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LOS DESASTRES PRODUCIDOS POR EL DARWINISMO A LA HUMANIDAD
HARUN YAHYA
Fuente: www.harunyahya.com
[C] Todos los derchos reservados. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o difundida por medios mecánicos o eléctricos, por fotocopia, grabación magnetofónica o cualquier sistema de información sin el previo consentimiento del autor.
Title: LOS DESASTRES PRODUCIDOS POR EL DARWINISMO A LA HUMANIDAD Author: Harun Yahya
Traducido del inglés por: Abu Dharr Manzolillo
GLOBAL PUBLISHING Gursel Mah. Darulaceze Caddesi No: 9 Funya Sk. Eksioglu Is Merkezi B Blok D. 5 Okmeydani-Estanbul / TURQUIA +90 212 3208600
Primera publicación: Hecha por Vural Yayincilik, Octubre 2000, Estambul, Turquía. Versión en inglés: "The Disasters Darwinism Brought To Humanity", Al-Attique Publishers Inc., Canadá, 2001. Primera edición en castellano: Setiembre 2001, Buenos Aires, Argentina. Primera Corrección en castellano: Marzo 2003, Buenos Aires, Argentina.
INDICE
INTRODUCCION: LOS CAUSANTES DEL DOLOR EN EL SIGLO XX
BREVE HISTORIA DEL DARWINISMO
EL RACISMO DE DARWIN Y EL COLONIALISMO
LA TERRIBLE ALIANZA ENTRE DARWIN Y EL FACISMO
EL DARWINISMO, LA FUENTE DEL SALVAJISMO COMUNISTA
EL CAPITALISMO Y LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA ECONOMICA
ELCOLAPSO MORAL PRODUCIDO POR EL DARWINISMO
CONCLUSION: EL PANTANO DEL DARWINISMO DEBE SER DESECADO
APENDICE: LA EQUIVOCACION DEL EVOLUCIONISMO
ACERCA DEL AUTOR
El autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primario y secundario en ésa ciudad y luego estudió Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El hecho de haber escrito obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy conocida. El seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello del Profeta sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus contenidos. Dicho sello representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán y de la sunnah, es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la creencia religiosa. Todas los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la existencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos. Los lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio. Esos libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o filosofía pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos por Harun Yahya. No cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material. Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues los mismos “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios. Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los individuos. Está claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto. Quienes dudan que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que adquieren los lectores. Hay algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según ésta. Considerando la situación del mundo de hoy día, que conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de otro modo puede ser demasiado tarde. No es exagerado decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.
AL LECTOR
El motivo por el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución se debe a que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Dado que el darwinismo rechaza el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente haya abandonado su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación importante mostrar que esta teoría es un engaño, obligación relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida islámico). Resulta imperativo que ese importante servicio sea puesto a disposición de todos. Posiblemente algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros. De ahí que pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida. Otro punto que tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Todos esos temas referidos a los versículos de Dios se explican de una manera tal que no dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector. El estilo empleado, sincero, sencillo y fluido, asegura que cualquiera sea la edad y grupo social al que pertenezca una persona, puede entenderlos con facilidad. Esta manera lúcida y efectiva del relato lo hace de rápida lectura. Incluso quienes rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por los hechos a los que se hacen referencia en los libros de Harun Yahya, lo que normalmente les impide refutar la veracidad de sus contenidos. Este libro y todos los otros trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al intercambio de reflexiones y experiencias. Además, será un gran servicio al din contribuir a la presentación y lectura de este libro, el cual está escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los libros de Harun Yahya son muy convincentes. Por esa razón, uno de los métodos más efectivos de comunicar el din a otras personas es impulsar a su lectura.
INTRODUCCION
LOS CAUSANTES DEL DOLOR EN EL SIGLO XX
El siglo XX, que recién dejamos atrás, fue un siglo de guerras y conflictos que condujeron a sufrimientos, desastres, violaciones, pobreza y enormes destrucciones. Millones de personas fueron asesinadas, masacradas, abandonadas al hambre y a la muerte, desprovistas de viviendas, refugios, protección o apoyo. Y todo ello para nada, pues fue hecho en el nombre de ideologías descarriadas. Millones de personas quedaron expuestas a un trato inhumano que ni siquiera es admisible en los animales. Prácticamente, en todas las ocasiones esos sufrimientos y desastres llevaron las firmas de los déspotas y asesinos involucrados: Stalin, Lenin, Trotsky, Mao, Pol Pot, Hitler, Mussolini, Franco… En tanto que algunos de estos hombres tenían en común una ideología, otros eran enemigos mortales. Por la sola razón de que profesaban ideologías opuestas, llevaron a un conjunto de sociedades a conflictos que enfrentaron a hermanos entre sí, lo que dio lugar a guerras, actos de terrorismo, combates y destrucción de vehículos, casas y negocios, así como a sediciones. Al tener armas en sus manos, las usaron impiadosamente contra jóvenes, ancianos, mujeres y niños, baleándolos cuando atacaban o fusilándolos… Fueron lo suficientemente brutales como para apoyar el arma en la cabeza de una persona y dispararle mientras le miraban a los ojos o aplastarle la cabeza con los pies, solamente porque se trataba de alguien que sostenía ideas distintas. Por otra parte, ancianos, mujeres y niños se veían expulsados de sus viviendas… Este es un brevísimo resumen de las pesadillas soportadas en el siglo XX: personas que sostenían ideas conflictivas arrojaron a la humanidad al sufrimiento y al derramamiento de sangre en nombre de las ideologías a las que adherían. El fascismo y el comunismo estuvieron a la cabeza de las ideologías que provocaron a la humanidad el sufrimiento de esos días oscuros. Se consideraba que eran enemigos entre ellos pues se intentaban destruir uno al otro. Pero, en realidad, ambas ideologías se nutrieron de la misma fuente, lo cual les permitió, en su momento, fortalecerse y ganar gente para las respectivas posiciones. A primera vista esa fuente ha pasado siempre desapercibida, entre bastidores, y siempre ha exhibido el rostro de »inocente«. Esa fuente es la filosofía materialista y el DARWINISMO, expresión de dicha filosofía en el campo de la naturaleza. El darwinismo apareció en el siglo XIX como el relanzamiento, por parte del biólogo aficionado Charles Darwin, de un mito que se remonta a los Sumerios y a la Grecia Antigua. Desde entonces constituyó la idea fundamental que sirvió de base a las ideologías perniciosas para la humanidad. Y el uso de una máscara supuestamente científica posibilitó a esas ideologías y a sus sostenedores la implementación de medidas prácticas para ganarse una falsa legitimidad, la cual le permitió a la teoría de la evolución pasar rápidamente del campo de la biología y de la paleontología al de las relaciones humanas e influenciar la vida social y política. Algunas corrientes de pensamiento que empezaron a movilizarse y tomar forma en el siglo XIX, dieron un gran apoyo al darwinismo puesto que ciertos supuestos de éste justificaban sus posiciones. En particular, se intentó aplicar a la conducta y comportamiento humano la idea de que entre las criaturas vivas en la naturaleza hay una »lucha por la supervivencia«, motivo por el cual »los fuertes sobreviven y los débiles desaparecen«. Cuando el supuesto darwiniano de que la naturaleza era un lugar de lucha y conflicto empezó a ser aplicado a los seres humanos y a las sociedades, encontraron distintos tipos de justificaciones la desviación de Hitler en su intento por conseguir una »raza pura«, la suposición de Marx de que »la historia de la humanidad es la historia de las luchas de clases«, la estipulación del capitalismo de que »el fuerte aumenta su fortaleza a expensas del débil«, la colonización del Tercer Mundo y el trato inhumano y tortuoso de sus habitantes por parte de naciones imperialistas como Gran Bretaña y los ataques y discriminaciones racistas que aún enfrenta la gente de color. Si bien Robert Wright, el autor de La Moral Animal, es evolucionista, resume los desastres históricos a los que llevó la teoría de la evolución: »La teoría evolucionista, después de todo, posee una historia larga y sórdida aplicada a los asuntos humanos. Después de mezclarse con la filosofía política a la vuelta del siglo para dar lugar a una ideología incierta conocida como ‘darwinismo social’, ayudó a los racistas, a los fascistas y a la mayoría de los desalmados capitalistas«1. Como se verá en las evidencias que presenta este libro, el darwinismo no es una teoría que intenta explicar el origen de la vida circunscribiéndose al campo de las ciencias exactas. El darwinismo es un dogma defendido aún obstinadamente por los sostenedores de ciertas ideologías, a pesar de que se demostró totalmente inválido desde el punto de vista científico. Actualmente muchos investigadores, políticos e ideólogos, conscientes o no del feo rostro del darwinismo, siguen prestando su apoyo a este dogma. Si todos fuesen conscientes de que la teoría de la evolución —la cual actúa como inspiradora de dictadores crueles, inhumanos y egocéntricos, así como de distintas corrientes de pensamiento— es absolutamente inválida, eso significaría el fin de todas las ideologías dañinas. Quienes sistematizan la maldad y la practican, serían entonces incapaces de defenderse diciendo »pero esta es una ley de la naturaleza«: su visión del mundo, sórdida, inmisericorde y egocéntrica, perdería todo respaldo científico. Finalmente, cuando el darwinismo, raíz de las ideologías perniciosas, sea derrumbado, sólo quedará la verdad: todos los seres humanos y el mismo universo fueron creados por Dios. La gente que comprenda esto se dará cuenta que la única realidad está en el Libro Santo que El nos envió. Cuando una gran mayoría de la gente llegue a comprender esta verdad, los sufrimientos, disturbios, masacres, desastres, injusticias y pobreza del mundo serán reemplazados por el discernimiento, la claridad, la riqueza, la abundancia de bienes y la salud. Es por eso que las ideas falsas y dañinas para la humanidad deben ser derrotadas y sacadas de raíz por medio de la idea santa que embellecerá al género humano. Responder con piedras a quienes nos las arrojan, devolver golpe por golpe, contestar la agresión con una agresión mayor, no es la solución. La solución es destruir las ideas de quienes abrigan las maldades mencionadas y explicar, con paciencia y amablemente, la verdad con la que se debe reemplazar lo erróneo. El objetivo que persigue este libro es hacer ver a aquellos que sostienen el darwinismo qué es lo que están defendiendo realmente —independientemente que conozcan o no su rostro tétrico— y explicarles la responsabilidad que deben enfrentar. También busca advertir del peligro que encierra a los que no lo aceptan pero no lo ven como una amenaza para la humanidad.
BREVE HISTORIA DEL DARWINISMO
Antes de ocuparnos del sufrimiento y los desastres que el Darwinismo trajo al mundo, veamos brevemente su historia. Muchos creen que la teoría de la evolución, presentada como tal por primera vez por Charles Darwin, es una teoría fundamentada sobre firmes evidencias científicas, la observación y el experimento. Pero así como el originador de la misma no es Darwin, la fuente de la que se nutre tampoco tiene el carácter de comprobación científica. En la época de la civilización mesopotámica, cuando las religiones adoradoras de ídolos eran hegemónicas, abundaban las supersticiones y los mitos respecto a los orígenes de la vida y el universo: uno de ellos era la creencia en la »evolución«. Según la épica de Enuma-Elish que se remonta a los sumerios, hubo una tremenda inundación y de allí surgieron de modo repentino los dioses llamados Lahmu y Lahamu que se crearon a sí mismos. Luego se convirtieron en universales y dieron lugar a la existencia de otros elementos y criaturas vivientes. En otras palabras, según el mito sumerio, la vida apareció de modo repentino a partir del caos acuático inanimado para luego evolucionar y desarrollarse. Podemos ver que esta creencia exhibe una estrecha relación con el supuesto de la teoría de la evolución en cuanto a que »lo viviente se desarrolló y evolucionó de lo no viviente«. Observamos entonces que la idea evolucionista no es original de Darwin sino de los idólatras sumerios. A posteriori encontró más espacio en otra civilización idólatra, es decir, la Grecia Antigua. Los filósofos griegos materialistas de la antigüedad consideraban que lo único que existía era la materia. Recurrieron al mito de la evolución heredada de los sumerios para explicar cómo apareció lo viviente. De ese modo, en la Grecia Antigua se dieron la mano la filosofía materialista y el mito de la evolución. De allí fue llevado a la cultura romana. Ambos criterios, cada uno de ellos un mito perteneciente a culturas idólatras, se presentaron luego en el mundo en el siglo XVIII. Algunos pensadores europeos que estudiaron las fuentes de la Grecia Antigua estaban vinculados al materialismo. El rasgo común de esos pensadores era su oposición a la religión. En ese marco, la primera persona que toma en consideración la teoría de la evolución de modo razonado fue el biólogo francés Jean Baptiste Lamarck, quien propuso que todas las criaturas vivientes surgieron a través de la evolución, una de otra, por medio de pequeños cambios a lo largo de sus vidas. Más tarde se comprendió que eso era falso. De todos modos, una persona llamada Charles Darwin repitió las suposiciones de Lamarck con mínimas variantes. Darwin dio a conocer su teoría en »El Origen de las Especies«, publicado en Inglaterra en 1859. Allí se presentaba el mito de la evolución proveniente de los sumerios, con ciertas particularidades. Darwin suponía que todas las criaturas vivientes se originaron a partir de un ancestro que nació por casualidad en el agua y fueron adquiriendo sus características propias a través de pequeños cambios que acaecieron también casualmente. Esa pretensión de Darwin no ganó una aceptación generalizada entre los científicos de aquella época. En particular, los expertos en fósiles eran conscientes de que la conjetura de Darwin no era más que producto de la fantasía. No obstante, a medida que transcurría el tiempo, la teoría de Darwin empezó a ganar fuerza en distintos círculos. Ello se debió a que él y su teoría proveían los fundamentos que estaban requiriendo las fuerzas gobernantes del siglo XIX. El Motivo que Lleva a la Aceptación del Darwinismo es Ideológico
Cuando Darwin publicó »El Origen de las Especies« y presentó su teoría de la evolución, la ciencia estaba muy en pañales. Por ejemplo, la célula, que hoy día se sabe posee un sistema estructural sumamente complejo, era visible solamente como una mancha a través de los microscopios rudimentarios que se usaban entonces. Por eso Darwin no tuvo ningún problema en suponer que la vida se produjo por casualidad a partir de la materia no viviente. De la misma manera, la insuficiencia de registros fósiles en esa época hizo posible suponer que las criaturas vivientes provinieron una de otra por medio de cambios muy pequeños y sucesivos. Pero hoy día se sabe que nada en los registros fósiles ofrece evidencia alguna que apoye los supuestos de Darwin. Hasta hace poco los evolucionistas enfrentaban ese dilema diciendo: »Dichas evidencias se encontrarán en el futuro«. Pero actualmente no pueden valerse de esa explicación. (Más información sobre el tema ver en el capítulo »La Equivocación del Evolucionismo«). Sea como sea, entre los darwinistas no hubo ningún cambio en su adhesión a la teoría de la evolución. Desde aquella época hasta ahora cada uno heredó de otros la fidelidad a Darwin durante los últimos 150 años. Ahora bien, ¿cuál es la razón para que el darwinismo siga siendo admitido, a pesar de que su invalidez científica es ahora abiertamente manifiesta? El rasgo más definido de la teoría de Darwin es la negación de la existencia de un Creador. Según la teoría de la evolución la vida se originó por sí misma de manera casual, a partir de la materia ingénita. Este supuesto del darwinismo proveyó un falso fundamento científico a todas las filosofías ateas, comenzando por la materialista. Hasta el siglo XIX la gran mayoría de los científicos consideraban a la ciencia como un método de aprender y descubrir la creación de Dios. Como dicho criterio estaba ampliamente extendido, los filósofos materialistas y ateos no podían encontrar fundamentos apropiados sobre los que establecerse. Entonces la teoría de la evolución se les presentó como una formidable oportunidad puesto que negaba la existencia del Creador y proveía un apoyo, aunque ilusorio, a las creencias materialistas y ateas. Esas creencias se identificaron entonces con el darwinismo y adaptaron la teoría de la evolución a sus ideologías. Otro argumento del darwinismo, además del rechazo de la existencia de Dios, venía muy bien a las ideologías materialistas del siglo XIX: »El desarrollo de los criaturas vivientes se vincula a la lucha por la vida en la naturaleza. Esta lucha favorece al más fuerte. El débil está condenado a la derrota y a la extinción«. Esto revela claramente la cooperación del darwinismo con las ideologías que trajeron al mundo dolor y desastres.
El Darwinismo Social: La Adaptación de la Ley de la Jungla al Comportamiento Humano
Uno de los supuestos más importante de la teoría de la evolución es que fundamenta el desarrollo de las criaturas vivientes en la »lucha por la supervivencia«, lucha inmisericorde que según Darwin se presenta en la naturaleza como un conflicto eterno. El fuerte se puede desarrollar porque se impone siempre al débil. El título completo de su libro compendia ese punto de vista: »El Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural o la Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida«. La fuente de inspiración de Darwin en la materia fue el libro del economista inglés Thomas Malthus, »Ensayo Sobre el Principio de la Población o Revista de sus Efectos Pasados o Presentes Sobre la Felicidad del Hombre« (1803). Este libro indica que a la humanidad le espera un futuro más bien tétrico. Malthus había calculado que, librada a sí misma, la población del mundo aumentaría a una velocidad enorme. La cifra se duplicaría cada 25 años. Pero las provisiones de alimentos no aumentarían en la misma proporción de ninguna manera. En este caso la humanidad enfrentaría el peligro permanente de la hambruna. Según Malthus, las fuerzas que mantendrían bajo control el crecimiento poblacional eran los desastres como las guerras, el hambre y las enfermedades. En resumen, para que cierta cantidad de gente viva, resultaba necesario que otras mueran. La existencia, entonces, significa »guerra permanente«. Darwin declara que fue el libro de Malthus el que lo hizo pensar acerca de la lucha por la existencia: »En octubre de 1838, es decir, quince meses después que había comenzado mi pesquisa, leí como pasatiempo lo escrito por Malthus sobre la población. Como estaba preparado para apreciar la lucha por la existencia que ocurre en todas partes, debido a mi continua y larga observación de los hábitos de los animales y de las plantas, inmediatamente me hizo dar cuenta que bajo esas circunstancias las variaciones favorables tenderían a ser preservadas y las desfavorables destruidas. El resultado de esto sería la formación de nuevas especies. Entonces, finalmente, disponía de una teoría por medio de la cual llevar adelante mis especulaciones«2. En el siglo XIX, realmente, las ideas de Malthus habían sido adoptadas por mucha gente. En particular, los intelectuales de la clase alta europea sostenían las ideas maltusianas. La importancia dada a las mismas en la Europa de entonces, está expresada en el artículo Antecedentes Científicos del Programa Nazi de »Purificación de la Raza«: «A mediados del siglo XIX se reunieron los miembros de las clases gobernantes a lo largo de toda Europa para discutir el reciente descubrimiento del ‘problema poblacional’ y determinar las formas de implementación del mandato maltusiano de aumentar la tasa de mortalidad de los pobres. »En vez de recomendar a los pobres el hábito de la pulcritud, deberíamos animarlos a hacer lo contrario. Deberíamos hacer las calles más estrechas en nuestras ciudades, conseguir que se amontonen más personas en cada vivienda e inducir el retorno de las plagas. En el campo deberíamos construir las aldeas cerca de aguas estancadas y, en particular, animar a realizar asentamientos en todo tipo de zonas insalubres y con ciénagas«, etc.»3. Como resultado de esa política cruel, el fuerte derrotaría al débil en la lucha por la supervivencia, lo cual pondría coto rápidamente al crecimiento poblacional. El programa de »aplastar al pobre« fue llevado a la práctica en Inglaterra en el siglo XIX. Se creó un sistema industrial donde se hacía trabajar en las minas de carbón a niños de 8 ó 9 años 16 horas por día. Allí murieron miles de ellos debido a las malas condiciones laborales. La supuesta »lucha por la supervivencia«, que la teoría de Malthus determinó como necesaria, condenó en Inglaterra a millones de pobres a sobrellevar una vida llena de sufrimientos. Darwin, influenciado por Malthus, aplicó ese criterio a toda la naturaleza y, aceptando que dicha lucha existía realmente, propuso que debía ser ganada por los más fuertes y aptos. Esta reivindicación de Darwin incluía todo lo vegetal, animal y humano. También enfatizó que esa lucha por la supervivencia era una ley natural permanente e inmodificable. Y por medio de negar la creación, invitaba a la gente a abandonar sus creencias religiosas, con el propósito de que también abandonen todos los principios éticos que podían ser un obstáculo a esa cruel »lucha por la supervivencia«. Es por esto que la teoría de Darwin encontró el apoyo del Establishment desde el mismo momento en que se presentó. Ese respaldo lo consiguió primero en Inglaterra y luego en el resto de Occidente. Los imperialistas, los capitalistas y otros materialistas no demoraron en hacer suya esta teoría, pues proveía una justificación »científica« al sistema político y social que ellos fundaron. Poco tiempo más tarde la teoría de la evolución pasó a ser el único criterio en todos los campos de interés social, desde la sociología a la historia, desde la psicología a los asuntos políticos. En todos los campos las ideas básicas eran las consignas de »lucha por la supervivencia« y »supervivencia del más apto«: partidos políticos, naciones, administraciones, firmas comerciales e individuos empezaron a vivir bajo el influjo de esos lemas. Puesto que las ideologías gobernantes se habían identificado con el darwinismo, la propaganda darwinista empezó a ser llevada a cabo en todos los ambientes, desde el educacional al artístico, desde el político al histórico. Fue un intento por establecer vínculos entre todos los temas y el darwinismo, de modo que todo sea considerado a la luz del mismo. Como resultado de ello, incluso la gente que no conocía nada del darwinismo comenzó a vivir según el modelo de sociedad propuesto. El propio Darwin recomendó que sus criterios evolucionistas se apliquen a la comprensión de la moral y de las ciencias sociales. En una carta a H. Thiel escrita en 1869, decía: »Fácilmente comprenderá el gran interés que despierta en mí el ver que usted aplica a las cuestiones morales y sociales puntos de vista análogos a los que he usado respecto a la modificación de las especies. No se me había ocurrido que mis ideas podían aplicarse a temas tan ampliamente distintos e importantes«4. Al aceptarse que la lucha en la naturaleza estaba en la esencia del ser humano, todos los tipos de conflictos producidos por el racismo, el imperialismo, el fascismo y el comunismo, así como los esfuerzos de los poderosos materialmente por aplastar a los que parecían más débiles, pasaban a tener una explicación “científica”. A partir de ese momento era imposible censurar u obstruir a esos que llevaban a cabo bárbaras masacres, que trataban como animales a los seres humanos, que enfrentaban a unos pueblos contra otros, que despreciaban a mucha gente debido a su raza, que clausuraban pequeños negocios en nombre de la competitividad y que se negaban a extender una mano de ayuda al necesitado. Y esa imposibilidad de censurarlos surgía del hecho de que lo que hacían estaba de acuerdo con una »ley natural científica«. Esta nueva »consideración científica« pasó a ser conocida como »Darwinismo social«. Uno de los principales científicos evolucionistas de nuestra época, el paleontólogo norteamericano Stephen Jay Gould, acepta esa verdad al decir que después de aparecer »El Origen de las Especies« en 1859, »principalmente, bajo la bandera de la ciencia, se argumentaría a favor de la esclavitud, el colonialismo, las diferencias raciales y la lucha de clases«5. Aquí hay algo a lo que se debe prestar una gran atención. Todos los períodos de la historia humana han visto guerras, atrocidades, brutalidades, racismo y conflictos. Pero también en todas las épocas existió una religión divina enseñando a los pueblos que proceder de esas maneras era incorrecto, llamándolos en consecuencia a la paz, la justicia y la tranquilidad. Dado que los seres humanos conocían una religión divina, al menos tenían un criterio que les permitía comprender que iban por un camino equivocado cuando se entregaban a la violencia. Pero a partir del siglo XIX Darwin señaló que la contienda por los beneficios materiales, así como la injusticia, tenían cierta justificación científica. Dijo que todo ello era parte de la naturaleza humana, que el ser humano acarreaba desde sus ancestros tendencias salvajes y agresivas y que también se aplicaba a la humanidad las leyes que hacían que sobrevivan los animales más fuertes y belicosos. Fue bajo la influencia de esas ideas que las guerras, los sufrimientos y las masacres empezaron a afectar de un modo distinto a gran parte del mundo. El darwinismo apoyó, alentó y respaldó las formas en que se concretaban todos esos actos que produjeron en el planeta dolor, derramamiento de sangre y opresión, señalándolos razonables y justificados. Como resultado de ese respaldo supuestamente científico, todas las ideologías peligrosas se desarrollaron y se hicieron cada vez más fuertes, estampando sobre el siglo XX la leyenda »época de sufrimiento«. El profesor de historia Jacques Barzun evalúa en su libro »Darwin, Marx, Wagner« las causas culturales, científicas y sociológicas de la terrible quiebra moral del mundo moderno. Es llamativo lo que dice Barzun allí en cuanto a la influencia de las ideas darwinistas: »entre 1870 y 1914 en todos los países europeos hubo una facción militarista que demandaba armamento, una facción individualista que demandaba una competencia despiadada, una facción imperialista que demandaba manos libres sobre los pueblos retrasados, una facción socialista que demandaba la conquista del poder y una facción racista que demandaba la purga interna de lo ‘extraño’. Cuando el llamado a la gloria y a la voracidad fracasaba, e incluso antes, se invocaba a Spencer y a Darwin, lo que era, por decirlo así, la ciencia encarnada… El decurso de la vida era biológico, era sociológico, era darwiniano«6. En el siglo XIX, cuando Darwin hizo conocer su suposición de que la vida no fue creada sino que apareció por casualidad y que los seres humanos tenían un ancestro común con los animales, habiendo emergido los primeros como el organismo más desarrollado debido a coincidencias casuales, posiblemente la mayoría de la gente no podía imaginarse en aquel momento a qué daría lugar esa conjetura. Pero en el siglo XX la resultante de esa suposición se concretó en experiencias terribles. Quienes consideraban a los seres humanos como animales desarrollados no vacilaron en pisotear al débil, en acabar con el enfermo y el disminuido, en llevar a cabo masacres para exterminar a las razas que consideraban distintas e inferiores. Hicieron todo eso porque una teoría con el disfraz de »científica« les dijo que se trataba de una »ley natural«. Así comenzaron en algunas partes los desastres producidos por el darwinismo. Luego, aceleradamente, se expandieron por todo el mundo. Debemos tener en cuenta que en el siglo XIX la gran mayoría de la gente creía que Dios era el creador de todas las criaturas vivientes y que el ser humano poseía un alma, también creada por Dios, hasta que el materialismo y el ateísmo se desarrollaron y fortalecieron por medio del apoyo que recibieron del darwinismo. Anteriormente, a todos los seres humanos, de cualquier raza o pueblo, se los veía como creaciones de Dios. Sin embargo, la pérdida de la religión, producida y fortalecida por el darwinismo, dio relevancia a grupos sociales con criterios inhumanos y competitivos que no daban ninguna importancia a las normas morales pues consideraban a las personas solamente como animales muy desarrollados. Quienes negaban que tenían cierto tipo de responsabilidades frente a Dios, produjeron una cultura donde se justifica cualquier tipo de egoísmo. De esa cultura nacieron muchos »ismos« que fueron y son una verdadera calamidad para la humanidad. En las páginas siguientes examinaremos esas ideologías que encontraron una justificación en el darwinismo, la estrecha relación entre ambos factores y lo que le ha costado al mundo esa cooperación.
PARTE 2
EL RACISMO DE DARWIN Y EL COLONIALISMO
Un amigo cercano de Darwin, el profesor Adam Sedgwick, fue una de las personas que advirtió sobre los peligros a los que daría lugar la teoría de la evolución. Hizo notar, después de leer y digerir »El Origen de las Especies«, que »si este libro llegase a encontrar la aceptación generalizada de la gente, ello iría acompañado de una bestialización de la raza humana como nunca se había visto antes«7. Ciertamente, el paso del tiempo demostró que Sedgwick tenía razón. El siglo XX pasó por la historia como una época siniestra puesto que las personas sufrieron masacres por el simple hecho de su origen étnico o el color de la piel. Por supuesto, mucho antes que Darwin ya se habían producido discriminaciones y atrocidades por los mismos motivos. Pero el darwinismo concedió a esa discriminación una falsa respetabilidad y legitimidad científicas.
»La Preservación de las Razas Favorecidas…«
La mayoría de los darwinistas de nuestros días reivindican que Darwin nunca fue racista sino que los racistas comentaron sus ideas de modo tendencioso con el propósito de encontrar con que sustentar sus propios puntos de vista. Los darwinistas conjeturan que la expresión »Por Medio de la Preservación de las Razas Favorecidas« en el título del libro conocido en general como »El Origen de las Especies«, vale solamente para los animales. De todos modos, quienes dicen eso parecen ignorar lo que dijo Darwin en su libro acerca de la raza humana. Según lo allí mencionado, el desarrollo y progreso de ciertas razas respecto al resto, representa los distintos estadios de la evolución de las mismas. A las más atrasadas se las llegó a considerar en un nivel muy próximo al de los monos. Darwin supuso que »la lucha por la supervivencia« se aplicaba también a las razas humanas. Las »favorecidas«, que según Darwin eran las blancas europeas, emergieron victoriosas. En cuanto a las africanas y asiáticas, se habrían quedado rezagadas en la lucha por la supervivencia. Incluso Darwin aventuró su futuro al decir que desaparecerían completamente en esa lucha de carácter mundial: »En algún momento de un futuro no muy distante como para medirlo en siglos, casi con toda certeza las razas humanas civilizadas exterminarán y reemplazarán a las salvajes en todo el mundo. Al mismo tiempo, los monos antropomorfos… sin duda, serán exterminados. La diferencia entre el hombre y sus allegados más cercanos se presentará entonces más amplia, porque será la que corresponderá entre el ser humano con una civilización incluso mayor —como es de esperar— que la de los caucásicos y la de algunos monos tan inferiores como el mandril, en vez de como se presenta ahora entre el negro africano o el australiano y el gorila«8. En otra parte de »El Origen de las Especies« Darwin también aventuró que era necesario que las razas inferiores desaparezcan y que para nada era conveniente que los pueblos desarrollados intentasen protegerlas para que sigan viviendo. Comparó esta situación con la actitud de los que se dedicaban a la cría de animales: »Entre los salvajes, el débil, físicamente o de entendimiento, es rápidamente eliminado, y los que sobreviven exhiben normalmente un estado de salud vigoroso. En cambio nosotros, las personas civilizadas, hacemos los mayores esfuerzos por controlar ese proceso de eliminación. Construimos asilos para los imbéciles, tullidos y enfermos. Instituimos leyes protectoras del pobre y nuestros médicos se exigen al máximo en sus capacidades para salvar la vida de cada uno hasta el último momento. Hay razones para creer que la vacunación ha preservado a muchas individuos de constitución física débil, que de otro modo habrían sucumbido ante enfermedades comunes (viruela, etc.). De ese modo los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagaron su linaje. Nadie que haya prestado atención a la cría de animales domésticos dudaría que esto (el cuidado de los débiles) tiene que ser muy nocivo para la raza humana«9. Como hemos visto, en »El Origen de las Especies« Darwin consideró a los nativos de Australia y a los negros, prácticamente, en un pie de igualdad con los monos y sostuvo que debían desaparecer. En cuanto a esas otras razas que consideraba »inferiores«, opinaba que era esencial impedir su multiplicación, de modo que terminen extinguiéndose. Vemos así que el racismo y la discriminación con los que nos encontramos aún hoy día, fueron aprobados y justificados por Darwin en su momento. En cuanto a la tarea que le tocaba a las »personas civilizadas«, según las ideas racistas de Darwin, era la de acelerar un poco ese período evolutivo, como veremos a continuación, por lo que no habría ninguna objeción, desde el punto de vista »científico«, en hacer desaparecer lo más pronto posible a aquellos que de todos modos van en ese camino. El aspecto racista de Darwin se exhibe en muchos de sus escritos y observaciones. Por ejemplo, lo manifiesta al describir a los nativos de Tierra del Fuego, observados en su largo viaje iniciado en 1831. Los describió como criaturas »totalmente desnudas, bañadas en tinturas, comiendo lo que encontraban al igual que los animales, descontroladas, crueles con todos aquellos ajenos a su tribu, sintiendo placer al torturar a sus enemigos, ofreciendo sacrificios sangrientos, asesinando a sus hijos, maltratando a sus esposas, llenos de supersticiones escabrosas«. Pero el investigador W. P. Snow, que había viajado a la misma región diez años antes, presenta un cuadro muy distinto. Dice que los nativos fueguinos eran »sujetos muy bien parecidos, enamorados de sus hijos, en posesión de algunos implementos muy ingeniosos. Reconocían algún tipo de derecho sobre la propiedad y aceptaban la autoridad de varias de las mujeres más ancianas«10. Es este profundo racismo de Darwin lo que hace constar Benjamin Farrington en »Qué Dijo Darwin Realmente« al expresar que habló mucho de »las grandes diferencias entre los seres humanos de razas distintas« en »El Origen del Hombre y la Selección Sexual«11. Por otra parte, la teoría de Darwin, que niega la existencia de Dios, ha sido la causa principal de que mucha gente no perciba que el ser humano es producto de Su creación y que todas las personas fueron, son y serán creadas en un pie de igualdad. Este fue uno de los factores que hizo que el racismo ganara fuerza y se lo aceptara aceleradamente de manera generalizada. El científico norteamericano James Ferguson pone de relieve el estricto vínculo entre la negación de la creación y la aceptación del racismo: »La nueva antropología se convirtió rápidamente en el respaldo teórico de una de las dos escuelas de pensamiento opuestas respecto al origen del ser humano. La más antigua y establecida es la que sostiene la ‘monogénesis’, es decir, la creencia en que toda la humanidad, independientemente del color de la piel y otras características, desciende directamente de Adán y del acto de creación singular y original de Dios. La monogénesis fue promulgada por la Iglesia y aceptada universalmente hasta el siglo XVIII, momento en que la oposición a la autoridad teológica empezó a fomentar la teoría rival denominada ‘poligénesis’ (es decir, la teoría de la evolución), la cual sostiene que las distintas comunidades raciales tienen desarrollos diferentes«12.La antropóloga hindú Lalita Vidyarthi explica cómo la teoría de la evolución de Darwin condujo a que el racismo sea aceptado por las ciencias sociales: »La teoría (de Darwin) de supervivencia del más apto fue recibida con entusiasmo por los científicos sociales de la época. Creían que la humanidad había atravesado varias etapas de evolución, culminando en la civilización del ser humano blanco. A mediado del siglo XIX el racismo era aceptado como una realidad por la vasta mayoría de los científicos occidentales«13. Los darwinistas posteriores a Darwin batallaron con mucho tesón con el objeto de demostrar sus ideas racistas, en nombre de las cuales no tuvieron ningún escrúpulo en elaborar incoherencias y falsedades científicas. Pensaban que cuando »las demostrasen« habrían probado »científicamente« la superioridad y »derechos« del caso, para oprimir, colonizar y, si fuese necesario, exterminar a otras razas. Stephen Jay Gould señala en el capítulo tercero de su libro »La Medición Incorrecta del Ser Humano« que algunos antropólogos no tuvieron problema en recurrir a la falsificación de sus datos para demostrar la superioridad de la raza blanca. Según Gould, el método que más utilizaron fue el de falsificar las medidas que habrían tenido los cerebros en los cráneos fosilizados encontrados. En su libro menciona que muchos antropólogos que suponían que el tamaño del cerebro tenía algo que ver con la inteligencia, exageraron intencionalmente las dimensiones de los cráneos caucásicos y redujeron de la misma manera las de los negros e indios14. Gould explica en »Después de Darwin« los increíbles supuestos que acometieron los darwinistas para demostrar que algunas razas eran inferiores: «Haeckel y sus colegas también invocaron la recapitulación (es decir, la repetición de un proceso evolutivo durante el desarrollo o crecimiento) para afirmar la superioridad racial de los europeos blancos del norte. Se valieron de las evidencias de la anatomía y comportamiento humanos, usando todo lo que pudieran encontrar desde el cerebro hasta el ombligo. Herbert Spencer escribió que »los rasgos intelectuales de los incivilizados… son rasgos recurrentes en los párvulos de las personas civilizadas«. Carl Vogt lo dijo de modo más contundente en 1864: »El desarrollo que tiene lugar en el negro en lo que hace a sus facultades mentales, es (del nivel) de un niño… Algunas tribus han fundado estados con una organización peculiar. Pero en lo que hace al resto, podemos afirmar, con toda tranquilidad, que la raza (negra) en su conjunto, ni en el pasado ni en el presente realizaron nada tendiente al progreso de la humanidad o que valga la pena preservar« »15. Y el médico anatomista francés Etienne Serres sostuvo que los machos negros eran primitivos porque sus ombligos se ubicaban en un nivel más bajo. El evolucionista Havelock Ellis, contemporáneo de Darwin, respaldó la distinción entre razas inferiores y superiores en base a algo que se pretendía »científico«: »Los niños de muchas razas africanas son poco o nada menos inteligentes que los niños europeos. Pero al desarrollarse se vuelven estúpidos y obtusos y en el conjunto de su vida social permanecen dentro de una rutina de poco vuelo, en tanto que los europeos mantienen mucho de su vivacidad de la infancia«16. El antropólogo darwinista francés Vacher de Lapouge sugirió en su obra »Race et … Essais d’Anthroposociologie« (París 1909) que las clases no blancas eran descendientes de otras salvajes que no habían sido civilizadas, o también podían ser las representantes bastardeadas de clases que mezclaron su sangre. A esa conclusión se llegó midiendo los cráneos de las clases altas y bajas en los cementerios de París, ya que esas medidas determinarían si la gente tenía la propensión a ser rica, segura de sí misma y libre, o si, por el contrario, la propensión era la de ser atrasada, contentarse con poco y la de tener las cualidades de un buen sirviente. Al ser las clases el producto de la selección social, las clases altas corresponderían a las razas superiores y el grado de riqueza estaría en proporción al índice o medida del cráneo. Más adelante Lapouge hizo una profecía: »Opino que en un futuro próximo las personas se asesinarán entre sí porque sus cabezas son redondeadas o puntiagudas«17, ¡la cual se cumplió, como veremos en detalle en las próximas páginas, y el siglo XX fue testigo de las masacres llevadas a cabo por razones racistas…! Pero el racismo no estuvo presente solamente entre los antropólogos. En esa corriente que el darwinismo había puesto en movimiento también se ubicaron los entomólogos, sosteniendo supuestos increíbles. Por ejemplo, en 1861 un entomólogo inglés llegó a la conclusión, después de recoger piojos de los cuerpos de personas que residían en distintos lugares del mundo, que los que habitaban en determinada raza humana no podían vivir en los de otra raza. Al contemplar dicho supuesto desde el nivel de la ciencia actual, no resulta más que una total ridiculez18. Si gente con el nivel de »científica« hacía esos anuncios, para nada era sorprendente que los racistas dogmáticos usasen aseveraciones completamente sin sentido, ilógicas y obtusas como la de »hasta los piojos de los negros son negros«. En resumen, el aspecto racista de la teoría de Darwin encontró campo fértil en la segunda mitad del siglo XIX porque el »hombre blanco« europeo estaba a la espera de una teoría así para justificar sus crímenes.
El Colonialismo Británico y el Darwinismo
El país que más se benefició de las ideas racistas de Darwin fue la tierra que lo vio nacer, es decir, Gran Bretaña. Cuando presentó su teoría, ésta se había convertido en el imperio colonialista número uno del mundo. Todos los recursos naturales de un área que se extendía desde la India hasta América Latina, eran explotados por el Imperio Británico. El »hombre blanco« saqueaba el mundo para su propio beneficio. Pero, por supuesto, ni Gran Bretaña ni ningún otro país colonialista quería ser visto como »saqueador« y pasar a la historia como tal. Entonces buscaron una explicación para demostrar que hacían lo correcto. El argumento a usar podía ser presentar a los pueblos colonizados como »primitivos« o considerar a sus habitantes como »criaturas parecidas a los animales«. Con eso pretendían que la gente que masacraban y sometían a tratos bestiales no sean vistas como »seres humanos«, sino como semihumanos-semianimales, motivo por el cual lo realizado no debía considerase un crimen. Esto no era algo nuevo: el primer colonialismo de amplia escala en el mundo se remonta a los siglos XV y XVI. El supuesto de que algunas razas tenían características semianimales fue expuesto por primera vez por Cristóbal Colón luego de su viaje a América. Según dicha presunción, los nativos en las Américas no eran seres humanos sino una especie de animales evolucionados. En consecuencia, podían ser puestos al servicio de los colonialistas españoles. Independientemente de que a Cristóbal Colón se lo presente como una persona humana y cariñosa con los habitantes de América, el hecho es que a los nativos no los consideraba »seres humanos«19. Cristóbal Colón fue la primera persona que inició una gran masacre en base al supuesto antedicho. A la vez que establecía colonias españolas en los lugares que descubría y sometía a servidumbre a los nativos, fue el responsable del inicio del comercio de esclavos en las tierras a las que recién arribaba. Los »conquistadores« españoles estuvieron de acuerdo con la política de opresión y explotación implementada por Colón y la continuaron: las masacres llevadas a cabo alcanzaron proporciones increíbles. Y Cortés, el más conocido de los conquistadores españoles fue la máxima expresión de esa política. La razón para que esas masacres alcanzaran semejantes proporciones estribaba en que los indígenas no eran vistos como humanos sino como animales. Pero ese antojo interesado de los colonialistas no tenía muchos sostenedores. En esa época en Europa se aceptaba ampliamente que todas las personas eran creadas en un pie de igualdad por Dios y que todos descendían de un ancestro, es decir, de Adán. Es por eso que la Iglesia Católica tenía una clara posición en contra de esas invasiones de pillaje y saqueo. Uno de los casos más conocido es el del obispo de Chiapas, Bartolomé de las Casas, quien llegó junto con Colón al Nuevo Mundo y dijo que cada nativo »era plenamente un ser humano«, en respuesta a la pretensión de los colonialistas de que era »una especie de animal«. El Papa Pablo III maldijo en una bula de 1537 el comportamiento salvaje con los nativos y declaró que se trataba de seres humanos en todos los sentidos, capacitados para aceptar la fe20. Pero la situación cambió en el siglo XIX. En paralelo a la expansión de la filosofía materialista y al desarrollo de las sociedades alejadas de la religión, comenzó a ser negada la verdad de que los seres humanos eran creaciones de Dios. Como lo mostramos en páginas anteriores, esa posición se relaciona con la renovada manifestación del racismo. Con la aparición de la filosofía materialista-darwinista en el siglo XIX, el racismo se desarrolló con más fuerza y brindó un gran apoyo al imperialismo europeo. James Joll, quien durante largos años fue profesor de historia en las universidades de Oxford, Stanford y Harvard, describe en »Europa desde 1870« —su obra principal que aún es usada como libro de texto en las casas de estudio superior— la relación ideológica entre el darwinismo, el imperialismo y el racismo: »El grupo de ideas más intensas que inspiró el concepto de imperialismo fue el que puede ser clasificado de un modo general como ‘darwinismo social’, ya que considera que las relaciones entre los estados es una lucha perpetua por la supervivencia y que algunas razas son ‘superiores’ a otras en el proceso evolutivo, proceso en el que el más fuerte tiene que defenderse por sí mismo constantemente. En sus libros »El Origen de las Especies« publicado en 1859 y »El Origen del Hombre y la Selección Sexual« publicado en 1871, el naturalista inglés Charles Darwin promovió polémicas que afectaron a muchas ramas del pensamiento europeo… Las ideas de Darwin y de algunos de sus contemporáneos como el filósofo inglés Herbert Spencer,… fueron rápidamente aplicadas a proposiciones muy alejadas de un encuadramiento científico… El elemento del darwinismo que aparecía más aplicable al desarrollo social era la creencia de que el exceso de población respecto a los medios de provisión requería una lucha continua por la supervivencia, lucha en la que se impondría el más fuerte o el más ‘apto’. A partir de ese criterio resultaba fácil que algunos pensadores sociales le den un contenido moral al concepto de ‘el más apto’, en el sentido de que las especies o razas que sobrevivían eran las habilitadas moralmente al efecto. Por lo tanto la doctrina de la selección natural podía asociarse muy fácilmente con otra serie de ideas desarrolladas por el escritor francés Count Joseph-Arthur Gobineau, quien publicó en 1853 ‘Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas’. Gobineau insistía en que el factor más importante del desarrollo era el racial y que las razas que permanecieron preponderantes fueron aquellas que mantuvieron su pureza racial intacta. En consecuencia, según Gobineau, la raza aria fue la que había sobrevivido en mejores condiciones… Fue… Houston Stewart Chamberlain quien contribuyó a llevar algunas de estas ideas a un estadio más avanzado… Hitler admiraba tanto al mencionado (Chamberlain), al punto que lo visitó en su lecho de muerte en 1927«21. Como se ha evidenciado, hay un encadenamiento ideológico que vincula a Darwin con los pensadores racistas y con los imperialistas, hasta llegar a Hitler. El darwinismo es el fundamento ideológico de ambos imperialismos: el europeo-norteamericano de los siglos XIX y XX y el nazi del siglo XX, los cuales sumergieron al mundo en un baño de sangre. Gran Bretaña obtuvo grandes beneficios del colonialismo y no veía ninguna razón que le obligue a reconocer los desastres que provocaba en aquellos que vivían bajo su férula. Un ejemplo de las sucias políticas del imperialismo británico lo encontramos en »La Guerra del Opio«, de agresión contra China. Gran Bretaña empezó a contrabandear a China el opio que crecía en la India, a partir del primer cuarto del siglo XIX. Ese contrabando se aceleró al punto que sus cuentas de comercio exterior pasaron del rojo a buenas ganancias. Por otra parte, el flujo de la droga dentro de China cumplía el efecto de debilitar la autoridad gubernamental sobre todo el territorio, lo cual llevó a esa sociedad asiática a un colapso de dimensiones tremendas. La prohibición del opio, que el gobierno chino tuvo que implementar después de un largo período de dudas, condujo a la primera Guerra del Opio (1828 - 1842). No hay ninguna duda de que esa guerra arrastró al país a la quiebra. China fue obligada a doblar la cerviz debido a la incapacidad de su ejército en cada confrontación con las fuerzas extranjeras, así como a aceptar sus demandas siempre crecientes. Lentamente los occidentales constituyeron asentamientos al interior del territorio chino a partir del año 1842. Compelieron a los chinos a entregarles grandes zonas portuarias (llamadas »concesiones«), les tomaron en alquiler los campos y les obligaron a abrir el país al mundo exterior de tal modo que ellos (los ingleses) obtendrían los mayores beneficios. Como una resultante de la pobreza en el país, la debilidad del gobierno y la lenta pérdida del territorio, los chinos se lanzaron a sucesivas rebeliones. Lo sucedido en China fue solamente parte de los resultados a los que llevaba la política británica. Como producto del imperialismo británico, a lo largo del siglo XIX en regiones tan distintas como Sudáfrica, la India y Australia, se experimentaron brutales aflicciones y opresiones. La tarea de justificar ese sistema opresor de los británicos y el intento de mostrarlo como correcto, correspondió a distintos sociólogos y científicos británicos. Y Charles Darwin fue el más importante y efectivo de ellos. Fue Darwin quien conjeturó que en el proceso de la evolución han existido »razas superiores«, que éstas fueron (siempre) »blancas« y que la opresión de los »blancos« a otros era una »ley natural«. Debido a la justificación que Darwin proveyó al colonialismo racista, el conocido científico Kenneth J. Hsü, descendiente de chinos y jefe del Departamento de Geografía del Instituto Federal Suizo de Tecnología, lo describe como »un decente científico de la Era Victoriana y miembro del establishment de una sociedad que envió embarcaciones artilladas para forzar a China por medio de la violencia a importar opio, todo lo cual se hacía en nombre de la »competencia« (es decir, el »comercio libre« y »la supervivencia del más apto«)22.
La Enemistad de Darwin Hacia los Turcos
El objetivo más importante al que apuntó el colonialismo británico a fines del siglo XIX por propia determinación, fue el Imperio Otomano. En esa época el estado otomano gobernaba una gran área que iba desde Yemen a Bosnia-Herzegovina. Pero ya le resultaba difícil controlar esa extensión territorial que había administrado hasta entonces de manera pacífica, estable y serena. Las minorías cristianas empezaron a presentarse con ideas independentistas y potencias militares como Rusia comenzaron a intimidar a los otomanos. En el último cuarto de siglo, Gran Bretaña y Francia reunieron a las fuerzas desafiantes. Los británicos pusieron los ojos en particular en las provincias otomanas del sur. El Acuerdo de Berlín, firmado en 1878, es una expresión de la decisión de los colonialistas europeos de desmembrar los territorios otomanos. Egipto, parte de ese territorio, fue ocupado por Gran Bretaña en 1882. El colonialismo británico dio inicio a sus planes para, posteriormente, tomar posesión de los territorios otomanos en Medio Oriente. Como siempre, los británicos basaron sus políticas colonialistas en el racismo. El gobierno inglés trató deliberadamente de presentar al pueblo turco —el componente básico de los otomanos— y en particular al estado otomano, como »retrógrados«. El primer ministro británico William Ewart Gladstone dijo abiertamente que los turcos eran un ejemplo de no humanos en medio del género humano, y que, en consideración de su civilización, debían hacerlos retroceder hasta las estepas asiáticas y eliminarlos de Anatolia23. Expresiones de ese tipo y otras parecidas fueron usadas durante decenios como herramienta propagandística contra los otomanos por parte del gobierno británico, quien siempre intentó retratar al pueblo turco como atrasado. En consecuencia éste tenía que inclinar la cabeza ante las razas europeas más avanzadas. El llamado »fundamento científico« de dicha propaganda fue Charles Darwin. Los comentarios de Darwin sobre el pueblo turco aparecieron en el libro »Vida y Correspondencia de Charles Darwin«, publicado en 1888. Darwin propuso que eliminando las »razas retrógradas« la selección natural jugaría el papel correspondiente en el desarrollo de la civilización. Luego dijo acerca del turco exactamente lo siguiente: »Yo podría demostrar que el combate en el proceso de selección natural ha hecho y hace más por el progreso de la civilización de lo que aparentemente ustedes están dispuestos a admitir. ¡Recuerden el riesgo que corrieron los pueblos europeos de ser dominados por los turcos hace pocos siglos, y lo ridículo que vemos esa posibilidad hoy día! Las razas llamadas caucásicas y más civilizadas han batido al turco despreciable en la lucha por la existencia. En un futuro no muy distante una innumerable cantidad de razas inferiores habrán sido eliminadas por otras superiores civilizadas en todo el mundo«24. Este desatino de Darwin fue usado como propaganda para apoyar la política británica de destrucción del Imperio Otomano. Y en verdad, fue efectiva. Lo expresado por Darwin en el sentido de que »el pueblo turco desaparecerá rápidamente pues es parte de la ley de la evolución«, facilitó el pretendido soporte científico a la propaganda británica dirigida a impulsar la enemistad hacia ellos. El deseo de los británicos dio lugar a que, en lo fundamental, en la Primera Guerra Mundial tomase vida la »profecía« de Darwin. Esa guerra gigante, que se inició en 1914, tuvo su origen en los conflictos de intereses entre Alemania y Austria-Hungría por un lado y la alianza británica, francesa y rusa por otra parte. Pero uno de los objetivos más importantes de esta contienda era dividir y destruir el Imperio Otomano. Los británicos lo atacaron desde dos frentes. El primero incluía el Canal (de Suez), Palestina e Irak, abierto con la intención de apoderarse de los territorios otomanos en el Medio Oriente. El segundo fue el de Gallípoli (Turquía), escena de una de las batallas más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. El ejército turco combatió heroicamente en Çanakkale y perdió 250 mil hombres en la resistencia a las fuerzas enemigas reunidas por Gran Bretaña. A ese frente también enviaron tropas hindúes y unidades Anzac, las cuales pertenecían a soldados de los cuerpos militares coloniales de Australia y Nueva Zelanda, considerados »superiores« a los turcos. Los ecos de la hostilidad de Darwin hacia los turcos continuaron resonando después de la Primera Guerra Mundial. Los grupos neonazis que atacan arteramente a los turcos en Europa, aún se inspiran en el estúpido absurdo darwinista mencionado. En Internet también se encuentran páginas de los racistas enemigos de los turcos. (Ver el capítulo »La Terrible Alianza entre Darwin y el Fascismo«).
El Racismo y el Darwinismo Social en Norteamérica
El Darwinismo Social proveyó apoyo no solamente a Gran Bretaña sino también a otros países imperialistas y racistas. Por esa razón se expandió rápidamente por todo el mundo. A la cabeza de quienes suscribieron dicha teoría estaba el presidente de los EEUU Theodore Roosevelt, principal propiciador e implementador del programa de limpieza étnica aplicada contra los nativos del territorio de América del Norte, lo que se hizo bajo el nombre de »reubicación obligatoria«. Roosevelt expuso los fundamentos de la ideología que respaldaba la masacre en el libro »El Vencedor del Oeste«, sosteniendo que era inevitable una guerra racial para terminar con los indios25. El mayor sustento para ello lo obtuvo del darwinismo, pues éste le dio la posibilidad de definirlos como una especie atrasada. Como ya lo tenía previsto Roosevelt, no se respetó ninguno de los tratados firmados con ellos, justificándose también ese comportamiento con la teoría de »raza atrasada«. El Congreso estadounidense desestimó en 1871 todos los tratados hechos y decidió exiliarlos a tierras yermas donde podrían esperar la muerte. Si la otra parte con la que se hicieron los tratados, es decir, los nativos, no eran percibidos como seres humanos, ¿cómo podían tener validez? Roosevelt estimó también que la mencionada guerra racial representaba el logro culminante de la expansión de los angloparlantes (anglosajones) en el mundo26. Uno de los principales proponentes del racismo anglosajón, el clérigo protestante y evolucionista Josiah Strong, empleó la misma lógica. Escribió en una oportunidad: »Entonces el mundo entrará en una nueva etapa de su historia, es decir, a la competencia final de las razas, para lo cual están siendo aleccionados los anglosajones. Si no estoy equivocado, esta raza poderosa llegará hasta México, hasta América Central, hasta Sudamérica, a las islas, a los mares, al Africa y más allá. ¿Puede alguien dudar que el resultado de esta competencia será la supervivencia del más apto?«27. Los principales racistas que usaron el Darwinismo Social para autojustificarse fueron los enemigos de los negros. Sus teóricos abrazaron con entusiasmo el concepto evolucionista, pues dividían a las razas en niveles, definiendo a la blanca como la superior y a la negra como la más primitiva(28). Henry Fairfield Osborn, figura principal entre esos teóricos racistas evolucionistas, escribió en un artículo titulado »La Evolución de las Razas Humanas«, que »El patrón de inteligencia del adulto negro promedio es similar al de un niño de once años de la especie Homo Sapiens«29. Según esa lógica, los negros no tenían, en la práctica, nada de seres humanos. Carleton Coon, otro de los más conocidos proponentes del pensamiento evolucionista racista, plantea en su libro »Los Orígenes de la Raza« publicado en 1962, que las razas blanca y negra eran dos especies distintas que se separaron una de otra en el período del Homo Erectus. Según Coon, la blanca evolucionó más después de esa separación. Los sostenedores de la discriminación de los negros emplearon esa explicación supuestamente científica durante mucho tiempo. Con la existencia de una teoría »científica« y el apoyo que le brindaba, el racismo aumentó rápidamente en los EEUU. W. E. Dubois, conocido por su oposición a la discriminación racial, dijo que »el problema del siglo XX era el de la distinción política y social entre la raza blanca y la negra«. En su opinión no era la menos importante de las paradojas que el problema del racismo hubiera emergido de un modo muy expandido en un país que quería convertirse en la democracia más grande del mundo, cosa que desde cierto punto de vista ha logrado. Pero la abolición de la esclavitud no estaba encaminada |