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En el nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo
HARUN YAHYA
Fuente: www.harunyahya.com
Publicado por GLOBALPUBLISHING Gursel Mh. Darulaceze Cd. No: 9 Funya Sk. Eksioglu Is Merkezi B Blok D: 5 Okmeydani-Estambul/Turquía Teléfono: (+90) 212 320 86 00
2004
Autor: Harun Yahya Traducido por J.A.R (Octubre 2004)
Impreso por Kelebek Matbaacilik / Marzo 2004 Litlos Yolu Nevzat Fikret Koru Holding Binası 4/1 A Blok Topkapı-Estambul Teléfono: (+90) 212 612 43 59
Todos los versos del Sagrado Corán han sido tomados de la traducción realizada por la Asociación Estudiantil Musulmana de Oregon State University y publicada en edición electrónica en www.intratext.com
www.harunyahya.com
ÍNDICE DE CONTENIDOS
*Introducción
*La Conciencia en los Animales: Uno de los Callejones sin Salida de la Teoría de la Evolución
*Devoción altruista de las criaturas dentro de La Familia
*Cooperación y solidaridad entre animales
*Conclusión *El Engaño del Evolucionismo ACERCA DEL AUTOR
Harun Yahya es el seudónimo bajo el cual escribe el Sr. Adnan Oktar Nació en Ankara (Turquía) en 1956. Se trata de un intelectual prominente imbuido de una moral extraordinaria, que le anima y motiva a promulgar todos aquellos valores más sagrados. Su lucha intelectual comenzó en 1979, mientras cursaba en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Mimar Sinan. En sus años de estudiante universitario llevó a cabo una investigación pormenorizada de las filosofías e ideologías materialistas que reinaban en su entorno, hasta el punto que llegó a saber más de las mismas que quienes las defendían. Como resultado de ese conocimiento, escribió varios libros acerca de la falacia de la teoría de la evolución. Su esfuerzo intelectual en la denuncia del darwinismo y el materialismo se convirtió en un fenómeno de amplitud mundial. Según la edición del 22 de abril de 2000 de New Scientist, Oktar se convirtió en un “héroe internacional” al difundir la realidad de la creación y el fraude que encierra la teoría de la evolución. También ha presentado al público varios trabajos sobre el racismo sionista, la masonería y sus efectos negativos en la historia mundial y sobre asuntos políticos. Además Oktar ha escrito más de cien libros describiendo las normas morales del Sagrado Corán así como cuestiones referidas a la fe. El seudónimo que utiliza está formado con los nombres “Harun” (Aarón) y “Yahya” (Juan), en consideración y recuerdo de ambos profetas, quienes lucharon contra la falta de fe.
IMPACTO MUNDIAL DE LAS TRABAJOS DE HARUN YAHYA
Sus trabajos incluyen: El Nuevo Orden Masónico; La ‘Mano Secreta’ en Bosnia; Detrás de las Escenas de Terrorismo; Los Kurdos la Carta Secreta de Israel; Una Estrategia Nacional para Turquía; La Solución: Las Normas Éticas del Sagrado Corán; El Invierno del Islam y la Primavera Esperada; El Comunismo al Acecho; El Fascismo, la Sangrienta Ideología del Darwinismo; La Oposición de Darwin a los Turcos; Los Desastres Producidos por el Darwinismo a la Humanidad; El Engaño del Evolucionismo; Artículos de Fe (1, 2 y 3); Un Arma de Satanás: el Romanticismo; Verdades (1 y 2); El Mundo Occidental se Vuelve Hacia Dios; Pueblos Desaparecidos; El Profeta Moisés; El Profeta José; La Época de Oro; Dios y el Arte del Color; La Gloria de Dios Está en Todas Partes; La Verdad de la Vida en Este Mundo; Confesiones de los Evolucionistas; La Magia Negra del Darwinismo; La Religión del Darwinismo; El Colapso de la Teoría de la Evolución en 20 Preguntas; El Sagrado Corán Guía el Camino de la Ciencia; El Real Origen de la Vida; La Creación del Universo; Respuestas Precisas a los Evolucionistas; Falsedades del Evolucionismo; Los Milagros del Sagrado Corán; El Conocimiento de la Célula; Una Retahíla de Milagros; El Designio en la Naturaleza; Autosacrificio y Modelos Inteligentes de Comportamiento entre los Animales; La Eternidad Ya Ha Comenzado; El Fin del Darwinismo; Meditación Profunda; La Eternidad y la Realidad del Destino; Conocimiento de la Verdad; Nunca Defienda la Ignorancia; El Secreto del ADN; El Milagro en el Átomo; El Milagro en la Célula; El Milagro del Sistema Inmune; El Milagro en el Ojo; El Milagro de la Creación en las Plantas; El Milagro en la Araña; El Milagro en la Hormiga; El Milagro en el Mosquito; El Milagro en la Abeja Melífera; El Milagro en la Semilla; El Milagro de la Termita; El Milagro Verde: la Fotosíntesis; El Milagro de la Hormona; El Milagro del Ser Humano; El Milagro de la Creación del Ser Humano; El Milagro de la Proteína. Los libros del autor para niños son: ¡Chicos, Darwin Mentía!; El Mundo de los Animales; El Esplendor en los Cielos; El Mundo de Nuestras Pequeñas Amigas: las Hormigas; Abejas que Fabrican Celdas Perfectas; Habilidosos Constructores de Represas: los Castores. Entre su folletos tenemos: El Misterio del Átomo; El Colapso de la Teoría de la Evolución; El Hecho de la Creación; El Colapso del Materialismo; El Fin del Materialismo; Las Equivocaciones de los Evolucionistas 1; Las Equivocaciones de los Evolucionistas 2; El Colapso Microbiológico de la Evolución; El Mayor Engaño de la Historia de la Biología: el Darwinismo.
Otros trabajos del autor sobre temas Sagrado-Coránicos incluyen: Conceptos Básicos del Sagrado Corán; Valores Morales en el Sagrado Corán; Rápida Adhesión a la Fe (1, 2 y 3); ¿Nunca Pensaron Acerca de la Verdad?; Razonamiento Imperfecto del Incrédulo; Devoto de Dios; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La Verdadera Morada de los Creyentes: el Paraíso; Conocimiento del Sagrado Corán; Index del Sagrado Corán; La Emigración por la Causa de Dios; Referencia a los Hipócritas en el Sagrado Corán; Los Secretos de los Hipócritas; Los Nombres de Dios; La Comunicación del Mensaje y la Discusión en el Sagrado Corán; Respuestas desde el Sagrado Corán; Muerte, Resurrección, Infierno; La Lucha de los Mensajeros; El Enemigo Jurado del Ser Humano: Satanás; Idolatría: la Mayor Infamia; La Religión del Ignorante; La Arrogancia de Satanás; El Rezo en el Sagrado Corán; La Importancia de la Conciencia en el Sagrado Corán; El Día de la Resurrección; No Olvidar Nunca; Desprecio de los Dictámenes Sagrado Coránicos; Conductas Humanas en la Sociedad de la Ignorancia; La Importancia de la Paciencia en el Sagrado Corán; Lo Que Dicen Nuestros Mensajeros; La Compasión de los Creyentes; El Temor a Dios; La Pesadilla de los Incrédulos; Jesucristo Vendrá; Las Bellezas Obsequiadas a la Vida por el Sagrado Corán, Un conjunto de Bellezas de Dios (1, 2, 3 y 4); La Iniquidad Llamada “Burla”; El Misterio de la Prueba; La Verdadera Sabiduría Según el Sagrado Corán; El Combate con la Religión de la Irreligión; La Escuela de Yusuf; La Importancia de Seguir la Palabra Genuina; La Alianza del Bien; La Difamación Contra los Musulmanes a lo Largo de la Historia; ¿Por Qué Te Autoengañas?; El Islam: la Religión de la Tranquilidad; El Entusiasmo y el Vigor Según el Sagrado Corán; Viendo el Bien en Todas las Cosas; ¿Cómo Interpreta el Sagrado Corán el Ignorante?; Algunos Secretos del Sagrado Corán; El Valor de los Creyentes; Esperanzado en el Sagrado Corán; Principios Islámicos; Sordos al Sagrado Corán. Muchos de estos escritos están siendo traducidos al inglés, francés, alemán, Italiano, ruso, español, árabe, portugués, albanés, serbo-croata (bosnio), polaco, urdu, indonesio, kazajo, azerí y malayalam (idioma del estado hindú de Kerala). El objetivo propuesto es traducir la colección completa al inglés y a otras lenguas en el futuro cercano, de modo que esté disponible para beneficio de todos. El denominador común en los escritos de Harun Yahya es que todos sus temas se atienen plenamente al Sagrado Corán y al modo de ver y entender Sagrado-Coránicos. Además, todos los asuntos que tienen relación con la ciencia y que generalmente son considerados complicados y confusos, son narrados de manera lúcida y explícita. Este es uno de los motivos por el que los libros del autor interesan a tanta gente, de cualquier edad y grupo social. Sus composiciones referidas a cuestiones de fe, comunican la unidad de Dios y tienen como propósito principal presentar el Islam a quienes no dan importancia a la religión, reconciliando sus corazones con la verdad. Para los musulmanes, por otra parte, sirven tanto de advertencia como de recordatorio. Además, el desarrollo de los temas fundamentales de los que se ocupa el Sagrado Corán sirve para urgirles a que sean más aplicados y contemplativos. Sus trabajos sobre cuestiones del campo de la ciencia, cimentados en la investigación, las evidencias y la meditación profunda, se ocupan de numerosos detalles por medio de los cuales enfatiza el poder, sublimidad y majestad de Dios. Estos libros exponen para los no musulmanes los signos de la existencia de Dios y la excelencia de Su creación de una manera muy explícita y precisa. Por otra parte, aumentan la fe y buena disposición del creyente y pueden servir, de forma muy adecuada, para comunicar el Islam a otros que no practican la religión en su sentido más cabal. Dentro de esa serie de escritos hay un subgrupo dedicado a demoler las mentiras del evolucionismo. El propósito principal es pulverizar la filosofía materialista y atea que ha sido presentada como una alternativa en rivalidad de la religión e impuesta en todo el mundo a partir del siglo XIX. El gran impacto de estos libros sobre los lectores, significa que se cumple el propósito en gran medida. Como precisamente se dice en el Sagrado Corán --Antes, al contrario, lanzamos la Verdad contra lo falso, (y) lo invalida (a lo falso)... (Sagrado Corán, 21:18)--, estos escritos destruyen ese tipo de razonamiento e ideología de los sistemas incrédulos y ayudan a completar la revelación de la luz de Dios (Sagrado Corán, 61:8). Es por eso que juegan un papel significativo en la guerra intelectual contra los no creyentes. El sello del Profeta Muhammad (PB), en las tapas de los libros, simboliza que éstos tienen una relación estrecha con el Sagrado Corán. Asimismo indica que el Sagrado Corán es el último libro y la última palabra de Dios y que nuestro Profeta (BP) es el último de Sus mensajeros. El escritor busca, valiéndose de los atributos del Sagrado Corán y del Profeta (BP), refutar en todas sus obras los supuestos fundamentales del ateísmo y pronunciar “la última palabra” que debería poner fin a las aseveraciones de los infieles. El signo del Profeta Muhammad (PB), --poseedor del honor y sabiduría más grande-- se usa como súplica al objeto de que, efectivamente, se esté diciendo esa “última palabra”.
NOTA ADICIONAL SOBRE LOS LIBROS DE HARUN YAHYA
Los temas relacionados con la fe se explican a la luz de los versículos Sagrado-Coránicos y se invita a la gente a estudiar la palabra de Dios y a vivir en consonancia con ella. Todas las cuestiones de las que se ocupan los versículos de Dios son explicadas de distintas maneras para no dejar ningún lugar a dudas o interrogantes sin respuestas en la mente del lector. El estilo empleado, sencillo, directo y fluido, consigue que todas las personas, de cualquier edad y grupo social, puedan comprender fácilmente sus contenidos. La narrativa lúcida y efectiva que exhiben, hace posible que se los pueda leer sin pausa, desde el principio al fin. Incluso quienes rechazan con rigor la espiritualidad son influenciados por lo que se relata y no pueden refutar la veracidad de lo que exponen. Todos estos trabajos se pueden leer individual o colectivamente. La lectura resulta más provechosa en grupos de discusión, debido a las reflexiones y experiencias que se aportan. Además, será un gran servicio a la religión contribuir a su difusión y lectura, pues están escritos con el único propósito de lograr el contento de Dios. Todos ellos son extraordinariamente convincentes. En consecuencia, quienes quieran comunicar la religión a otros, cuentan con uno de los métodos más efectivos, es decir, impulsar su lectura. En la redacción de los mismos no encontrará los puntos de vista del escritor, explicaciones basadas en fuentes poco fiables, estilos que no observen el respeto y reverencia debidos a los temas sagrados ni desesperanza, incertidumbre o explicaciones pesimistas que motiven el descarrío de los corazones.
INTRODUCCIÓN
En estos momentos, al comienzo del siglo XXI. La teoría de la evolución de Darwin está perdiendo credibilidad científica de forma vertiginosa. Esta teoría, que los materialistas abrazaron de forma entusiasta a principios del siglo XX y que impusieron a las masas como hecho científico, es ahora reconocida como carente de validez. Los factores que más han influido en este cambio de percepción han sido los avances realizados en microbiología, paleontología y bioquímica, ciencias íntimamente relacionadas con la teoría de la evolución. Los descubrimientos en estos campos de la ciencia revelan que la vida no ha evolucionado progresivamente, por azar y a través de un proceso de prueba y error, tal como propone la teoría de Darwin. (Para más detalles ver el capítulo “El Concepto Erróneo de la Evolución”) La teoría de la evolución nunca ha podido ofrecer una prueba científica de sus postulados acerca del origen de la vida. Tampoco ha dado respuesta acerca de los orígenes de las innumerables características extraordinarias de los seres vivos. Una de las muchas consideraciones que puso la teoría de la evolución en una situación incómoda es la devoción mostrada por los seres vivos, la protagonista de este libro. Los animales en la naturaleza exhiben a menudo conductas basadas en el amor desinteresado, se relacionan en base a la solidaridad y cooperación y exhiben ternura hacia los otros. Al proponer su teoría, Darwin basó sus propuestas en un mecanismo que llamó la “selección natural”. Esta selección en sí misma no tiene capacidad evolutiva. De acuerdo con sus tesis, toda la vida se originó a partir de un antepasado común, el cual se transformó haciendo aparecer diferentes especies de acuerdo a diferencias ambientales. Aquellos que se adaptaron mejor a su medio sobrevivieron para reproducirse y legar a la siguiente generación cualquier pequeño cambio genético que hubieran adquirido. Así, tras un largo periodo de tiempo, sólo los individuos más capaces y los que mejor se adaptaron evitaron la extinción. Darwin sugirió que todas las especies en la naturaleza se hallan inmersas en una lucha por la supervivencia, en la que los más capaces vencen y los débiles perecen. Julian Huxley, ardiente defensor de la evolución, definió la naturaleza de este modo: ...casi toda la lucha por la existencia se dirige no contra las fuerzas de la naturaleza, ni contra los enemigos, ni contra competidores de otras especies, sino contra otros miembros de la misma especie. No sólo lucha la especie como conjunto (en sentido metafórico) para sobrevivir y reproducirse, sino también lo hacen los individuos dentro de ella. 1 Pero ¿es cierto, como dicen los evolucionistas, que la naturaleza esta gobernada por reglas crueles en una lucha individual y egoísta, en la que el fuerte domina y el débil es eliminado? Podemos encontrar la respuesta a esta cuestión investigando en la propia naturaleza. Por supuesto toda criatura viviente debe buscar comida y refugio e incluso debe cazar su propio alimento y ser agresiva en su defensa. No obstante éste no es el único principio por el que se guían. La gran mayoría de las criaturas muestran incomparables actos de amor desinteresado por sus crías y familias, por otros animales del grupo e incluso por otras especies. El reino animal a menudo muestra conductas que reflejan devoción y cooperación, solidaridad y defensa de los intereses de los demás. La teoría de la evolución, afirmando que la naturaleza es sólo un campo de batalla, no llega a explicar estos ejemplos de devoción. Los seres vivos echan por tierra la afirmación central de la evolución de forma clara y definitiva. La selección natural no puede explicar por qué una cebra que acaba de evitar el ataque de un depredador, arriesga su propia vida regresando para salvar a otros miembros en peligro de su manada ni, ya que hablamos de eso, por qué el pez plateado desafía a la muerte saliendo a tierra para asegurar la supervivencia de sus huevos. De acuerdo con los evolucionistas, la selección natural habría eliminado esta conducta altruista hace mucho tiempo. Al mismo tiempo que invalida la teoría de la evolución, la devoción y cooperación entre animales da testimonio de una importante verdad: que el universo entero ha sido creado por un ser superior y que cada criatura actúa inspirada por Dios, su Creador. En las próximas páginas descubriremos algunos de las sorprendentes conductas exhibidas por animales que no poseen intelecto. Cualquier persona con razón y conocimiento entenderá que tal tipo de conducta sólo puede darse por el poder y control de Dios, Señor de todos los seres vivos. Como Él mismo revela en el Sagrado Corán:
En vuestra creación y en las bestias que Él esparce hay signos para gente que está convencida. (Sagrado Corán, 45: 4)
LA CONCIENCIA EN LOS ANIMALES: UNO DE LOS CALLEJONES SIN SALIDA DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN
Sobre la Tierra, el Hombre es el único que posee inteligencia y razón. A parte de sus características físicas, las características más importantes que lo distingue de otros seres son aquellas que derivan de su inteligencia humana y el poder de razonamiento: la facultad de comparar, decidir, razonar, predecir, planear con anticipación para tomar precauciones, comprensión, trabajo con vistas a objetivos futuros y otras similares. Ninguna otra criatura de la naturaleza posee una inteligencia con tan alto grado de conciencia. Por lo tanto, no puede esperarse por parte de los animales una planificación de sucesos futuros o la aplicación de cálculos de ingeniería para la solución de problemas en su vida diaria. Así que ¿cómo se explican esas conductas que tan a menudo se observan en la naturaleza, claramente producto de la razón y el conocimiento? ¡Especialmente cuando algunos de estas conductas pertenecen a seres que no tienen cerebro! Antes de contestar esta pregunta, podremos entender su importancia si, en primer lugar, repasamos algunos claros ejemplos de conducta animal originada en el conocimiento y el razonamiento.
Las presas de los castores: Proyectos de Ingeniería
Los castores proyectan como auténticos ingenieros, trabajan como consumados constructores y realizan guaridas diseñadas de forma extraordinaria. Con gran habilidad, construyen presas que ralentizan el caudal del agua en el lugar donde tienen sus alojamientos. Para llevar esto a cabo deben realizar tareas bastantes tediosas. En primer lugar, deben procurarse gran cantidad de troncos y ramas, tanto como alimento como materia prima para la presa y la guarida. Para este fin, derriban árboles royendo los troncos con sus incisivos. Se ha podido observar que en este proceso, se aseguran de que el medio ambiente sea el apropiado. Generalmente prefieren trabajar allí donde el viento sopla hacia el agua. De esta manera, la mayoría de los troncos caen en la dirección deseada y los castores pueden transportarlos más fácilmente. Las guaridas de los castores tienen un diseño muy complicado. Cada alojamiento tiene dos entradas bajo el agua, a nivel de superficie una despensa y más arriba una cámara para descansar que se mantiene seca y que dispone de un tubo de ventilación. Los castores construyen las paredes exteriores de sus guaridas apilando los materiales que reúnen y rellenando cada hueco con barro y pequeñas ramas hasta que todo queda completamente estanco. Los materiales que usan protegen el alojamiento de cualquier deslizamiento y lo mantienen a salvo del agua fría. En invierno queda cubierto por la nieve pero, aunque la temperatura exterior caiga por debajo de los -35° C, la temperatura interior permanece por encima del punto de congelación. También tienen un almacén de comida guardada bajo el agua para cuando la comida escasea en invierno. Los castores también construyen una red de canales, cada uno de ellos de aproximadamente un metro de ancho, a través de los cuales pueden alcanzar los árboles de los que se alimentan, que se encuentran normalmente en un lugar más alto y seco a considerable distancia de la guarida. Los castores construyen sus presas con vegetación y piedras, de una forma muy similar a sus guaridas. Primero tejen ramas atravesando el agua entre las dos orillas de un riachuelo formando una estructura entretejida triangular. Para rellenar los huecos y aumentar su altura, trabajan contra la corriente y siguen añadiendo ramas y barro hasta que la presa finalmente consigue transformar un pequeño riachuelo en un amplio estanque de aguas tranquilas. Con esto y el aumento de la profundidad consiguen un hábitat ideal donde pueden almacenar comida para el invierno y además disponen de un área donde pueden nadar libremente y transportar con facilidad sus materiales. Al mismo tiempo, crean un amplio y seguro foso alrededor de su guarida, como aquellos que rodeaban los castillos, que los hacen inexpugnables para los depredadores. 2 Esta breve exposición muestra cómo cada etapa en la construcción de los castores refleja inteligencia, planificación, conocimiento y cálculo. Pero sería irracional atribuir al castor, un animal sin inteligencia ni capacidad de razonamiento, estas cualidades. Por lo tanto debemos encontrar una explicación para el origen de la conducta de los castores. Si esta capacidad de planificación e inteligencia no pertenece al castor, ¿a quién pertenece? La respuesta es Dios, que proporciona estas características superiores al castor y a muchas más criaturas de las que veremos ejemplos en los próximos capítulos. Con Su infinita razón y poder, Dios las ha creado, les ha inspirado sus habilidades superiores, y les ha ordenado llevar a cabo sus ingeniosos planes.
Polilla Atlas: la oruga que planea con anticipación
Por supuesto, los castores no son las únicas criaturas de la naturaleza que planean, calculan y muestran conducta racional. Otro de los seres que tienen éxito en este ámbito es una especie de oruga, mucho más pequeña que el castor, de la que uno nunca esperaría el más mínimo brillo de inteligencia. Es la oruga de la polilla Atlas. Esta oruga se convierte en crisálida dentro de un capullo como todas las demás orugas, manteniéndose resguardada bajo una hoja una vez sale en forma de larva. Lo hace de acuerdo con un astuto y premeditado plan cuyas fases requieren una gran habilidad. Dado que una hoja verde y fresca no puede ser doblada para formar un refugio protector, la oruga soluciona este problema con la más simple solución imaginable. Primero ata la hoja a la rama con su seda para que ésta no caiga cuando el animal rompa masticando el tallo. Inevitablemente la hoja una vez cortada se seca y algo más tarde comienza a rizarse. De esta manera, la oruga obtiene un tubo vegetal listo para utilizar en unas pocas horas. En un principio, puede pensarse que al esconderse en una hoja seca la oruga muestra una conducta inteligente. Puede que sea cierto. Pero así también representa una presa fácil. El diferente color de una hoja seca puede atraer la atención de los pájaros y representar un fatal destino para la oruga. Pero de nuevo la oruga actúa para prevenir ser reconocida fácilmente. Como un matemático haciendo cálculo de probabilidades, prepara otras cinco o seis hojas “señuelo” exactamente iguales a la que la esconde a ella y teje seda alrededor de ellas. De esta forma cualquier pájaro hambriento debe elegir entre seis o siete hojas secas, de las cuales sólo una contiene la crisálida de la oruga. Las otras son sólo engaños. Si un pájaro fija su atención sobre una de las hojas secas, las posibilidades de encontrar la oruga son de seis a uno. 3 Es evidente que estas conductas son inteligentes y premeditadas. Pero ¿es posible para una oruga con cerebro microscópico y el más simple de los sistemas nerviosos desarrollar semejante conducta? La oruga no tiene la facultad de pensar, de planear con anticipación. Ni puede posiblemente haber aprendido esta estratagema de otra oruga no siendo ni siquiera consciente del peligro que los pájaros pueden representar. Así que ¿quién tuvo la idea de cómo engañar a los depredadores de la oruga? Si preguntáramos a los evolucionistas estas cuestiones, nunca nos darían una respuesta clara y satisfactoria. En su lugar, al verse en el aprieto, recurrirán a la contestación de siempre: el instinto. Dicen que tal conducta es instintiva. En el caso que acabamos de examinar, la primera pregunta que deben contestar es “defina instinto”. Si tal comportamiento, como el de la oruga ocultándose en una hoja, es instintivo, debe haber algún mecanismo o fuerza que la lleve a hacer eso. De igual forma, una fuerza similar debe empujar al castor a construir sus presas y guaridas. Y, como puede deducirse de la primera sílaba de la palabra instinto, este mecanismo o fuerza debe estar en algún lugar dentro de la criatura.
¿Cual es la fuente de los instintos?
Los científicos usan la palabra instinto para definir conductas innatas en los animales. Quedan siempre sin contestar, sin embargo, preguntas sobre cómo estas conductas instintivas aparecieron la primera vez y cómo los animales desarrollaron estos instintos y los transmitieron a las generaciones siguientes. En su libro El Gran Misterio de la Evolución, el evolucionista y geneticista Gordon Rattray Taylor admite ser ésto un callejón sin salida lógico: Cuando nos preguntamos de qué manera un patrón de conducta instintiva apareció la primera vez y se convirtió en algo fijado hereditariamente, no encontramos respuesta... 4 Algunos evolucionistas no admiten este dilema como lo hace Taylor y tratan de pasar sobre estas cuestiones con una retórica vaga y sin sentido. De acuerdo con la teoría de la evolución las conductas instintivas están codificadas en los genes. De acuerdo con este razonamiento las abejas construyen sus extraordinarios y matemáticamente precisos panales por instinto. En otras palabras, alguien debe haber programado en los genes de todas las abejas del mundo el instinto para construir panales hexagonales regulares. Si es así, cualquier persona con razonamiento y sentido común debe preguntarse: si los seres vivos actúan como lo hacen en la mayoría de las ocasiones porque han sido programados para hacerlo así, ¿quién les programó en primer lugar? Ningún programa se auto-genera o se auto-completa y cada programa debe tener un programador que lo origine. Los evolucionistas no encuentran respuestas a esta pregunta. En sus publicaciones sobre la materia usan una oportuna cortina de humo: afirman que la “Madre Naturaleza” proporciona a todas las criaturas sus cualidades innatas. Pero la “Madre Naturaleza” está compuesta de rocas, suelo, agua, árboles y plantas. ¿Cuál de estos elementos puede hacer a los animales comportarse de esa manera racional y consciente? ¿Qué componente de la naturaleza tiene la inteligencia o habilidad para programar a los seres vivos? Todo lo que vemos ha sido creado y por lo tanto no pueden crear a su vez. ¿Qué persona inteligente al ver un cuadro diría: “Qué bonita pintura han dibujado estos pigmentos”? Sería una pregunta irracional. De la misma manera, sería irracional afirmar que las criaturas sin inteligencia pueden programar a sus descendientes para que actúen racional e inteligentemente. Aquí, nos enfrentamos a un clamoroso hecho: ya que estas criaturas no han adquirido estas características superiores con sus propias inteligencias sino que nacieron con ellas, algún Ser Superior en inteligencia y conocimiento debió otorgarles estas habilidades y las creó de tal manera que transformaran sus conductas. Sin duda el dueño de esta inteligencia y conocimiento que vemos en todas las manifestaciones de la naturaleza es Dios. En el Sagrado Corán Dios usa las abejas como ejemplo, diciendo que es Él quien las inspira en su aparentemente inteligente conducta. En otras palabras, es la inspiración de Dios lo que en realidad los evolucionistas intentan explicar como instintos, o “programas” para hacer ciertas cosas. Esta realidad es revelada en el Sagrado Corán:
Tu señor ha inspirado a las abejas: “Estableced habitación en las montañas, en los árboles y en las construcciones humanas. Comed de todos los frutos y caminad dócilmente por los caminos de vuestro Señor.” De su abdómen sale un líquido de diferentes clases, que contiene un remedio para los hombres. Ciertamente, hay en ello un signo para gente que reflexiona. (Sagrado Corán, 16: 68-69)
Los evolucionistas rechazan este claro hecho para negar la existencia de Dios. En realidad ellos mismos buscan una explicación para la conducta observada en los animales, pero son conscientes de que la teoría de la evolución no puede explicarlo. En cualquiera de los libros o publicaciones evolucionistas que circulan sobre la conducta animal se pueden leer frases como: “Para hacer esto se requiere una inteligencia superior, pero ¿cómo los animales que carecen de ella pueden hacerlo? La ciencia no tiene respuesta.” El renombrado evolucionista Hoimar von Ditfurth hace comentarios sobre la oruga de la polilla Atlas que son un clásico ejemplo de lo que todos los evolucionistas dicen sobre la obvia conciencia animal: El hecho de engañar a los depredadores con señuelos (otras hojas secas) para evitar ser comida nos parece sorprendente, pero ¿de quién parte esta idea? Es una estrategia tremendamente original despachar pájaros hambrientos que buscan orugas reduciendo la probabilidad de ser descubiertas entre hojas secas. ¿Quién la diseñó para ser usada por la oruga tan pronto como es concebida? Estos son métodos de supervivencia usados por los seres humanos. Sin embargo, si tenemos en cuenta el primitivo sistema nervioso central de la oruga de la polilla Atlas en comparación con su conducta, se ve que es claramente incapaz de razonar o diseñar nada así. Entonces ¿cómo es posible la oruga se proteja de esta manera? En el pasado los naturalistas, al observar tales hechos creían no sólo en la existencia de milagros, sino en la existencia de un Creador supernatural o Dios quien, con objeto de proteger Sus creaciones, distribuía este conocimiento para que pudieran defenderse. Esta explicación es anatema para los naturalistas actuales. Pero por otro lado es igualmente absurdo para la ciencia moderna tratar de explicar estos fenómenos como instintos. Al contrario de lo que la mayoría de nosotros podemos creer, atribuir tal conducta al instinto (en este caso el de la oruga), significa interpretarlos como innatos. Esto no nos lleva más lejos de como estábamos al principio y nos impide encontrar la verdadera respuesta al problema. No obstante es claramente irracional hablar de la “inteligencia” de orugas que carecen de un cerebro desarrollado. Aún así, si analizamos las conductas que hemos estado explicando desde el principio, nos damos cuenta de que algunas de sus características cumplen con los criterios bajo los cuales se define la inteligencia. Si enfocar un objetivo, predecir acontecimientos futuros, calcular la conducta potencial de otras especies y responder adecuadamente no indica inteligencia, entonces ¿qué es? 5 El párrafo anterior es el intento de un famoso evolucionista de explicar la conducta de una pequeña oruga que actúa con inteligencia y planificación. En tales libros y publicaciones no se encuentran más comentarios o explicaciones que esta clase de frases demagógicas y preguntas sin respuesta. En realidad Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución, reconoció la amenaza que la conducta instintiva de los animales significaba para su teoría. En su libro Sobre el origen de las Especies esto queda admitido, aquí y en otras partes: Muchos instintos son tan maravillosos que su desarrollo significará probablemente para el lector una dificultad suficiente como para rechazar mi teoría en su totalidad. 6 En Vida y Cartas de Charles Darwin, Francis Darwin, su hijo, relata el dilema de su padre sobre el tema de los instintos: El Capítulo III de [el origen de las Especies], que da fin a la primera parte, trata de las variaciones que suceden en los instintos y hábitos de los animales... Parece haber sido emplazado tan al principio del Ensayo para prevenir un abrupto rechazo de su teoría por parte del lector a quien la idea de la selección natural actuando en base a instintos puede parecer imposible. Esto es lo más probable ya que el Capítulo sobre el Instinto en el “origen” se menciona especialmente (Introducción, página 5) como “una de las más evidentes y graves dificultades de la teoría.” 7
Los instintos no se transforman a través de la Evolución
Los que proponen esta teoría dicen que casi toda la conducta animal es instintiva, pero tal como hemos dicho antes, los evolucionistas no pueden explicar la fuente de los instintos, cómo aparecen por primera vez o cómo los animales adquieren su aparentemente cognoscitiva conducta. Cuando algunos evolucionistas se sienten acorralados, afirman que los animales adquieren algunas conductas a través de la experiencia, y el proceso de selección natural automáticamente elige los de más éxito para la supervivencia, y éstos son transmitidos a la próxima generación a través de la herencia. No se necesita una profunda reflexión para detectar los agujeros en este razonamiento. Procederemos ahora a examinar los errores en las afirmaciones de los evolucionistas.
1. Refutación de la afirmación de que conductas ventajosas son elegidas a través de la selección natural La selección natural, uno de los mecanismos centrales de la teoría de Darwin, significa que cualquier cambio (físico o de conducta) beneficioso para un animal es seleccionado preferentemente sobre otros convirtiéndose en una característica permanente que se transmite a la siguiente generación. Pero aquí hay un punto crucial que no debemos pasar por alto: la teoría de Darwin presupone que la naturaleza es capaz de distinguir entre lo beneficioso y lo perjudicial, haciendo así elecciones conscientes. No obstante no hay en la naturaleza fuerza o conciencia capaz de semejante proeza. Ni siquiera el propio animal ni otra criatura tienen la facultad para determinar qué conducta es beneficiosa. Sólo un Ser consciente y cuya inteligencia ha creado tanto a la naturaleza como a los animales puede tomar estas decisiones. El mismo Darwin admitió la imposibilidad de adquirir una conducta beneficiosa y compleja a través de la selección natural. Confesó que su afirmación se debió más a la imaginación que a la ciencia y que por lo tanto tenía fallos. Aún así, insistía: Finalmente, puede no haber deducción lógica, pero a mi imaginación es mucho más satisfactorio mirar los instintos como los del joven cuco desalojando a sus hermanos adoptivos, las hormigas reclutando esclavos, etc. no como instintos especialmente donados o creados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general que lleva a la mejora de los seres orgánicos, es decir, su multiplicación, y diversificación. Dejar vivir a los más fuertes y morir a los más débiles. 8 El profesor Cemal Yildirim, uno de los principales evolucionistas turcos, admite que la selección natural no puede explicar la ternura y amor de una madre hacia sus crías: ¿Puede el amor de una madre explicarse por el ciego proceso de la selección natural la cual no tiene componentes espirituales? Para tales preguntas, los biólogos darwinistas apenas pueden dar una respuesta satisfactoria. 9 En los seres vivos que carecen de inteligencia y razón, hay ciertas cualidades espirituales innatas que no han podido ser adquiridas por su propia voluntad. Por lo tanto debe existir algún poder que se las da. Ni la naturaleza ni el proceso de selección natural posee la conciencia y las cualidades espirituales necesarias y por lo tanto no pueden ser la fuente de estas cualidades. La realidad es que todos los seres vivos viven bajo la voluntad y control de Dios. Por eso, a menudo en el mundo natural presenciamos conducta consciente en animales no-pensantes que nos hace preguntarnos “¿Cómo pude un animal hacer eso?” o “¿Cómo pudo esa criatura pensar eso?”
2 Refutación de la afirmación de que la conducta puede ser adquirida a través de la Selección Natural y transmitida a la generación siguiente La segunda afirmación de los evolucionistas es que las conductas de los individuos que logran sobrevivir pueden ser transmitidas a futuras generaciones. Pero esto es totalmente inconsistente. En primer lugar, aunque los animales aprendieran una conducta a través de la experiencia, les resulta imposible transmitírselo a sus descendientes. La conducta aprendida pertenece al (y muere con) el animal que lo adquiere. Es definitivamente imposible transmitir conductas aprendidas vía carga genética. El evolucionista Gordon R. Taylor, al que ya nos hemos referido antes, rechaza la afirmación de algunos biólogos de que la conducta de un organismo puede ser transmitida a sus descendientes: Los biólogos asumen alegremente que la herencia de una conducta específica es posible y que incluso sucede con una cierta frecuencia. Así el ya fallecido Theodosius Dobzhansky (un evolucionista y profesor de Zoología) declara rotundamente: “Todas las estructuras corpóreas y sus funciones son, sin excepción, producto de la herencia llevada a cabo en alguna secuencia medioambiental. Así lo son también todas las formas de conducta, sin excepción.” Esto sencillamente es falso y es lamentable que un hombre de la categoría de Dobzhansky llegue a sostenerlo. Algunas formas de conducta lo son, ciertamente, pero no hay forma de saber que todos lo sean. Pero el hecho palmario es que el mecanismo genético no muestra la más mínima capacidad de comunicar patrones específicos de conducta. Lo único que hace es fabricar proteínas. Al producir más cantidad de ciertas hormonas pueden modelar la conducta de forma general, haciendo al animal más agresivo, más pasivo o quizá más maternal. Pero no existe la más remota indicación de que pueda transmitir un programa de conducta específico como la secuencia de acciones necesarias para la construcción de un nido. Si es cierto que la conducta puede heredarse, cuáles son las unidades de conducta que se transmiten (ya que presumiblemente hay unidades) Nadie ha sugerido respuesta alguna. 10 Como ha declarado Gordon Taylor, no es científico afirmar que los patrones complejos de conducta son innatos. Una serie de acciones conscientes, como la construcción de un nido por un pájaro, las presas por los castores o los panales por las abejas, es de tal complejidad que requiere previsión. El hecho de que las abejas y las hormigas obreras sean estériles presenta otra prueba convincente de que la conducta no puede ser engendrada. Las hormigas obreras en una colonia desarrollan una conducta específica que requiere un cierto nivel de conocimiento y no poca habilidad para evaluar. Sin embargo, las hormigas obreras no pueden adquirir nada de esto genéticamente porque son estériles y no pueden transmitir estas características a la generación siguiente. Entonces debemos plantear a los evolucionistas esta cuestión: ¿Cómo transmitió a la generación siguiente esta conducta adquirida la primera hormiga obrera? No sólo las hormigas, también estériles abejas y termitas obreras exhiben conductas que requieren inteligencia, habilidad, solidaridad, disciplina, trabajo en equipo y devoción. Pero desde el día en que estas criaturas aparecieron hace millones de años, han sido incapaces de transmitir ninguna de estas características adquiridas. Aún más, tampoco se puede decir que aprendieron a comportarse de forma tan extraordinaria. Todas estas criaturas empiezan a exhibir estas conductas de forma perfecta, desde el mismo momento que emergen de sus crisálidas. Sin pasar por ningún proceso de aprendizaje, todas sus conductas están determinadas de acuerdo con el conocimiento que ya tienen al nacer. Esto también es verdad para la conducta “instintiva” de todos los seres vivos en cada rincón de la tierra. Si esto es así ¿quién les ha enseñado estas habilidades? Darwin expresó esta contradicción hace 150 años: ...Sería un grave error suponer que la mayor parte de los instintos han sido adquiridos por hábito en una sola generación y luego transmitidas por herencia a las siguientes. Se demuestra fácilmente que los más maravillosos instintos que conocemos, por ejemplo los de la abeja y muchas hormigas, no han podido ser adquiridos por hábito. 11 Si una hormiga obrera u otro insecto cualquiera hubieran sido animales ordinarios, yo hubiera asumido sin duda que todos sus caracteres habían sido adquiridos progresivamente a través de la selección natural, a saber, por individuos nacidos con pequeñas modificaciones beneficiosas para la especie, las cuales fueron heredadas por sus crías y, tras ser modificadas de nuevo, seleccionadas otra vez y así sucesivamente. Pero en la hormiga obrera tenemos un insecto muy diferente de sus progenitores y absolutamente estéril así que no pudo nunca transmitir modificaciones adquiridas de forma sucesiva ni instinto alguno a su progenie. Bien podemos preguntarnos cómo es posible reconciliar este caso con la teoría de la selección natural. 12 Hasta hoy, el evolucionismo no ha encontrado respuesta a la objeción de Darwin. El evolucionista Cemal Yildirim expresa este dilema a sus correligionarios: Tomemos entre los insectos sociales a las abejas y hormigas obreras. Puesto que son estériles les es imposible transmitir a las siguientes generaciones cualquier característica y modificación que hayan podido adquirir durante sus vidas. Y aún así estas obreras se han adaptado a su medio en una forma y con una conducta muy avanzadas. 13 Según se admite, pues, la asombrosa conducta e instintos de los seres vivos no pueden explicarse por los mecanismos de la evolución. Las habilidades de estos animales no se adquieren por el proceso de la selección natural ni es posible transferirlas vía herencia genética de una generación a otra.
3. Refutación de la afirmación de que los instintos se desarrollan y cambian con cada especie La teoría de la evolución afirma que las especies se desarrollan unas a partir de otras. De acuerdo con esta proposición, los anfibios, por ejemplo, se desarrollaron a partir de los peces. Pero no debe olvidarse que la conducta de cada especie es distinta. Un pez se comporta de forma completamente diferente a un anfibio. Si es así ¿la conducta de la criatura cambió de acuerdo con los cambios biológicos que tuvieron lugar? ...¿Pueden los instintos adquirirse y modificarse a través de la selección natural? ¿Qué podemos decir del instinto que lleva a la abeja a fabricar celdas y que prácticamente anticipó los descubrimientos de grandes matemáticos? 14 Si damos ejemplos de otras clases de animales como peces, reptiles y pájaros, las contradicciones se multiplican: Los peces tienen su propia y única forma de conseguir comida, construir y defender sus refugios y propagar su especie. Estas características están en perfecta armonía con sus condiciones de vida bajo el agua. En la época de cría, algunos peces adhieren sus huevos a las rocas bajo el agua y aumentan el flujo de oxígeno hacia ellos agitando sus aletas. Los pájaros, por su parte, ponen sus huevos dentro de nidos especialmente construidos y los empollan bajo sus plumas. Algunos peces hacen sus nidos en las cavidades de las rocas del agua y algunos animales terrestres construyen nidos en los árboles usando cortezas y ramas como materia prima, mientras los pájaros usan hierba y otros materiales blandos. Por su parte algunos reptiles como los cocodrilos entierran sus huevos en la arena donde se incuban durante dos meses. Los mamíferos (que según los evolucionistas provienen de los reptiles) se reproducen de forma totalmente diferente a otros animales. Mientras las demás especies ponen huevos, los mamíferos llevan sus crías en el vientre durante meses antes de parirlas para después alimentarlas con leche de la propia madre. Cada animal caza su comida de forma diferente. Algunos preparan largas emboscadas, otros se camuflan e incluso otros usan su extraordinaria velocidad de carrera o vuelo. Como sabemos los animales terrestres se conducen de forma radicalmente distinta a los habitantes de las aguas en función del medio ambiente que les acoge y sus condiciones de vida. Bajo estas circunstancias, durante su proceso evolutivo, los instintos animales deben sufrir grandes cambios. Por ejemplo, si un pez siguiendo sus instintos pega sus huevos en la roca y remueve el agua para proveer el necesario oxígeno para ellos, este impulso debe también cambiar en el proceso de transformación en un animal terrestre. Más aún, este instinto debe cambiar hasta el extremo de empezar a construir nidos perfectos por encima del nivel del suelo para incubar sus huevos. Esto es de todo punto imposible. Aún se presenta otra dificultad: si el formato biológico de las especies y, por tanto, su medio ambiente cambia, pero no su conducta, no pueden sobrevivir. Por ejemplo, un pez que es capaz de ocultarse en los océanos, debe desarrollar rápidamente un nuevo mecanismo de defensa sin perder tiempo. Todo, sus funciones corporales, conducta y forma de vida deben cambiar de inmediato. De otra forma están condenados él y toda su especie. Es evidente que una criatura que carece de lógica y conciencia no puede tomar tales decisiones para las que se requiere razonamiento y estrategia. ¿Cómo entonces todos los seres vivos pueden comportarse de manera tan eficiente, cada uno de ellos en correspondencia a sus condiciones medioambientales? En El origen de las Especies, Darwin se refiere a esta crítica: Se ha objetado al punto de vista del origen de los instintos que “las variaciones de estructura y de instinto deben haberse ajustado de forma precisa y simultánea la una a la otra ya que una modificación en una sin su correspondiente cambio en la otra hubiera sido fatal.” 15 Como ya hemos visto, ni procesos evolutivos, ni coincidencias, ni la “Madre Naturaleza” pueden explicar la conducta de los animales ni el origen de los instintos. ¿Cómo adquirieron las especies las cualidades que les permiten continuar existiendo? En realidad, la respuesta es clara y patente. Cualquiera que haya observado a los organismos vivos debe admitir que estas conductas no tienen su origen en ellos mismos ni son producto de sucesivas coincidencias “selectivas”. La fuente de la conducta animal no debe buscarse ni en sus cuerpos ni en el medioambiente. Es evidente que estas conductas están regidas por un poder e inteligencia invisibles, los cuales pertenecen a Dios, el Compasivo y Misericordioso.
Conclusión: Todos los seres vivos actúan a instancias y por orden de Dios.
Como hemos visto en páginas anteriores, los evolucionistas al ocuparse del problema de la conducta animal se enfrentan a serias dificultades. Por otra parte, la verdad está clara. Si los animales, que claramente no tienen inteligencia ni habilidad para razonar, pueden diferenciar los detalles, conectar lógicamente acontecimientos, tomar la decisiones apropiadas y planear o predecir sucesos futuros, habilidades todas para las que se necesita inteligencia y conciencia, deben entonces estar regidos y dirigidos por algún poder externo a ellos. Los evolucionistas dicen que los animales son “programados” para comportarse de cierta manera, pero ¿quién creó esos programas? ¿Qué poder inspira a las abejas para construir sus panales? La respuesta es obvia. Toda persona que haya observado a los seres vivos puede ver claramente que estas conductas no se originan en ellos mismos ni son el producto de sucesivas coincidencias. Es evidente que existe una inteligencia y poder que controla toda la naturaleza y rige estas conductas. Esta inteligencia y poder pertenecen a Dios, el Creador de todo lo que existe. La teoría de la evolución ni siquiera puede explicar cómo un organismo llega a existir, mucho menos explicar el origen de la conducta de ese ser. Por lo tanto, resulta de gran importancia observar la conducta animal ya que, al hacerlo, rápidamente queda revelado que ninguna criatura puede hacer su propia voluntad. Es Dios, Señor de toda la tierra, del cielo y de lo que hay en ellos, Quien crea cada ser de la nada, el que los guía, los guarda y ordena su conducta. Como revela el Sagrado Corán:
" Yo confío en Alá, mi Señor y Señor vuestro. ¡No hay ser que no dependa de Él! Mi Señor está en una vía recta." (Sagrado Corán, 11: 56) La devoción en los animales desmiente la tesis de Darwin de que sólo los más capaces sobreviven
Según hemos visto en páginas anteriores, el proceso de selección natural que propuso Darwin sugería que los animales más fuertes y mejor adaptados a las condiciones de vida de su entorno geográfico pueden sobrevivir y perpetuar su especie mientras que los comparativamente no adaptados y débiles perecen. De acuerdo con el escenario de la selección natural darwinista, la naturaleza es como un circo romano en el que todas las criaturas están empeñadas en una fiera batalla contra las demás por la supervivencia y donde los débiles sucumben ante los fuertes hasta extinguirse. De acuerdo con esta afirmación, cada organismo vivo debe ser más fuerte, más capaz que sus adversarios y tiene que luchar para sobrevivir. Semejante ambiente no deja lugar para la devoción, el altruismo o la cooperación ya que tales rasgos irían en contra del propio animal. Por esta razón, cada individuo debe ser tan egoísta como sea posible y tener en cuenta sólo sus propias necesidades: su comida, su seguridad personal y la defensa de su nido. ¿Está realmente la naturaleza llena de egoísmo y de individuos despiadadamente competitivos, cada animal opuesto al otro tratando de destruirlo o dominarlo? Hasta ahora, todas las observaciones realizadas a este respecto desmienten a los evolucionistas. Contrariamente a lo que afirman, la naturaleza no es un circo regido sólo por la guerra. La verdad es más bien la contraria. Hay innumerables ejemplos de animales devotos que, a menudo, ponen en peligro sus propias vidas exhibiendo una conducta altruista por el bien de la manada exhibiendo un patrón de conducta inteligente y sin buscar beneficio personal alguno. En su libro Evrim Kurami ve Bagnazlik (Teoría de la evolución y fanatismo), Cemal Yildirim, aunque él mismo evolucionista, explica por qué Darwin y otros evolucionistas de su tiempo llegaron a la conclusión de que la naturaleza es un campo de batalla: Científicos del siglo XIX fueron inducidos fácilmente a adoptar la tesis de que la naturaleza es un campo de batalla porque a menudo éstos son prisioneros de sus estudios o laboratorios y generalmente no se molestan en observar la naturaleza directamente. Ni siquiera un científico tan respetable como Huxley pudo escapar a este error. 16 En su libro Mutua ayuda: Factor de la Evolución, el evolucionista Peter Kropotkin expresa el error de Darwin y sus seguidores de esta manera: ...los innumerables seguidores de Darwin redujeron el concepto de lucha por la existencia a sus más estrechos límites. Llegaron a concebir el mundo animal como uno de lucha perpetua entre individuos medio muertos de hambre y sedientos de la sangre del otro... De hecho, si nos fijamos en Huxley, considerado uno de los más altos exponentes de la teoría de la evolución, nos enseña en un documento sobre “La lucha por la existencia y su relación con el hombre” que “desde el punto de vista moral el mundo animal está casi al mismo nivel que un espectáculo de gladiadores. Las criaturas son tratadas despiadadamente e impulsadas a luchar de tal manera que los más fuertes, los más veloces y los más astutos viven para luchar al día siguiente”... se puede subrayar de inmediato que la visión de la naturaleza de Huxley apenas puede tomarse como una deducción científica. 17 Esto indica también que esta teoría no está basada en la observación científica. Para apoyar su ideología evolucionista, los científicos han malinterpretado algunas características de la naturaleza. La guerra que Darwin imaginó teniendo lugar en la naturaleza no es más que eso: imaginaria, porque no hay sólo criaturas que luchan por su propio beneficio. Muchos animales son amigables con otros de su misma especie e incluso se comportan de forma altruista. Por esta razón, los evolucionistas tienen dificultades para explicar esa conducta desinteresada que a menudo aparece en el mundo animal. Un artículo sobre el tema publicado en una revista científica expone este dilema: La cuestión es ¿por qué los seres vivos se ayudan unos a otros? De acuerdo a la teoría de Darwin, cada animal lucha por su propia supervivencia y la perpetuación de su especie. Ayudar a otras criaturas puede disminuir sus propias posibilidades de sobrevivir y, por lo tanto, la evolución debería eliminar esta conducta. Pero en cambio, observamos que los animales pueden, efectivamente, comportarse de forma altruista. 18 Las abejas clavan su aguijón, incluso matan cualquier animal que amenace su colmena. Pero, al hacer ésto, cometen suicidio. Su aguijón se rompe y se queda dentro de su adversario junto con una parte del abdomen de la abeja y sus órganos internos. Como se ve aquí, la abeja sacrifica su propia vida por la supervivencia del resto de la colmena. Tanto el pingüino macho como la hembra protegen sus crías incluso hasta la muerte. Ambos padres están totalmente dedicados a sus pequeños. El macho refugia a la cría entre sus patas durante cuatro meses y como durante este tiempo no puede alimentarlo, la hembra caza la comida para su cría en el mar y la transporta en su garganta. El cocodrilo es uno de los animales más feroces, pero la hembra de la especie exhibe una asombrosa devoción por sus crías. Una vez salen del huevo, las lleva al agua en sus mandíbulas. En adelante, las llevará bien dentro de su boca o de su cuerpo hasta que sean autosuficientes. Cuando las crías de cocodrilo están en peligro, inmediatamente buscan refugio en la boca de su madre. El cocodrilo no es sólo fiero sino carente de razonamiento y lógica. No sería sorprendente, por lo tanto, si la hembra eligiera comerse a sus crías en lugar de protegerlas. Algunas hembras animales se ven forzadas a dejar sus propias comunidades hasta que sus crías son destetadas, lo que las expone a grandes peligros. Muchas especies cuidan durante días o meses de sus pequeños después de que estos nazcan y, en algunos casos, incluso años, procurándoles comida, refugio, calor y protección de los depredadores. Muchas especies de pájaros alimentan sus polluelos entre cuatro y veinte veces cada hora durante el día. Las hembras mamíferas tienen problemas diferentes que resolver ya que mientras amamantan a sus crías, necesitan más alimento y, por lo tanto, deben cazar más para comer. Mientras sus pequeños ganan peso, ellas lo pierden. Animales carentes de previsión o razonamiento parecería lógico que abandonaran a sus crías al nacer ya que no pueden saber que esas pequeñas criaturas significan la supervivencia de su especie como conjunto. Pero, en cambio, toman toda la responsabilidad de cuidar de sus pequeños. Los animales no sólo actúan con total altruismo al proteger a sus crías. En muchos casos, se ha visto animales comportarse de forma considerada hacia otros animales de su comunidad. Un ejemplo puede verse cuando escasea la comida. En esta situación, uno podría asumir que los más fuertes eliminarían a los otros para quedarse con los limitados recursos. Pero las cosas no suceden de la forma que los evolucionistas esperarían. En su libro, el respetado evolucionista Peter Kropotkin da ejemplos de esta conducta: en situaciones de escasez, afirma, las hormigas comienzan a utilizar la comida almacenada en sus hormigueros. Los pájaros emigran en bandadas. Y cuando en un riachuelo el número de castores empieza a ser insostenible, los jóvenes emigran hacia el norte y los más viejos al sur. 19 Como demuestran estos hechos, no existe una inmisericorde lucha por comida o refugio. Al contrario, incluso en los tiempos más duros existe solidaridad y cooperación en la naturaleza, como si cada animal intentara suavizar las duras condiciones a los otros. No debemos olvidar algo importante: ninguno de esos animales posee inteligencia o conciencia para tomar esas decisiones o para crear tal protocolo de conducta. ¿Cómo es entonces que son capaces de establecer un fin común al que todos se adhieren y que el objetivo elegido siempre es el más efectivo de todos? Sin duda es Dios, Señor de todo el universo, Quien creó estas criaturas, el que las inspira en la conducta más efectiva y las guarda en todo tiempo. Dios revela Su protección sobre toda Su creación como sigue:
No hay bestia sobre la tierra a cuyo sustento no provea Alá, Que conoce su madriguera y su depósito: todo está en una Escritura clara. (Sagrado Corán, 11: 6)
Ante esta realidad es insostenible la afirmación de los evolucionistas de que la naturaleza es un campo de batalla en el que triunfan los egoístas que luchan sólo en su propio interés. El famoso evolucionista John Maynard Smith pregunta a sus colegas evolucionistas: Aquí una de las cuestiones clave tiene que ver con el altruismo: ¿Cómo es que la selección natural favorece patrones de conducta que aparentemente van en contra de la supervivencia de los individuos?20
El “instinto” para perpetuar la especie
Como vemos en las páginas precedentes, los evolucionistas no pueden explicar algo tan fundamental como la conducta devota de los animales. Los numerosos ejemplos que da la naturaleza refutan las proposiciones centrales de la teoría de la evolución. El fallecido Stephen Jay Gould, renombrado evolucionista, declaró que los actos de devoción en la naturaleza ponen en evidencia “el engorroso problema del altruismo.” 21 Gordon R Taylor, expresando las miserias de los evolucionistas, dice que la conducta devota de los seres vivos “desde antiguo, presenta un desafío para el darwinismo.” 22 Cualidades puramente “espirituales” como el cuidado y la compasión asestan un duro golpe a la visión global del materialismo que contempla la naturaleza como la suma total de las interacciones aleatorias de la materia. Algunos evolucionistas, resistiéndose a admitir la derrota, mencionan lo que ellos llaman la “teoría del gen egoísta.” Uno de los más ardientes defensores y pionero de esta posición, Richard Dawkins, afirma que lo que aparenta ser devoción desinteresada en realidad está guiada por el egotismo. De acuerdo con esto, los animales que exhiben una conducta devota no lo hacen por ayudar a los de su especie, sino en beneficio de sus propios genes. Para colocar esta idea en un contexto apropiado: cualquier hembra animal que sacrifica su vida por la de sus crías está en realidad ayudando a transmitir sus genes. Si sus descendientes sobreviven, habrá más posibilidades de perpetuar su carga genética en la próxima generación. De acuerdo con este razonamiento, todas las criaturas, incluidos los humanos, son simplemente “máquinas genéticas”. La principal responsabilidad de todo organismo vivo es transmitir sus genes a las generaciones futuras. Los evolucionistas afirman que los seres vivos actúan según su programación: “querer” perpetuar la especie transmitiendo sus genes a las generaciones futuras. La siguiente cita del libro evolucionista Biología Básica es un claro ejemplo de las explicaciones que ofrece el evolucionismo clásico sobre la conducta animal: ¿Qué podemos decir de la conducta potencialmente autodestructiva? Los así llamados genes egoístas son los responsables de algunos actos altruistas. Los padres que trabajan hasta la extenuación para alimentar a crías insaciables o aguantan sin comer mientras haya un depredador cerca probablemente están llevando a cabo una conducta genéticamente programada, conducta que incrementa las posibilidades de que las crías transmitan su carga genética a otra generación. Estas respuestas innatas e instintivas a los depredadores pueden parecer “premeditadas” para el observador humano, pero de hecho son programas de conducta activados por imágenes, sonidos, olores y otras señales del entorno. 23 Esta cita dice que, efectivamente, la conducta animal parece tener un propósito o “motivo posterior”, pero que estos organismos no realizan esos actos de forma consciente y mucho menos para servir a un fin futuro, sino simplemente porque “están programados para actuar así.” La pregunta que cabe hacer es: ¿Cuál es la fuente de esa programación? Sí, los genes son bancos de datos codificados, pero no pueden pensar o razonar. Los genes no poseen inteligencia o juicio así que si los genes de un ser vivo contienen una orden exigiendo devoción desinteresada, el gen en sí no puede ser la fuente de ella. Por ejemplo, si se presiona el botón ON/OFF de un ordenador, se apagará. Y esto sucede porque un programador inteligente, consciente y entendido lo diseñó para funcionara así. Nota a tener en cuenta: el ordenador no lo hace por sí mismo, el botón no se convierte en el dispositivo que apaga y enciende el ordenador por azar o a través de prueba y error. Algún ingeniero diseñó este interruptor consciente y deliberadamente. En este caso, incluso si los genes de una criatura estuvieran programados para actuar altruistamente a fin de perpetuar la especie, esto indicaría claramente la existencia de un poder capaz e inteligente que programó los genes de esta forma desde el principio. Dios es este poder, Él dirige a todos los seres vivos, los vigila y manda sus acciones, como revela el Sagrado Corán:
Lo que está en los cielos y en la tierra se prosterna ante Alá: todo animal y los ángeles. Y éstos sin altivez. Temen a su Señor, que está por encima de ellos, y hacen lo que se les ordena. (Sagrado Corán, 16: 49-50)
Alá es Quien ha creado siete cielos y otras tantas tierras. La orden desciende gradualmente entre ellos para que sepáis, que Alá es omnipotente y que Alá todo lo abarca en Su ciencia. (Sagrado Corán, 65: 12)
Las criaturas vivientes no sólo ayudan a los animales que comparten sus genes sino también a otras especies
En el Capítulo 3 veremos ejemplos más detallados de animales que ayudan no sólo a sus propias crías, sino también a otros animales si lo necesitan. Esto es un problema sin solución para los evolucionistas porque esta conducta no está dirigida a transmitir los genes. El siguiente ejemplo del renombrado evolucionista John Maynard Smith expone abiertamente el dilema de la teoría de la evolución: A pesar de que el macho babuino carece de parentesco genético, estos animales exhiben un tipo de conducta cooperativa. Cuando dos babuinos compiten en alguna clase de contienda, uno de ellos puede solicitar la ayuda de un tercer babuino. El que solicita la ayuda lo hace con una señal de cabeza fácilmente reconocible: la mueve repetidamente adelante y atrás entre su oponente y su ayudante potencial. 24 Diciéndolo brevemente, los animales se ayudan mutuamente y actúan desinteresadamente porque Dios así se lo manda. Mientras navegamos a través de este libro, veremos muchos más ejemplos de altruismo desinteresado, compasión y devoción. No debe olvidarse que Dios creó los animales perfectos, haciéndoles comportarse de esta manera.
DEVOCIÓN ALTRUISTA DE LAS CRIATURAS DENTRO DE LA FAMILIA
Algunos animales permanecen con otros miembros de su familia durante un largo periodo de tiempo e incluso de por vida. Los pingüinos y cisnes, por ejemplo, son pájaros que se emparejan para siempre. Las hembras de elefante permanecen junto a sus madres e incluso junto a sus abuelas. 25 En los mamíferos, con frecuencia las familias están formadas por el macho, varias hembras y sus respectivas crías. Pero ser cabeza de familia comporta muchas responsabilidades. El macho debe cazar la comida con más frecuencia en comparación con un macho soltero. Puede protegerse fácilmente a sí mismo, pero debe cuidar y proteger también al resto de la familia. La protección de los cachorros indefensos requiere a menudo una conducta altruista. Este es un tema importante para reflexionar: los animales hacen grandes esfuerzos por establecer una familia, cuidarla y proveerla de lo necesario. Para hacerlo arriesgan sus propias vidas y renuncian a una vida cómoda para ellos mismos. ¿Por qué eligen los animales estas duras condiciones de vida? Esta tendencia anula completamente la tesis de Darwin de “los más capaces sobreviven y los más débiles perecen.” Como las siguientes páginas van a demostrar, a menudo los débiles son protegidos por los fuertes quienes para eso arriesgan sus propias vidas.
Los miembros de una familia se reconocen entre si
Uno de los requisitos de la vida en sociedad es que los miembros de la familia puedan inmediatamente reconocerse entre si. Incluso en amplios espacios abiertos, donde los animales viven unos junto a otros en enormes colonias, pueden reconocer sus propias crías, parejas, padres y hermanos. Cada especie tiene un método diferente de reconocer a sus iguales. Los pájaros que anidan en el suelo reconocen las voces de sus polluelos a la vez que su imagen. Un ejemplo de esto son las gaviotas de Herring, que crían sus polluelos en grandes colonias. Incluso cuando los pollos están fuera de su vista, los padres reconocen y responden a sus llamadas sin confundirlas con las de otras crías. Si otro polluelo traspasa el territorio del nido, le reconocen y expulsan inmediatamente. 26 Los mamíferos normalmente reconocen a sus crías por su olor y sabor. Tan pronto como el bebé nace, la madre le huele y lame y desde entonces nunca le confundirá con ningún otro. 27 Entre las más competentes criaturas en este respecto están los pingüinos. Cuando los humanos les miramos, parecen idénticos, es casi imposible distinguir uno de otro. Por eso es sorprendente que los miembros de una familia de pingüinos se puedan reconocer entre ellos sin dificultad. Téngase en cuenta que la madre abandona a su pareja y crías durante dos o tres meses para buscar comida y aún así, al volver es capaz de reconocerlos. Entre cientos de pingüinos, la madre encuentra fácilmente su propia pareja y su polluelo. Aún más interesante: antes de que las hembras adultas salgan a la mar por comida, reúnen a todos los polluelos formando una guardería como precaución ante el frío intenso. Los jóvenes permanecen juntos dándose calor unos a otros con sus cuerpos. Pero hay un problema: cómo van a reconocer los adultos a sus crías al volver entre cientos de pájaros. Bien, esto parece solucionado con relativa facilidad por los pingüinos. Cada adulto hace una llamada en forma de canto agudo que es reconocida por sus crías quienes, guiándose por el sonido, llegan hasta ellos. 28 Sin duda, el reconocimiento de voz es, bajo esas circunstancias, el método más apropiado para los miles de pingüinos. Pero ¿cómo los pingüinos tienen la misma apariencia pero distintas voces para reconocerse? Aún más, ¿cómo adquieren la habilidad para distinguir las voces? Ningún pingüino puede haber desarrollado la idea de semejantes habilidades y adoptarlas para sí mismo. Por lo tanto alguien se las ha dado, pero ¿quién? Según los evolucionistas es la naturaleza, pero ¿qué parte o característica de ella puede proveer a los animales con tales habilidades? ¿El hielo de los polos quizá? ¿Las rocas? Ninguna de ellas obviamente, porque la “naturaleza”, a la que los evolucionistas otorgan este y otros muchos poderes, está compuesta de rocas, piedras, árboles, hielo y cosas así, todo materia creada. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta formulada más arriba es simple: Dios crea todo perfecto en sí mismo, da a cada pingüino una nota distinta en su voz y la habilidad para reconocerla y así hace la vida más fácil para ellos.
Nidos cómodos para las crías
Los nidos juegan un papel primordial en la protección para los animales, en particular de las crías. Muchas especies usan una gran riqueza de técnicas para construir nidos con gran variedad de detalles arquitectónicos. Los animales a menudo planifican como los arquitectos, trabajan como consumados albañiles, encuentran soluciones técnicas como los ingenieros y a veces adornan sus nidos como decoradores. A menudo trabajan sin descanso, noche y día, al construir sus nidos. Frecuentemente, sus parejas les ayudan. Los nidos más cuidadosamente preparados son aquellos que se construyen para la llegada de las nuevas crías. Las variadas técnicas usadas para construir estos nidos son tan perfectas que uno no puede esperarlo de animales carentes de inteligencia y destreza técnica. Como demostrarán con gran detalle las páginas siguientes, estos nidos no han podido ser diseñados por los propios animales ya que deberían idear un proyecto en varias etapas antes de empezar a construirlos. En primer lugar, tendrían que tener en cuenta la necesidad de proteger la seguridad de los huevos y las crías. Después tendrían que localizar el mejor lugar para los nidos dado que ninguna criatura construye sus nidos en cualquier parte. Se seleccionan cuidadosamente los materiales para la construcción de los nidos entre todos los disponibles a su alrededor. Por ejemplo, los pájaros acuáticos los construyen con plantas que floten en caso de alguna inundación inesperada. Por su parte, los pájaros que viven entre juncos hacen sus nidos amplios y hondos para evitar que los huevos caigan cuando el viento dobla estas plantas. Los pájaros que habitan desiertos construyen sus nidos sobre los arbustos y cactus, donde la temperatura está 10°C por debajo de la del suelo (un horno de 45°C que mataría los polluelos en poco tiempo.) Para elegir la correcta localización del nido se necesita conocimiento e inteligencia. Un animal no puede prever los riesgos que la inundación o las altas temperaturas pueden suponer a sus crías, mucho menos prevenir sus efectos adversos. Nos enfrentamos, pues, con una paradoja. Por un lado, animales con poca inteligencia y sin conocimiento y por otro, conducta consciente, inteligente y capaz. Dios es el depositario de la conciencia, inteligencia y conocimiento y expresa estas cualidades en Sus perfectas creaciones. La supervivencia en perfectas condiciones de salud de sus crías es de vital importancia para todas las especies y desde el momento que ponen los huevos o paren sus crías, protegerlas se convierte en la única ocupación de los padres. El herrerillo común, poniendo especial cuidado en la seguridad de sus crías, construye varios nidos falsos en su vecindad para distraer la atención de algún enemigo hambriento. Esta estrategia de distracción, resultado de una cuidadosa planificación, no puede ser producto de la inteligencia del propio herrerillo. Uno de los métodos más comunes que usan los pájaros para proteger sus nidos de los depredadores es construirlos dentro de arbustos espinosos o camuflarlos entre hojas secas. Algunas especies, para proteger a la hembra y sus huevos, cierran la entrada del nido con barro mientras ella está dentro, o bien mezclan su saliva con tierra para formar una especie de cemento que usan para construir un muro que cubra la entrada. Todas estas habilidades no han podido ser desarrolladas por |