verlas como piezas de un tablero de ajedrez político. En consecuencia, colocados en esa posición de superioridad, no se reconocen como asesinos de “personas”. Con el objeto de llevar adelante la matanza de un modo desenvuelto y con indiferencia, nos deshumanizan en sus mentes y nos transforman en “blancos”... Su “causa”, cualquiera sea, es suficientemente sagrada, noble o desesperada, con lo que justifican la carnicería que instigan... Su interés principal está puesto en los efectos, no en las personas; en el impacto de la masacre, no en ésta. Los terroristas quieren asesinar la esperanza; o una forma de vida; o el espíritu de un grupo de gente; o todo un pueblo. Destruyen a los seres humanos porque creen que ese procedimiento es la ruta más segura y rápida hacia la meta perseguida11. Philip Chard llama nuestra atención a la cosa más importante: los terroristas no sienten el más leve remordimiento de conciencia al matar a otros. Por el contrario, a cuantos más pueden matar más exitosos se consideran y se alegran por ello. Mentes como esas pueden balear a inocentes o hacer volar con una bomba a niños con total tranquilidad porque el derramamiento de sangre les resulta una fuente de placer. Pierden su humanidad y se convierten en bestias salvajes. Si alguno de ellos evidencia el más tenue remordimiento, inmediatamente es etiquetado de traidor por sus camaradas más radicales. El más extremista y sanguinario es considerado el más devoto de la causa, con lo que el celo por matar aumenta constantemente. Dado que en una discusión no suele ser fácil acusarse unos a otros de traidores, invariablemente hacen uso de las armas para dirimir los pleitos. Esta vinculación apasionada con la violencia va mucho más allá de la ideología política, pues en realidad brota de una idea equivocada de la naturaleza humana. El conjunto de actitudes y posturas de los terroristas se inspiran en la filosofía materialista y en el pensamiento darwinista. Este último considera que los seres humanos son animales y que todo lo vivo se desarrolla a través de la lucha por la supervivencia en la naturaleza. Eliminar al débil de modo que el fuerte emerja victorioso, constituye la esencia de cualquier forma de pensar perversa, propia de los terroristas.
El Darwinismo Forjó la Matriz de la Mentalidad Terrorista Según la teoría de Charles Darwin, en la naturaleza hay un conflicto constante y una competencia despiadada por la supervivencia. El fuerte siempre derrota al débil y eso posibilita el progreso. Es de este concepto que surge la idea de “lucha por la supervivencia” y términos tales como “razas favorecidas” (los blancos europeos) y “razas inferiores” (asiáticos, indoamericanos, nativos de Australia y africanos). Esta lógica racista estableció el fundamento para el odio y los conflictos en todo el mundo. Asimismo, la idea de Darwin de “supervivencia del más apto” justificó gran parte de esos movimientos que condujeron a la humanidad a la enemistad, los choques y las guerras. Aún hoy día el darwinismo sigue adoctrinando a la gente con el engaño de que los humanos no son más que especies animales muy desarrolladas, resultado de la ciega casualidad y no de un creador. Esta teoría sostiene que el mundo consiste en rocas inanimadas, tierra y gases y que la vida emergió por pura casualidad a consecuencia de la interacción de fuerzas materiales del tipo del viento, la lluvia y la luz sobre distintos tipos de moléculas. Pero esta teoría de la evolución es un gran engaño que viola las leyes más básicas de la química y de la biología a la vez que desafía a la razón y a la lógica (Este tema se desarrolla más ampliamente en el capítulo siete, La Equivocación del Evolucionismo). Sin embargo, es impuesta sobre la sociedad moderna mediante un enorme aparato propagandístico y la gente pasa a creer entonces que es el producto de accidentes biológicos y químicos, libre de toda responsabilidad frente al Creador y Su código moral. Además, quienes se fascinan con la lógica darwinista ven a la vida como un campo de batalla y por lo tanto justifican todo tipo de perversidad en la lucha por la supervivencia. Es decir, son personas con el cerebro lavado que aceptan la terrible idea de que es normal tratar a otros como animales e incluso exterminarlos. La gente que fue educada en esos conceptos transformó el siglo XX en una época de salvajismo, estuvo de acuerdo con las luchas sangrientas como parte del darwinismo e incluso consideró a las guerras como el medio más importante para la consecución de sus objetivos. El “conflicto dialéctico” se transformó en la justificación para las masacres llevadas a cabo por las ideologías comunistas. En el curso del siglo XX el terror comunista costó la vida a ciento veinte millones de personas. Los conceptos darwinistas absurdos de “lucha entre las razas por la supervivencia” y de “selección natural” se transformaron en los fundamentos del nazismo. Adolfo Hitler reivindicó que sólo las razas “superiores” podían o debían sobrevivir. La locura que inspiró, desató una ola de asesinatos a lo largo de todo el mundo. En la segunda guerra mundial, que comenzó como resultado de las políticas de agresión y ocupación de los nazis, murieron unos cincuenta y cinco millones de personas. Quienes aún siguen esas ideas y consideran la violencia el único camino, quieren que este siglo XXI pase a la historia como “el siglo del terror”. La teoría darwinista que ha motivado daños odiosos en el seno de las comunidades y en la que muchos están adoctrinados aunque no se den cuenta, argumenta que el ser humano es un animal conflictivo. Los ataques terroristas son un eco de esas ideas. Las consignas darwinistas que sostienen que sólo el más fuerte puede sobrevivir y sirven para alabar la violencia, respaldar los conflictos y ver a la guerra como una virtud, deben ser arrojadas, de una vez por todas, al basurero de la historia. La derrota del darwinismo puede minar todas esas ideologías que están de acuerdo con la agresión y la violencia. Por otra parte, la definición de la naturaleza humana propia de la fe monoteísta --cristiana, judía e islámica--, es decir, de las tres religiones con más adherentes en el mundo, se opone a los conceptos del darwinismo social que llaman al antagonismo permanente. Como ya veremos más adelante, cada una de estas religiones busca inundar el planeta de paz y seguridad en tanto se opone a la opresión, a la tortura y al asesinato. Las tres religiones están de acuerdo en que la brutalidad y el salvajismo son cosas contrarias a virtud y aborrecibles que violan la moral que Dios ha dictado a los seres humanos. En cambio el darwinismo considera que la brutalidad y la agresión son esenciales y en consecuencia las justifica. En resumen, la fuente de la pesadilla terrorista mundial yace en el ateísmo y en las manifestaciones que lo expresan: el darwinismo y el materialismo. En la medida en que en muchos países se siga adoctrinando desde la escuela primaria en el darwinismo, como si fuese una realidad científica, será inevitable la aparición de nuevas generaciones de terroristas. Por lo tanto es urgente evitar que a los niños se les enseñe que descienden de animales, que son el resultado del azar, que a Dios no le deben nada y que sólo pueden triunfar en la vida mediante la confrontación violenta permanente. Cualquiera que adquiera esos conceptos, inevitablemente será egoísta, agresivo, cruel y dañino. Los jóvenes son muy susceptibles a aceptar el adoctrinamiento anárquico y terrorista. Debido a esas ideas se vuelven suficientemente brutales como para matar a niños y asesinar a sus hermanos sin pestañear. Los grupos criminales comunistas, racistas y fascistas que se han esparcido por el mundo durante los últimos cien años, son el producto del sistema de educación darwinista. Es por eso que debemos exponer las verdaderas raíces de la lógica terrorista. La gente necesita ser consciente de que quienes creen en el darwinismo y lo defienden, están equivocados. La irresponsabilidad y el libertinaje no están en la esencia prístina del ser humano. Nosotros tenemos un Creador que nos observa todo el tiempo, conoce nuestros pensamientos más íntimos y en el más allá nos llamará para que rindamos cuentas de nuestras acciones. Nuestro Señor ha creado a los seres humanos por separado y distintos de los animales, motivo por el que poseemos alma, razón, libre albedrío, juicio y capacidad de discriminación consciente. Si una persona de voluntad débil se encoleriza con facilidad y considera a otras simples animales, puede actuar de una manera absolutamente brutal y dañarles sin problemas. Por ejemplo, no tendrá en cuenta para nada si se trata de niños inocentes. Pero cualquiera que razona, tiene conciencia y sabe que posee un alma dada por Dios, controla su cólera independientemente de la circunstancia que atraviese. Siempre hará prevalecer el juicio y la conciencia. Nunca hará la más mínima cosa por la que un día Dios le pedirá cuentas. Dios revela en el Corán (91:7-10) que el ser humano es inspirado tanto por el mal como por la voluntad de evitarlo. Por lo tanto no existe un proceso imaginario por el cual se refuerza la degeneración moral y la perpetración de crímenes. La inmoralidad y el delito provienen de la parte negativa de la naturaleza humana, la cual sólo puede ser eliminada por la devoción a los valores morales que Dios ha enseñado a la humanidad a través de Su religión. Si no tenemos fe en Dios y no creemos que siempre le tendremos que rendir cuenta de nuestra forma de proceder, no habrá nada que impida un comportamiento maligno bajo la forma de codicia o deshonestidades como la guerra, las matanzas racistas, los enfrentamientos de pandillas o los ataques brutales de los “cabezas rapadas”. En un nivel relativamente menos dramático, los que generan hambrunas o provocan otras injusticias y brutalidades, también tendrán que rendir cuentas. Nunca se podrá terminar con la crueldad de aquéllos que consideran al ser humano como una especie de animal comprometido únicamente en la lucha por la supervivencia. Gente así no cree en Dios ni en el más allá y por lo tanto induce a otras a creer lo mismo. Todo ser humano posee un alma inspirada por Dios y debe ser responsable ante Su Creador de lo que hace. A quienes entienden que no tienen ningún compromiso ante Dios, Este les recuerda que fueron creados y que serán resucitados después de la muerte:
¿Cree el hombre que no van a ocuparse de él? ¿No fue una gota de esperma eyaculada y, luego, un coágulo de sangre? El (Dios) lo creó y le dio forma armoniosa. E hizo de él una pareja: varón y hembra. Ese tal (Dios) ¿no será capaz de devolver la vida a los muertos? (Corán, 75:36-40).
Hasta ahora nos hemos concentrado en cómo el darwinismo social establece que la violencia sea el fundamento del terrorismo al considerarla la solución para todos los problemas. Es por eso que si demolemos la teoría darwinista --que enseña que el ser humano es un animal, que sólo el materialmente poderoso puede sobrevivir y que la vida es un campo de batalla-- también demoleremos uno de los principales soportes del terrorismo. El medio más efectivo para proteger a la gente de la pesadilla de ese flagelo es la educación espiritual. Las sociedades podrán lograr una paz permanente sólo cuando sus individuos aprendan a vivir por medio de una moral apropiada. Más allá de eso, otras medidas, normas y precauciones para regular la vida social, alcanzarán el éxito hasta cierto punto pero nunca erradicarán la calamidad del terrorismo.
SOLO EL AMOR PUEDE DERROTAR AL TERRORISMO Dios revela que en el hombre, Su creación, ha infundido de Su espíritu (Corán, 32:9) y lo ha hecho Su representante en la Tierra (Corán, 6:165). Una de las diferencias más importantes entre los seres humanos y los animales es que los primeros fueron creados con deseos y conciencia. Toda persona posee deseos que le incitan al mal, así como una conciencia que le inspira evitarlo. Junto a los atributos producto de esta última --amor, sacrificio, compasión, humildad, afecto, lealtad y amabilidad-- también presenta tendencias destructivas indeseables que surgen de sus deseos mundanos. Gracias a su conciencia, sin embargo, el creyente puede distinguir entre lo correcto y lo equivocado y optar por lo que es moralmente justo. La creencia acendrada, el temor reverente a Dios, la fe en el más allá, la seguridad de la existencia de los tormentos sin fin en el infierno y el anhelo del Paraíso, mantienen acorralados los deseos mundanos. Por lo tanto siempre se comportará correctamente, perdonará, responderá con el bien a la iniquidad, asistirá al necesitado y exhibirá compasión, amor y tolerancia. Los terroristas, por otra parte, prestan oído a sus deseos de violencia en vez de escuchar la voz de sus conciencias y entonces cometen todo tipo de perversidades con gran facilidad. Se convierten en desamorados, agresivos y dañinos, sin el más leve signo de arrepentimiento. No temen para nada a Dios, no aceptan de ningún modo la moral de la religión. Nada les impide cometer crímenes. Las normas prevalecientes en las sociedades sólo pueden refrenar a sus ciudadanos hasta cierto punto. El estado, mediante la puesta en vigor de leyes y un poderoso sistema judicial, puede proteger sólo parcialmente las calles, los espacios públicos y tomar las medidas necesarias para asegurar el orden y el descenso de la tasa de criminalidad. Pero puesto que es imposible tener bajo vigilancia a cada individuo las veinticuatro horas del día, es esencial que en alguna medida exista un autocontrol de los individuos. Quien no presta atención a la voz de su conciencia puede convertirse fácilmente en un animal, por decisión propia o influenciado por quienes le rodean. El resultado, como lo podemos ver, es una sociedad de individuos que alegremente mienten cuando les apetece, sin ninguna compunción por el gozo de bienes mal habidos y sin perturbarse en lo más mínimo por oprimir y explotar al débil. Está claro que en una sociedad que ha perdido los valores espirituales y no teme en absoluto a Dios, las medidas puramente coercitivas no van a resolver ningún problema en última instancia. La moral de la religión, por otra parte, ordena a las personas evitar las malas acciones, incluso las que se pueden hacer contra uno mismo a sabiendas de que la comunidad nunca les castigará. Pero la persona que sabe que Dios le determinará el Paraíso o el Infierno después de rendirle cuentas por cada una de sus acciones, decisiones o palabras pronunciadas, siempre evitará el pensar u obrar mal. Lo más probable es que las organizaciones terroristas se vean privadas de todo espacio en una sociedad cuya gente rehuye lo incorrecto por propia voluntad. Donde prevalece la moral de la religión desaparecen naturalmente los problemas que dan origen a las organizaciones que apoyan el uso de la violencia. Si toda la sociedad poseyese virtudes superiores como la honestidad, el sacrificio, el amor y la justicia, no podría haber ningún lugar para cosas como la pobreza, la distribución desigual de los bienes, la injusticia, la opresión al débil, las limitaciones a la libertad. Por el contrario, emergería un orden social que cubriría las carencias del necesitado, en donde el adinerado protegería a todos, donde cada uno contaría con la mejor atención médica, educativa y de los distintos servicios públicos. La relación entre los diversos grupos étnicos, religiosos y culturales estaría dominada por la tolerancia y la comprensión. Por esas razones, la moral adecuada es la clave para resolver tantos problemas sociales. La fuente de esa clave, a su vez, es el Corán, al que Dios ha revelado como guía para la humanidad.
El Verdadero Islam es el Islam Moderado Luego de la revelación del primer versículo coránico al Profeta Muhammad (PB) y a lo largo de un siglo, el Islam se expandió de una manera pocas veces vista en la historia de procesos religiosos o políticos. Partió desde la Península arábiga y abarcó el Medio Oriente, Africa del norte y llegó hasta España, por lo que atrajo mucho la atención de occidente. En palabras del conocido experto en Islam John L. Espósito, Lo más notable acerca de la primera expansión del Islam es la rapidez y éxito con que lo hizo. Los estudiosos de occidente se han maravillado de ello12. En los siglos siguientes el Islam llegó a todos los rincones del mundo, desde Indonesia hasta América Latina y hoy día es aceptado como la religión de más rápido crecimiento. Sus aproximadamente mil millones de seguidores representan un quinto de la población mundial. El interés en el Islam aumentó particularmente después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (Para más detalles ver El Surgimiento del Islam por Harun Yahya). Al observar el mundo islámico de hoy día vemos una amplia gama de prácticas religiosas, las que dependen de las distintas tradiciones, costumbres, herencias culturales y visiones del mundo de las distintas sociedades. Esto ha conducido a que algunos que se dedicaron a investigar o intentar comprender esta religión, se llevasen impresiones erróneas al tomar las tradiciones de la sociedad bajo examen como principios islámicos. La única manera de llegar a tener una opinión verdadera del Islam es dejando a un lado las particularidades folclóricas y volverse al Corán, donde se expone la esencia de la moral islámica, y a las acciones de nuestro Profeta (PB). Que la mayoría de una sociedad sea musulmana, no significa que el comportamiento, puntos de vistas y juicios de ese conjunto social sean necesariamente islámicos ni que corresponda que se los defienda en nombre del Islam. Al evaluar la visión de esta religión, a nivel de individuo o comunidad, debe tenerse siempre presente lo que terminamos de decir. En otras palabras, pueden existir diferencias que generalmente surgen de las condiciones prevalecientes y la única manera de saber cuáles son islámicamente correctas es cotejarlas con el Corán --la fuente más exacta de la verdad del Islam-- y las acciones y dichos del Profeta (PB). Juzgar a la religión y a los musulmanes sin estudiar el Corán para poder saber si una práctica particular corresponde o no al mismo, es una forma de proceder muy inapropiada. El examinar el estilo de vida de una sola comunidad islámica y sacar conclusiones generales respecto a los principios de la religión, puede conducir a serios errores. Lo primero que hay que hacer para obtener una opinión correcta es aprender el Islam de sus propias fuentes. Cuando los distintos modelos existentes en diferentes partes del mundo son considerados a la luz de los criterios originales, muchos que pensaban que ya conocían éstos, lo estarán haciendo por primera vez y entonces podrán desprenderse de los conceptos equivocados con los que juzgaban hasta ese momento.
El Islam Prohíbe la Matanza de Inocentes Según el Corán es un gran pecado matar a una persona inocente. Quien lo hace sufrirá un gran tormento en la otra vida:
...quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado la vida de toda la Humanidad. Nuestros Mensajeros vinieron a ellos con las pruebas claras, pero, a pesar de ellas, muchos cometieron excesos en la tierra (Corán, 5:32).
¡Este versículo iguala el asesinato de un inocente con la matanza de toda la humanidad! Otro versículo expresa la importancia que la fe le da a la vida:
No invocan a otro dios junto con Dios, no matan a nadie que Dios haya prohibido, si no es con justo motivo, no fornican. Quien comete tal, incurre en castigo (Corán, 25:68).
En otro versículo Dios da la siguiente orden:
Di: “¡Venid, que os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: que Le asociéis nada! ¡Sed buenos con vuestros padres, no matéis a vuestros hijos por miedo de empobreceros --ya os proveeremos Nosotros, y a ellos--, alejaos de las deshonestidades, públicas o secretas, no matéis a nadie que Dios haya prohibido, sino con justo motivo! Esto os ha ordenado El. Quizás, así, razonéis” (Corán, 6:151).
Cualquier musulmán que cree en Dios con sinceridad de corazón, acata escrupulosamente sus versículos santos y teme el sufrimiento en el más allá, evitará cometer todo tipo de daño u ofensa. Sabe que el Señor de la Justicia Infinita le premiará apropiadamente por todas sus acciones. Nuestro Profeta Muhammad (PB) señaló el tipo de gente que no es del agrado de Dios: Quienes actúan cruel e injustamente en las tierras sagradas, quienes adhieren a la forma de ser del ignorante y quienes derraman sangre humana sin razón valedera13.
El Islam Ordena a la Gente Proceder con Rectitud La moral islámica ordena a los creyentes comportarse de manera digna al tomar una decisión, hablar o trabajar, es decir, en todo los ámbitos de sus vidas. Los mandatos de Dios en el Corán y la sunnah de nuestro Profeta (PB), describen detalladamente lo que se entiende por justicia. Se trata de las mismas advertencias con las que todos los mensajeros mencionados en nuestro Libro llevaron la justicia y la paz a los lugares donde fueron enviados. Los profetas ayudaron a que los pueblos creyentes se saquen de encima la crueldad y el despotismo. Como Dios ha revelado en un versículo:
Cada comunidad tiene un Mensajero. Cuando venga su Mensajero, se decidirá entre ellos con equidad y no serán tratados injustamente (Corán, 10:47).
Una de las peculiaridades más importantes del Islam es que ordena la justicia en todo momento, aunque sea con una persona cercana y querida (que obra mal). Es lo que expresa Dios en otro versículo:
¡Creyentes! Sed íntegros en la equidad, cuando depongáis como testigos de Dios, aun en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos. Lo mismo si es rico que si es pobre, Dios está más cerca (que vosotros) de él. No sigáis la pasión faltando a la justicia. Si levantáis falso testimonio u os zafáis,... Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 4:135).
Este versículo expresa claramente que para un creyente la riqueza o posición social de la persona con que uno trate no tiene ninguna importancia. Lo valioso es la equidad --nadie debería ser tratado injustamente-- y la implementación escrupulosa de los versículos santos de Dios. Nuestro Libro ordena también:
¡Creyentes! ¡Sed íntegros ante Dios cuando depongáis con equidad! ¡Que el odio a un pueblo no os incite a obrar injustamente! ¡Sed justos! Esto es lo más próximo al temor de Dios. ¡Y temed a Dios! Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 5:8).
Aquí Dios ordena a los fieles actuar siempre rectamente, incluso con sus enemigos. Ningún musulmán puede justificar una actitud distinta diciendo que fulano o mengano alguna vez lo dañó o lo dejó en una situación difícil. El musulmán tiene la obligación de responder con buena voluntad y exhibir la moral que Dios le ha ordenado, aunque aquéllos con los que trate estén equivocados o sean enemigos. El Todopoderoso ha prescrito:
Dios no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes (aún siendo infieles) no han combatido contra vosotros por causa de la religión, ni os han expulsado de vuestros hogares. Dios ama a los que son equitativos (Corán, 60:8).
Aquí informa a los musulmanes como debería ser su relación con otras personas. Estos versículos son el fundamento de la actitud del creyente con los demás y facilitan que el sincero respalde siempre lo correcto, lo cual se expresa en otra parte así:
Entre nuestras criaturas hay una comunidad que se dirige según la Verdad y que, gracias a ella, observa la justicia (Corán, 7:181).
Otros versículos sobre la cuestión de la justicia expresan:
Dios os ordena que restituyáis los depósitos a sus propietarios y que cuando decidáis entre los hombres lo hagáis con justicia. ¡Qué bueno es aquello a que Dios os exhorta! Dios todo lo oye, todo lo ve (Corán, 4:58).
Di: “Mi Señor ordena la equidad. Dirigíos a El siempre que oréis e invocadle rindiéndole culto sincero (culto exclusivo). Así como os ha creado, volveréis (a El)” (Corán, 7:29).
Dios prescribe la justicia, la beneficencia y la liberalidad con los parientes. Prohíbe la deshonestidad, lo reprobable y la opresión. Os exhorta. Quizás, así, os dejéis amonestar (Corán, 16:90).
En todo el mundo hay personas sometidas a un trato cruel debido a su raza, idioma o color de piel. Pero el Corán sostiene que todas las personas son iguales y que la diferenciación según las características mencionadas carece de sentido. Las palabras de nuestro Profeta (PB), Todos ustedes descienden de Adán y éste fue creado de arcilla14, enfatizan que entre las personas no hay ninguna diferencia al momento de nacer. El color de la piel, la posición social o la riqueza no confieren ningún tipo de superioridad a ningún ser humano. Según el Corán, una de las razones por las que existen tribus, pueblos e individuos distintos, es para “que se puedan conocer entre sí”. Todos son siervos de Dios y deben aprender uno del otro las diferentes culturas, idiomas, costumbres y aptitudes. La existencia de pueblos y tribus distintos tiene como motivo principal la riqueza cultural, no la guerra y los conflictos. Todo verdadero creyente sabe que sólo la benevolencia --en otras palabras, el respeto reverente y la fe en El-- puede comunicar grandeza, superioridad. Dice Dios:
¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme. Dios es Omnisciente, está bien informado (Corán, 49:13).
En otra parte revela:
Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la tierra, la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. Ciertamente, hay en ello signos para los que saben (Corán, 30:22).
La historia muestra que entre los musulmanes hubo muchos ejemplos de comportamientos honrados y de plena justicia con otros, lo cual ayudó a crecer al Islam con una velocidad increíble en un área amplia, que abarcó el Norte de Africa, todo el Medio Oriente e incluso la península ibérica. Por medio de esa expansión la civilidad y la tolerancia de la moral islámica llegó a muchos pueblos, comunidades e individuos, juntando a millones de personas en una relación de aceptación mutua nunca vista antes. El conocido investigador Joel Augustus Rogers ha examinado los distintos pueblos y la relación entre los negros y la gente de otros continentes. En su libro Sexo y Raza describe la influencia del Islam: Algunas de las razones por las que el Islam sobrevivió con un brillo especial durante siglos, son la ausencia casi completa en esta religión de juicios o valores basados en la raza, el no tomar en cuenta el color de la piel o la clase social de los individuos y el hecho de que la promoción a los niveles más encumbrados de la comunidad se cimienta sólo en la capacidad... El Islam estableció el crisol de razas más grande y a la vez la sociedad con mayores libertades que se conoce en la historia, hecho que tuvo lugar en el interior del imperio que más se extendió en el mundo. En el momento de mayor poder ese imperio se expandía desde España y el centro de Francia en occidente, hasta la India, China y el Océano Pacífico en oriente, incluida el Asia Central. Los gobernantes de esos dilatados territorios tenían distintos tonos de piel. Pero los musulmanes les daban menos atención a esto que el que le confería el color de una flor a otra en un jardín15. El profesor Hamilton Alexander Rossken Gibb es uno de los mayores expertos del mundo en Islam. En su libro ¿Adónde Va el Islam? describe cómo considera esta religión la relación entre pueblos distintos: Ninguna otra sociedad ha alcanzado tantos éxitos en la integración de tantas razas distintas en un pie de igualdad, oportunidad y esfuerzos... El Islam aún tiene el poder de reconciliar elementos aparentemente irreconciliables en lo que hace a raza y tradición. Si alguna vez la gran oposición entre las sociedades de oriente y occidente fuera reemplazada por la cooperación, será una condición indispensable la mediación del Islam16. La moral islámica apunta a una sociedad edificada sobre la fraternidad, la paz, la libertad y la seguridad. Es por eso que todas las comunidades que entraron en contacto con el Islam han renunciado a sus conductas opresivas, crueles y agresivas, pasando a construir sociedades pacíficas y civilizadas. (Para más detalles ver Justicia y Tolerancia en el Corán de Harun Yahya). Muchos historiadores occidentales han documentado en sus obras los efectos profundos y positivos del Islam sobre las comunidades con las que entraron en contacto. El profesor Robert Briffault discute la relación entre el Islam y la sociedad occidental en su libro Construyendo la Humanidad: Las ideas que inspiraron a la Revolución Francesa, a la Declaración de Derechos --que sirvieron de referencia para la redacción de la Constitución de los Estados Unidos de América-- y a la lucha por la independencia en América Latina (y en otras partes), no fueron inventos de occidente. La fuente y raíz de esa inspiración están en el Corán17. Las citas dadas indican que a través de los siglos la moral islámica ha enseñado a los pueblos el valor de la paz, la tolerancia y la justicia. Hoy día casi todos los pueblos buscan un modelo así y no existe ninguna razón para que una cultura como la islámica no vuelva a adquirir primacía. Todo lo que hace falta para ello es que la gente quiera vivir según la moral coránica. A ese efecto cada musulmán debe dar el ejemplo, de modo de poder invitar luego a otros a ese camino. Cuando cada uno, desde los niveles más altos a los más bajos, implemente la moral ordenada por el Corán, el conjunto se volverá compasivo, tolerante, respetuoso, magnánimo y cariñoso. A su vez esto hará que la paz se extienda por todos lados.
El Musulmán Debería Invitar a Otros de Manera Amable a Adoptar la Moral Islámica Todo musulmán tiene el deber de llamar a otros a adoptar la moral islámica e informarles de la existencia de Dios y las pruebas de Su creación. Dios nos ha hecho conocer esa responsabilidad: ¡Que constituyáis una comunidad que llame al bien, ordenando lo que está bien y prohibiendo lo que está mal! Quienes obren así serán los que prosperen (Corán, 3:104).
Dios también nos revela cómo debe ser hecha esa invitación:
Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido (Corán, 16:125).
Una palabra cariñosa, un perdón valen más que una limosna seguida de agravio. Dios se basta a Sí mismo, es benigno (Corán, 2:263).
Los verdaderos creyentes saben de la importancia de esta responsabilidad:
creen en Dios y en el Ultimo Día, ordenan lo que está bien, prohíben lo que está mal y rivalizan en buenas obras. Esos tales son de los justos (Corán, 3:114).
Por lo tanto llaman a todos los que les rodean --amigos, parientes, etc.-- a que crean en Dios, lo respeten como El se merece y exhiban la moral apropiada. Esta característica agradable de los musulmanes se describe así:
Pero las creyentes y los creyentes son amigos unos de otros. Ordenan lo que está bien y prohíben lo que está mal. Hacen la azalá (la oración), dan el azaque (la limosna) y obedecen a Dios y a Su Mensajero. De ésos se apiadará Dios. Dios es poderoso, sabio (Corán, 9:71).
De este versículo queda en claro que todos los creyentes, a lo largo de sus vidas, tienen la tarea de explicar esa moral apropiada por medio de vivirla a la vez que a otros recomiendan las buenas acciones y les recuerdan evitar el mal comportamiento. Dios ordena decir todo de modo suave:
Di a Mis siervos que hablen de la mejor manera que puedan... (Corán, 17:53).
Dios describe por medio de una analogía el hablar correcto e incorrecto:
¿No has visto cómo ha propuesto Dios como símil una buena palabra, semejante a un árbol bueno, de raíz firme y copa que se eleva en el aire, que da fruto en toda estación, con permiso de su Señor? Dios propone símiles a los hombres. Quizás, así, se dejen amonestar. Una mala palabra es, al contrario, semejante a un árbol malo arrancado del suelo: le falta firmeza. Dios confirma con palabra firme a quienes creen en la vida de acá y en la otra. Pero Dios extravía a los impíos. Dios hace lo que quiere (Corán, 14:24-27).
Cualquiera que desee llevar una vida virtuosa debería animar a otros a hacer lo mismo. Cualquiera que quiera ver el buen obrar debería hacer un esfuerzo por difundirlo. Cualquiera que quiera ver a otros comportarse en consonancia con su conciencia, debería impulsarlos a proceder así. Cualquiera que se opone a la crueldad debería advertir del error en que caen a aquellos que la avalan. En resumen, cualquiera que quiere que prevalezca lo correcto, debería llamar a otros a sostener esa actitud. Pero al hacer ese llamado, lo más importante es tener presente que sólo Dios puede inspirar a la gente a convertirse en musulmán y conseguir que las palabras amables tengan algún efecto sobre ellos. Dios ha revelado que nuestro santo Profeta (PB), como resultado de su noble carácter y moral superior, siempre trató bien a la gente y le ha puesto como modelo para toda la humanidad.
El Islam Ordena la Solidaridad y la Cooperación Entre las Personas Dios ha dado la siguiente orden:
...Ayudaos unos a otros a practicar la piedad y el temor de Dios, no el pecado y la violación de la ley. Y temed a Dios. Dios castiga severamente... (Corán, 5:2).
Como aclara el versículo, el fiel sólo lucha por lo que es correcto y tiene en cuenta que Dios conoce perfectamente el bien que hacéis (Corán, 4:127). Nunca olvida que será recompensado por todas sus acciones por nuestro Señor, Quien aclara que la amable ayuda mutua debe darse en el marco de “la piedad y el temor de Dios”. También se |