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EL MILAGRO EN EL ATOMO 

 

 

Es el Creador de los cielos y de la tierra.

Y cuando decide algo, le dice tan sólo:

“¡Sea!” y es

(Corán, 2:117)

 

 

 

HARUN YAHYA

 

 Fuente: www.harunyahya.com

 

 

Primera edición en turco: Noviembre de 1999, Estambul, Turquía.

Primera edición en inglés: Marzo de 2001, Londres, Gran Bretaña.

Primera edición en español: Enero de 2005,

Buenos Aires, Argentina.

Traductor del inglés al español: Abu Dharr Manzolillo.

 Todos los derechos reservados. Se prohíbe la reproducción total o parcial, por cualquier medio electrónico o mecánico, incluidos fotocopia, grabación magnetofónica y cualquier otro sistema de archivo de información, sin autorización previa y por escrito del editor.

  

Por HARUN YAHYA

www.harunyahya.com/es

 

 

INDICE

 

CAPITULO 1

La Aventura de la Formación del Atomo

CAPITULO 2

La Estructura del Atomo

CAPITULO 3

El segundo paso en el sendero que

conduce a la materıa: las moleculas

CAPITULO 4

Los Atomos Que Adquieren Vida

CAPITULO 5

El Poder de los Atomos

CONCLUSION

 

NOTAS


 

ACERCA DEL AUTOR

 

Quien ahora escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primarios y secundarios en Ankara, estudió artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y filosofía en la Universidad de Estambul. Desde el decenio de 1980 publica muchos libros sobre temas políticos, científicos y relacionados con la fe. Es una persona bien conocida como autora de importantes trabajos que revelan la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus supuestos y las tenebrosas vinculaciones entre el darwinismo y las ideologías cruentas como el fascismo y el comunismo.

Su seudónimo se compone de los nombres Harun (Aarón) y Yahya (Juan) en memoria de los dos estimados profetas que lidiaron con la falta de fe de sus pueblos. El sello usado por el Profeta de los musulmanes, poseedor de la sabiduría más elevada y de la perfección moral, que aparece en la cubierta de sus libros, es un símbolo que se relaciona con el contenido de los mismos: representa al Corán (la última Escritura) y al Profeta Muhmmad (el último de los profetas). Bajo la guía del Corán y de la Sunnah (es decir, de las enseñanzas del Profeta) el autor se propone refutar cada pilar fundamental de las ideologías ateas y quedarse con “la última palabra”, puesto que ya nadie podrá recurrir a objeciones en contra de la religión.

Todos los trabajos de Harun Yahya comparten un solo objetivo: comunicar el mensaje del Corán y animar a los lectores a considerar las cuestiones relacionadas con la fe, como ser la Existencia y Unidad de Dios, la Otra Vida, etc. Asimismo, expone los fundamentos endebles de los sistemas ateos y de las ideologías pervertidas.

Harun Yahya es muy leído en muchos países, desde la India hasta los EEUU, desde Gran Bretaña hasta Indonesia, desde Polonia hasta Bosnia, desde España hasta Brasil. Algunos de sus trabajos están disponibles en inglés, francés, alemán, español, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbocroata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.

Estos escritos son muy apreciados en todo el mundo a la vez que sirvieron y sirven para que mucha gente recupere su fe en Dios o la acreciente gracias a la reflexión. El sentido común y el lenguaje sencillo que exhiben los libros de Harun Yahya, junto con un estilo peculiar de fácil comprensión, tienen un efecto directo sobre sus lectores. Si los críticos de la religión los consideran con la debida atención, se verán imposibilitados de defender el ateísmo, cualquier otra ideología desnaturalizada o la filosofía materialista, dada la efectividad del discurso irrefutable, la destrucción inapelable de los fundamentos de los incrédulos y las conclusiones terminantes que se exponen. Pero si de todos modos persisten en sus cuestionamientos, será sólo porque añoran lo que venían planteando hasta ese momento. En resumen, gracias a la tarea de Harun Yahya todos los movimientos contemporáneos de negación de Dios son derrotados ideológicamente.

Sin duda, el autor sólo busca servir como un medio para quienes buscan el sendero recto de Dios puesto que lo que transmite es la sabiduría y lucidez del Corán. En ningún momento persigue un beneficio material con la publicación de estos trabajos.

Es inestimable el servicio prestado por quienes animan a otros a leerlos, a abrir sus mentes y corazones y a volverse más devotos siervos de Dios.

Además, propagar otros libros que crean confusión en la gente, que les conduce al caos ideológico y que no sirven en lo más mínimo para sacar las dudas de los corazones, sólo sería una pérdida de tiempo y energía. También es imposible que las obras que enfatizan la capacidad literaria del autor antes que el noble objetivo de evitar la pérdida de la fe, produzcan un efecto importante sobre la gente. Por eso, y como lo pueden comprobar, el único designio de los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores coránicos. El éxito y el impacto de este servicio se manifiesta en la convicción de sus lectores.

Hay algo que se debe tener presente: la principal razón para la crueldad, los conflictos y otros avatares sufridos por la mayoría de las personas, es el predominio de la incredulidad. La única manera de terminar con ella es derrotándola ideológicamente y transmitiendo en paralelo las maravillas de la creación y de la moral coránica para vivir de acuerdo a ella.

Si se tiene en cuenta la situación del mundo actual, metido en una espiral de violencia, corrupción y conflictos, está claro que el servicio por el que bregamos debe efectivizarse de inmediato, pues de lo contrario no habrá ninguna posibilidad de salvación. Y para ese servicio y el esfuerzo que entraña, los libros de Harun Yahya asumen un papel central. Si Dios quiere, serán instrumentos por medio de los cuales, en este siglo XXI, la gente alcanzará la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.


 

AL LECTOR

 

En esta obra como en todas las demás de su pluma, el autor trata los temas referidos a la fe a la luz de los versículos coránicos e invita a la gente a estudiarlos y vivir según los mismos. Al valerse de un estilo llano, abierto, fluido, lúcido, de rápida lectura y desprovisto de interpretaciones dudosas, cuestionables o irreverentes con lo sagrado, que podrían llevar al pesimismo y la desesperanza, permite que personas de cualquier edad o grupo social puedan comprender fácilmente lo leído y en consecuencia se afirmen decididamente sobre los pilares de un mensaje religioso prístino y no en la opinión personal de quien escribe.

De tal manera eso es así, que hasta personas que rechazaban la espiritualidad con rigor, fueron influenciadas por su discurso al no poder refutar los contenidos. Este criterio alcanza un esplendor muy particular en todo lo que atañe a las palabras de Dios.

Asimismo, está claro que la lectura o estudio en grupo es más beneficioso puesto que facilita el intercambio de reflexiones y experiencias.

Será un gran servicio al din (a la religión) contribuir a la difusión de estas obras, redactadas solamente para el agrado de Dios.

Por último, animamos al lector a revisar los tópicos de los libros cuya presentación se hace en las páginas finales de este volumen.

  
 

INTRODUCCION

 

¿Por Qué?

 

La respuesta se convierte en la llave de la puerta que conduce a un mundo completamente distinto. A la vez es una línea sutil que separa lo conocido de lo desconocido.

En el ámbito en que vivimos el género humano está ocupado en la búsqueda de respuesta a muchas preguntas del tipo “¿cómo?”, “¿para qué?”, “¿de qué modo?”, pero lo que consigue en retorno es escaso, de poca monta. Es imposible que lleguemos a la verdad esencial si primero no nos preguntamos “¿por qué?”, respecto al orden y equilibrio extraordinarios con el que interactuamos.

En este libro nos ocuparemos del “átomo”, el fundamento de todo, tanto de lo animado como de lo inanimado. Después de ver qué sucede con el átomo y de qué manera, buscaremos la respuesta a “¿por qué?”, la cual nos llevará a la verdad que perseguimos. El lugar en que la encontraremos es el Corán, la guía divina que contiene la explicación de todo.

Cientos de científicos trabajaron día y noche desde la primera mitad del siglo XIX para revelar los secretos del átomo. Esos estudios que pusieron al descubierto la forma, el movimiento, la estructura y otras propiedades del mismo, hicieron añicos los fundamentos de la física clásica --la cual asumía que la materia era una entidad sin principio ni fin-- y establecieron las bases de la física moderna. Pero también dieron lugar a muchos otros interrogantes.

En la búsqueda de respuestas a los nuevos cuestionamientos, finalmente estuvieron de acuerdo en que el átomo posee un orden perfecto, un equilibrio infalible y un diseño consciente, del mismo modo que todas las cosas del universo.

Se trata de una verdad revelada en el Corán, enviado por Dios hace catorce siglos. Como se aclara allí, el universo opera con un orden perfecto porque la Tierra, el cielo y todo lo que hay entre ellos, corresponde a la creación de Dios, Poseedor de poder y sabiduría infinitos.

Por cierto, no sorprende que al ser Dios el Creador las cosas sean excelentes y operen según un orden perfecto. Lo que sí es admirable es la tenaz insensibilidad del ser humano frente a los numerosos milagros que encuentra, ve, oye y conoce --incluido su propio cuerpo--, así como la desidia respecto a la razón de “porqué” se le hacen presentes todas esas particularidades extraordinarias.

Aunque este libro se ocupa de un tópico científico, no persigue el mismo objetivo que los libros convencionales en la materia. Se ocupa del “átomo”, es decir, el “ladrillo” singular que integra todos los objetos animados e inanimados, en base a las preguntas “¿cómo?”, “¿para qué?”, “¿de qué modo?”, con lo cual abre la puerta a la pregunta “¿por qué?”. Una vez que traspasemos esa puerta, se nos revelará la superioridad y conocimiento de Dios en Su creación:

 

Dios. No hay más dios que El, el Viviente, el Subsistente. Ni la somnolencia ni el sueño se apoderan de El. Suyo es lo que está en los cielos y en la tierra. ¿Quién podrá interceder ante El si no es con Su permiso? Conoce su pasado y su futuro (el pasado y futuro de los seres humanos), mientras que ellos no abarcan nada de Su ciencia, excepto lo que El quiere. Su Trono se extiende sobre los cielos y sobre la tierra y su conservación no le resulta onerosa. El es el Altísimo, el Grandioso (Corán, 2:255).

 


 

CAPITULO 1

LA AVENTURA DE LA FORMACION DEL ATOMO

 

El universo, cuya vasta dimensión apremia los límites de la comprensión humana, funciona sin mengua, en base a equilibrios sensibles dentro de un orden admirable. Y así ha sido desde el mismo momento en que se formó. Cómo pasó a existir, a dónde se dirige y cómo operan las leyes que mantienen el orden y el equilibrio que le son propios, han sido siempre temas de interés para personas de todas las épocas, incluida la actual. Los científicos han llevado a cabo incontables investigaciones al respecto y emitieron distintas teorías y explicaciones. Los estudiosos que consideraron el orden y el diseño en el universo por medio de la razón y de la reflexión, no tuvieron ninguna dificultad para explicar esa perfección. Es decir, resulta obvio e incontrovertible para quien medita y cavila, que Dios, el Todopoderoso Que gobierna el universo, creó ese diseño perfecto. Dios expone esa verdad manifiesta en los versículos coránicos:

En la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, ciertamente, signos paa los dotados de intelecto (Corán, 3:190).

Los científicos que ignoran la evidencia de la creación, sin embargo, tienen grandes dificultades para responder esos interrogantes interminables. En consecuencia, no vacilan en echar mano a los prejuicios y a las teorías sin fundamentos. Incluso, si se ven en apuros, hasta recurren al engaño para defender sus hipótesis totalmente opuestas a la realidad. Pero a pesar de todas esas cosas que rayan en la mala intención, el conjunto de las investigaciones científicas contemporáneas nos conducen a una sola realidad: el universo fue creado de la nada por Dios, Poseedor de una sabiduría y superioridad infinitas.

La Creación del Universo

Durante siglos los humanos buscamos explicarnos cómo pasó a existir el universo, lo que dio lugar a miles de teorías a lo largo de la historia. Pero una revisión de las mismas nos indica que todas responden en esencia a uno u otro de dos modelos diferentes: 1) el universo es infinito y no tiene comienzo. Esta hipótesis carece de sustento científico; 2) El universo fue creado de la nada. Es el que la comunidad científica reconoce hoy día como aceptable.

La primera sostiene que el universo existió y existirá siempre en su estado actual. Como dijimos, hoy día ya no es posible defenderla. Se trata de una idea elaborada por los griegos de la antigüedad que arraigó en el mundo occidental a consecuencia de que la filosofía materialista fue restaurada con el Renacimiento. Un elemento central constitutivo de dicha época es la revisión de los trabajos de los pensadores griegos antiguos. Por motivos ideológicos o políticos se tomó de los anaqueles polvorientos de la historia la filosofía materialista y el concepto de un universo infinito propio de la misma, para presentarlos como si fuesen realidades científicas.

Materialistas como Marx y Engels abrazaron con fuerza esas ideas pensando que supuestamente darían un sólido fundamento a la ideología materialista. Esto jugó un papel importante para la introducción del modelo de “universo infinito”, popular en la primera mitad del siglo XX y basamento para la filosofía materialista.

Según ese modelo, el cosmos carece de principio y fin, posee una estructura estática, no fue creado de la nada y nunca se destruirá. No obstante, el avance del conocimiento llevó a descubrir que esa teoría estaba totalmente errada y que no era demostrable científicamente. Dicho en otras palabras, el universo tuvo un comienzo y fue creado de la nada.

La idea de universo infinito ha sido siempre el punto de partida de las ideologías irreligiosas que caen en el error de negar a Dios, ya que si no tuvo un comienzo tampoco hubo un creador. Pero la investigación puso sobre el tapete pruebas concluyentes de que la argumentación materialista era inválida y que el universo tuvo un comienzo por medio de una explosión llamada Big Bang. Que algo venga de la nada tiene una sola explicación: fue creado. Es Dios Todopoderoso Quien creó el universo.

El reconocido astrónomo británico Sir Fred Hoyle estuvo entre los conmovidos por este hecho. Con su teoría del “estado estacionario” aceptaba que el universo se expandiese pero argumentaba que era infinito, sin principio ni fin. Según su criterio, mientras el universo se expande la materia se origina de manera espontánea en las cantidades requeridas. Su supuesto basado en premisas prácticamente indemostrables, iba en dirección opuesta a la teoría del Big Bang, que en aquel momento era más razonable. En función de un gran número de observaciones Hoyle y otros siguieron resistiendo la nueva teoría, pero los avances de la ciencia operaban en contra de sus posturas.

La Expansión del Universo y el Big Bang

En el siglo XX se hicieron grandes progresos en el campo de la astronomía. En primer lugar, el físico ruso Alexandre Friedmann descubrió en 1922 que el universo no tenía una estructura estática. En base a la teoría de la relatividad de Einstein calculó que hasta un impulso diminuto podría motivar que el universo se expanda o contraiga. Georges Lemaître, uno de los astrónomos belgas más conocido, fue el primero en reparar en la importancia de ese cálculo que le condujo a la conclusión de que el universo tuvo un comienzo y que desde entonces está en expansión. Lemaître planteó otro punto importante: debería haber una radiación residual dejada por la explosión que podría ser rastreada. Aunque al principio no encontró mucho apoyo en la comunidad científica, confiaba en la certeza de sus explicaciones. Y las evidencias de ello empezaron a acumularse. En esa época el astrónomo norteamericano Edwin Hubble descubrió, en sus estudios en el Observatorio Wilson del Monte California, que las estrellas emitían una luz corrida al rojo (es decir, hacia el extremo rojo del espectro). En función de ello puso en tela de juicio la teoría del estado estacionario e hizo trepidar los cimientos del modelo de universo impuesto hasta entonces.

El descubrimiento de Hubble se atenía a la regla de la física que dice que el espectro de los rayos de luz de un cuerpo que viaja hacia el punto de observación tiende hacia el violeta, en tanto que el de un cuerpo que se aleja del punto de observación tiende hacia el rojo. Por lo tanto, los cuerpos celestes observados desde el Monte California se estaban alejando de la Tierra. Mediciones posteriores revelaron que las estrellas y galaxias también se alejaban unas de otras, además de seguir distanciándose de la Tierra. Es decir, se comprobaba una vez más que el universo estaba en expansión. David Filkin relata en su libro El Universo de Stephen Hawking algo interesante al respecto:

...En el transcurso de los dos años siguientes Lemaître tuvo noticias de algo que no esperaba tan pronto: Hubble había observado que la luz de las galaxias estaba corrida al rojo. Eso significaba, de acuerdo con el efecto Doppler, que el universo se estaba expandiendo. Ahora era sólo cuestión de tiempo. Como quiera que sea, Einstein se interesó en el trabajo de Hubble y decidió visitarlo en el Observatorio del Monte Wilson. Lemaître hizo los preparativos para dar una conferencia en el Instituto Tecnológico de California y al mismo tiempo gestionó el encuentro entre Einstein y Hubble. Analizó cuidadosamente, paso a paso, su teoría del “átomo primitivo” que sugiere que el universo fue creado “un día que no tuvo ayer”. Con un esmero sin igual explicó matemáticamente lo que proponía. Einstein se puso de pie y anunció que lo que había escuchado era “la más bella y satisfactoria interpretación”, para decir más adelante que su invención de la “constante cosmológica” fue “el más grande desatino” de su vida1.

Lo que hizo que Einstein uno de los científicos más importantes de la historia-- se expresase así de inmediato, fue la certidumbre de que el universo tiene un comienzo.

Nuevas observaciones de la expansión del universo proveyeron nuevos argumentos. A partir de ello los científicos construyeron otro modelo en el que al retroceder en el tiempo el cosmos se iba contrayendo y eventualmente se convertía en un punto singular, como razonaba Lemaître. La conclusión que se derivaba de esto era que en algún momento toda la materia del universo estuvo compactada en un punto-masa singular de “volumen cero”, debido a su inmensa fuerza gravitatoria. Nuestro universo pasó a existir como resultado de la explosión que se dio en llamar “Big Bang” de ese punto-masa de volumen cero.

Esa explosión señalaba algo más. Decir que algo tiene volumen cero es equivalente a decir que es “nada”. En consecuencia el universo fue creado de esa “nada”. Además, tuvo un comienzo, lo que contrariaba la visión materialista que sostenía que “existió eternamente”.

La Evidencia del Big Bang

Una vez que se estableció que el universo empezó a formarse después de una gran explosión, los astrofísicos impulsaron más sus investigaciones. Según George Gamow, si el universo se formó en una detonación catastrófica repentina, después de ese instante debió quedar una determinada cantidad de radiación que debería ser uniforme en el mismo.

En los años siguientes del enunciado de esa hipótesis se acumularon descubrimientos que confirmaban la teoría del Big Bang. En 1965 los investigadores Arno Penzias y Robert Wilson se toparon con una forma de radiación hasta entonces inadvertida. La llamaron “radiación cósmica de fondo” y era improbable que proviniese de alguna parte del universo en particular porque resultaba extraordinariamente uniforme. No estaba localizada ni tenía una fuente definida. Por el contrario, se distribuía de modo parejo por todas partes. Enseguida se comprobó que se trataba de los vestigios del Big Bang que aún reverberaban desde el momento de la gran explosión. Gamow había estado completamente acertado porque la frecuencia de la radiación era casi la misma que la supuesta. Penzias y Wilson recibieron el Premio Nobel por su descubrimiento.

A George Smoot y su equipo de la NASA les tomó solamente ocho minutos confirmar los niveles de radiación informados por Penzias y Wilson mediante el satélite espacial COBE. Como fue predicho, los sensibles sensores a bordo que verificaron la existencia de los restos de los primeros momentos de la gran detonación, obtuvieron una nueva victoria a favor de la teoría del Big Bang y la comunidad científica se vio forzada a reconocerlo.

Otra evidencia en tal sentido tenía que ver con la relativa cantidad de hidrógeno y helio en el universo. Los cómputos revelaron que la proporción de gases hidrógeno-helio que debería existir en el universo después del Big Bang coincidía con los cálculos teóricos.

El descubrimiento de evidencias precisas hizo que el Big Bang ganase la total aprobación del mundo científico. En un artículo de la revista Scientific American de octubre de 1994, se dice que el modelo del Big Bang es el único reconocido en el siglo XX.

Entonces empezaron a aparecer las confesiones de quienes defendieron durante años el concepto de “universo infinito”. Dennis Sciama, quien había sostenido la teoría de Estado Estacionario junto con Fred Hoyle, describió el brete en el que se encontraba frente a la evidencia del Big Bang. Dijo que primero tuvo que colocarse al lado de Hoyle, pero que dado el cúmulo de evidencias tenía que admitir que la pulseada había terminado y que la teoría del estado estacionario debía ser descartada2.

Dios Creó el Universo de la Nada

Gracias a las amplias evidencias descubiertas por la ciencia, la tesis de “universo infinito” fue vapuleada y enviada al basurero de las teorías científicas. De todos modos se presentaron interrogantes más interesantes: ¿qué existía antes del Big Bang?, ¿qué fuerza provocaría la gran explosión que dio origen a este universo?

Para la primera pregunta hay una sola respuesta: Dios, el Todopoderoso, Quien creó los cielos y la tierra con un orden definido. Muchos estudiosos, creyentes o no, se ven obligados a admitir esta verdad. Aunque no lo quieren hacer sobre bases científicas, sus confesiones quedan al descubierto al leerse entre líneas. Dice el conocido filósofo ateo Anthony Flew:

La confesión, notoriamente, es buena para el alma. Por lo tanto, empiezo por confesar que el ateísmo Stratoniciano tiene que encontrarse turbado por el consenso cosmológico contemporáneo. Parece que los cosmólogos están suministrando la prueba científica de lo que Santo Tomás no pudo probar filosóficamente. Es decir, que el universo tuvo un inicio. En tanto que se pueda pensar como consuelo que el universo existe no sólo sin final sino también sin comienzo, es fácil argumentar que su existencia ilimitada y todo lo encontrado como rasgos fundamentales, debería aceptarse como la explicación última. Aunque creo que lo que digo es correcto, no resulta fácil ni consolador mantener esta posición frente a los argumentos del Big Bang3.

Otros, como el físico y materialista británico H. P. Lipson, confesaron que tuvieron que aceptar la teoría del Big Bang aunque no era de su agrado:

Si la materia viva no fue producida por la interrelación de los átomos, las fuerzas naturales y la radiación, ¿cómo pasó a existir?... Pienso, sin embargo, que debemos... admitir que la única explicación aceptable es la creación. Sé que esto es anatema para los físicos, como lo es para mí, pero no debemos rechazar lo que no nos gusta si la evidencia experimental lo respalda4.

En conclusión, la ciencia señala una sola realidad, ya sea que a los materialistas les guste o no. La materia y el tiempo fueron originados por un Creador, Quien es Todopoderoso y Quien creó los cielos y la tierra y todo lo que hay entre ellos. Ese creador es Dios Omnipotente.

Los Signos en el Corán

Además de explicar el universo, el modelo del Big Bang tiene otra implicancia importante. Como lo señala la cita de Anthony Flew antes mencionada, la ciencia ha comprobado una aseveración que hasta ahora era defendida solamente por las fuentes religiosas, es decir, la realidad de la creación del universo de la nada. Eso es lo que figura en las escrituras que sirvieron como guía para la humanidad durante miles de años. En todas ellas, como el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el Corán, se declara que el universo y todo lo que contiene, fue creado de la nada por Dios.

En la única revelación de Dios que ha sobrevivido completamente intacta, es decir, en el Corán, hay manifestaciones acerca de la creación de la nada, como así también la forma en que ello aconteció, cosa que la ciencia sugirió recién en el siglo XX, catorce siglos después.

La creación del universo de la nada es revelada en el Corán de la siguiente manera:

Creador de los cielos y de la tierra... (Corán, 6:101).

Otro punto importante revelado en el Corán catorce siglos antes del descubrimiento del Big Bang y diversos hechos relacionados, es que el universo al ser creado ocupaba un volumen muy diminuto:

¿Es que no han visto los infieles que los cielos y la tierra formaban un todo homogéneo y los separamos? ¿Y que sacamos del agua a todo ser viviente? ¿Y no creerán? (Corán, 21:20).

En el original árabe del versículo coránico mencionado, hay una elección de palabras muy importante. La palabra ratk traducida como "formando un todo homogéneo", significa "mezclado", "mixturado", en los diccionarios de la lengua árabe. Es usada para referirse a dos sustancias distintas que forman un todo. La oración "los separamos" corresponde al verbo fataka en árabe e implica que algo pasó a existir por medio de separarlo de modo violento, frenético, o destruyendo la estructura de ratk. La semilla que brota en el suelo es una de las acciones a la que se aplica este verbo.

Veamos de nuevo este versículo teniendo presente lo dicho. Los cielos y la tierra son los primeros que caen en la categoría de ratk y son separados (fataka) por medio de hacer salir a uno del otro. Los cosmólogos hablan de modo intrigante de un "huevo cósmico" que consistía en toda la materia del universo antes del Big Bang. En otras palabras, todos los cielos y la tierra estaban incluidos en dicho huevo en condición de ratk. Ese huevo cósmico explotó violentamente, lo cual llevó su materia a fataka, proceso en el que se creó la estructura de todo el universo.

El Corán se refiere a otra cosa, descubierta recién en el decenio de 1920, que podría interpretarse como la expansión del universo. El hallazgo de Hubble del corrimiento de la luz de las estrellas hacia el rojo del espectro, se revela así:

Y el cielo, lo construimos con fuerza. Y, ciertamente, asignamos (al universo) un vasto espacio (Corán, 51:47).

En resumen, los descubrimientos de la ciencia moderna apuntan cada vez más a la verdad revelada en el Corán y no respalda los dogmas materialistas. Los defensores de esos dogmas pueden suponer que todo es producto de la “casualidad”, pero el hecho manifiesto es que el universo pasó a existir como resultado de un acto de creación por parte de Dios. El único conocimiento cierto acerca del origen del universo se cimienta en las palabras de Dios reveladas a nosotros.

La Creación de la Materia Instante a Instante

Como lo demostró la teoría del Big Bang, una vez más, Dios creó el universo de la nada. Esa gran explosión involucra gradaciones y particularidades delicadas que incitan a la reflexión y abarca cuestiones que son inexplicables por medio de la casualidad.

Seguramente debieron ser valores muy precisos la temperatura en cada instante infinitesimal de la explosión, el número de partículas atómicas, las fuerzas intervinientes y sus intensidades. Si uno solo de ellos no hubiese sido el específico, no se habría constituido el universo que conocemos.

En resumen, el universo y los “ladrillos” que le dieron entidad han pasado a existir inmediatamente después del Big Bang gracias a esos equilibrios creados por Dios. Los científicos llevaron a cabo numerosas investigaciones para comprender la cronología de los sucesos que tuvieron lugar durante ese proceso y el orden de las normativas físicas que actuaron en cada fase. Todos los investigadores que trabajaron en el tema admiten de hecho lo siguiente:

Instante “0”: Es el “momento” en el que la materia y el tiempo no existían y tuvo lugar la explosión. En física se denomina tiempo ‘t’ = 0. Significa que no existía nada. Con el objeto de poder descubrir lo que sucedió en los primeros “momentos” de la creación, deberíamos conocer las normas físicas de entonces, porque las actuales no valen, no se pueden aplicar.

Los sucesos que llegan a definir los científicos comienzan a los 10-43 segundo, es decir, la unidad de tiempo más pequeña. ¿Qué sucedió en ese diminuto periodo de tiempo prácticamente inconcebible para la mente humana? Los físicos no han podido desarrollar aún una teoría que explique detalladamente los sucesos que tuvieron lugar en ese instante5.

Además, tampoco cuentan con los datos requeridos para hacer los cálculos del caso. En esos límites el campo de las normas de la materia y de la física están en un callejón sin salida. Es decir, los sucesos antes y después del primer instante de la explosión así como cada detalle imbuido en equilibrios extraordinariamente delicados, poseen una realidad más allá de los confines de la mente humana y de la física actual.

Esta creación, en su mismo comienzo, fue dando lugar, instante a instante, a la formación del universo material y de las leyes de nuestra física. Ocupémonos ahora de los acontecimientos que sucedieron con gran precisión dentro de un brevísimo tiempo durante la explosión.

Como mencionamos arriba, en física todo puede ser calculado desde 10-43 de segundo en adelante. La energía y el tiempo sólo pueden ser definidos después de ese momento. En ese punto de la creación la temperatura es de 1032 °K, es decir, 100.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 grados Kelvin. Para comparar con algo, consideremos que la temperatura del sol se expresa en cientos de millones de grados (108) y la de algunas estrellas mucho más grandes en cientos de miles de millones (1011) de grados. El hecho de que la temperatura más elevada que puede ser medida en la actualidad se limite a miles de millones de grados, revela lo elevadísimo que debió ser la temperatura a 10-43 de segundo después del Big Bang.

Si avanzamos un paso más llegamos al punto en que el tiempo (transcurrido) es de 10-37 de segundo. El lapso de tiempo entre estos dos períodos no es de 1 ó 2 segundos. Estamos hablando de lapsos de tiempo tan cortos como la trillonésima parte de un trillonésimo de segundo. La temperatura aún es extraordinariamente alta pues está en 1029 grados (100.000.000.000.000.000.000.000.000.000 grados Kelvin). En esta etapa aún no fue creado ningún átomo6.

Otro paso más y estamos en 10-2 de segundo, es decir, una centésima de segundo. Ahora la temperatura es de 100 mil millones de grados. Se comienza a formar el “universo primordial”. Todavía no aparecieron partículas como el protón y el neutrón que constituyen el núcleo del átomo. Sólo están presentes el electrón y su antipartícula, el positrón (antielectrón) porque la temperatura y velocidad del universo en ese momento sólo permiten eso. Menos de un segundo después de haber sucedido la gran explosión de la nada, se han formado los electrones y los positrones.

Desde entonces en adelante es muy importante el período de tiempo en el que se forman cada una de las partículas subatómicas, pues se presentan en un momento específico de modo que se puedan establecer las reglas de la física que conocemos. Es trascendente cuál es la partícula que se forma primero. La más leve desviación en la secuencia o regulación del tiempo, haría imposible que el universo se presentara en su forma actual.

Detengámonos aquí para razonar algunas cosas.

La teoría del Big Bang provee evidencias de la existencia de Dios por medio de exhibir que toda la materia del universo se originó de la nada. Incluso exhibe que los “ladrillos” de la materia -los átomos- pasaron a existir de la nada en menos de un segundo después del Big Bang. Es importante advertir el fabuloso orden y estabilidad que hay en esas partículas. El universo debe su actual estado a ese equilibrio, que lo describiremos mejor más adelante. Se trata de la misma armonía que nos permite vivir como lo hacemos. En resumen, el orden perfecto y las inmodificables “leyes de la física” se formaron a continuación de esa gran explosión, aunque cualquiera podría suponer de manera lógica que debería haberse creado un gran desorden y disturbio. Esto demuestra que cada instante a continuación del Big Bang -que dio comienzo al universo-, incluida la propia explosión, ha sido diseñado a la perfección.

Sigamos ahora el desarrollo de los acontecimientos desde donde habíamos quedado.

El paso siguiente es el instante en que ha transcurrido una décima de segundo. En ese momento la temperatura es de 30 mil millones de grados. Todavía no ha pasado un segundo desde el instante ‘t’ = 0 hasta esta etapa. En este período han comenzado a aparecer los neutrones y protones, las otras partículas del átomo. Se trata de estructuras perfectas que analizaremos en la secciones siguientes de este libro, las que fueron creadas de la nada en menos de un segundo.

Llegamos al primer segundo después de la explosión. La masiva densidad de la materia en este instante nos brinda una imagen colosal. Según los cálculos, el valor de la densidad (relación entre la masa y el volumen de un cuerpo) en esta fase es de 3,8 mil millones de kilogramos por litro. Aunque es fácil escribir en un papel esta cifra, resulta prácticamente imposible concebir su existencia real. Para ejemplificar de alguna manera una magnitud así, podemos decir que si el monte Everest en el Himalaya tuviese la densidad mencionada, se devoraría al mundo en un instante debido a la fuerza gravitatoria que poseería7.

La característica más distintiva de los instantes siguientes es la reducción de la temperatura a un nivel considerablemente más bajo: en un universo con una “antigüedad” de catorce segundos, la temperatura es de 3 mil millones de grados y sigue expandiéndose a una velocidad espeluznante.

Esta es la etapa donde los núcleos atómicos estables, como los del hidrógeno y del helio, han comenzado a formarse. Por primera vez se presentan las condiciones conducentes a la coexistencia del protón y el neutrón. Estas dos partículas que tienen una masa a horcajadas entre la existencia y la no existencia debido a la fuerza gravitatoria, han comenzado a resistir la tremenda velocidad de expansión. Es obvio que en todo esto hay un proceso en desarrollo consciente y controlado impresionante. Una explosión masiva da lugar a un gran equilibrio y a un orden preciso. Los protones y los neutrones han comenzado a juntarse para formar el átomo, el “ladrillo” de la materia. Por cierto, es totalmente imposible que dichas partículas tengan la capacidad y conciencia para establecer el equilibrio delicado requerido para la formación de la materia.

Durante el período siguiente la temperatura del universo ha descendido a un mil millón de grados. Equivale a más de sesenta veces la que existe en el centro del sol. Sólo han transcurrido tres minutos y dos segundos desde el Big Bang. En este período son abundantes los fotones, protones, antiprotones, neutrinos y antineutrinos, y sus cantidades e interacciones son extremadamente decisivas. Tanto es así que la más leve variación en la cantidad de una partícula determinada destruirá el nivel de energía establecido para ellas y evitará su conversión en materia.

Por ejemplo, tomemos los electrones y los positrones. Cuando ambos se juntan se produce energía. Por lo tanto es muy importante la cantidad de ambas partículas. Digamos que se encuentran diez unidades de electrones y ocho de positrones. En este caso ocho de las diez unidades de electrones interactúan con ocho unidades de positrones y producen energía. Como resultado de ello se liberan dos unidades de electrones. Puesto que el electrón es una de las partículas que forman el átomo, que a su vez es el “ladrillo” del universo, tiene que estar disponible en las cantidades requeridas en ese estado de modo que el universo pueda existir. Siguiendo con el ejemplo antedicho, si el número de positrones fuese mayor que el de electrones, entonces sobrarían ellos en vez de electrones como resultado de la energía liberada y la materia del universo no se formaría nunca. Así y todo, el exceso de electrones ha sido dispuesto de tal manera para que iguale al número de protones en el universo en el momento siguiente a ese instante. Cuando más adelante se forme el átomo, el número de electrones y protones será el mismo.

La cantidad de partículas que aparecieron después del Big Bang fueron determinadas con tal precisión, que condujo a la formación de la substancia universal. El profesor Steven Weinberg subraya lo decisiva que resulta la interacción entre esas partículas:

Si el universo en los primeros minutos hubiese estado realmente compuesto del mismo número de partículas y de antipartículas, éstas se habrían aniquilado mientras la temperatura descendía por debajo de un mil millón de grados y no quedaría nada excepto la radiación. Hay una muy buena evidencia de que había una diferencia: ¡Nosotros estamos aquí! Debe haber existido algún exceso de electrones sobre positrones, de protones sobre antiprotones y de neutrones sobre antineutrones, con el objeto de que quedase un resto que proveyese la materia del universo actual después de la aniquilación de las partículas y antipartículas8.

Ya han pasado 34 minutos y 40’ segundos desde el principio. El universo tiene una edad de algo más de media hora. La temperatura ha descendido a 300 millones de grados. Los electrones y positrones continúan produciendo energía a consecuencia de que colisionan entre ellos. En este período las cantidades de partículas que van a formar el universo se han equilibrado para permitir que se constituya la materia.

Una vez que descendió la velocidad producto de la explosión, esas partículas, casi carentes de masa, comienzan a interactuar entre sí. Se origina el primer átomo de hidrógeno por medio de colocarse un electrón en la órbita de un protón. Con esta configuración se establece la base de las fuerzas fundamentales que encontraremos normalmente en el universo.

No cabe la más mínima duda de que estas partículas con estructuras distintas y descansando en equilibrios extremadamente delicados, son el producto de un diseño más allá de la comprensión humana y no se han reunido o juntado por casualidad para operar hacia la misma meta. Esta perfección conduce a los investigadores a una conclusión muy importante: se trata de una “creación” y existe una supervisión sin igual de cada instante de la misma. Se supone que cada partícula que es creada después de la explosión se forma en un tiempo específico, a una temperatura específica y a una velocidad específica. Parece que este sistema que funciona casi como un reloj, ha sido programado y puesto a punto con mucho cuidado antes de entrar en actividad. Esto significa que el Big Bang y el universo perfecto que originó, han sido diseñados antes del comienzo de la explosión y controlados después de producirse.

Por cierto, la voluntad que hace los aprestos, los diseños y controles del universo es Dios, el Creador de todo.

Dicho diseño se observa no sólo en el átomo sino en todo objeto del cosmos, grande o pequeño. Esas partículas que inicialmente salían disparadas y se estrellaban entre sí dieron lugar a la formación de los átomos, moléculas, planetas, estrellas, sistemas solares, galaxias, quasars, etc., según un plan magnífico con un orden y equilibrio perfectos. En tanto que es imposible que las partículas que forman un átomo se reúnan por casualidad y establezcan armonías delicadas, sería mucho más irrazonable e ilógico suponer que los planetas, las galaxias y, en resumen, todos los sistemas que hacen al funcionamiento del universo, se formasen por casualidad y desarrollasen los equilibrios por sí mismos. La voluntad que da lugar a este diseño singular es la de Dios, el Creador de todo.

Otros átomos se formaron después del hidrógeno, lo cual por sí mismo es un milagro. Aquí se nos vienen a la mente varios interrogantes: ¿Cómo se formaron otros átomos? ¿Por qué todos los protones y neutrones no formaron solamente átomos de hidrógeno? ¿Cómo decidieron las partículas qué átomos formarían y en qué cantidades? Las respuestas a estas preguntas nos llevan nuevamente a la misma conclusión. En la formación del átomo de hidrógeno y todos los demás que le siguieron hay un gran poder, control y diseño, los cuales exceden la capacidad de la mente humana y señala, obviamente, que el universo es una “creación” superior. Las leyes de la física que se establecieron a consecuencia del Big Bang, no se han modificado en absoluto durante los aproximadamente 17 mil millones de años transcurridos. Por otra parte, esas leyes se basan en cálculos precisos. Incluso una desviación milimétrica de los valores actuales hubiese resultado en un desbarajuste de la estructura y orden general del cosmos.

Es realmente interesante lo que dijo al respecto el conocido físico y profesor Stephen Hawkins. Explica que estos fenómenos se fundamentan en cálculos mucho más refinados que lo que podemos imaginar:

Si la velocidad de la expansión un segundo después del Big Bang hubiese sido menor, incluso en 1 x 10-17, el universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado nunca su tamaño actual9.

El Big Bang, construido en base a cálculos tan excelentes, revela evidentemente que el tiempo, el espacio y la materia no pasaron a existir de modo espontáneo sino que fueron creados por Dios. Es absolutamente imposible que los sucesos descritos se hayan formado como resultado de la casualidad y que sea ésta la que origine el átomo, el “ladrillo” del universo.

No sorprende para nada que muchos científicos que trabajan en este tema hayan aceptado la existencia de una fuerza infinita y su autoridad en la creación del universo.

El conocido astrofísico Hugh Ross explica que el Creador está más allá de todas las dimensiones:

Por definición, el tiempo es esa dimensión en la que tienen lugar los fenómenos causa-efecto. Si el tiempo no existe, tampoco la causa y el efecto. Si el comienzo del tiempo es concurrente con el comienzo del universo, como dice el teorema de espacio-tiempo, entonces la causa del universo debe ser alguna entidad que opera en una dimensión temporal totalmente independiente y preexistente a la dimensión tiempo del cosmos... Ello nos dice que el Creador es trascendente, que opera más allá de los límites dimensionales del universo. Nos dice que Dios no es el universo ni está contenido en él10.

El aspecto más importante del Big Bang es que le da a la humanidad la posibilidad de comprender mejor la potestad de Dios. El origen del universo a partir de la nada, con toda la materia que contiene, es uno de los mejores signos de la supremacía de Dios. El delicado equilibrio en la energía en el instante de la explosión es un signo muy extraordinario que nos dirige a pensar sobre el conocimiento infinito de Dios.

 

 

Las Fuerzas Fundamentales en el Universo

Mencionamos antes que las leyes de la física universal se originaron después del Big Bang. Se basan en las “cuatro fuerzas fundamentales”, como las conoce la física moderna actual. Se formaron junto con las primeras partículas subatómicas en instantes específicos elegidos, como consecuencia inmediata del Big Bang, para constituir el orden y sistema del universo. La interacción en el cosmos de esas fuerzas es lo que permite la existencia de los átomos, constituyentes de la materia. Se las denomina:

1) fuerza de atracción de masa o fuerza gravitatoria;

2) fuerza electromagnética;

3) fuerza nuclear fuerte;

4) fuerza nuclear débil.

Cada una posee intensidad y campo de impacto distintos. Las fuerzas nucleares fuerte y débil operan solamente a escala subatómica. Las otras dos gobiernan el ensamblaje de los átomos o, en otras palabras, de la “materia”. El orden tan preciso en la Tierra es el resultado de la delicadísima proporción o armonía entre las fuerzas mencionadas. Una comparación entre ellas brinda una conclusión muy interesante. Toda la materia que fue creada y dispersada en el conjunto del universo después del Big Bang, fue formateada por medio del efecto de esas fuerzas con amplísimas diferencias ente ellas. Podemos observar las sorprendentes diferencias que existen entre sus valores, los que indicamos abajo según las normas internacionales:

Estas fuerzas fundamentales permiten la formación de la materia que compone el universo a través de una distribución perfecta de potencias entre ellas, distribución que se basa en un equilibrio tan delicado como para producir el efecto debido sobre las partículas, solamente gracias a esas proporciones particulares.

 

1. La Potencia Gigantesca en el Núcleo: La Fuerza

 Nuclear Fuerte

Hasta ahora venimos viendo cómo fue creado el átomo instante a instante y los delicados equilibrios que lo permitieron. Vimos que todo lo que nos rodea y nosotros mismos estamos constituidos por átomos, los cuales a su vez están compuestos de muchas partículas. ¿Cuál es la fuerza que mantiene juntas a todas las partículas que forman el núcleo del átomo? Esa fuerza definida por las leyes de la física como la más potente y que mantiene la integridad del núcleo es la fuerza nuclear fuerte.

Asegura que los protones y los neutrones en el núcleo del átomo permanezcan juntos y así se forma éste. Es tan potente que los protones y neutrones casi llegan a ligarse, motivo por el cual a estas partículas diminutas se las llama “gluones”, en el sentido latino de “aglutinar” (es decir, se trata de partículas subatómicas “aglutinantes”). El vigor de esa unión se gradúa de un modo muy delicado. Su intensidad ha sido dispuesta específicamente, de forma que los protones y los neutrones mantengan entre ellos cierta distancia. Si esta fuerza hubiese sido levemente más potente, los protones y neutrones habrían colisionado entre sí. Y si hubiese sido levemente más débil, se habrían dispersado. Posee el justo grado requerido para la formación del núcleo del átomo después de los primeros segundos del Big Bang.

Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki sirvieron para comprobar lo destructiva que es la fuerza nuclear fuerte una vez que se libera. Lo único que a la bomba atómica la hace tan potente es la liberación de pequeñas cantidades de esa fuerza encerrada en el núcleo del átomo. Luego veremos esto más detalladamente.

 

2. El Cinturón de Seguridad del

 Atomo: la Fuerza Nuclear  Débil         

Uno de los factores más importantes que permiten mantener la estabilidad de la Tierra es la armonía dentro del átomo, pues asegura que las cosas no se desintegren repentinamente o emitan radiaciones dañinas. La “fuerza nuclear débil” es la responsable de este equilibrio entre protones y neutrones en el núcleo del átomo. Esta fuerza juega un papel importante en el mantenimiento del equilibrio del núcleo que contiene alto número de neutrones y protones.

Mientras ese equilibrio se mantiene, si hace falta, un neutrón puede transformarse en un protón. Puesto que entonces se modifica la cantidad de protones al final del proceso, también lo hace el átomo y se convierte en otro distinto sin desintegrarse, lo que resulta muy significativo. Es decir, se trata de un proceso que opera como un cinturón de seguridad al impedir que las partículas se dispersen sin control y pongan en peligro especialmente a los organismos vivos.

 


 

3. La Energía Que Mantiene a los Electrones en Orbita: la Fuerza Electromagnética

El descubrimiento de esta fuerza fue el anuncio de una nueva época en el mundo de la física. Se comprendió que cada partícula tiene una “carga eléctrica” de acuerdo con sus propias características estructurales y que entre ellas existe una fuerza. Esta fuerza hace que las cargas opuestas se atraigan y las iguales se repelan. Esto asegura que los electrones orbiten a los protones en el núcleo por medio de la atracción que se produce entre ellos. Es así como “núcleo” y “electrones”, los dos elementos básicos del átomo, permanecen juntos.

La más leve modificación en el vigor de la fuerza electromagnética haría que los electrones se apartaran rápidamente del núcleo o que cayeran dentro del mismo. En ambos casos se tornaría imposible la existencia del átomo y por lo tanto de la materia del universo. No obstante, desde el primer instante en que se formó esta fuerza los protones del núcleo atrajeron a los electrones con la potencia exactamente requerida para la formación del átomo gracias, precisamente, al valor de la fuerza electromagnética.

 

4. La Fuerza Que Impide que el Universo se Disperse: la Fuerza de Gravedad

Aunque se trata de la fuerza que percibimos de modo rutinario, también es de la que menos sabemos. Conocida generalmente como “gravedad”, en realidad se denomina “fuerza de atracción de masa”. Si bien es menos potente que las otras, es por medio de ella que las grandes masas se atraen entre sí. Es la responsable de que las galaxias y las estrellas permanezcan en sus órbitas. La Tierra y demás planetas mantienen sus respectivas órbitas alrededor del sol y nosotros podemos caminar sobre la superficie del planeta gracias a la misma. Si cambiase en algo su característica todos los cuerpos celestes se saldrían de sus órbitas y nosotros nos dispersaríamos por el espacio o, a la inversa, las estrellas se atraerían unas a otras hasta colisionar, los planetas se precipitarían dentro del sol y nosotros seríamos empujados hacia el centro de la Tierra. Esto que puede parecer una posibilidad muy remota sería inevitable si la fuerza de gravedad modificase sus valores actuales aunque más no sea por un lapso de tiempo muy breve.

Todos los que se ocupan de este tema admiten que los valores de las fuerzas fundamentales están determinados con gran precisión y son decisivos para la existencia del universo.

Al referirse a esto dice el conocido biólogo molecular Michael Denton en su libro Cómo las Leyes de la Biología Revelan la Intención en el Universo:

Por ejemplo, si la fuerza gravitatoria fuese un billón de veces más fuerte, entonces el universo sería muchísimo más pequeño y la historia de su vida muchísimo más corta. Una estrella promedio tendría una masa un billón de veces menor que el sol y un lapso de vida de alrededor de un año. Por otra parte, si la gravedad hubiese sido más débil, nunca se hubiesen formado las estrellas o las galaxias. Los demás valores y relaciones no son menos decisivos. Si la fuerza nuclear fuerte hubiese sido levemente inferior, el único elemento estable sería el hidrógeno. No podría existir ningún otro átomo. Si hubiese sido levemente superior en relación al electromagnetismo, el rasgo estable del universo sería un núcleo atómico consistente en dos protones solamente. Eso significaría que no existiría el hidrógeno y que si se generase alguna estrella o galaxia serían muy distintas a lo que son ahora. Está claro que si esas distintas fuerzas y constantes no tendrían los valores precisos que poseen, no existirían las estrellas, las supernovas, los planetas, los átomos ni la vida11.

El conocido físico Paul Davies expresa su admiración por los valores predeterminados de las leyes físicas universales:

Cuando se avanza en el estudio de la cosmología, la incredulidad crece más. Los recientes descubrimientos acerca del cosmos primitivo nos obligan a aceptar que el universo en expansión ha sido puesto en movimiento con la cooperación de una precisión asombrosa12.

El diseño supremo y el orden perfecto prevalecen en todo el universo construido en base a las fuerzas fundamentales mencionadas. Quien estipuló ese orden es, sin lugar a dudas, Dios, el creador de todo sin tacha y de la nada. Dios, el Señor de los Mundos, mantiene a las estrellas en sus órbitas con la más débil de las fuerzas, y retiene el núcleo del diminuto átomo con la más potente de las fuerzas. Todas éstas actúan de acuerdo con las “medidas” que El ha determinado. En uno de sus versículos Dios se refiere al orden en la creación del Universo y a los equilibrios establecidos con toda exactitud:

 

Quien posee el dominio de los cielos y de la tierra, no ha adoptado un hijo, ni tiene asociado en el dominio , lo ha creado todo y lo ha determinado por completo (Corán, 25:2).

 

¿Qué es lo que hace que veamos distintos los objetos que nos rodean? ¿Qué es lo que les da distintos colores, formas, olores y sabores? ¿Por qué una substancia es dura, otra blanda y otra más fluida? Según lo leído hasta ahora podemos responder: “la diferencia entre sus átomos es lo que hace posible esas cosas”. Pero esta respuesta no es suficiente, porque si esa fuese la única causa deberían existir miles de millones de átomos con propiedades distintas. No pasa por ahí la respuesta. Muchos materiales que se ven diferentes y tienen propiedades distintas, contienen no obstante los mismos átomos. La respuesta a las preguntas anteriores hay que buscarla por el lado de la forma en que se enlazan los átomos para constituir moléculas.

En el camino de la constitución de la materia y después de la formación del átomo, el paso siguiente lo ocupan las moléculas. Se trata de las unidades más pequeñas en la determinación de las propiedades químicas de la materia. Aunque diminutas, pueden estar integradas por dos átomos o más, algunas con miles de ellos. Estos permanecen juntos dentro de las moléculas por medio de los enlaces químicos establecidos por la fuerza de atracción electromagnética. Es decir, los enlaces se forman sobre la base de las cargas eléctricas de los átomos, las que son determinadas por los electrones de su orbital más exterior. Las distintas combinaciones de las moléculas dan lugar a la diversidad de materia que vemos alrededor de nosotros. De aquí la importancia de los enlaces químicos.

 

Enlaces Químicos

Como explicamos antes, dichos enlaces se forman a través del movimiento de los electrones en el orbital más exterior de los átomos. Estos tienden a llenar ese orbital con la máxima cantidad de electrones, cediéndolos o tomándolos. El máximo posible es de ocho. Para hacer esto, el átomo recibe electrones de otro átomo para completar su “capa” más externa con ocho electrones, o si tiene en su nivel más exterior mucho menos de ocho electrones, entonces él los da a otro átomo, quedando entonces con orbitales completos. La tendencia de los átomos a intercambiar electrones suministra el ímpetu motivador básico del enlace químico que se presenta entre ellos.

Esa fuerza que los impulsa a elevar al máximo el número de electrones en su orbital más externo, hace que se formen tres tipos de enlaces: el iónico, el covalente y el metálico.

Las uniones especiales a las que se denomina “enlaces débiles”, por lo general actúan entre moléculas. Son más débiles que las existentes entre los átomos que constituyen las moléculas porque éstas necesitan estructuras más flexibles para formar la materia.

Veamos de modo resumido las propiedades de esos enlaces y cómo se forman.

 

 

Enlaces Iónicos

Los átomos que se combinan por medio de enlaces iónicos, intercambian electrones para completar ocho en sus orbitales más externos. El que tiene hasta cuatro electrones en su “capa” más externa, los pasa al que tiene más de cuatro electrones también en el orbital más externo y que es con el que se va a combinar, es decir, con el que se va a enlazar. Las moléculas formadas por este tipo de enlace poseen estructuras cristalinas (tridimensionales). La sal de mesa común (NaCl) se cuenta entre las sustancias así formadas. ¿Por qué los átomos tienen esa tendencia? ¿Qué sucedería si no la tuviesen?

Hasta la actualidad sólo se puede definir en términos generales el porqué de los enlaces formados por los átomos. Aún no se comprende a qué se debe que los átomos adhieran a dicho principio. ¿Será posible que los átomos decidan por sí mismos que en su orbital más externo deben tener ocho electrones? Definidamente no. Se trata de un comportamiento tan decisivo que evidentemente se ubica más allá del átomo porque éste no tiene intelecto, voluntad o conciencia. Esa cantidad de ocho es la clave en la combinación de los átomos para constituir moléculas, es decir, el paso siguiente en la creación de la materia y, en consecuencia, del universo íntegro. Si los átomos no tuviesen esa tendencia basada en el principio mencionado, no existirían las moléculas y por ende tampoco la materia. Pero desde el momento en que fueron creados y gracias a dicha inclinación, los átomos han estado sirviendo en la formación de las moléculas y de la materia de una manera perfecta.

 

 

Enlace Covalente

Los científicos que estudiaron los enlaces entre los átomos enfrentaron una situación interesante. Mientras algunos de éstos cedían o tomaban electrones para enlazarse, algunos compartían los de sus orbitales más externos. Una investigación más avanzada reveló que muchas moléculas decisivas para la vida deben su existencia a esos enlaces denominados covalentes.

Veamos un ejemplo simple para entenderlo mejor. Como ya mencionamos, los átomos pueden tener un máximo de dos electrones en su orbital más cercano al núcleo. El átomo de hidrógeno tiene un solo electrón con la tendencia a tener dos para convertirse en estable. En consecuencia el átomo de hidrógeno constituye un enlace covalente con otro átomo de hidrógeno. Es decir, los dos átomos de hidrógeno comparten el electrón solitario como un segundo electrón. Así se forma la molécula H2.

 


 

Enlace Metálico

Si un gran número de átomos se acercan por medio de compartir electrones, a eso se lo denomina “enlace metálico”. Metales como el hierro, el cobre, el zinc, el aluminio, etc., que forman la materia prima de muchas herramientas e instrumentos que vemos o usamos diariamente, han adquirido un cuerpo tangible y substancial como resultado de ese tipo de enlace que forman los átomos que los constituyen.

Los científicos no pueden responder porqué los electrones de esos átomos tienen dicha propensión. Lo que resulta más interesante es que los organismos vivos deben su existencia a esa tendencia.

El Paso Siguiente: Los Compuestos

¿Desea saber cuántas combinaciones pueden formar estos enlaces? En los laboratorios se producen nuevos compuestos todos los días. En la actualidad es posible hablar de unos dos millones de ellos. El compuesto químico más simple puede ser tan pequeño como la molécula de hidrógeno, pero también hay otros integrados por millones de átomos27.

¿Cuántos compuestos diferentes puede formar como máximo un elemento? La respuesta a esta pregunta es realmente interesante, porque, por una parte, hay algunos que no interactúan con otros (gases inertes), mientras que, por otra parte, tenemos el átomo de carbono que puede formar hasta 1.700.000 compuestos. Como dijimos arriba, la cantidad total de compuestos es de unos 2.000.000. 108 elementos de un total de 109, forman 300.000 compuestos. Pero el carbono solo forma, sorprendentemente, 1.700.000 compuestos.

 

El “Ladrillo” de la Vida: el Atomo de Carbono

El carbono es el elemento más esencial para los seres vivientes porque todos ellos están integrados por compuestos de carbono. Harían falta muchísimas páginas para describir las propiedades del átomo de carbono, extremadamente importante para nuestra existencia, aunque la ciencia de la química aún no ha podido descubrir todos sus atributos. Aquí mencionaremos solamente algunos de los más significativos.

Estructuras tan diversas como la membrana celular, los cuernos del alce, el tronco del pino, la lente del ojo y el veneno de la araña, se forman de compuestos de carbono. Combinado con el hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno en muy distintas cantidades y disposiciones geométricas, se presenta en una inmensa variedad de materiales con aptitudes muy distintas. ¿De dónde obtiene el carbono la capacidad para formar alrededor de 1.700.000 compuestos?

Una de sus cualidades más extraordinarias es la de formar cadenas con gran facilidad alineándose uno a continuación del otro. La cadena de carbono más corta está integrada por dos átomos de carbono. Aunque no se dispone de una cifra exacta de cuántos son los que integran la cadena más larga, podemos hablar de una con alrededor de 70 enlaces. La posición excepcional del carbono se puede comprender si consideramos que fuera de éste, el elemento que forma una cadena más larga es el silicio con 6 enlaces28.

La razón por la que el carbono posee esa capacidad de formar cadenas con tantos enlaces estriba en no son exclusivamente lineales. Pueden ser ramificadas o constituir polígonos. Y la forma que adopte es muy importante.

Por ejemplo, si en dos compuestos de carbono los átomos se combinan de manera diferente, se forman dos sustancias disímiles, lo cual es decisivo para la vida.

Algunas moléculas de compuestos de carbono consisten en unos pocos átomos. Otras contienen miles o incluso millones. Ningún otro elemento es tan versátil como el carbono para formar moléculas muy durables y estables. Dice David Burnie en su libro La Vida:

El carbono es un elemento poco común. Sin su presencia y sus propiedades extraordinarias, lo más probable es que no hubiese existido la vida sobre la Tierra29.

Respecto a la importancia del carbono para los seres vivientes, escribe el químico británico Nevil Sidgwick en Los Elementos Químicos y Sus Compuestos:

El carbono es único entre los elementos por la cantidad y variedad de compuestos que puede formar. Ya han sido aislados y descritos más de 250.000, pero aún tenemos una idea muy imperfecta de sus atributos, puesto que es el fundamento de todas las formas de la materia viviente30.

La clase de compuestos constituidos exclusivamente de carbono e hidrógeno se llama “hidrocarburos”. Configura una gran familia que incluye el gas natural, el petróleo, el kerosene y los aceites lubricantes. Los hidrocarburos etileno y propileno conforman la base de la industria petroquímica. Hidrocarburos como el benceno, el tolueno y la trementina son familiares para quienes trabajan con pinturas. La naftalina que protege nuestras ropas de las polillas también es un hidrocarburo. Combinado con cloro o flúor da lugar a anestésicos, a productos usados en los extintores de fuego y a los freones que se emplean en refrigeración.

Como dijo el químico Sidgwick, la mente humana no llega a comprender toda la potencialidad de este átomo que sólo tiene seis protones, seis electrones y seis neutrones. Es imposible que se dé por casualidad, aunque más no fuese, una sola de las propiedades de este átomo esencial para la vida.

Dios creó y abarca el átomo de carbono y todo lo demás, de manera perfectamente apropiada, en beneficio de los seres vivientes.

De Dios es lo que está en los cielos y en la tierra. Dios todo lo abarca (Corán, 4:126).

 

Enlaces Intermoleculares: Enlaces Débiles

Los enlaces que combinan los átomos en las moléculas son mucho más fuertes que los enlaces intermoleculares. Estos últimos pueden ayudar a la formación de millones e incluso de miles de millone