Portada | Almadrasa | Revista | Alyasameen | Islam | Corán | Cultura | Poesía | Andalus | Biblioteca | Jesús | Tienda

 

 

 

 

Meditación Profunda

 

 

que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados,

y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra:

“¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti!

“¡Presérvanos del castigo del Fuego!”

(Corán, 3:191)

 

HARUN YAHYA

 

Fuente: www.harunyahya.com

 

Primera Publicación en turco: Septiembre de 1999 - Estambul - Turquía.

Primera Publicación en inglés: Abril de 2000 - Londres - Gran Bretaña.

 

Traducción del inglés al español: Abu Dharr Manzolillo - Junio de 2003 - Buenos Aires - Argentina.

 

AL LECTOR

El motivo por el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución es que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Que el darwinismo rechace el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente haya abandonado su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación importante, relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida islámico), mostrar que esta teoría es un engaño. Resulta imperativo que ese importante servicio sea puesto a disposición de todos. Posiblemente algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros, de ahí que pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida.

Otro punto que tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Todos esos temas referidos a los versículos de Dios se explican de una manera tal que no dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector.

El estilo empleado, llano, abierto y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo social, puedan comprender los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera lúcida y efectiva de los relatos los hace de rápida lectura. Incluso algunos que rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por la veracidad de los hechos a los que se hace referencia en los libros de Harun Yahya, y no pueden refutar sus contenidos.

Este libro y todos los otros trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al intercambio de reflexiones y experiencias.

Además, será un gran servicio al din contribuir a la presentación y lectura de este libro, el cual está escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los escritos de Harun Yahya son muy convincentes. Por esta razón, uno de los métodos más efectivos de comunicar el din a otras personas, es impulsarlas a leerlos.

 

ACERCA DEL AUTOR

El autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primario y secundario en esa ciudad y luego cursó Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El haber escrito obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy conocida.

El seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus contenidos: representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán y de la sunnah (literalmente significa: costumbre, práctica, uso, tradición), es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la creencia religiosa.

Todos los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la presencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos.

Los lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.

Esos libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o doctrina pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos por Harun Yahya.

No cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material.

Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios.

Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los individuos.

Está claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto.

Quienes dudan de que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que adquieren los lectores.

Hay algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según ésta. Teniendo en cuenta la situación del mundo de hoy día, que conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de otro modo puede ser demasiado tarde.

No es exagerado decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.

Sus obras incluyen: Judaísmo y Masonería, Masonería Mundial, Terrorismo: El Ritual del Mal, Cábala y Masonería, El Nuevo Orden Masónico, Los Caballeros Templarios, El Islam Denuncia el Terrorismo, La 'Mano Secreta' en Bosnia, Los Kurdos la Carta Secreta de Israel, El Comunismo al Acecho, Fascismo: La Ideología Sangrienta del Darwinismo, Los Desastres Que Produjo el Darwinismo a la Humanidad (disponible versión en castellano), Entre Bastidores del Terrorismo, Entre Bastidores del Holocausto, La Política Opresiva de China Comunista y la Situación en Turkestán Oriental, Palestina: La Solución, Las Normas Eticas del Corán, El Invierno del Islam y la Primavera Esperada, Declaración de Fe (1, 2 y 3), Un Arma de Satanás: el Romanticismo, La Luz del Corán Destruyó el Satanismo, Los Ultimos Tiempos y Sus Signos en el Capítulo del Corán “La Vaca”, Signos del Ultimo Día y la Bestia de la Tierra, Realidades (1 y 2), El Mundo Occidental se Vuelve Hacia Dios, El Engaño del Evolucionismo (disponible versión en castellano), Respuestas Precisas a los Evolucionistas, Las Equivocaciones de los Evolucionistas, El Corán se Opone al Darwinismo, La Epoca de Oro, Pueblos Desaparecidos (disponible versión en castellano), El Arte del Color de Dios, La Verdad de la Vida en Este Mundo, Signos en los Cielos y en la Tierra Para las Personas de Entendimiento (disponible versión en castellano), El Profeta Moisés, El Profeta Yusuf, El Profeta Muhammad (BP), El Profeta Salomón, La Gloria Está por Todas Partes, La Importancia de las Evidencias de la Creación, La Pesadilla del Incrédulo, Conocimiento de la Verdad, La Eternidad Ya Ha Comenzado, La Eternidad y la Realidad del Destino, Materia: Otro Nombre de la Ilusión, El Hombrecito en la Torre, El Islam y la Filosofía del Karma, La Magia Negra del Darwinsimo, La Religión del Darwinismo, El Colapso de la Teoría de la Evolución en 20 Preguntas, La Ingeniería de la Naturaleza, La Tecnología Copia a la Naturaleza, El Atolladero del Evolucionismo I (Enciclopédico), El Atolladero del Evolucionismo II (Enciclopédico), Dios es Conocido a Través de la Razón, El Corán Guía el Camino de la Ciencia, El Verdadero Origen de la Vida, Conciencia en la Célula, La Tecnología Imita a la Naturaleza, Una Retahíla de Milagros, La Creación del Universo (disponible versión en castellano), Los Milagros en el Corán, El Designio de la Naturaleza, Autosacrificio y Modelos Inteligentes de Comportamiento entre los Animales, ¡Chicos, Darwin Mentía!, El Fin del Darwinismo, Nunca Defienda la Ignorancia, El Milagro Verde: La Fotosíntesis, El Milagro del Atomo, El Milagro en la Célula, El Milagro del Sistema Inmune, El Milagro en el Ojo, El Milagro de la Creación en los Vegetales, El Milagro en la Araña, El Milagro en el Mosquito, El Milagro en la Abeja, El Milagro en la Hormiga, El Milagro de la Semilla, El Milagro en la Termita, El Milagro de la Hormona, El Milagro del Cuerpo Humano, El Milagro de la Creación del Ser Humano, El Milagro de la Proteína, El Milagro del Olfato y del Gusto, El Milagro del Micromundo, Los Secretos del ADN.

Los libros para niños del autor son: Maravillas en la Creación de Dios, El Mundo de los Animales, La Gloria en los Cielos, Criaturas Asombrosas, Aprendamos Nuestro Islam, Los Milagros en Nuestros Cuerpos, El Mundo de Nuestras Amiguitas: Las Hormigas, Los Panales Perfectos de las Abejas, Constructores Hábiles de Diques: Los Castores.

Otros trabajos del autor sobre temas coránicos incluyen: ¿Nunca Pensaron Acerca de la Verdad?; Devotos de Dios; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La Real Morada de los Creyentes, El Paraíso; Valores Morales en el Corán; Conocimiento del Corán; Index del Corán; La Emigración por la Causa de Dios; Referencia a los Hipócritas en el Corán; Los Secretos del Hipócrita; Los Nombres de Dios; La Comunicación del Mensaje y la Discusión en el Corán; Conceptos Básicos en el Corán; Respuestas Desde el Corán; Muerte, Resurrección, Infierno; La Lucha de los Mensajeros; El Enemigo Jurado del Ser Humano: Satanás; La Mayor Difamación, La Teoría de la Evolución; Idolatría, la Religión del Ignorante; La Arrogancia de Satanás; El Rezo en el Corán; La Importancia de la Consciencia en el Corán; El Día de la Resurrección; No Olvidar Nunca; Desprecio de los Dictámenes Coránicos; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La Importancia de la Paciencia en el Corán; Conocimiento General a Partir del Corán; Rápida Adhesión a la Fe (partes 1, 2 y 3); Razonamiento Imperfecto del Incrédulo; La Fe Perfeccionada; Lo Que Dicen Nuestros Mensajeros; La Compasión de los Creyentes; El Temor a Dios; La Pesadilla del Incrédulo; El Profeta 'Isa (Jesucristo) Vendrá; Las Bellezas de la Vida Presentadas por el Corán; Un Conjunto de las Bellezas de Dios (partes 1, 2, 3 y 4), La Iniquidad Llamada "Burla"; El Secreto de la Prueba; La Verdadera Sabiduría Según el Corán; El Combate con la Religión de la Irreligión; La Escuela de Yusuf; La Alianza de Dios; La Difamación Contra los Musulmanes A lo Largo de la Historia; La Importancia de Seguir la Buena Palabra; ¿Por Qué Te Autoengañas?; El Islam: La Religión de la Tranquilidad; el Entusiasmo y el Vigor Según el Corán; El Ver el Bien en Todo; ¿Cómo Interpreta el Corán el Ignorante?; Algunos Secretos del Corán; El Valor de los Creyentes, Confiados en el Corán, La Justicia y la Tolerancia en el Corán, Pilares Fundamentales del Islam, Los Que Desatienden el Corán, El Corán Como Guía, Una Amenaza al Acecho: La Negligencia, La Sinceridad en el Corán, La Religión de las Personas Devotas, Los Procedimientos del Mentiroso Según el Corán.

 

INDICE

 Introducción

 Meditación Profunda

¿En Qué Piensa la Gente Normalmente?

¿Cuáles Son los Motivos Que Impiden Meditar?

 Cosas Sobre las Que Es Necesario Meditar

 Meditemos Sobre los Versículos del Corán

 

 

Introducción

¿Ha pensado alguna vez que usted no existía antes de ser concebido y luego vino al mundo, pasando a existir, simplemente, de la nada?

¿Ha pensado alguna vez que esas flores coloridas y de buena fragancia que ve en su departamento todos los días provienen de un suelo sucio, oscuro?

¿Ha pensado alguna vez en los mosquitos que nos molestan a la noche y agitan las alas tan velozmente que no las podemos ver?

¿Ha pensado alguna vez en frutas como la banana, la sandía, el melón y la naranja, cuyas cáscaras cumplen el papel de envoltura de alta calidad para que mantengan su gusto y fragancia?

¿Ha pensado alguna vez en que, mientras duerme, un terremoto repentino puede destruir su vivienda, su oficina o su ciudad hasta los cimientos y de ese modo perder todas sus pertenencias en pocos segundos?

¿Ha pensado alguna vez en lo rápido que transcurre su vida y que en poco tiempo se convertirá en viejo y débil mientras va perdiendo la belleza, la salud y la fortaleza física día a día?

¿Ha pensado alguna vez que un día encontrará ante usted los ángeles de la muerte enviados por Dios y que entonces deberá abandonar este mundo?

Bien, ¿ha pensado alguna vez por qué la gente se liga tanto al mundo del que muy pronto partirá, cuando lo que en realidad y básicamente necesita es esforzarse por alcanzar lo que le favorecerá en la otra vida?

Dios provee al ser humano con la facultad de pensar. No obstante, la mayoría de las personas no la usan como deberían. En realidad, la mayoría casi nunca piensan.

Todos los seres humanos poseen una capacidad de reflexión de la que la mayoría es inconsciente. Al empezar a usarla se presentan hechos que hasta ese momento no se habían tenido en cuenta. Cuanto más se reflexiona más se desarrolla la capacidad de razonamiento. Esta posibilidad la tienen todos las personas. Hace falta darse cuenta de que es necesario reflexionar y luego esforzarse en tal sentido.

El propósito de este libro es invitar a la gente a pensar “de la manera apropiada” y mostrarle la forma de hacerlo. Quienes no reflexionen permanecerán totalmente alejados de la verdad y conducirán su vida por el camino del autoengaño y el error. En consecuencia, no comprenderán el propósito que hay en la creación de nuestro planeta y la razón de ser de todo lo que existe en él. Dios ha creado todo con un propósito, como lo comunica el Corán:

No hemos creado los cielos, la tierra y lo que entre ellos está por puro juego. No lo creamos sino con un fin, pero la mayoría no saben (Corán, 44:38-39).

¿Os figurabais que os habíamos creado para pasar el rato y que no ibais a ser devueltos a Nosotros? (Corán, 23:115).

Por lo tanto, cada persona necesita ponderar el propósito de la creación, primero en lo que le atañe a sí mismo y luego en relación con todo lo que ve en el mundo y todo lo que experimenta a lo largo de la vida. Quien no reflexiona comprenderá esto sólo después de morir, cuando rinda cuentas frente a Dios. Pero ya no le servirá de nada. Dios dice en el Corán que el día del Ajuste de Cuentas todos reflexionarán y verán la verdad:

ese día se traerá el Infierno, ese día el hombre recordará; pero ¿de qué le servirá entonces el recordar? Y dirá: “¡OjAllah hubiera enviado por delante (buenas obras) para mi (otra) vida!” (Corán, 89:23-24).

Dios nos da la posibilidad de que meditemos sobre la vida de este mundo y derivemos de ello las conclusiones correctas. Si lo hacemos, obtendremos un gran beneficio en el otra vida. Este es el motivo por el que Dios ha convocado a todos los seres humanos a través de Sus profetas y Libros a que reflexionen sobre su creación y la creación del universo:

¿Es que no reflexionan en su interior? Dios no ha creado los cielos, la tierra y lo que entre ellos está sino con un fin y por un período determinado. Pero muchos hombres se niegan, sí, a creer en el encuentro de su Señor. (Corán, 30:8).
 

Meditación Profunda

La mayoría de la gente cree que para “pensar en profundidad” hay que acomodarse en una sala vacía, aislarse de las demás personas y asuntos y colocar la cabeza entre las manos. Pero como eso les parece demasiado difícil, concluyen que se trata de una cualidad exclusiva de los “filósofos”.

Sin embargo, como dijimos en la Introducción, Dios convoca a todos a meditar y dice que reveló el Corán para gente que reflexiona: Una Escritura que te hemos revelado, bendita, para que mediten en sus versículos y para que los dotados de intelecto ponderen sus signos y los tomen en cuenta (Corán, 38:29). Lo importante es que la actitud sincera del individuo mejore y profundice la capacidad de la meditación.

Por otra parte, la gente que no invierte tiempo y esfuerzo en ese logro, continuará sumergida en un grave “descuido”. Este término connota con “negligencia”, “abandono”, “equivocación”, “indiferencia”, “desatención”. El estado de descuido de quienes no reflexionan es consecuencia de la desatención o despreocupación deliberada respecto al propósito de su creación y las realidades que enseña la religión. Ese es un curso de acción extremadamente peligroso que puede conducir al infierno. En consecuencia, Dios ha advertido a los individuos para que no se ubiquen entre los desatentos o descuidados:

Invoca a tu Señor en tu interior, humilde y temerosamente, a media voz, mañana y tarde, y no seas de los despreocupados (Corán, 7:205).

Prevénles contra el día de la Lamentación, cuando se decida la cosa. Y ellos, entre tanto, están despreocupados y no creen (Corán, 19:39).

Dios se refiere en el Corán a la gente que reflexiona y se vuelve consciente de la verdad: es aquella que Le reverencia y obedece sumisamente. Dios dice que están en el error quienes sigan a sus padres como ciegos y sin mayor discernimiento. Si se les pregunta, dicen que son religiosos y creen en Dios. Pero como no razonan no rectifican sus conductas y no obedecen a Dios. En los versículos que siguen se expone la mentalidad de gente así:

Di: “¿De quién es la tierra y quien en ella hay? Si es que lo sabéis...”

Dirán: “De Dios”. Di: “¿Es que no os dejaréis amonestar?”. Di: “¿Quién es el Señor de los Siete Cielos, el Señor del Trono Augusto?”. Dirán: “Dios”. Di: “¿Y no Le tendrás taqwa?

(Taqwa: Conciencia o temor de Dios que inspira a la persona a estar en guardia frente a los errores y anhelar cumplir acciones que Le agraden)

 
Di: “¿Quién tiene en Sus manos la realeza de todo, protegiendo sin que nadie pueda proteger contra El? Si es que lo sabéis...” Dirán: “Dios”. Di: “Y ¿cómo podéis estar tan sugestionados?”. Vinimos a ellos con la Verdad, pero mienten, sí. (Corán, 23:84-90).

 
El Meditar Extirpa el Hechizo que Afecta a la Gente

Dios dice en el versículo anterior, ¿cómo podéis estar tan sugestionados? El término “sugestionados” implica en el versículo un estado de torpeza que se apodera normalmente de las personas. La mente que no razona se encuentra entorpecida, con una visión enturbiada, no tiene en cuenta los hechos ante sus ojos y la facultad de comprensión se presenta debilitada. Se vuelve incapaz de comprender incluso una verdad sencilla. No puede ser consciente de los hechos extraordinarios que suceden frente a él. No advierte los intrincados detalles de los sucesos. La razón por la que generación tras generación de individuos llevan una vida desatenta durante miles de años y en general no reflexionan nunca, copiando todo como si fuese, simplemente, una “herencia cultural”, es en realidad ese embotamiento mental.

Con un ejemplo podemos explicar una de las consecuencias de este hechizo.

Por debajo de la superficie de la Tierra existe un “estrato en ebullición” llamado “magma”. La corteza del planeta es muy delgada, lo cual implica que esa masa incandescente está muy cerca de nosotros, bajo nuestros pies. Con el objeto de comprender mejor el espesor de la misma, podemos hacer una comparación: la relación de la corteza con el diámetro del planeta es la que existe entre la cáscara de la manzana y el diámetro de la fruta.

Todos saben que ese estrato en ebullición debajo de la superficie posee una temperatura muy elevada, pero casi nadie se preocupa por ello, lo tiene en cuenta o se interroga respecto de su existencia. Eso se debe a que sus padres, hermanos, parientes, amigos, vecinos, periodistas, programas televisivos y profesores universitarios no se ocupan de ello tampoco.

Vamos a intentar que el lector reflexione un poco sobre esto. Supongamos que una persona después de perder la memoria intenta saber qué tiene a su alrededor y entonces se lo pregunta a quien está en su entorno. Primero buscará saber en qué lugar se encuentra. ¿Qué pensaría si se le dice que por debajo del lugar en el que está parado existe una masa ígnea que en cualquier momento podría hacer brotar llamas en la superficie terrestre, como consecuencia de un terremoto o una erupción volcánica?

Avancemos un poco más y supongamos que a dicha persona se le dijo que este mundo, simplemente, es un pequeño planeta flotando en un universo oscuro e infinito llamado “espacio”, en el que los peligros son mayores a los del substrato terrestre. Por ejemplo, los meteoritos, que pesan muchas toneladas, se mueven libremente por las amplitudes celestiales. Nada impide que en algún momento puedan alterar sus cursos debido a diversos motivos y entrar en colisión con la Tierra.

Seguramente la persona a la que nos referimos tendrá permanentemente en cuenta la situación insegura en la que se encuentra y tratará de enterarse cómo se mueven los demás en ese medio tan crítico. Comprobará que en realidad es partícipe de un sistema perfectamente apropiado.

El interior del planeta en el que vive entraña una gran amenaza. Pero la existencia de un equilibrio muy delicado impide que llegue a dañar a la gente, con la excepción de circunstancias extraordinarias. Quien comprende esto, sabe que la Tierra y todas las criaturas en ella continuarán subsistiendo de modo seguro sólo por voluntad de Dios, debido al equilibrio adecuado que El ha creado.

Este es sólo un ejemplo de entre los millones o miles de millones sobre los que la gente necesita reflexionar. Otra anécdota nos ayudará a comprender cómo la desatención afecta la facultad de reflexión y limita la capacidad intelectual.

Todos saben que la vida en este mundo se disipa y acaba rápidamente. Pero, no obstante, los individuos se comportan como si nunca abandonarán este mundo, como si nunca se morirán. En verdad, esta concepción es una especie de “hechizo” que pasa de generación en generación. El efecto de esta forma de pensar es tan fuerte, que al hablarse de la muerte la mayoría cambia de tema de inmediato por miedo a que se rompa el hechizo y haya que enfrentar la realidad. Quienes toda la vida se ocupan de comprar buenas casas, residencias de verano, automóviles y enviar a los hijos a buenos colegios, no quieren pensar que un día morirán y no podrán llevarse todas esas cosas con ellos. Pero en vez de empezar a hacer algo para la verdadera vida después de la muerte, prefieren no cavilar sobre el tema.

Sin embargo, todos moriremos, más temprano o más tarde. Y después de muerto, créase o no, comenzará la vida eterna sin excepción. Que a esta existencia se la transcurra en el Paraíso o en el Infierno depende de lo que se haya hecho en la corta vida en este mundo. Aunque esta es la sencilla verdad, la única razón por la que la gente se comporta como si la muerte no existiese es ese hechizo que la atrapa debido a que no reflexionan.

Los hechizados, inmersos en un estado de desatención, comprenderán la realidad al verla con sus ojos después de muertos. Dios comunica esto en el Corán:

“Estas cosas te traían sin cuidado. Te hemos quitado el velo y, hoy, tu vista es penetrante” (Corán, 50:22).

Como dice Dios en el versículo, la visión que aquí está empañada debido a la falta de reflexión, será “penetrante” cuando tenga que rendir cuenta en la otra vida.

Es de señalar que la gente se autoimpone ese hechizo. Suponen que de ese modo vivirán relajados y tranquilos. Sin embargo, para cualquiera es muy fácil tomar la decisión de sacarse de encima ese embotamiento y empezar a vivir con una conciencia lúcida. Dios ha presentado la solución. Quienes reflexionan pueden disipar ese encantamiento mientras aún están en este mundo. Entonces pasarán a comprender que todo lo que ocurre tiene un propósito y un sentido medular o espiritual y que son capaces de aprehender la sapiencia existente en los acontecimientos que Dios genera a cada instante.

 

Se Puede Reflexionar en Cualquier Lugar y Momento

Para reflexionar no se requiere ningún momento, lugar o condición especial. Cualquiera puede meditar caminando en la calle, dirigiéndose a la oficina, conduciendo el automóvil, operando la computadora, participando de una reunión de amigos, viendo la TV o merendando.

Por ejemplo, al conducir el automóvil es posible que nos crucemos con cientos de personas y entonces ponderemos muchas cosas. Podemos considerar las apariencias físicas de las mismas y sorprendernos, puesto que si bien comparten órganos básicos similares, como ojos, cejas, pestañas, manos, brazos piernas, bocas y narices, son todas distintas. Cavilando un poco más se llega a recordar lo siguiente: Dios ha creado miles de millones de personas a lo largo de miles de años, todas distintas entre sí. Por cierto, esto es parte de la evidencia de que Dios es un Creador superior y eficaz.

El que observa a los demás yendo de un lado a otro, puede imaginarse distintas cosas. En una primera observación a cada uno se lo ve como un individuo “distinto”. Cada uno tiene su propio mundo, deseos, planes, gustos y forma de vida, cosas que lo hacen feliz o infeliz. No obstante, esas diferencias son engañosas. En general, todo ser humano nace, crece, va a la escuela, busca trabajo, trabaja, contrae matrimonio, tiene hijos, envejece, se convierte en abuelo/a y por último fallece. Desde este punto de vista no hay diferencias entre las vidas de las distintas personas. Que alguien viva en un barrio de Estambul o en una ciudad de México no modifica para nada la cuestión. Todos mueren en definitiva. Posiblemente dentro de un siglo ya no vivirá ninguna de esas personas con las que nos cruzamos. Quien se da cuenta de esto y sigue reflexionando se plantea los siguientes interrogantes: puesto que todos moriremos algún día, ¿por qué actuamos como si nunca nos fuéramos de este mundo? Si se sabe con certeza que algún día hay que morirse y lo lógico sería esforzarse por una buena vida después de la muerte, ¿por qué casi todos se comportan como si nunca finalizara la vida en este mundo?

Quien medita así llega a una conclusión muy decisiva.

La gran mayoría de la gente no piensa acerca de estas cuestiones. Si se les preguntase de improviso, “¿qué están pensando en este momento?”, se referirán seguramente a cosas totalmente triviales que nos les sirve prácticamente para nada. De todos modos, el ser humano es capaz de pensar permanentemente en “cosas significativas”, “sabias” e “importantes” desde que se despierta hasta que se va a dormir y derivar de ello conclusiones apropiadas.

Dios nos informa en el Corán que los creyentes deben reflexionar y obtener decisiones beneficiosas de lo que medita:

En la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, ciertamente, signos para los dotados de intelecto, que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra: “¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo del Fuego” (Corán, 3:190-191).

Como informa el versículo, los creyentes son personas reflexivas, capaces de ver el aspecto milagroso de la creación y el conocimiento, sapiencia y exaltada potestad de Dios.

 

El Individuo Obtiene el Juicio Correcto Volviéndose a Dios

Para que la meditación sea beneficiosa y conduzca a una conclusión correcta, hay que pensar siempre de manera positiva. Por ejemplo, si alguien se siente inferior físicamente porque envidia la buena presencia y elegancia de otra persona, cae en algo que Dios no aprueba. Por el contrario, quien anhela obtener la aprobación de Dios, considera que el ser apuesto y elegante es una manifestación de la creación perfecta de Dios, perfección que se la da a quien El quiere. Entonces le produce un gran deleite verla como una belleza creada por Dios y pide a El que en el más allá acreciente su hermosura. Y también pide para sí un esplendor auténtico en el otro mundo. Se da cuenta que la generalidad de los seres humanos han sido creados con imperfecciones porque es en este mundo donde se los prueba. Entonces anhela con mayor intensidad el Paraíso. Lo expresado es sólo un ejemplo de pensamiento noble y sincero. El ser humano se cruza a lo largo de la vida con muchos ejemplos como el dado par ver si se manifiesta convenientemente y con una forma de pensar que sea del agrado de Dios.

El éxito en la prueba y una meditación favorable en el más allá dependen de las lecciones y advertencias que deduce de lo que reflexiona. Es por eso que resulta imperativo que el ser humano piense continuamente de manera correcta. Dice Dios en el Corán:

El es Quien os muestra Sus signos, Quien hace bajar del cielo sustento. Pero no se deja amonestar sino quien vuelve a El arrepentido (Corán, 40:13).

 

¿En Qué Piensa la Gente Normalmente?

Como vimos antes, las personas no piensan como deberían y eso les impide desarrollar la facultad del entendimiento. Pero debe hacerse una aclaración.

En todo momento se nos pasan cosas por la mente y casi nunca la tenemos en blanco, excepto en ciertos momentos al dormir. Con todo, muchos de esos pensamientos son improductivos, “fútiles” e “innecesarios”, no nos sirven para nada en la otra vida y no nos llevan a buen puerto.

Si alguien hace la prueba de recordar lo que pensó durante todo el día y lo anota, verá que la mayoría de lo registrado son cosas insustanciales. Y si encuentra algo que le parece digno de elogio, es probable que después se dé cuenta de que estaba equivocado. Ello es así porque, en términos generales, las conclusiones que nos parecen correctas no sirven de nada en la otra vida.

La gente no sólo gasta el tiempo en cosas triviales a lo largo de la vida, sino que procede de la misma manera con aquello que discurre mentalmente. Dios aconseja tener una gran fuerza de voluntad para no caer en las trivialidades: Bienaventurados los creyentes... que evitan el vaniloquio, (Corán, 23:1 y 3). Esto se aplica también a lo que uno medita. Eso se debe a que las ideas, a menos que las controlemos convenientemente, fluyen de modo permanente en la mente. Si no sabemos qué queremos, la mente salta de un tema frívolo a otro. Al dirigirnos a nuestro hogar podemos estar pensando lo que necesitamos comprar y en seguida recordar, repentinamente, lo que nos dijo un amigo hace bastante tiempo. Esa forma incontrolada de pensar puede mantenerse todo el día.

Pero es algo posible de manejar. Todos tenemos la capacidad de cavilar sobre las cosas que mejorarán nuestra fe, nuestro intelecto, nuestra cortesía y lo que nos rodea.

En este capítulo haremos mención al tipo de cosas sin importancia que se tiende a pensar. Y nos referiremos a esto porque si a los lectores de este libro les pasa por la cabeza algo similar, sabrán que la están ocupando con cosas inservibles. De ese modo podrán controlar el discernimiento y volcarlo a algo que sea realmente provechoso.

 

Temores Sin Fundamento

Cuando una persona no logra controlar las ideas y orientarlas de manera provechosa, puede verse invadida por el temor, la angustia y la preocupación en función de cosas que podrían suceder pero que aún no acontecieron.

Por ejemplo, el padre de un joven que debe dar un examen en la universidad podría suponer cuál sería el destino del hijo: “Si no se recibe no encontrará trabajo y no podrá ganar lo suficiente como para casarse. Pero si se casa no me imagino cómo hará frente a los gastos de la boda. Además, se habrá derrochado todo el dinero que gastó hasta ese momento para que estudie y la gente nos mirará con desdén. Para peor, ¿qué hago si el hijo de mi amigo se recibe y el mío no...?”.

Esa forma de pensar errónea puede seguir desarrollándose, pero en realidad el hijo no ha rendido el examen aún. Es difícil resistir ese tipo de temores infundados a lo largo de la vida si se está alejado de la religión. Seguramente hay una razón que lleva a ello. En el Corán se dice que el motivo por el cual la gente no puede enfrentar esas ansiedades sin sentido reside en que se deja influenciar por los susurros de Satanás:

(El Demonio ha dicho: “...) he de extraviarles, he de inspirarles vanos deseos...” (Corán, 4:119).

Como lo expresa el versículo, quien se deja invadir por ansiedades triviales siempre se encuentra predispuesto a los susurros de Satanás, pues olvida a Dios (se extravía) y no piensa con propiedad. En otras palabras, si el ser humano engañado por la vida mundanal no actúa como corresponde, valiéndose de su fuerza de voluntad, y se deja llevar por los acontecimientos vulgares de todos los días, queda bajo el completo control de Satanás. Uno de los principales patrones de comportamiento de Satanás es fomentar la ansiedad. Por lo tanto, todos los conceptos erróneos, pesimismo y ansiedades urdidos en la mente --como cuando alguien se plantea, “¡qué haré si tal cosa sucede!”--, tienen su origen en los susurros de Satanás.

Dios nos enseña la forma de no caer en esa trampa. Nos dice en el Corán que cuando experimentemos una instigación perniciosa de Satanás deberíamos buscar refugio en El y recordarle:

Cuando los que tienen taqwa (es decir, los que reverencian a Dios) sufren una aparición del Demonio, se dejan amonestar y ven claro. En cuanto a sus hermanos, en cambio, (los demonios) persisten en mantenerles descarriados (Corán, 7:201-202).

Como se expresa en el versículo, quien reflexiona ve qué es lo correcto y no se deja arrastrar por Satanás a cualquier parte.

Lo importante es saber que ese tipo de pensamiento que mueve al miedo no sirve para nada. Por el contrario, impide meditar sobre la realidad, reflexionar sobre temas importantes y, en consecuencia, purificar la mente de las concepciones inútiles. Sólo se puede meditar apropiadamente si se libera la mente de pensamientos ramplones, prosaicos. Esa es la manera de mantenerse “alejado de lo vano”, como ordena Dios en el Corán.
 

¿Cuáles Son los Motivos que Impiden Meditar?

Son muchos los factores que obstaculizan la reflexión apropiada. Uno sólo de ellos, algunos o todos, pueden impedir discernir la verdad. Por lo tanto es necesario que cada persona identifique los factores que le afectan negativamente y se los saque de encima. De otro modo no será capaz de ver el verdadero rostro de la vida en este mundo, lo que podría causarle una gran pérdida en el otro mundo.

Dios nos informa en el Corán sobre la situación de esa gente acostumbrada a pensar de manera superficial:

Conocen lo externo de la vida de acá, pero no se preocupan por la otra vida. ¿Es que no reflexionan en su interior? Dios no ha creado los cielos, la tierra y lo que entre ellos está sino con un fin y por un período determinado. Pero muchos hombres se niegan, sí, a creer en el encuentro de su Señor (Corán, 30:7-8).

 
El Imitar a la Mayoría Provoca Modorra Mental

Una de las cosas que más descarría a la gente es creer que la actitud correcta pasa por hacer lo que hace la “mayoría”. Uno tiende a pensar normalmente que lo correcto se aprende del entorno, en vez de buscar la verdad a través de la reflexión. Observamos que las cosas que a primera vista nos parecen extraordinarias, la mayoría de las personas las considera ordinarias y ni siquiera les prestan atención. En consecuencia, después de un tiempo, casi todos proceden así.

Por ejemplo, gran parte del grupo que uno integra, no reconoce que algún día morirá. Ni siquiera dejan que alguien hable de eso, para que no se les recuerde la muerte. Entonces uno se plantea: “Dado que todos piensan de ese modo, no debe estar mal que me comporte de la misma manera”. Es así como se pasa a vivir sin recordar para nada la muerte. Pero si quienes nos rodean reverenciasen a Dios y se esforzaran como es debido para la buena vida en el más allá, lo más probable es que también nosotros actuaremos así.

Veamos otro ejemplo. En la TV, periódicos y revistas, aparecen cientos de noticias sobre desastres, injusticias, opresiones, suicidios, homicidios, robos, estafas y deslealtades, a la vez que se hace conocer las necesidades de miles de personas todos los días. No obstante, mucha gente que ve o lee esas noticias, cambia de canal o da vuelta la página del periódico sin inmutarse. Casi nadie se pregunta porqué abunda ese tipo de información o qué se hizo o se piensa hacer con el objeto de remediar dichas situaciones tan feas y evitar que continúen sucediendo. De la misma manera, casi nadie cavila en lo que puede hacer por su cuenta respecto de esos problemas. La mayoría de las personas piensan que los responsables son “otros” y razonan así: “¿depende de mí la salvación del mundo?”.

 
Indolencia Mental

La indolencia es un factor que mantiene a la mayoría de la gente alejada del razonamiento. Debido a la indolencia mental se repite lo que se ha visto y aquello a lo que uno está acostumbrado. Si tomamos un ejemplo de todos los días, vemos que las amas de casa limpian el hogar de la misma manera que se lo vieron hacer a sus madres. Generalmente no piensan: “¿Cómo podría hacer para que la limpieza sea más práctica y mejor?”, ni ensayan métodos nuevos. Del mismo modo, cuando hay que reparar algo, se usa el mismo método aprendido desde la infancia. Normalmente se es remiso a la innovación y a prácticas más eficientes. La forma de hablar de la gente también cae en la general de la ley. Los miembros de cada profesión tienen un estilo de dicción particular. Imitan los estilos de sus respectivos colegas antes que buscar una manera de expresarse con más propiedad, mejor.

La forma en que se resuelven los problemas también pone de manifiesto esa indolencia. Por ejemplo, el actual administrador de un edificio encara los inconvenientes del caso de la misma manera que lo hicieron los anteriores. Así procede también el intendente de una ciudad respecto a los problemas de tránsito. Muchas veces se es incapaz de encontrar soluciones porque no se recurre a otros criterios.

Por cierto, las situaciones que se crean en cada caso de los ejemplos dados, son las que sufren las personas en la vida cotidiana. Pero hay cuestiones mucho más importantes que esas. Quienes no las tomen en cuenta y reflexionen, pueden llegar a sufrir graves pérdidas permanentes. Los motivos principales que llevan a esa situación es el no meditar acerca del propósito de la existencia, perder de vista que la muerte es inevitable y que en definitiva nos enfrentaremos con el Día del Reconocimiento después de morirnos.

En el Corán Dios invita a la gente a reflexionar sobre estos temas cruciales:

Esos son los que se han perdido a sí mismos. Se han esfumado sus invenciones... En verdad, en la otra vida serán los que más pierdan. Pero quienes crean, obren bien y se muestren humildes para con su Señor, esos morarán en el Jardín eternamente. Estas dos clases de personas son como uno ciego y sordo y otro que ve y oye. ¿Son similares? ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 11:21-24).

¿Acaso Quien crea es como quien no crea? ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 16:17).

 

El Prejuicio de Creer Que “No es Bueno Pensar Mucho”

En la sociedad prevalece la idea de que la meditación intensa no es buena. Se dice con bastante frecuencia que puede dañar la mente. Pero seguramente es un concepto supersticioso inventado por quienes están alejados de la religión. Lo que hay que hacer es meditar siempre y evitar poner la atención en cosas negativas así como en ciertos miedos y conceptos erróneos exagerados.

Quienes no tienen una fe firme en Dios y en la otra vida no piensan en la benevolencia de Dios sino, por el contrario, especulan negativamente porque generalmente sus ideas les lleva a logros no completamente beneficiosos. Por ejemplo, se vuelven muy pesimistas porque piensan que la vida en este mundo es temporaria y que un día morirán. Algunos son conscientes de que vivir sin seguir los cánones establecidos por Dios les prepara la infelicidad en la otra vida. Otros se ven invadidos por el pesimismo porque creen que al morir desaparecen totalmente, no queda nada de ellos.

Pero quien cree en Dios y en el más allá extrae conclusiones totalmente distintas al reflexionar sobre el hecho de que la vida en este mundo es pasajera. Antes que nada, se preocupa y esfuerza por su vida eterna y real en el otro mundo. Al saber que la existencia terrena se acaba más temprano o más tarde, no le entusiasma las pasiones o intereses mundanales. Se encuentra muy conforme con lo que logra de buena manera. No le molesta o incomoda nada de esta vida temporaria. Abriga siempre la esperanza de obtener una vida eterna agradable. Goza mucho de las bendiciones y atractivos propios de este mundo, al que Dios lo creó con una serie de limitaciones para probar a la gente. La persona inteligente piensa que en esta vida hay tanta belleza que resulta atrayente a pesar de esas limitaciones, por lo que le resulta inimaginable la hermosura del Paraíso. Espera ver en la otra vida “el original” de cada cosa encantadora vista aquí. Y todo eso lo concibe por medio de la meditación profunda.

Por lo tanto, sería muy contraproducente inquietarse y negarse a reflexionar convenientemente “por temor a volverse pesimista si descubre la verdad” después de pensar con agudeza. Nada conduce al pesimismo a la persona que siempre mantiene su fe en Dios y un pensamiento favorable.

 

El no Meditar no Evita ni Anula las Responsabilidades

La mayoría de la gente piensa que se pueden evadir distintas responsabilidades si no se reflexiona sobre ciertas cuestiones. Esta forma de actuar le puede reportar algunas beneficios ya que le mantendría apartada de algunas cosas. Pero cae en un gran engaño si piensa que de ese modo puede escapar a las responsabilidades que tiene ante su Señor. Esta idea es la razón principal para no meditar respecto de la vida y la muerte. Si lo hiciera y concluyese que hay una vida eterna después de la muerte, necesariamente tendría que esforzarse con todas sus energías para alcanzar una buena existencia en el otro mundo. Sin embargo, se autoengaña al suponer que al no pensar queda exceptuada de toda responsabilidad en ese plano. Es el propio ser humano el que se entrampa, pues si no alcanza la verdad en este mundo a través de la meditación, al morir comprenderá que no tiene forma de escapar del error:

La agonía del moribundo traerá la Verdad: “¡Ahí tienes lo que rehuías!”. Se tocará la trompeta. Ese es el día de la Amenaza (Corán, 50:19-20).

 

La Completa Falta de Meditación Debido a Que se Está

Totalmente Sumergido en el Ajetreo Cotidiano

La mayoría de las personas transcurren toda la vida de manera precipitada, acelerada. Al llegar a cierta edad se ponen a trabajar y a cuidar sus familias. A eso lo denominan “lucha por la vida”, se quejan de que no les queda tiempo para nada más y sostienen que el poco del que disponen no pueden perderlo en la meditación. Por lo tanto, de lo único que se ocupan es de algunas de esas cosas que las tiene inmersas en el torrente de lo cotidiano. Como consecuencia de ello se vuelven insensibles a todo lo que ocurre a su alrededor.

Sin embargo, ese mero consumo de tiempo, persiguiendo fines mundanales corriendo de aquí para allá, no es lo que debería caracterizar al ser humano. Lo más importante es tener la capacidad de ver el rostro verdadero de este mundo y asumir una forma de vida en función de ello. Nadie tiene como único propósito ganar dinero, ir al trabajo, estudiar en la universidad o conseguir una vivienda. Seguramente son cosas que se pueden necesitar a lo largo de la vida. Así y todo, lo que se debería tener presente cuando se busca concretar algo de lo dicho, es que el propósito de nuestra existencia aquí es ser siervos de Dios, es decir, trabajar para Su agrado, por Su misericordia y el Paraíso. Todo lo demás que se haga sólo puede servir como “medios” que ayudan a obtener el puro y genuino propósito mencionado. Pero adoptar esos medios como fines en sí mismos es un engaño del que se vale Satanás para extraviar al ser humano.

Quienes viven sin meditar adecuadamente, pueden equivocarse con gran facilidad y tomar los medios como objetivos finales.

Podemos citar un ejemplo de la vida diaria. Indudablemente significa algo bueno producir cosas beneficiosas para la sociedad. Quien cree en Dios lo hace con fervor y espera Su premio en este mundo y en el más allá. Pero quien hace lo mismo sin recordar a Dios y solamente por los beneficios mundanales del caso --una buena posición social o el aprecio de los demás--, comete una equivocación. Ha hecho un uso inapropiado de algo que debería servirle para lograr el agrado de Dios. Se lamentará de ello cuando enfrente la realidad en el más allá. Dios se refiere en un versículo a los que se comportan de esa manera:

Lo mismo les pasó a los que os precedieron. Eran más fuertes que vosotros, más ricos y tenían más hijos. Disfrutaron de su parte. Disfrutad vosotros también de vuestra parte, como vuestros antecesores disfrutaron de la suya. Habéis parloteado igual que ellos. Vanas fueron sus obras en la vida de acá y vanas lo serán en la otra. Esos son los que pierden (Corán, 9:69).

 

El Ver Todo de Manera Rutinaria Lleva

a Considerar Que la Reflexión no Hace Falta Para Nada

Cuando las personas se encuentran con algo por primera vez, pueden llegar a considerarlo un suceso extraordinario y servirle de acicate para profundizar sobre su realidad. Pero después de cierto tiempo se desarrolla una resistencia habitual a esa forma de proceder, por lo que pierde su atractivo. Entonces, el objeto o suceso considerado extraordinario en un primer momento, se convierte en “común”, “vulgar”.

Por ejemplo, a algunos futuros médicos les causa una gran impresión la primera vez que trabajan sobre un cadáver o se les muere un paciente. En consecuencia, meditan sobre ello intensamente. Puede ser que se enfrenten de improviso con el cuerpo inerme de una persona que hasta unos minutos antes estaba llena de vida, risueña, haciendo planes para el futuro, conversando, divirtiéndose, con los ojos chispeantes de vida. La primera vez que se coloca ante ellos un cadáver para la autopsia piensan en un montón de cosas: cómo se deteriora el cuerpo tan rápido, el olor repugnante que proviene del mismo, lo desagradable que resulta ese cabello que una vez fue tan atractivo al punto que no se lo quiere tocar. Después piensan que todos los cuerpos están compuestos de los mismos elementos y que todos encontraremos el mismo final, es decir, que todos seremos como ese cadáver que está allí.

No obstante, al ver una y otra vez cadáveres, de extraños o de parientes, desarrollan un acostumbramiento a ciertas cosas. Empiezan a tratar a los fallecidos, y también a los pacientes, como si fuesen objetos.

Por cierto, esto no es válido sólo para los médicos. Lo mismo se aplica a mucha gente en muchas áreas de la vida. Por ejemplo, cuando a una persona que vive en medio de dificultades se le concede una forma de vida muy confortable, comprende que todo lo que posee es una bendición: la cama muy cómoda donde duerme, la vista hermosa que observa desde su vivienda, la facilidad de comprarse todo lo que quiera, la posibilidad de caldear la morada en invierno, el automóvil con el que se desplaza fácilmente a cualquier parte, y así de seguido. Al acordarse de la situación en la que se encontraba, se regocija por cada una de las cosas con que cuenta ahora. En cambio, el que poseyó desde que nació todas las comodidades del caso, puede no darle el valor que tienen. En consecuencia, si no medita sobre ello no puede apreciar dichas bendiciones.

Pero al que sopesa todo de manera apropiada le es indiferente si esas cosas las tuvo desde la cuna o las consiguió después. Nunca las considera como algo “ordinario”. Sabe que cada cosa a la que echa mano ha sido creada por Dios y que El las tomará de vuelta si lo desea. Por ejemplo, al montar sus bestias de carga, es decir, sus vehículos, los creyentes recitan a conciencia el siguiente versículo:

para que os instaléis en ellos y, luego, cuando lo hayáis hecho, recordéis la gracia de vuestro Señor y digáis: “¡Gloria a Quien ha sujetado esto a nuestro servicio! ¡Nosotros no lo hubiéramos logrado! ¡Sí, volveremos a nuestro Señor!” (Corán, 43:13-14).

En otro versículo se dice que al entrar los creyentes a sus huertas recuerdan a Dios y dicen: ...“Que sea lo que Dios quiera. La fuerza reside sólo en Dios”... Corán, 18:39). Al momento de entrar allí piensan que Dios los ha creado y El los sustenta. Por otra parte, una persona que no medita puede impresionarse la primera vez que ve una huerta hermosa, pero después se le vuelve un lugar común, vulgar. La admiración se desvanece. Algunos no se dan cuenta para nada de esas bendiciones porque no meditan. Las toman como algo “ordinario”, “habitual”, como algo que “tenía que ser así”. En consecuencia, no pueden deleitarse con su belleza.

 

Conclusión: Es Imperativo Que el Ser Humano se Desprenda

de Todo Aquello que le Impide Meditar

Como dijimos antes, que la mayoría de la gente no medite porque vive desatenta de la verdad no puede ser una excusa suficiente. Cada individuo es responsable ante Dios únicamente de sí mismo. Es muy importante tener en cuenta que la prueba de Dios es en la vida de este mundo. La indiferencia de quienes no meditan, razonan y buscan la verdad es, en la mayoría de los casos, parte de dicha prueba. El que piensa con sinceridad no dice “si la mayoría no reflexiona y es inconsciente de todo esto, ¿por qué yo debería actuar así?”. Por el contrario, saca lección de esa desatención de la gente y se refugia en Dios con el objeto de no ser uno del montón. Queda en claro que para el creyente la actitud de los que se equivocan no le sirve de excusa para hacer lo mismo. Dios nos informa en el Corán en muchos de sus versículos que la mayoría de la gente es desatenta y no cree:

La mayoría de los hombres, a pesar de tu celo, no creen (Corán, 12:103).

Alif Lam Mim Ra. Estos son los signos del Libro. Lo que se te ha revelado, de parte de tu Señor, es la Verdad, pero la mayoría de los hombres no creen (Corán, 13:1).

Han jurado solemnemente por Dios: “Dios no resucitará a quien haya muerto”. Claro que sí. Es una promesa que Le obliga, verdad. Pero la mayoría de los hombres no sabe (Corán, 16:38).

La hemos distribuido entre ellos (el agua que baja del cielo) para que se dejen amonestar, pero la mayoría de los hombres no quieren sino ser infieles (Corán, 25:50).

Dios anuncia en otro versículo cuál es el fin que encontrarán los que se extraviaron por seguir a la mayoría y desobedecer las órdenes de Dios al olvidar el propósito de la creación:

Gritarán (los réprobos) allí: “¡Señor! ¡Sácanos y obraremos bien, no como solíamos hacer!”. “¿Es que no os dimos una vida suficientemente larga como para que se dejara amonestar quien quisiera? El monitor vino a vosotros... ¡Gustad, pues! Los impíos no tendrán quien les auxilie” (Corán, 35:37).

Debido a ello, cada uno debería dejar a un lado los argumentos que le impiden meditar sincera y honestamente sobre cada acontecimiento y existencia que Dios crea. Así podrá extraer de allí las enseñanzas y advertencias del caso.

En el próximo capítulo discutiremos sobre ciertos sucesos y criaturas dignos de reflexión, con los que el ser humano se puede cruzar en la vida diaria. Con ello buscamos proporcionar a nuestros lectores una guía y ayuda para que el resto de sus vidas sean gente que “piensa y extrae advertencias y enseñanzas de lo que reflexiona”.
 

Cosas Sobre las Que Es Necesario Meditar

Desde el inicio de este libro nos referimos a la importancia de la meditación y el beneficio que produce, a la vez que remarcamos que la facultad de reflexión diferencia al ser humano de otros seres vivientes. También mencionamos las causas que llevan a no meditar. El propósito principal que nos anima es, como se dijo, impulsar a la gente a hacerlo, a tener en claro para qué fueron creadas y honrar la omnisapiencia y omnipotencia de Dios.

En las páginas que siguen intentaremos describir lo que debería pensar el creyente en Dios de las cosas con las que se encuentra a lo largo del día, las lecciones que debería extraer y cómo debería agradecerle y aproximarse a El por permitirle observar Su arte y conocimiento en todo.

Por cierto, lo que se mencionará aquí como reflexiones provechosas, es apenas un ejemplo diminuto de la capacidad del ser humano para proceder así en todo instante de su vida. Es tan amplio el campo para la meditación, que prácticamente no tiene límite. A lo que apuntamos en lo que trataremos a continuación es a abrir una puerta para aquellos que no hacen un uso apropiado de la facultad de reflexión.

Se deberá tener presente que sólo quienes recapacitan pueden asumir una posición distinta a la de la mayoría. En los versículos de Dios se relata la situación de los que son incapaces de observar los sucesos milagrosos en su entorno y en consecuencia no pueden cavilar sobre los mismos:

Los incrédulos son como cuando uno grita al ganado, que no percibe más que una llamada, un grito: son sordos, mudos, ciegos, no razonan (Corán, 2:171).

Hemos creado para la gehena (el infierno) a muchos de los genios y de los hombres. Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven, oídos con los que no oyen. Son como rebaños. No, aún más extraviados. Esos tales son los que no se preocupan (Corán, 7:179).

¿Crees que la mayoría oyen o entienden? No son sino como rebaños. No, más extraviados aún del Camino (Corán, 25:44).

Quienes son capaces de ver los signos de Dios, los aspectos prodigiosos de las existencias y sucesos que El crea, es decir, quienes pueden comprender, son esos que reflexionan y pueden extraer conclusiones de todo lo que les rodea, sea grande o pequeño.

 

Al Despertarse a la Mañana...

Para empezar a meditar no hace falta ninguna condición en especial. Desde el momento en que nos despertamos a la mañana tenemos ante nosotros muchísimas oportunidades para hacerlo a lo largo del día que se inicia. Descansados y bien dormidos retomamos las tareas diarias y recordamos un versículo de Dios:

El es Quien ha hecho para vosotros de la noche vestidura, del sueño descanso, del día resurrección (Corán, 25:47).

Nos lavamos la cara, nos damos una ducha y con todos nuestros sentidos alerta ya podemos meditar sobre gran cantidad de cosas provechosas. Hay cosas mucho más importantes que lo que vamos a desayunar o el tiempo libre que nos queda antes de ir al trabajo. Entonces, tenemos que ocuparnos primero de esos asuntos de mayor significación.

En primer lugar, el despertarnos a la mañana es un gran milagro. Aunque durante el sueño permanecemos totalmente desconectados, a la mañana recobramos nuestra lucidez y personalidad. El corazón sigue palpitando, seguimos respirando, somos capaces de hablar y ver. En verdad, al irnos a dormir nadie nos garantiza que al otro día seguiremos gozando de esos favores. Generalmente tampoco enfrentamos un desastre al dormirnos, como ser una explosión debido a que algún vecino dejó abierta la llave del gas o una catástrofe de otro tipo que nos mataría.

Nuestros organismos también podrían haber sufrido algún cambio durante el sueño y entonces nos despertaríamos, por ejemplo, con fuertes dolores renales o de cabeza. Sin embargo, en general, nos despertamos a salvo e incólumes. Si meditamos sobre esto, agradeceremos a Dios Su misericordia y protección.

Comenzar un nuevo día con la salud íntegra significa que Dios nos da otra posibilidad para alcanzar mayores logros en el más allá.

En consecuencia, la mejor actitud a tomar es pasar nuestros días de manera tal que sean del agrado de Dios. Antes que nada deberíamos abocarnos a este objetivo y ocupar la mente con pensamientos dirigidos a dicho logro. El punto de partida para agradar a Dios es pedir a El que nos ayude en esto. La súplica del profeta Salomón establece un buen ejemplo para los creyentes:

 

...“Señor, permíteme que Te agradezca la gracia que nos has dispensado, a mí y a mi padre. Haz que haga obras buenas que Te plazcan. Haz que entre a formar parte, por Tu misericordia, de Tus siervos justos” Corán, 27:19).

 

En Qué Pensamos Debido a Nuestra Endeblez

Tan pronto como salimos de la cama, al darnos cuenta de nuestras incapacidades empezamos a meditar. Por ejemplo, al lavarnos la cara y cepillarnos los dientes, empezamos a pensar en nuestras ineptitudes físicas que se manifiestan en que prácticamente tenemos que bañarnos todos los días para mantenernos adecuadamente saludables, en que nuestro cuerpo está tan expuesto a las infecciones y en que no es posible estar bien dispuestos si tenemos sueño, hambre y sed. Y todas ellas son signos de nuestra endeblez.

Si la persona que se mira en el espejo a la mañana es anciana, puede meditar sobre otras cosas. El primer signo de que los años se nos vienen encima se manifiesta en el rostro alrededor de los treinta años. Empiezan a aparecer arrugas por debajo de los ojos y alrededor de la boca. La piel deja de ser rojiza (encarnada) como antes y se puede observar el inicio del deterioro en distintas partes del cuerpo. Más adelante el cabello se pone blanco y las manos exhiben el paso de los años.

Para quien medita acerca de esto, la edad madura es una de las situaciones que expresa con mayor vigor la naturaleza temporaria de la vida en este mundo. Esta comprobación debería refrenar la codicia por las cosas mundanales. La persona entrada en años comprende que ya le empezó la cuenta regresiva en la vida terrestre. En realidad, el que percibe y sufre la cuenta regresiva es el cuerpo, que se va desmejorando gradualmente, pero no el alma. En muchas personas ejerce una gran influencia ser de buena apariencia en la juventud. Los que se ven atrayentes a menudo son arrogantes, en tanto que los que se ven feos se sienten infelices e inferiores. La vejez exhibe lo pasajero que son la belleza o fealdad corporal y que lo meritorio del ser humano se encuentra en las obras correctas que realiza, las buenas cualidades personales y el compromiso con Dios. Estas son las únicas cosas aceptables para El.

Cada vez que enfrentamos nuestras falencias, comprobamos que el único Perfecto y Exaltadísimo es Dios, a Quién las imperfecciones no Le alcanzan. Entonces corresponde que Glorifiquemos Su Grandeza.

Dios ha creado con un propósito cada falencia humana. Algunas tienen como objetivo ayudar a los individuos a no atarse a la vida de este mundo y a no extraviarse, debido a los goces que producen. Quien por medio de la meditación llega a comprender esto, quiere que Dios lo recree en el más allá libre de todos sus defectos.

Nuestras falencias nos recuerdan otro factor importante: mientras la rosa que crece en un suelo sucio huele a limpio, nuestros cuerpos exhalan un olor insoportable cuando no nos aseamos. Las personas vanidosas y arrogantes, en particular, tienen que pensar acerca de esto y extraer las conclusiones y advertencias del caso.

 

En Qué Nos Hacen Meditar Algunos Rasgos Corporales

Al mirarnos en el espejo a la mañana podemos reflexionar sobre muchas cosas que no tuvimos en cuenta antes. Por ejemplo, las pestañas, cejas, huesos y dientes dejan de crecer al llegar a cierta longitud. Sin embargo, el cabello no deja de extenderse. En otras palabras, como pauta, la pilosidad no se desarrolla de manera semejante en todo el cuerpo.

Además, hay una perfecta armonía y proporción en el crecimiento de los huesos. Por ejemplo, en los miembros superiores no crecen más de lo necesario para evitar una relativa desproporción corporal. El desarrollo se detiene en el momento preciso, como si supiesen el largo que deben tener.

Por cierto, todo ello se produce como resultado de distintas reacciones que tienen lugar en nuestro organismo. Así y todo, alguien que reflexiona también se pregunta: ¿Quién colocó en el cuerpo la cantidad y tipo de hormonas y enzimas necesarias para determinar el crecimiento de cada parte de nuestra estructura física? ¿Quién controla esas cantidades y las secreciones?

Indudablemente, es imposible suponer que todo eso se ha producido y se produce por casualidad. Es imposible que las células por decisión propia formen un ser humano o que los átomos sin conciencia constituyan las células. No cabe ninguna duda de que cada una de esas cosas es parte del arte de Dios, Quien nos crea y crea todo como mejor corresponda.

 

En el Camino....

La mayoría de la gente, después de levantarse y realizar los aprestos del caso, se encamina a la oficina, a la escuela o emprende un viaje de trabajo al exterior. Para el creyente, ese desplazamiento de todos los días facilita la realización de acciones del agrado de Dios. Apenas salimos de nuestras viviendas ya nos encontramos con muchas cosas sobre las que deberíamos reflexionar. Vemos miles de personas, automóviles y árboles de distintos tamaños. Todos con detalles incontables. La perspectiva de un creyente es muy clara en ese contexto. Intenta aprender lo más que puede de lo que le circunda y meditar sobre la causa de los sucesos que observa, gracias a Dios que lo permite. Es decir, todo lo que se hace y se piensa seguramente tiene un motivo. Desde el momento en que se despierta agradece a Dios porque le dio otro día en este mundo para alcanzar premios Suyos. Al ponerse en camino reinicia un viaje en el que puede lograr esas gratificaciones. Quien es consciente de todo lo que dijimos aquí, debe meditar sobre el versículo de Dios: del día (hicimos) medio de subsistencia (Corán, 78:11). En consonancia con este versículo hacemos planes para ver como vamos a invertir el día de modo de hacer cosas provechosas con las que Dios esté satisfecho.

Al llegar a nuestro automóvil o a cualquier otro vehículo de transporte con dicho proyecto en mente, de nuevo damos gracias a Dios pues disponemos del medio para dirigirnos al lugar del caso, independientemente de la distancia que haya que recorrer. Dios ha creado muchos tipos de vehículos para que la gente los use convenientemente. Los recientes desarrollos tecnológicos posibilitaron muchas y nuevas oportunidades en automóviles, trenes, aeroplanos, barcos, helicópteros, colectivos, etc. Si se cavila sobre esto, se recuerda otra cosa: es Dios Quien puso la tecnología al servicio del género humano.

Los científicos se presentan todos los días con nuevos descubrimientos e innovaciones logradas con los medios que Dios creó en la Tierra y que facilitan nuestras vidas. Quien medita continúa su viaje agradeciendo a Dios por haber dispuesto a su servicio esos adelantos.

Mientras seguimos la marcha y continuamos reflexionando, percibimos en las calles montones de basuras, feos olores, lugares sucios y áreas restringidas que nos hacen considerar otras cosas.

Dios ha creado en este mundo lugares y escenas por medio de los cuales podemos hacernos una idea tanto del paraíso como del infierno, o conjeturar por medio de la comparación, cómo serán. Los montones de basuras, olores feos, etc, que mencionamos, provocan en nuestras almas un desconsuelo considerable. Nunca querríamos habitar en lugares que por sus características nos hicieran pensar en el infierno y nos recordaran los versículos sobre el mismo. Dios describe el infierno en el Corán como algo desagradable a la vista, tenebroso y sucio: Los de la izquierda ­¿qué son los de la izquierda?­ estarán expuestos a un viento abrasador, en agua muy caliente. A la sombra de un humo negro, ni fresca ni agradable (Corán, 56:41-44).

Cuando, atados unos a otros, sean precipitados en un lugar estrecho de él (es decir, del fuego), invocarán entonces la destrucción. “¡No invoquéis hoy una sola destrucción sino muchas destrucciones!” (Corán, 25:13-14).

Al recordar estos versículos coránicos rogamos a Dios que nos proteja de la furia del infierno y que perdone nuestros errores.

En cambio, quienes no piensan así, se pasan la vida rezongando e inquietos y ante cualquier incidente buscan a quien acusar como si se tratase de un delincuente. Por ejemplo, si el hecho que los ocupa es la eliminación de la basura ciudadana, harán enfurecer tanto a los que arrojan los desperdicios como a los responsables de la municipalidad que más tarde los recogen. Durante el día pensarán en muchas cosas, como ser, los baches en las calles, los problemas del tráfico, los inconvenientes debido a los incorrectos informes meteorológicos y por último en el regaño de sus jefe, que consideran injusto. Pero todo eso no les sirve para nada en la otra vida. Podrían detenerse a pensar si no deberían dejar a un lado la actitud exhibida.

En realidad, muchos suponen que el verdadero motivo por el que no pueden ponerse a reflexionar, es la lucha que tienen por delante frente a problemas como el de la alimentación, la salud y el alojamiento. Pero eso no es más que una excusa. Las responsabilidades a enfrentar y las situaciones por las que se pasa, no tienen nada que ver con lo que se medita. Quien busca reflexionar para obtener el agrado de Dios, encontrará la ayuda de El. Comprobará que lo que ve como problemas se va superando, uno a uno, y que cada vez tiene más tiempo para meditar. Esto es algo que lo comprende y experimenta solamente el creyente.

 
Reflexiones Ante un Mundo Multicolor

En tanto proseguimos nuestro viaje, intentamos captar los signos y milagros en la creación de Dios que nos circundan y reflexionar sobre ellos, como una forma de honrar Su gloria. Al mirar por la ventanilla del medio de transporte observamos un mundo multicolor. Entonces pensamos: ¿cómo serían las cosas si el mundo no fuese multicolor?

Miremos la fotos de abajo y reflexionemos. ¿Obtendríamos el mismo placer de ahora al ver solamente en blanco y negro el mar, las faldas de las montañas o una flor? ¿Sentiríamos el mismo agrado con las imágenes del cielo, las frutas, las mariposas, las ropas y el rostro de la gente en blanco y negro? Es un favor de nuestro Señor el que vivamos en un mundo vibrante de colorido. Los colores y su armonía en todo lo existente, son signos de la creación singular y del arte incomparable de la creación de Dios. Los colores de una flor o de un pájaro, la armonía o graduación de los mismos, el hecho de que ninguno de ellos en la naturaleza molesta o perturba la visión, o que los colores de los mares, del cielo y de los árboles poseen tonos que nos dan paz y no violentan el mecanismo de la visión, exhiben la precisa intención con la que Dios crea lo que desea. Al reflexionar llegamos a comprender que todo lo que observamos a nuestro alrededor es el producto del conocimiento y omnipotencia sin límites de Dios. En recompensa por todos los favores que nos concedió Le reverenciamos y buscamos que nos proteja para no caer en la ingratitud. Dios nos recuerda en el Corán la existencia de los colores y dice que sólo los dotados de conocimiento Le reverencian. En otra parte Dios deja en claro que los creyentes reflexionan permanentemente, se valen del discernimiento, exploran por medio de la meditación y extraen conclusiones:

¿No ves cómo ha hecho Dios bajar agua del cielo, mediante la cual hemos sacado frutos de diferente clases? En las montañas hay vetas de diferentes colores: blancas, rojas y de un negro intenso. Los hombres, bestias y rebaños son también de diferentes clases. Sólo tienen miedo de Dios aquéllos de Sus siervos que saben. Dios es poderoso, indulgente (Corán, 35:27-28).

 

¿Qué Debería Pensarse al Ver un Coche Fúnebre?

La persona que va de prisa a alguna parte puede encontrarse de modo repentino con un coche fúnebre. Es una oportunidad muy buena para superar ciertas ideas o imágenes perturbadoras. El cuadro con el que se topa le recuerda la muerte. Se acuerda que algún día también ella irá en un ataúd. Sabe que por más que intente evitarlo, se encontrará con la muerte, más temprano o más tarde, en la cama, en la calle o de vacaciones. Por cierto, tendrá que abandonar este mundo porque la muerte es algo inevitable.

El creyente recuerda entonces los siguientes versículos de Dios:

Cada uno gustará la muerte. Luego, seréis devueltos a Nosotros. A quienes hayan creído y hecho el bien hemos de alojarles en el Jardín, eternamente, en cámaras altas, a cuyos pies fluyen arroyos. ¡Qué grata es la recompensa de los que obran bien, que tienen paciencia y confían en su Señor! (Corán, 29:57-59).

En verdad, al considerar que el cuerpo de uno también será amortajado, cubierto con tierra por sus parientes y su nombre grabado en la lápida, apartamos o diluimos el vínculo con el mundo. Quien piensa sinceramente y de veras en esto, considera como algo sin sentido pretender aferrarse a un cuerpo que se pudrirá en la tierra.

En el versículo antes citado, Dios da las buenas nuevas del paraíso después de la muerte, a quienes son pacientes y confían en El. En consecuencia, los creyentes buscan que su vida esté encauzada sinceramente hacia Dios de la manera correcta y testimoniar la conducta ordenada por Dios, con el objeto de alcanzar el paraíso. Cada vez que se acuerdan que la muerte puede presentarse en cualquier momento, aumentan la determinación por lo que se propusieron, intentan adoptar los valores más elevados y buscan expandirlos permanentemente a lo largo de sus vidas.

En cambio, otro tipo de personas colocan en primer lugar concepciones distintas y transcurren la vida tras ansiedades vanas sin pensar que un día morirán. No les sirve de nada ver un coche fúnebre, pasar todos los días por un cementerio o que se muera ante ellos una persona querida.

 

A lo Largo del Día...

El creyente siempre piensa en los versículos de Dios al ir encontrándose en distintas situaciones a lo largo de la jornada e intenta comprender las sutilezas de los acontecimientos.

Ante cada favor o prueba de Dios reacciona de un modo que El aprobará. Para el creyente tiene poca importancia la posición social que ocupa. Al reflexionar sobre el hecho de que Dios es el creador de todo, lo que intenta es ver el propósito oculto en los acontecimientos y la belleza que El genera, ya sea en la escuela, en el trabajo o al ir de compras. Eso le hace llevar una vida sujeta a los versículos de su Señor. En el Corán se relata así algunas de las actitudes de los creyentes:

Hombres a quienes ni los negocios ni el comercio les distraen del recuerdo de Dios, de hacer la azAllah (el rezo regular) y de dar el azaque (la limosna regular). Temen un día en que los corazones y las miradas sean puestas del revés. Para que Dios les retribuya por sus mejores obras y les dé más de Su favor. Dios provee sin medida a quien El quiere (Corán, 24:37-38).

 

En Qué Se Medita al Encontrarse Algunas Dificultades

El ser humano puede tropezar con distintas dificultades a lo largo del día. Pero cualesquiera sean ellas, necesita confiar en Dios y pensar algo semejante a esto: “No debemos perder de vista ni por un instante que Dios nos prueba con todo lo que hacemos y pensamos. En consecuencia, al enfrentar cualquier tipo de dificultad o pensar que las cosas no van por el camino adecuado, nunca deberíamos olvidar que todos esos acontecimientos se nos presentan como pruebas frente a nuestras formas de proceder”. Sucesos como el pagar a alguien de más por haber entendido algo mal o estar desatento, el perder en la computadora debido al corte de la energía eléctrica un archivo que nos dio mucho trabajo, el ser reprobado en un examen para el que se estudió con ahínco, el pasarse días en una cola para conseguir un trabajo que se demora debido a las trabas burocráticas, el peligro de hacer mal una labor debido al extravío de documentación, el perder el avión o el colectivo cuando tenemos que llegar urgentemente a un lugar, etc, son los que por lo general dan origen a los pensamientos que nos pasan por la mente. Y son incidentes del tipo mencionado los que normalmente se encuentran a lo largo de la vida y se los considera un “inconveniente” y una “molestia”.

En todos esos trances la persona con fe piensa de inmediato que Dios está poniendo a prueba su conducta y paciencia, que no tiene sentido que alguien que va a morir y deberá rendir cuenta en el más allá se desvíe del comportamiento adecuado y pierda el tiempo angustiándose. Sabe que en todo lo que ocurre hay ventajas. Nunca exclama, “¡Ay!” o “¡Qué desgracia!” frente a cualquier cosa que le acontece, sino que le pide a Dios que le facilite la tarea y que a todas las cosas les dé un giro conveniente.

Y cuando a la dificultad sigue el alivio, nos damos cuenta que es una respuesta de Dios a nuestro pedido, que Dios es el Oyente de las súplicas y que las satisface. Por lo tanto, Le agradecemos una vez más.

Si durante el día se piensa de esa manera, nunca aparece la desesperanza, la angustia, la pesadumbre o la cólera, propias de la desesperación, independientemente de lo que se trate aquello con lo que se choca o tropieza. Sabemos que Dios ha puesto bendiciones en todo eso, es decir, que son cosas o situaciones que encierran un provecho. Es decir, nos damos cuenta de que esas bendiciones se nos presentan en todo tipo de acontecimiento que nos afecta, tanto en los grandes como en los pequeños.

Meditemos sobre la actitud de una persona que no puede resolver un negocio importante como lo desea y que al momento de estar cerca de lograrlo se le presentan graves problemas. Seguramente se pondrá colérica, se sentirá desdichada, angustiada y, en resumen, experimentará todo tipo de sensaciones negativas. Sin embargo, quien piensa que en todo hay algo provechoso, intenta descubrir el propósito no visible en lo que Dios permite que le acontezca. Por ejemplo, piensa que Dios pudo haberle llamado la atención para que tome medidas más definidas en el tema en cuestión. Entonces procede así y da gracias a Dios diciendo: “puede ser que esto que me sucedió haya ayudado a evitar un daño mayor”.

Alguien que pierde el medio de transporte puede pensar: “posiblemente mi demora y el hecho de no ir en ese autobús me haya salvado de un accidente o de otro perjuicio”. También se puede pensar: “posiblemente hayan muchos otros propósitos ocultos”. Este tipo de ejemplos puede aplicarse a todas las situaciones por las que se atraviesa a lo largo de la vida. Lo importante es saber que nuestros planes no siempre se pueden resolver como queremos. De forma imprevista podemos encontrarnos ante una situación totalmente distinta de la que teníamos planeada. En esa circunstancia, el que prospera es quien asume con calma lo que le sucede e intenta descubrir lo que hay de provechoso en lo que sería una contrariedad. Dios comunica en su versículo:

Se os ha prescrito que combatáis, aunque os disguste. Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis (Corán, 2:216).

Como se manifiesta en el versículo, nosotros no podemos saber pero El sí sabe. Por lo tanto, es Dios Quien sabe lo que es bueno o malo para nosotros. Lo que le resta hacer al ser humano es, simplemente, tomar a Dios ­el Amabilísimo, el Misericordiosísimo­ como Amigo y someterse a El con total acatamiento.
 

Las Cosas en las Que Pensamos

Mientras Realizamos un Trabajo...

Es importante que al trabajar no dejemos la mente en blanco y pensemos siempre sobre lo que es legítimo y digno. La mente humana tiene la capacidad de pensar en más de una cosa a la vez. Quien conduce un automóvil, limpia la vivienda, realiza algún otro trabajo o camina por la calle, también puede pensar al mismo tiempo en acciones bondadosas.

Por ejemplo, mientras acicala la vivienda, agradece a Dios por cosas como el agua y el detergente del que se dispone todos los días. Además, al saber que Dios ama la higiene, lo pulcro y la gente aseada, considera lo que realiza un acto de adoración y espera obtener por ese medio Su agrado. La casa también se limpia porque resulta placentero ofrecer un lugar confortable a sus congéneres.

Otros, mientras trabajan, ruegan a Dios permanentemente y en silencio pidiéndole que facilite sus tareas pues creen que no pueden obtener el éxito en nada a menos que Dios lo quiera. En el Corán vemos que los profetas ­quienes son un ejemplo para nosotros­ se vuelven hacia Dios constantemente de manera reservada y Le tienen presente al cumplir con sus tareas y en todo momento. Uno de ellos, de gran valor, fue el profeta Moisés. Después de ayudar a dos mujeres que encontró en el camino para que puedan dar de beber a su rebaño, se volvió a Dios con las siguiente palabras:

Cuando llegó a la aguada de Madián, encontró allí un grupo de gente que abrevaba sus rebaños. Encontró, además, a dos mujeres que mantenían alejado el de ellas. Dijo: “¿Qué os pasa?” Dijeron ellas: “No podemos abrevar el rebaño mientras estos pastores no se lleven los suyos. Y nuestro padre es muy anciano”. Y abrevó su rebaño (es, decir, el de ellas). Luego se retiró a la sombra. Y dijo: “¡Señor! Me hace mucha falta cualquier bien que quieras hacerme” (Corán, 28:23-24).

Otro ejemplo que vemos en el Corán sobre este asunto es el de los profetas Abraham e Ismael. Dios dice que ambos deseaban cosas buenas para los demás creyentes mientras trabajaban juntos, a la vez que se volvían a El y le suplicaban por la aceptación de lo que realizaban:

Y cuando Abraham e Ismael levantaban los cimientos de la Casa: “¡Señor, acéptanoslo! Tú eres Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe! ¡Y haz, Señor, que nos sometamos a Ti, haz de nuestra descendencia una comunidad sumisa a Ti, muéstranos nuestros ritos y vuélvete a nosotros! ¡Tú eres, ciertamente, el Indulgente, el Misericordioso! ¡Señor! Suscita entre ellos a un Enviado de su estirpe que les recite Tus versículos y les enseñe la Escritura y la Sabiduría y les purifique! Tú eres, ciertamente, el Poderoso, el Sabio” (Corán, 2:127-129).

 

En Qué Pensamos al Ver Una Telaraña

La persona que pasa mucho tiempo en su casa puede pensar en gran cantidad de cosas. Por ejemplo, mientras limpia puede ver una araña que teje su red en un rincón de la vivienda. Si se da cuenta que vale la pena meditar sobre esta criatura a la que normalmente nadie le presta atención, verá que se le abren muchas puertas a su entendimiento. Ese pequeño insecto al que observa es un milagro en su delineación. La red que teje posee una simetría perfecta. Si se pregunta cómo una pequeña araña puede lograr un diseño perfecto tan asombroso, a poco de investigar descubrirá algunos hechos extraordinarios: la fibra que usa la araña es treinta por ciento más flexible que una de goma del mismo grosor. El producto de la araña es de una calidad tan superior que el ser humano lo usa de modelo como elemento esencial en la confección de chalecos a prueba de balas. Por cierto, la sustancia que mucha gente considera “una simple telaraña”, es en realidad equivalente a uno de los materiales industriales más ideales.

En tanto el ser humano testimonia la delineación perfecta en las cosas que existen a su alrededor, si sigue meditando se encontrará con realidades aún más sorprendentes. Al examinar la mosca, un bichito que se ve habitualmente y produce irritación, pero al que nunca se le presta la atención debida aunque se lo combata hasta el cansancio, veremos que tiene por costumbre asearse minuciosa y meticulosamente. Se posa con frecuencia en algún lugar para limpiarse sus partes anteriores y posteriores de manera separada. Después se saca el polvo que hay sobre las alas y la cabeza con los miembros anteriores y posteriores, los cuales son permanentemente higienizados. Continúa así hasta asegurarse que la limpieza sea total. Todos los demás tipos de insectos y dípteros se asean de un modo similar, con la misma atención y esmero. Esto indica que el Creador Unico les enseñó cómo hacerlo.

Esa misma mosca también bate sus alas quinientas veces por segundo mientras vuela. Por cierto, ninguna máquina hecha por el ser humano podría operar con esa frecuencia puesto que se destrozaría y quemaría debido a la fricción. Sin embargo, la mosca no sufre ningún daño en las alas, músculos o coyunturas. La mosca puede volar sin desviarse teniendo en cuenta la dirección y velocidad del viento. Nosotros en cambio, con toda la tecnología moderna que disponemos, estamos muy lejos de producir un ingenio con esas propiedades y técnicas de vuelo. Es imposible que una criatura tan insignificante, a la que apenas prestamos atención, logre esas características por capacidades e inteligencia propias. Es Dios quien le ha dado esas habilidades sorprendentes que posee.

En nuestro entorno hay vida tanto visible como invisible por todas partes, a la que observamos, a veces, de manera casual. En la Tierra no hay un solo centímetro cuadrado sin la existencia de algún tipo de vida. Podemos ver a otras personas, las plantas y animales pero hay otras criaturas a las que no podemos visualizar pero de cuya existencia somos conscientes. Por ejemplo, la casa en que vivimos está llena de criaturas microscópicas llamadas “ácaros”. En el aire que respiramos, asimismo, hay incontables virus. La cantidad de bacterias que viven en el suelo de nuestro jardín, por otra parte, es asombrosamente grande.

Quien reflexiona sobre la increíble diversidad de vida en el planeta, también lo hace respecto de los sistemas perfectos de dichas criaturas. Todas las que vemos son signos claros del arte de Dios y hasta en las microscópicas se ocultan grandes milagros. Los virus, las bacterias y los ácaros, invisibles a simple vista, poseen sus propios mecanismos corporales. Dios creó el medio en el que viven, el modo en que se alimentan y sus sistemas de defensa y reproducción. Quien reflexiona sobre esto recuerda el versículo de Dios:

¡Cuántas bestias hay que no pueden proveerse del sustento! Dios se encarga de él y del vuestro. El es Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe (Corán, 29:60).
 

Las Cosas Sobre las Que Meditamos Cuando Estamos Enfermos

Los seres humanos somos débiles en muchos aspectos y nos esforzamos permanentemente por contrarrestar esa situación. Las enfermedades exponen más explícitamente nuestras debilidades. En consecuencia, cuando algún amigo o nosotros mismos nos enfermamos, tenemos que preguntarnos acerca del propósito oculto que existe en ello. Al meditar entendemos que la gripe, considerada una enfermedad simple, ofrece lecciones de las que podemos extraer advertencias. Al engriparnos consideramos a un virus, invisible a simple vista, el responsable principal. Sin embargo, es capaz de hacerle perder el vigor a una persona de sesenta/setenta kilogramos y agotarla al punto de que carezca de fuerza para caminar o hablar. En general, los remedios que ingerimos para combatirla no nos favorecen. Lo único que podemos hacer es descansar y esperar. En el cuerpo tiene lugar una guerra en la que no podemos intervenir. Un organismo microscópico nos tiene atados de pies y manos. En una situación así lo primero que debemos recordar es el versículo de Dios en el que el profeta Abraham dice:

Que me ha creado y me dirige, que me da de comer y de beber, me cura cuando enfermo, me hará morir y, luego, me volverá a la vida, de Quien anhelo el perdón de mis faltas el Día del Reconocimiento. Señor, regálame juicio y reúneme con los justos (Corán, 26:78-83).

Una persona con cualquier tipo de enfermedad, debería pensar y comparar los comportamientos y actitudes que exhibe mientras está afectado por la misma y mientras está sano. Debería hacer consciencia de la situación de postración en que lo coloca la afección, cómo aumenta la necesidad de la ayuda de Dios y cómo le ruega a Dios sincera y ardientemente frente a la posibilidad de tener que ir al quirófano.

Al ver a otra persona enferma debemos agradecer a Dios inmediatamente el hecho de estar sanos. Cuando el creyente ve a otra persona con la pierna tullida, enseguida piensa el inmenso e importante favor que representa el tenerla ilesa e íntegra. Comprende lo que significa poder ir caminando a donde uno quiera, levantarse de la cama sin problemas apenas se despierta, correr cuando es necesario, cuidarse uno mismo sin la ayuda de otra persona o animal. Se da cuenta que lo mencionado son favores de Dios. Al pensar en todo eso y hacer las comparaciones del caso, comprende mejor el valor de las bendiciones que se le han concedido.

 

Lo Que Se Piensa al Encontrarse con una Persona

de Mal Temperamento, Arrogante, Ofensiva y Corrompida

A lo largo del día uno se encuentra con muchas personas de distintas características en la oficina, en el trabajo y en otros lugares. Puede tratarse de gente para nada ecuánime, que no venera a Dios. El creyente que alterna con la misma nunca es influenciado por sus actitudes. Por el contrario, se mantiene firme en el tipo de comportamiento ordenado por Dios. Sabe que el motivo del mal carácter de esa gente reside en el no acatamiento de las órdenes de Dios y su incredulidad en el más allá. El creyente piensa así: “Dios advierte sobre la agonía del infierno y nos pide que pensemos en sus tormentos interminables, que enmendemos nuestras conductas en esta vida, que nos volvamos con humildad hacia El y vivamos de manera franca por medio de la religión. Si nos damos cuenta de que estamos frente a una amenaza tan seria, por cierto que tomaremos precauciones para que no nos afecte. Así y todo, hay quienes no piensan acerca de ello y por lo tanto no comprenden su seriedad, actúan como si no existiese y no estuviese preparado para ellos ese lugar con fuego y tormentos”.

Quien es consciente de toda esa realidad recuerda otros asuntos muy importantes: la actitud de cada uno de los que esperan al borde del fuego del infierno será totalmente distinta; la persona que no vacila en exhibir maneras arrogantes, impúdicas, corruptas y que no cree en Dios, será colocada ante la boca del infierno el Día del Reconocimiento y sometida a distintas privaciones. Ya no tendrá en el rostro la misma expresión que ahora, ni las mismas actitudes, forma de hablar o palabras que usaba en esta vida.

El incrédulo insolente y agresivo que peca habitualmente y carece de un comportamiento humano, se lamentará eternamente cuando vea el tormento que le espera.

Quien inventa cualquier tipo de excusas para no vivir como ordena la religión y no adora a Dios en este mundo, no podrá dar las mismas excusas mientras espera frente a las puertas del infierno. En ese momento ya no le será posible prosternarse aunque lo quiera hacer y el rezo no le será respondido aunque lo realice con ahínco.

Pero quien reverencia a Dios nunca olvida esas cosas. Al meditar sobre el fuego del infierno comprende lo que representan la cordialidad, las palabras correctas y la buena conducta. Al creer y pensar intensa y constantemente en la existencia del infierno, actúa siempre de manera tal que cuando se le pida cuenta de todo lo que hizo en su vida terrenal la resultante no sea verse arrojado al fuego.

Dios llama a la gente a pensar en el infierno y en el Día del Reconocimiento:

El día que cada uno se encuentre frente al bien y el mal que ha hecho, deseará tener bien lejos ese día. Dios advierte que tengáis cuidado con El. Dios es manso con sus siervos (Corán, 3:30).

 

Mientras Comemos....

Dios es Quien os ha estabilizado la tierra y hecho del cielo un edificio, os ha formado armoniosamente y os ha proveído de cosas buenas. Ese es Dios, vuestro Señor. Bendito sea pues Dios, Señor de los mundos (Corán, 40:64).

Dios ha dado a los individuos una gran cantidad de alimentos y bebidas puros y deliciosos. Por cierto, todos ellos son manifestaciones de la gracia y misericordia infinitas de Dios. La gente podría vivir con sólo un tipo de comida y bebida, pero Dios ha derramado sobre nosotros favores incontables: distintos tipos de nutrientes líquidos y sólidos, animales y vegetales...

Un creyente que sabe que todos esos favores provienen de Dios, medita sobre ello y Le agradece cada vez que ingiere alguno de ellos.

 

¿Qué Pensamos al Ver los Frutos Servidos

a la Hora de Alimentarnos?

En muchos versículos coránicos Dios comunica que bendice a la gente con variados tipos de sustentos, los cuales los tenemos frente a nosotros al sentarnos a comer. La mesa se cubre con distintos productos alimenticios. Por naturaleza, el ser humano es creado para que encuentre disfrute en ellos. Cada uno resulta más delicioso que los otros y todos son necesarios para la supervivencia adecuada. Pensemos cómo procederíamos si los mismos fuesen sin sabor o de un sabor feo, dañinos aunque sean agradables al paladar y muy pocos en cantidad. La única razón por la que no tenemos alimentos insípidos y bebidas desagradables sino los innumerables, deliciosos y nutritivos que conocemos, es la misericordia de Dios. Si solamente tenemos en cuenta una de las tantas frutas, reconoceremos el tremendo favor que nos concede Dios. La persona consciente que ve una gran variedad de las mismas a disposición del ser humano, piensa lo siguiente:

▪ Que de un suelo más bien sucio provengan frutas de distintos colores y fragancias albergando un contenido extremadamente limpio y de gusto muy agradable, es un gran favor que nos concede Dios.

▪ La banana, la naranja, el melón, la sandía, la mandarina, en resumen, todas las frutas, son creadas con sus cáscaras o piel respectivas. Esa capa o piel protectora impide que el fruto se deteriore y arruine, a la vez que preserva la fragancia. Tan pronto como se lo pela, se oxida y se echa a perder.

▪ Al examinar con cuidado cada fruta, vemos que tienen muchas cualidades delicadas significativas. La mandarina y la naranja, por ejemplo, se componen de trozos o gajos. Si fuesen de una sola pieza, al abrirlas se oxidarían más rápido. Pero Dios las ha hecho así para conveniencia de los seres humanos. Indiscutiblemente, ese diseño extremadamente estético, apropiado perfectamente a nuestras necesidades, es uno de los signos de la creación de Dios, el Omnisciente.

▪ La fresa o frutilla, por ejemplo, es un fruto muy especial, con su gusto y diseño particulares. El conjunto de sus formas se presentan delineadas con un primor especial: una traza que la caracteriza, el color rojo placentero y las hojas verdes que la coronan, la convierte en una de las obras de arte sin par de Dios. Su dulzura y fragancia y el no poseer cáscara ni semilla, la hace fácil de comer y nos hace presente algunas delicias del paraíso. Que un fruto que se desarrolla en la tierra posea un color vívido es un signo muy fuerte de nuestro Señor, Quien lo crea y Quien pone de manifiesto Su arte, sabiduría y conocimiento en lo que origina.

▪ La presencia de distinta frutas en cada estación es otro elemento sobre el que meditar. Por ejemplo, el invierno es un período en que la gente necesita muchas vitaminas, especialmente la C. Precisamente es ésta la que está disponible en las naranjas, mandarinas y pomelos en esa época. En verano, en cambio, disponemos en abundancia de cerezas y otras que calman la sed, como sandías, melones y peras.

Dios nos presenta el encantador cuadro de las frutas en las matas o troncos que las portan o en la forma en que son cultivadas. La imagen de cientos de ellas en ramas aparentemente secas y firmemente unidas a éstas, con un delicioso jugo en su interior, o el verlas con sus cáscaras que parecen especialmente lustradas, son todas evidencias de que cada una fue creada por Dios. Por ejemplo, al observarse los racimos de cereza parecería que fueron colocados sobre las ramas uno por uno. Dios los ha creado a todos como una creación singular. La forma en que se presentan llama la atención de la gente. Debido a eso, al describirse el paraíso en el Corán, Dios manifiesta que esos frutos están allí para ser recogidos:

Cerca de ellos les cubrirán sus sombras (es decir, las del Jardín); sus frutos podrán ser agarrados muy fácilmente (Corán, 76:14).

Por cierto, aquí sólo damos unos pocos ejemplos. Las gracias que derrama Dios son muy diversas como para contabilizarlas. El que se da cuenta de esto al ir a comer, recuerda otro versículo de Dios:

¿Acaso Quien crea es como quien no crea? ¿Es que no os dejaréis amonestar? Si os pusierais a contar las gracias de Dios, no podríais enumerarlas. Dios es, en verdad, indulgente, misericordioso (Corán, 16:17-18).

 

Qué Cosas nos Hacen Pensar los Sabores y los Aromas

Si seguimos meditando nos percatamos aún más de las bellezas y sutilezas que hay en la creación de Dios. La persona consciente, al ponderarlas, piensa que es un gran favor de su Señor el hecho de que pueda deleitarse con las bendiciones o gracias que le concede. Recuerda que, en particular, los sentidos del olfato y del gusto ayudan a percibir muchas de la cosas hermosas del mundo. Y avanzando en la meditación se da cuenta de que si no tuviera el sentido del olfato no podría deleitarse como lo hace ahora con la fragancia de la rosa, de las frutas que come e incluso de un asado. Si careciese del sentido del gusto no reconocería los que son propios del chocolate, la carne, las frutillas, los bombones y otras gracias de Dios.

No deberíamos olvidar que podríamos haber estado viviendo en un mundo incoloro, insípido e inodoro. Y si Dios no nos hubiese dado los colores, los sabores y los olores como bendiciones, no los hubiésemos adquirido por ningún medio. De todos modos, Dios ha derramado sobre la humanidad Sus favores al crearlos, como así también los sistemas sensoriales para percibirlos.

 

Mientras Paseamos en el Jardín...

En Qué Nos Hacen Meditar las Cosas

Hermosas Que Vemos en la Naturaleza

Quien cree en Dios alaba a su Señor por la bellezas que percibe en la naturaleza. Es consciente de que El creó todo lo hermoso. Sabe que todas esas cosas primorosas pertenecen a Dios y son manifestaciones de Su atributo de jamal (belleza).

Al caminar en medio de la naturaleza se descubre su esplendor. Desde una simple hierba u hojarasca a una flor de margarita, desde un pájaro a una hormiga, todo está lleno de detalles que deberían mover a la reflexión. Si se procede así, se llega a comprender la potestad y autoridad de Dios.

Las mariposas, por ejemplo, son criaturas agradables muy estéticas. Con la simetría y diseño de sus alas ­similares a un encaje primoroso, como si hubiesen sido dibujadas meticulosamente a mano­, su armonía y colores fosforescentes, son evidencia del arte y potestad superior de la creación de Dios.

Del mismo modo, entre las innumerables bellezas que crea Dios encontramos una gran variedad de matorrales y árboles. Los distintos colores de las flores y las diferentes formas de dichos vegetales, son todas creaciones de Dios y, entre los propósitos que persiguen, está el de deleitar a los seres humanos.

Quien tiene fe medita acerca de cómo las flores ­rosas, violetas, margaritas, jacintos, orquídeas, claveles y otras con sus superficies tan suaves­, generadas a partir de una semilla totalmente chata y rugosa, se presentan sin un solo pliegue, como si hubiesen sido planchadas.

Otra maravilla que crea Dios es la fragancia de las mismas. Por ejemplo, la rosa tiene un aroma fuerte siempre cambiante. Los científicos y laboratorios aún no han podido desarrollar un aroma igual o resultados satisfactorios, a pesar de los avances tecnológicos.

La esencia artificial de rosa resulta muy intensa y a veces poco agradable, cosa que no sucede con la esencia natural.

Cualquiera que tenga fe sabe que cada una de ellas es creada para que el ser humano alabe a Dios, para presentar el arte y conocimiento de Dios en las delicadezas que El crea. Por eso mismo, quien observa algo tan encantador mientras pasea por el jardín, glorifica a Dios diciendo:

Que sea lo que Dios quiera. La fuerza reside sólo en Dios (Corán, 18:39). Recuerda que Dios ha puesto ese atractivo al servicio del género humano y que dará a los creyentes bendiciones extraordinarias en el más allá. Y debido a esa consideración aumenta aún más su amor por El.

 

¿Ha Reflexionado Alguna Vez Sobre la Hormiga Que Ha Visto

Mientras Caminaba por el Jardín?

En general la gente no percibe ningún sentido en ciertas criaturas que ve a su alrededor todos los días. No imagina que pueden poseer características muy interesantes. Para quien tiene fe, en cambio, todo testimonia los signos de la creación perfecta de Dios. La hormiga es una de esas criaturas. El examen de su andar, aunque más no sea, es algo excitante. Mueve sus pequeñísimas patas muy rápidamente de modo muy coordinado, con una secuencia perfecta y sin equivocarse.

Este pequeño insecto levanta cosas más grandes que su volumen y las lleva al nido en cuerpo y en alma. Viaja distancias muy largas en proporción a su dimensión física. En una zona llana, sin nada que le sirva de guía, ubica muy fácilmente el nido, aunque para nosotros resulta una tarea muy dificultosa. Pero ella lo encuentra sin confundirse, cualquiera sea el lugar donde se halle.

Cuando las vemos en el jardín, alineadas una tras otra, atareadas con gran ardor para llevar materiales nutrientes al hormiguero, no podemos dejar de preguntarnos cuál es el propósito que las mueve a trabajar tan duro. Luego nos damos cuenta de que cada una no sólo acarrea los nutrientes para ella sino también para otros miembros de la colonia, para la reina y para las crías. Se debe reflexionar sobre lo siguiente: cómo es que una pequeña hormiga, que no ha desarrollado el cerebro, actúa de modo disciplinado, con gran sacrificio y comportamiento atento y esmerado. Después de ponderar los hechos mencionados se llega a la siguiente conclusión: las hormigas, al igual que los demás seres vivientes inconscientes, actúan por inspiración de Dios y obedecen sólo Sus órdenes.

 

En Qué Pensamos al Ver el Movimiento

“Consciente” de la Campanilla y la Hiedra

El creyente que pasea por el jardín también medita sobre la campanilla que ve en su recorrido, una de las tantas cosas hermosas que crea Dios. Por cierto, todo lo viviente tiene signos para quien reflexiona.

Por ejemplo, el movimiento espiralado de la campanilla, con el cual rodea una rama o cualquier otro objeto, es un suceso sobre el que hay que meditar cuidadosamente. Si filmásemos el crecimiento de la campanilla y luego lo pasásemos a una velocidad mayor, la veríamos moverse como una criatura consciente. Actúa como si viese la rama que tiene enfrente y se extiende hacia allí para aferrarse, enlazándose a la misma. A veces rodea a la rama varias veces para prenderse mejor. De ese modo trepa y de ese modo se dirige de nuevo hacia abajo después de haber llegado al extremo superior. El creyente que es testigo de todo esto, una vez más, confirma que Dios ha creado todos los sistemas vivientes con singularidades específicas.

Y si observamos los movimientos de la hiedra, vemos otra característica importante: se fija firmemente a la superficie en la que se apoya extendiendo “brazos” hacia distintos lados. La substancia viscosa que produce esta planta “inconsciente” es un pegamento tan potente que al intentar desprender la rama adherida a una pared, puede arrastrar parte de la pintura e incluso del revoque o del ladrillo.

La existencia de este tipo de plantas revela al creyente reflexivo la omnipotencia de Dios, el Creador de las mismas.

 
Qué Pensamos al Ver los Arboles

Los observamos todos los días en todas partes. Sin embargo, ¿ha pensado alguna vez cómo hace el agua para llegar a las hojas más elevadas de árboles muy altos? Por medio de una comparación podemos tener una mejor comprensión del extraordinario proceso que encierra esa función natural.

Es imposible que el agua dentro de un tanque que se encuentra apoyado en el suelo se eleve por sí misma a los pisos más altos de un edificio sin un mecanismo hidrofórico o algún motor potente. Una persona no puede bombear agua manualmente ni siquiera al primer piso de un edificio. En consecuencia, los árboles seguramente disponen también de un sistema de elevación del agua similar al mecanismo hidrofórico. De no ser así, el agua no podría subir por el tronco y las ramas, debido a lo cual moriría enseguida.

Dios creó cada árbol con el equipamiento necesario para su funcionamiento. Además, muchos poseen un sistema hidráulico superior al de los edificios en donde vivimos. Estas son las cosas sobre las que cavila quien observa todo con “un ojo que realmente ve” al contemplar los árboles.

Otro aspecto a considerar es algo relacionado con las hojas. Y sólo piensan en eso aquéllos que reflexionan. Las hojas son estructuras muy delicadas pero no se secan bajo el sol abrasador. Si el ser humano estuviese sometido a 40°C durante un plazo relativamente breve, modificaría el color de la piel y se deshidrataría. Las hojas, en cambio, permanecen verdes bajo el sol ardiente sin quemarse a lo largo de días e incluso de meses, a pesar de que la cantidad de agua que pasa por sus conductos semejantes a venas es muy escasa. Se trata de un milagro de la creación que demuestra que Dios crea todo con un conocimiento sin igual. El creyente, al pensar sobre todo esto, una vez más hace conciencia de la supremacía de Dios y Le tiene presente.

 

Mientras Vemos la TV o Leemos un Periódico...

Hay gente que lee el periódico diariamente y presta atención a los noticieros de la TV a ciertas horas o cuando regresa a su casa al anochecer. La persona consciente y reflexiva medita seriamente sobre las informaciones así obtenidas, pues ve en ellas los signos de Dios.

En Qué Nos Hacen Pensar los Frecuentes Casos

de Violencia, Hurto y Homicidio

En las páginas de los periódicos y los informativos de la TV encontramos permanentemente muchos relatos de homicidios, lesiones, robos, estafas y suicidios. La frecuencia con que ocurren y la cantidad de gente propensa a realizar algo de esto, indica el daño que causa no vivir ligados a la religión de Dios. El secuestro de un niño para pedir rescate que puede culminar en su asesinato, el apuntarle con un arma en la cara a alguien y disparar sin vacilar, la aceptación de una coima, el quitarse la vida, el fraude, etc., son todos indicios de que la gente que lo hace no considera a Dios para nada y no cree en el más allá. Pero quien reverencia a Dios y sabe que tendrá que rendir cuentas en la otra vida, nunca hará alguna de esas cosas porque sabe que la contraparte de ello es el infierno, a menos que se arrepienta y que Dios le perdone y le conceda Su misericordia.

Alguien puede decir: “Yo soy ateo y no creo en Dios pero tampoco acepto coimas”. De todos modos, no es para nada convincente lo que dice quien no reverencia a Dios. Es muy probable que en condiciones distintas dejase de mantener esa posición. Por ejemplo, si necesita reunir cierta cantidad de dinero para algo muy urgente y de la única manera que lo puede hacer es robando o aceptando una coima, podría no mantener su promesa. Tampoco es de esperar que mantenga su palabra cuando esté en riesgo su vida. Y aunque pueda no aceptar coimas en una situación difícil, es posible que cometa otros actos prohibidos. Sin embargo, el creyente nunca hace ningún tipo de cosa que le resulte contraproducente cuando vaya a rendir cuentas en el más allá.

En consecuencia, es la irreligiosidad la raíz de todos los sucesos que aparecen en los periódicos, TV y vida social y que nos llevan a protestar y decir: “¿qué le ha sucedido a esta sociedad?”. El creyente que ve esas noticias no las pasa por alto o las acepta de modo formal sino que reflexiona y concluye que la única solución es hablarle a la gente sobre la religión y revivir sus valores. En una sociedad estructurada por gente que reverencia a Dios y sabe que tendrá que rendir cuentas en el más allá, es imposible que sucedan esas cosas en el grado que acontecen actualmente. En una sociedad de creyentes la paz y la seguridad serán vividas en su más alto nivel.

 

Qué Pensamos Sobre los Programas

Televisivos con Debates Interminables

La persona que sigue meditando sobre las cosas que ve en su entorno también lo hará al ver los programas de debates emitidos por la TV. Participan de los mismos especialmente los que más saben sobre temas de la actualidad. Discuten durante horas sin que ninguno sea capaz de encontrar una solución a lo que se plantea o llegar a una conclusión terminante. Sin embargo, quienes presencian esos programas se consideran calificados para resolver las cuestiones que allí se tratan.

En realidad, la respuesta a la mayoría de esas cuestiones es totalmente clara. Sin embargo, el interés egoísta, el permanecer bajo la influencia del círculo social en el que se mueve, los esfuerzos por lograr la promoción personal antes que la búsqueda sincera de soluciones, lleva a la gente a un estancamiento o atolladero insuperable.

La persona consciente ve todo esto de modo diáfano y piensa que esas cosas suceden porque la sociedad está alejada de la religión de Dios. Quien cree en Dios nunca actúa de manera irresponsable, desatenta y estéril. Sabe que en cada suceso hay algo conveniente, motivo por el cual Dios se lo presenta; sabe que está siendo constantemente probado en este mundo y que tiene que hacer uso de la razón, capacidades y conocimiento, de manera tal que sea del agrado de Dios.

Además, el creyente recuerda un versículo de Dios mientras observa esos programas:

...pero el hombre es, de todos los seres, el más discutidor (Corán, 18:54).

En esas audiciones televisivas existe un clima que revela la naturaleza polémica y argumentadora de los seres humanos. La mayoría de los que participan en ellas ni siquiera llegan a comprender el sentido de lo que se les pregunta, porque lo único que les obsesiona es lo que dirán o intentarán decir. A la vez, eso les lleva a interrumpirse mutuamente, a levantar la voz, a perder la compostura casi de inmediato. Estos son aspectos negativos de quienes aparentemente son educados y muy preparados, aunque carentes de la religión de Dios. Si la gente fuese cien por ciento honesta y respetuosa de Dios, esos debates prolongados y sin sentido no tendrían lugar nunca. Con el objetivo de encontrar la solución que más agrade a Dios y más sirva a la gente, se pondría en práctica sin pérdida de tiempo el método más apropiado y concienzudo de razonamiento. Como la decisión final seguramente será del agrado de todos (los creyentes), la discusión perderá sentido.

Si alguien presentase objeciones con fundamentos razonables que exhibieran una mejor manera de hacer las cosas, se las aplicaría. A diferencia de otros, los que reverencian a Dios no exponen una actitud obstinada y arrogante. Al recordar que Dios dice en el Corán: ...Por encima de todo el que posee ciencia hay Uno Que todo lo sabe (Corán, 12:76), emplearán las mejores opciones que puedan.

Esas discusiones televisivas que se extienden interminablemente sirven para considerar lo que puede suceder en un ambiente donde no se viven las cualidades y valores elevados de la religión.

 

En Qué Nos Hacen Pensar el Hambre y la Pobreza

Que Azota Cada Rincón del Mundo

Una de las cosas que con frecuencia se trata en los medios de comunicación es el de la injusticia en la sociedad. Por un lado están los países prósperos del mundo con un nivel de vida muy elevado, y por otro lado esos donde la gente se muere abandonada, pues carece prácticamente de alimentos, medicina para el tratamiento de las enfermedades más simples, etc. Lo primero que revela esto es la existencia de sistemas perversos. Para uno o más de los países ricos sería muy fácil impedir toda esa desgracia. Por ejemplo, muy cerca de países africanos donde la gente se muere de hambre, hay comunidades tecnológicamente avanzadas, desarrolladas y “civilizadas” que han acumulado capitales inmensos como producto de las minas de diamantes. Es muy fácil reubicar en áreas más pródigas a quienes viven en la pobreza, a los que están a punto de morirse de inanición o simplemente abandonados para que fallezcan. También es posible proveerles de medios para cubrir sus necesidades en las mismas áreas donde viven. Pero la verdad es que durante decenios no se buscó ninguna solución efectiva a la situación de todos esos seres humanos.

De cualquier manera, la ayuda a dichas poblaciones no es algo que puedan encarar unas pocas personas. Con el objeto de encontrar soluciones reales es necesario el esfuerzo combinado de muchísimos habitantes del planeta. Pero son muy pocos, como individuos y como organismos, los que lo intentan. En todas partes del mundo, en cambio, se gastan trillones de dólares para otras cosas.

Además, que algunos arrojen a la basura su comida debido a motivos banales, mientras que en otros lados hay gente que se muere por no encontrar con qué alimentarse, es una clara evidencia de que estamos frente a un orden mundial inicuo que existe por el hecho de que la humanidad no vive los valores de la religión.

Quien cavila al observar todo esto llega a la conclusión de que lo único que eliminará esta iniquidad es la adopción de los valores y virtudes que ordena Dios. El que reverencia a Dios y actúa según su recto discernimiento, nunca permitirá dichas infamias e injusticias. Ayudará al necesitado de inmediato y con soluciones definidas y duraderas, sin permitirse ni permitir ninguna ostentación, y si fuese necesario, echando mano a todos los recursos del planeta.

Dios nos dice en el Corán que la ayuda al pobre y al necesitado es una característica de quienes reverencian a Dios y son conscientes del Día del Juicio:

(Se exceptúa a quienes)...parte de cuyos bienes es de derecho para el mendigo y el indigente, que tienen por auténtico el Día del Juicio, que temen el castigo de su Señor (Corán, 70:24-27).

Por mucho amor que tuvieran al alimento, se lo daban al pobre, al huérfano y al cautivo: “Os damos de comer sólo por agradar a Dios. No queremos de vosotros retribución ni gratitud. Tememos, de nuestro Señor, un día terrible, calamitoso” (Corán, 76:8-10).

No alimentar al pobre es propio de la gente irreligiosa que no considera para nada a Dios:

(Dios ordena) “Cogedle y ponedle una argolla al cuello. Que arda luego en el fuego de gehena (el infierno). Sujetadle luego a una cadena de setenta codos”. No creía en Dios, el Grandioso, ni animaba a dar de comer al pobre. Hoy no tiene aquí amigo ferviente, ni más alimento que un exudado de pus, que sólo los pecadores comen (Corán, 69:30-37).

 

En Qué Nos Hacen Pensar los Desastres Que Ocurren en el Mundo

Algunas de las informaciones que se ven con frecuencia en los medios de comunicación se refieren a distintos tipos de desastres. La gente puede encontrarse con alguno de ellos en cualquier momento. Puede ocurrir un poderoso terremoto, un incendio de grandes proporciones o una inundación. Son los creyentes los que al enterarse de esas calamidades recuerdan que Dios tiene potestad sobre todas las cosas y puede arrasar una ciudad hasta los cimientos si lo desea. Al meditar sobre esto se comprende que al único que se puede pedir ayuda es a Dios, único lugar de refugio sin par. Ni los edificios más resistentes ni las ciudades mejor equipadas pueden enfrentar la potestad y autoridad de Dios. Todo puede perecer de modo súbito si así El lo determina.

Estas y otras son escenas sobre las que algunos seres humanos meditan, para concluir que Dios envía las catástrofes con un propósito. Dios comunica en el Corán que castiga a los pueblos desobedientes para que se den cuenta de lo que hacen y cambien o se hagan cargo de las consecuencias. Entonces, si una comunidad lleva adelante conceptos y prácticas que son del desagrado de Dios, El puede castigarla. O puede hacer que una comunidad sufra alguna penuria para probarla en este mundo.

El creyente, al meditar sobre todo esto, teme que ese castigo también le alcance y pide el perdón de Dios por su propia conducta.

Ninguna persona y ningún pueblo puede evitar que ocurra un desastre, a menos que así Dios lo desee. No importa si el pueblo en cuestión es el país más rico y poderoso o si la zona donde se producirá la hecatombe es considerada por su ubicación geográfica la más segura y alejada de todo riesgo. Dios dice que ningún pueblo puede evitar la devastación que tiene asignada:

¿Es que los habitantes de las ciudades están a salvo de que Nuestro rigor les alcance de noche, mientras duermen? ¿O están a salvo los habitantes de las ciudades de que Nuestro rigor les alcance de día, mientras juegan? ¿Es que están a salvo de lo que Dios intrigue? Nadie cree estar a salvo de lo que Dios intriga, sino los que se pierden. ¿No hemos indicado a los que han heredado la tierra después de sus anteriores ocupantes que, si Nosotros quisiéramos, les afligiríamos por sus pecados, sellando sus corazones de modo que no pudieran oír? (Corán, 7:97-100).

 

En Qué Pensamos Cuando Nos Enteramos de la Práctica de la Usura

Otro tópico que las noticias tratan con frecuencia es el de la corrupción en las transacciones económicas. En particular, todos los días nos enteramos de prácticas usurarias. Al informarnos por la prensa que la usura está fuera de control y que provoca una recesión importante en la economía, nos damos cuenta de que, en respuesta a los actos aborrecibles y prohibidos, Dios hace que la gente pierda interés en la productividad. Pero al eliminar Dios el beneficio devengado a través de la usura, ésta decrece: Dios hace que se malogre la usura, pero hace fructificar la limosna. Dios no ama a nadie que sea infiel pertinaz, pecador (Corán, 2:276). Otro versículo nos informa también respecto de la resultante de la usura en el otro mundo:

Lo que prestáis con usura para que os produzca a costa de la hacienda ajena no os produce ante Dios. En cambio, lo que dais de azaque (limosna) por deseo de agradar a Dios... Esos son los que recibirán el doble (Corán, 30:39). 

El que reflexiona se da cuenta de que los versículos de Dios se hacen patentes entre la gente en este mundo.

 

La Meditación Sobre los Lugares Placenteros

Es posible ver también en los programas de TV, periódicos y revistas, las bellezas creadas por Dios. Contemplar o visitar una casa, un jardín o una playa muy lindos, es algo que seguramente agrada a todos. El creyente relaciona la observación de esas cosas, antes que nada, con el paraíso. Y recuerda, una vez más, que si es Dios Quien concede estas enormes bendiciones o exhibe a todos semejantes primores de la creación, por cierto creará en el paraíso lugares de una belleza incomparable.

Alguien que aprecia cosas terrenales tan hermosas también piensa: todas lo bello creado en el mundo tiene una medida, es decir, su belleza es relativa, con ciertas “anomalías”, porque el mundo es limitado. Quien pasa algún tiempo en un lugar de diversión o paseo es testigo de esas “anomalías”: la extrema humedad ambiental, el elevado tenor de sal en el mar que resulta bastante molesto, el calor que produce ampollas y que lleva a que luego la piel se descame, son algunos pocos ejemplos. También se exhiben otras imperfecciones, como ser los problemas de organización de la agencia de viajes o el mal carácter de algunos compañeros de viaje. Tales cosas se deben a que el mundo es un lugar de prueba: aquí Dios prueba al ser humano y para ello lo enfrenta a obstáculos y/o contradicciones, como así también al goce de muchísimos y variados bienes, para ver hasta qué punto actúa frente a todo ello según Sus órdenes y mandamientos.

Pero en el paraíso sí encontraremos los “originales”, sin tacha, de la bellezas que observamos aquí, sin la interferencia de ningún tipo de limitaciones o anomalías. Además, no habrá ninguna conversación o diálogo desagradable o banal: la perfección será plena en todo sentido para el ser humano. Por eso el creyente, frente a cada belleza observada en este mundo, siente que crece su anhelo por el paraíso. Siempre le agradece a Dios las bendiciones otorgadas y está contento con ellas al reflexionar que son parte de Su gracia. Y justamente porque sabe que el “original” de todo lo que aquí percibe como hermoso está en el paraíso, no se olvida del otro mundo, es decir, no se deja extraviar por las cosas hermosas en este mundo y vive de manera tal como para que pueda merecer entrar al paraíso de Dios y gozar allí de la belleza plena y eterna que El le concede.

 

¿En Qué Se Piensa al Leer en las Revistas

Científicas Que el “Ladrillo” de la Materia es el Atomo?

Si el ser humano no medita sobre las cosas que observa, no puede captar las sutilezas que hay en ellas y darse cuenta del entorno extraordinario en el que vive.

El creyente, en cambio, sí medita y extrae conclusiones, distintas a las de otros.

Por ejemplo, es un hecho muy bien conocido que el componente básico de cada existencia en el universo, animada o inanimada, es el átomo. Es decir, la mayoría de la gente sabe que el libro que lee, el sillón donde se sienta, el agua que bebe y todo lo que llega a ver en su entorno material, está compuesto de átomos. Pero sólo los creyentes expanden su meditación y testimonian la potestad exaltada de Dios.

Cuando esa mayoría se compenetra del tema en cuestión, piensa lo siguiente: si los átomos son existencias inanimadas, ¿cómo pueden reunirse y dar lugar a organismos capaces de ver, oír, interpretar lo que oyen, gozar de la música que escuchan, pensar, tomar decisiones, ser feliz o infeliz? ¿Cómo ha adquirido el ser humano los rasgos que le caracterizan y le hacen distinto a otros conglomerados de átomos? Pero no va más allá en su razonamiento.

Por cierto, los átomos inconscientes e inanimados no pueden dar al ser humano las cualidades con las que cuenta. Está claro que Dios nos creó con un espíritu y dotados de las particularidades que poseemos, lo que nos recuerda un versículo de Dios:

Que ha hecho bien todo cuanto ha creado y ha comenzado la creación del hombre de arcilla ­luego, ha establecido su descendencia de una gota de líquido vil­, luego, le ha dado forma armoniosa e infundido en él de Su Espíritu. Os ha dado el oído, la vista y el intelecto. ¡Qué poco agradecidos sois! (Corán, 32:7-9).

 

Algunas Realidades Que se Captan

Mediante Una Meditación Profunda

¿Ha pensado alguna vez que todas las cosas son creadas solamente para el ser humano?

Cuando el creyente en Dios investiga con atención las existencias animadas e inanimadas y los sistemas presentes en el universo, recapacita que todo es creado para el ser humano. Comprende que nada pasó a existir de manera casual sino que Dios crea todo del modo más preciso para provecho del ser humano.

Por ejemplo, el ser humano normal puede respirar sin esfuerzo permanentemente. El aire que inhala no le quema la fosas nasales, no le produce vértigos o dolores de cabeza. La proporción de gases en el aire es la más apropiada para el cuerpo humano. Quien medita en esto considera otro tema crucial: si la concentración de oxígeno en la atmósfera fuese un poco mayor o menor que la existente, la vida desaparecería. Eso hace recordar lo difícil que resulta respirar en lugares muy cerrados, poco ventilados. El creyente, mientras sigue meditando sobre todo esto, agradece constantemente a su Señor, ya que entiende que El pudo haber hecho nuestra atmósfera como la de otros planetas y entonces sería imposible respirar. Nosotros en cambio tenemos una atmósfera con un orden y equilibrio absolutamente apropiados, que capacita a miles de millones de personas a respirar sin esfuerzo.

La persona que sigue meditando sobre el planeta en que vive, tiene en cuenta lo importante que es el agua, creada por Dios, para la vida. Entonces reflexiona: En general la gente hace conciencia de la importancia del agua cuando le falta durante un tiempo más o menos prolongado. Se da cuenta de que es una sustancia que necesita en todo momento mientras vive. Una considerable parte de las células y de la sangre que llega a todos los puntos del cuerpo consiste en agua. Si no fuese así, la fluidez de la sangre disminuiría y su flujo en los vasos se volvería muy difícil. La fluidez del agua es importante no sólo para el cuerpo humano y animal sino también para las plantas. El agua llega a las hojas más alejadas del suelo mediante un sistema vascular.

Por otra parte, la gran cantidad de agua en el mar hace habitable el planeta. Si las superficies marítimas fuesen menores a las existentes, las áreas de tierra firme se convertirían en desiertos y la vida sería imposible.

La persona que medita sobre estas cosas se convence totalmente de que no es una casualidad la existencia de un equilibrio tan apropiado en la Tierra. El hecho de constatar todo esto y reflexionar, le permite concluir que un Creador Exaltado y propietario del poder eterno, creó todo con un propósito.

También tiene en cuenta que los ejemplos sobre los que ha reflexionado son muy limitados en cantidad y que son incontables los que se pueden dar respecto de los delicados equilibrios existentes en el planeta. Pero puede percatarse fácilmente del orden, adecuación y armonía que prevalece en cada rincón del universo. Llega así a la conclusión de que Dios ha creado todo para el ser humano. El Todopoderoso comunica en el Corán:

Y ha sujetado a vuestro servicio lo que está en los cielos y en la tierra. Todo procede de El. Ciertamente, hay en ello signos para gente que reflexiona (Corán, 45:13).

 

En Qué Nos Hace Meditar la Eternidad

Todos estamos familiarizados con el concepto de “eternidad”. Pero, ¿ha pensado usted siempre en la eternidad? Este es un tema sobre el que reflexiona el creyente en Dios.

La creación de la vida eterna en el paraíso y en el infierno es un tema muy importante sobre el cual todos deben meditar. Quien lo hace, presenta algunas proposiciones: la naturaleza eterna del paraíso es una de las bendiciones y premio más grande concedido a la vida después de la muerte; la vida gloriosa en el paraíso no finalizará nunca. El ser humano puede vivir en este mundo cien años o algo más. Pero en el paraíso la vida no tiene límite temporal, por lo que un cuatrillón de veces un cuatrillón de años es algo breve.

Quien recuerda esto, también tiene en cuenta que es absolutamente imposible que el ser humano abarque en su comprensión la eternidad. Trataremos de entenderlo mejor con una comparación. Si un cuatrillón de personas ha estado fabricando un cuatrillón de escobas cada cinco minutos y trabajando sin parar noche y día durante un cuatrillón de años a ese solo objeto, la cifra total de escobas fabricadas sería igual a “cero” en comparación con la cantidad de años que se transcurrirían en la vida eterna.

Al pensarse en todo esto se llega a la siguiente conclusión: Dios posee un conocimiento tan inmenso, que a lo que al ser humano le resulta “eterno”, en la visión de El ya ha finalizado. Es decir, cada incidente y cada pensamiento que ha tenido lugar desde que se inició el “tiempo” y que ocurrirán hasta que el “tiempo” finalice, con sus períodos y condiciones, se determinan y finalizan dentro de Su conocimiento.

También hay que tener en cuenta que el infierno es un lugar donde los incrédulos morarán eternamente y donde hay distintos tipos de aflicciones, suplicios y angustias. Estarán sometidos a tormentos físicos y espirituales ininterrumpidos, por lo que será imposible descansar o dormir. Si la vida en el infierno finalizaría, sus moradores tendrían alguna esperanza de superar ese trance, aunque sea después de un cautrillón de años. Pero lo que reciben los que inventaron socios a Dios o no creían, es el suplicio eterno:

Pero quienes hayan desmentido Nuestros signos y se hayan apartado altivamente de ellos, ésos morarán en el Fuego eternamente (Corán, 7:36).

Es de la máxima importancia que cada individuo intente comprender la eternidad por medio de la reflexión, pues eso aumenta el empeño por el más allá venturoso y refuerza su sumisión (a Dios) y su esperanza. En tanto sienta una gran aprensión por la aflicción eterna, abriga la esperanza de obtener la felicidad eterna.

 

¿Qué Pensamos Acerca de los Sueños?

Los sueños encierran determinaciones importantes para el que reflexiona. Cavila sobre lo “reales” que son las cosas que ve mientras duerme, es decir, en nada distintas a las que observa en vigilia. Se puede estar tendido y durmiendo sobre una cama y verse en el sueño en un viaje de negocios conversando con personas desconocidas y almorzando mientras se oye música. Se aprecia el sabor de las comidas, se baila, se experimenta la excitación debido a distintos incidentes, se percibe feliz o infeliz, se siente temor o cansancio. Incluso se puede conducir un vehículo desconocido aunque tampoco se sepa cómo hacerlo.

Si bien el cuerpo yace en la cama con los ojos cerrados, ve distintas imágenes de los lugares que visita. Eso significa que lo que ve no es con los ojos. También escucha voces aunque en el cuarto en donde está no haya nadie más. Es decir, se escucha pero no por medio de los oídos. Todo esto sucede en el cerebro. Así y todo, cada cosa resulta muy real como si fuese corpórea. ¿Qué es entonces lo que forma esas imágenes tan reales en el cerebro, las cuales no tienen existencia efectiva en el mundo? El ser humano no puede plasmarlas consciente e intencionalmente mientras duerme. Ni el cerebro puede producirlas por sí mismo, ya que es un montón de carne constituido por moléculas de proteínas. Sería extremadamente irrazonable suponer que esa substancia forma imágenes por sí misma, e incluso rostros humanos, lugares y sonidos nunca vistos y escuchados antes. ¿Quién es entonces el que presenta esas imágenes mientras se duerme? Al reflexionarse sobre esto se advertirá, una vez más, la verdad obvia: Es Dios Quien hace que el ser humano duerma. En ese período le muestra lo que “sueña” y le devuelve el alma cuando va a despertarse.

Y quien sabe que esto es así, también reflexiona sobre el propósito que ello encierra y las razones para que se produzca. Puesto que la persona que sueña está tan segura de los sucesos y de la gente percibida como cuando está despierta, si alguien se le acercara y le dijese: “Estas soñando; ahora despierta”, no le creería. El que es consciente de lo que estamos hablando piensa entonces lo siguiente: “¿Quién puede decir que la vida de este mundo no es también temporaria y se parece a un sueño? Así como nos despertamos en algún momento después de soñar, también en algún momento nos despertaremos de la vida de este mundo y veremos imágenes totalmente distintas, como por ejemplo, las imágenes de la otra vida...”.


 

Meditemos Sobre los Versículos del Corán

El Corán es el último libro que Dios envió a todos los seres humanos. Cada uno es responsable de conocerlo y cumplimentar las órdenes que allí se comunican. Sin embargo, la mayoría de la gente no lo estudia ni cumple con las órdenes que Dios da en el Corán, aunque lo acepten como un libro divino. Eso se debe a que no meditan, sino que se enteran de lo que supuestamente dice por medio de información recogida en distintos lugares, de manera poco o nada ordenada. Para quien reflexiona, en cambio, la importancia del Corán y su lugar en la vida del ser humano es muy grande.

Antes que nada, quien “reflexiona” quiere conocer a su Creador, Quien lo creó a él y el universo en el que vive, le dio vida a partir de la nada y le concedió incontables bendiciones y cosas magníficas. Esa persona también quiere saber cuál es el tipo de conducta que resultaría del agrado del Creador. El Corán, que Dios envió a través de Su Mensajero, da la respuesta. Es por ello que resulta necesario que se conozca el libro que Dios reveló al género humano como guía y en donde El distingue el bien del mal. El ser humano necesita sopesar cada versículo y cumplir lo que Dios ordena de la manera más apropiada y complaciente.

Dios comunica el propósito por el cual el Corán fue revelado a los seres humanos:

Una Escritura que te hemos revelado, bendita, para que mediten en sus versículos y para que los dotados de intelecto se dejen amonestar (Corán, 38:29).

¡No! (El Corán) Es un Recuerdo, que recordará quien quiera. Pero no lo tendrán en cuenta, a menos que Dios quiera. (Dios) Es digno de ser temido y digno de perdonar (Corán, 74:54-56).

Muchos leen el Corán. Pero lo importante es, como lo dice Dios en Sus versículos, la forma en que los interpretan y extraen de cada uno de ellos la enseñanza que mejore su conductas. Por ejemplo, quien lee los versículos, Por cierto, la dificultad y la facilidad van a una. La dificultad y la facilidad van a una (Corán, 94:5-6), reflexiona sobre los mismos. Comprende que Dios crea la facilidad para cada dificultad. Por lo tanto, lo único que se debe hacer al toparse con las privaciones o injusticias es confiar en Dios y buscar el alivio correspondiente. Al ser esa la promesa de Dios, es una debilidad en nuestra fe perder la esperanza o entrar en pánico en momento de dificultades. Después de leer esos versículos y reflexionar sobre ellos, nuestra conducta se encaminará de acuerdo a esa lógica a lo largo de la vida.

Dios relata en el Corán historias sobre la vida de los profetas y mensajeros que vivieron en el pasado para que la gente sepa como eran sus formas de proceder y de vivir ­con las que Dios estaba complacido­ y en consecuencia las tomen como ejemplos. Dios dice en algunos de sus versículos que la gente debe meditar sobre las historias de los mensajeros y extraer enseñanzas de allí:

Hay en sus historias motivo de reflexión para los dotados de intelecto (Corán, 12:111).

Y (Nosotros dejamos un signo) en Moisés. Cuando le enviamos a Faraón con una autoridad manifiesta (Corán, 51:38).

Les salvamos a él (a Noé), y a los de la nave, e hicimos de ella un Signo para todos los mundos (Corán, 29:15).

En el Corán se mencionan características de algunos pueblos desaparecidos, como ser las costumbres y los desastres que les acontecieron. Sería un gran error leer esos versículos como simples narraciones de sucesos históricos en los que se relata lo sucedido. El motivo por el que Dios revela esos versículos, al igual que todos los demás, es el de hacernos meditar para que enmendemos nuestras conductas equivocadas por medio de extraer enseñanzas de lo que les pasó a los pueblos en cuestión:

Hemos hecho perecer a vuestros semejantes. Pero ¿hay alguien que se deje amonestar? (Corán, 54:51). 

Le embarcamos en aquello de planchas y de fibras, que navegó bajo Nuestra mirada como retribución de aquél que había sido negado. La dejamos como signo. Pero ¿hay alguien que se deje amonestar? Y ¡cuáles no fueron Mi castigo y Mis advertencias! Hemos facilitado el Corán para que pueda servir de amonestación. Pero ¿hay alguien que se deje amonestar? (Corán, 54:13-17).

Dios ha revelado el Corán como una guía para todos los seres humanos. En consecuencia, reflexionar sobre cada versículo y vivir en consonancia con las lecciones y advertencias que se derivan de allí, es la única manera de obtener la aprobación, la misericordia y el paraíso de Dios.

 

¿Para Qué Emplaza Dios a los Seres Humanos a Meditar Sobre el Corán?

...A ti también te hemos revelado la Amonestación para que expliques a los hombres lo que se les ha revelado. Quizás, así, reflexionen (Corán, 16:44).

Tanto en el versículo de arriba como en otros, Dios convoca a los seres humanos a reflexionar. Meditar sobre eso que El nos pide y descubrir los propósitos que encierra y los milagros que nuestro Señor ha creado, es un acto de adoración. Cada tema o cuestión sobre el que reflexionemos acrecienta nuestra capacidad de comprensión y apreciación de la omnipotencia, sabiduría, conocimiento, arte y otros atributos de Dios.

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre Cómo Fue Creado

El hombre dice: “Cuando muera, ¿se me resucitará? Pero ¿es que no recuerda el hombre que ya antes, cuando no era nada, le creamos? (Corán, 19:66-67).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre la Creación del Universo

En la creación de los cielos y de la tierra, en la sucesión de la noche y del día, en la naves que surcan el mar con lo que aprovecha a los hombres, en el agua que Dios hace bajar del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta, diseminando por ella toda clase de bestias, en la variación de los vientos, en las nubes, sujetas entre el cielo y la tierra, hay, ciertamente, signos para los que razonan (Corán, 2:164).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre la Naturaleza

Temporaria de la Vida en Este Mundo

La vida de acá es como agua que hacemos bajar del cielo. Las plantas de la tierra se empapan de ella y alimentan a los hombres y a los rebaños, hasta que, cuando la tierra se ha adornado y engalanado, y creen los hombres que ya la dominan, llega a ella Nuestra orden, de noche o de día, y la dejamos cual rastrojo, como si, la víspera, no hubiera estado floreciente. Así explicamos los Signos a gente que reflexiona (Corán, 10:24).

¿Desearía alguno de vosotros poseer un jardín de palmeras y vides por cuyo bajo fluyeran arroyos, con toda clase de frutos, y envejecer mientras sus hijos son aún débiles y que un torbellino de fuego cayera sobre el jardín y éste se incendiara? Así os explica Dios los versículos. Quizás, así, meditéis (Corán, 2:266).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre las Bendiciones Que Posee

El es Quien ha extendido la tierra y puesto en ella montañas firmes, ríos y una pareja en cada fruto. Cubre el día con la noche. Ciertamente, hay en ello Signos para gente que reflexiona. En la tierra hay parcelas de terreno colindantes, viñedos, cereales, palmeras de tronco simple o múltiple. Todo lo riega una misma agua, pero hacemos que unos frutos sean mejores que otros. Ciertamente, hay en ello Signos para gente que razona (Corán, 13:3-4).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre el Hecho

de Que Todo en el Universo Fue Creado Para él

Y ha sujetado a vuestro servicio lo que está en los cielos y en la tierra. Todo procede de El. Ciertamente, hay en ello Signos para gente que reflexiona (Corán, 45:13).

Gracias a ella, hace crecer para vosotros los cereales, los olivos, las palmeras, las vides y toda clase de frutos. Ciertamente, hay en ello un Signo para gente que reflexiona. Y ha sujetado a vuestro servicio la noche y el día, el sol y la luna. Las estrellas están sujetas por Su orden. Ciertamente, hay en ello Signos para gente que razona. Las criaturas que El ha puesto en la tierra para vosotros son de clases diversas. Ciertamente, hay en ello un Signo para gente que se deja amonestar. El es Quien ha sujetado el mar para que comáis de él carne fresca y obtengáis de él adornos que poneros. Y ves que las naves lo surcan. Para que busquéis Su favor. Quizás, así, seáis agradecidos. Y ha fijado en tierra las montañas para que ellas y vosotros no vaciléis, ríos, caminos ­quizás, así, seáis bien dirigidos­ y mojones. Y se guían por los astros. ¿Acaso Quien crea es como quien no crea? ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 16:11-17).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre Sí Mismo

¿Es que no reflexionan en su interior?... (Corán, 30:8).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre las

Acciones y Valores Genuinos 

No toquéis la hacienda del huérfano, sino de manera conveniente, hasta que sea mayor de edad. Dad con equidad la medida y el peso justos. No pedimos a nadie sino según su posibilidades. Sed justos cuando declaréis, aun si se trata de un pariente. Sed fieles a la alianza con Dios. Esto os ha ordenado El. Quizás, así, os dejéis amonestar (Corán, 6:152).

Dios prescribe la justicia, la beneficencia y la liberalidad con los parientes. Prohíbe la deshonestidad, lo reprobable y la opresión. Os exhorta. Quizás, así, os dejéis amonestar (Corán, 16:90).

¡Creyentes! No entréis en casa ajena sin daros a conocer y saludar a sus moradores. Es mejor para vosotros. Quizás, así, os dejéis amonestar (Corán, 24:27).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre la Otra Vida,

la Hora y el Día del Juicio

El día que cada uno se encuentre frente al bien y el mal que ha hecho, deseará tener bien lejos ese día. Dios advierte que tengáis cuidado con El. Dios es manso con Sus siervos (Corán, 3:30).

Y recuerda a Nuestros siervos Abraham, Isaac y Jacob, fuertes y clarividentes. Les hicimos objeto de bendición al recordarles la Morada (Corán, 38:45-46).

¿Qué pueden esperar, sino que les llegue la hora de repente? Ya se han manifestado síntomas de la misma. Pero ¿de qué les servirá que se les amoneste cuando ella les llegue? (Corán, 47:18).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre los Seres

Animados Que El Crea

Tu Señor ha inspirado a las abejas: “Estableced habitación en las montañas, en los árboles y en las construcciones humanas. Comed de todos los frutos y caminad dócilmente por los caminos de vuestro Señor”. De su abdomen sale un líquido de diferentes clases, que contiene un remedio para los hombres. Ciertamente, hay en ello un Signo para gente que reflexiona (Corán, 16:68-69).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre los

Castigos Que Podrían Acontecerles

Di: “¿Qué crees que iba a ser de vosotros si os viniera el castigo de Dios u os viniera la Hora? ¿Invocaríais a otros diferentes de Dios? Sinceramente...” (Corán, 6:40).

Di: “¿Qué os parece? Si Dios os privara del oído y de la vista y sellara vuestros corazones, qué dios otro que Dios podría devolvéroslos?”. Mira como exponemos los versículos. Aún así, ellos se apartan (Corán, 6:46).

Di: “¿Qué crees que iba a ser de vosotros si os sorprendiera el castigo de Dios repentina o visiblemente? ¿Quién iba ser destruido sino el pueblo impío?” (Corán, 6:47).

Di: “¿Qué os parece? Si os sorprendiera Su castigo de noche o de día, ¿querrían los pecadores aún adelantarlo?” (Corán, 10:50).

¿Es que no ven que se les prueba una o dos veces al año? Pero ni se arrepienten ni se dejan amonestar (Corán, 9:126).

...dimos a Moisés la Escritura como argumento evidente para los hombres, como dirección y misericordia. Quizás, así, se dejarán amonestar (Corán, 28:43).

Hemos hecho perecer a vuestros semejantes. Pero ¿hay alguien que se deje amonestar? (Corán, 54:51).

Infligimos al pueblo de Faraón años (de sequía) y escasez de frutos. Quizás, así, se dejaran amonestar (Corán, 7:130).

 

Dios Solicita al Ser Humano Que Medite Sobre el Corán

¿No meditan en el Corán? Si hubiera sido de otro que de Dios, habrían encontrado en él numerosas contradicciones (Corán, 4:82).

¿Es que no ponderan lo que se dice (en el Corán) para ver si han recibido lo que sus antepasados no recibieron? (Corán, 23:68).

Una Escritura (es decir, el Corán) que te hemos revelado, bendita, para que mediten en sus Signos y para que los dotados de intelecto se dejen amonestar (Corán, 38:29).

En verdad, lo hemos hecho fácil en tu lengua. Quizás, así, se dejen amonestar (Corán, 44:58).

¡No! (El Corán) Es un Recuerdo, que recordará quien quiera (Corán, 74:54-55).

Así la hemos revelado como Corán árabe. Hemos expuesto en él amenazas. Quizás, así, Nos teman o les sirva de amonestación (Corán, 20:113).

 

Los Mensajeros de Dios Solicitan a Sus Pueblos Carentes

de Comprensión Que Reflexionen

Di: “Yo no pretendo poseer los tesoros de Dios, ni conozco lo oculto, ni pretendo ser un ángel. No hago sino seguir lo que se me ha revelado”. Di: “¿Son iguales el ciego y el vidente? ¿Es que no reflexionáis? (Corán, 6:50).

Su pueblo disputó con él. Dijo: “¿Disputáis conmigo sobre Dios, a pesar de haberme El dirigido? No temo lo que Le asociáis, a menos que mi Señor quiera algo. Mi Señor lo abarca todo en Su ciencia. ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 6:80).

 

Dios Solicita a las Personas Que Resistan la Influencia de Satanás

Si el Demonio te incita al mal, busca refugio en Dios. El todo lo oye, todo lo sabe. Cuando los que temen a Dios sufren una aparición del Demonio, se dejan amonestar y ven claro. A sus hermanos, en cambio, persisten en mantenerles descarriados (Corán, 7:200-202).

 

Dios Anima a Meditar Profundamente a los Que Reciben el Mensaje del Corán

Ve, acompañado de tu hermano, con Mis Signos, y no descuidéis el recordarme. Id a Faraón. Se muestra rebelde. Hablad con él amablemente. Quizás, así, se deje amonestar o tenga miedo de Dios” (Corán, 20:42-44).

 

Dios Invita a las Personas a Meditar Sobre la Muerte y los Sueños

Dios llama a las almas cuando mueren y cuando, sin haber muerto, duermen. Retiene aquéllas cuya muerte ha decretado y remite las otras a un plazo fijo. Ciertamente, hay en ello Signos para gente que reflexiona (Corán, 39:42).

 

Conclusión

El propósito de este libro es “un requerimiento a meditar”. La verdad se puede comunicar a una persona de muy distintas maneras: por medio de detalles, de determinadas evidencias o de otras formas. No obstante, si quien recibe la comunicación no medita por sí misma sincera y honestamente, con el propósito de captar la verdad, cualquier esfuerzo para hacérsela comprender será sin sentido. Por eso mismo, cuando los mensajeros de Dios comunicaban el mensaje a sus pueblos, les hablaban con toda claridad y luego les demandaban que mediten.

Quien reflexiona capta los secretos de la creación de Dios, la verdad de la vida en este mundo, la existencia del paraíso y del infierno y la realidad interior de las cosas. Adquiere una comprensión profunda de la importancia de ser una persona con quien Dios está complacido porque vive la religión como corresponde, reconoce los atributos de Dios en todo lo que ve y medita o considera todo, no como lo demanda la mayoría de la gente, sino como lo ordena Dios. En consecuencia, se complace de la belleza mucho más que otros y no sufre angustias debido a concepciones erróneas sin fundamentos y a la codicia por lo mundano.

Estas son solamente algunas de las cosas bellas que obtendrá en este mundo quien medite. Pero el beneficio en el otro mundo para quien siempre busca la verdad por medio de la meditación, es el amor, la aprobación, la misericordia y el paraíso de nuestro Señor.

Por otra parte, está cerca el día en que los que no quieran buscar ahora la verdad de la forma señalada, ineludiblemente verán muy claro sin que nadie les obligue: se les presentará intensamente por sí misma. Pero ya no les servirá de nada sino que les producirá una gran aflicción. Dios nos informa en el Corán sobre ese momento:

Pero cuando venga la tan grande Calamidad, el día que recuerde el hombre sus esfuerzos y se haga aparecer el fuego de la gehena (del infierno) a quien pueda ver (Corán, 79:34-36).

A quienes suponen que pueden escapar de sus responsabilidades evitando reflexionar, el versículo les emplaza a que mediten sobre lo que finalmente se les hará patente. Por lo tanto, hay una invitación a retornar a la religión de Dios, lo cual es un acto de adoración para el creyente. No obstante, como dice nuestro Señor en el Corán:

(El Corán es un Recuerdo) que recordará quien quiera (Corán, 74:55).

Portada | Almadrasa | Revista | Alyasameen | Islam | Corán | Cultura | Poesía | Andalus | Biblioteca | Jesús | Tienda

© 2003 - 2016 arabEspanol.org Todos los derechos reservados.