Portada | Almadrasa | Foros | Revista | Galería | Islam | Corán | Cultura | Poesía | Andalus | Biblioteca | Enlaces | Tienda

 

 

 

MILAGROS DEL CORÁN

 

 

 

Verdaderamente él (el Corán) es una revelación

que hizo descender el Señor de los mundos.

(Corán 26:192)

 

 

 

HARUN YAHYA

 

 Fuente: www.harunyahya.com


 

Índice

 

Primera Parte: Milagros científicos del Corán

Introducción

El origen del Universo

La expansión del Universo

La separación en partes de “los cielos y la tierra”

La redondez de la Tierra

El techo protegido

El cielo que retorna

Las capas de la atmósfera

La función de las montañas

El movimiento de las montañas

El milagro del hierro

La relatividad del tiempo

La proporción de lluvia

La formación de la lluvia

Los vientos fecundantes

Los mares no se mezclan entre sí

Tinieblas en los océanos y las olas internas

La región cerebral que controla nuestros movimientos

El nacimiento de un ser humano

Una gota de semen

El semen como mezcla de distintos componentes

El sexo de la criatura concebida

El “coágulo” que cuelga del útero

El revestimiento de los huesos con músculos

Tres etapas de oscuridad del feto en el útero

La leche materna

La identidad en las huellas dactilares

La miel de la abeja hembra

El milagro de la miel

Los corazones se sosiegan con la remembranza de Dios

 

Segunda Parte: Información sobre el futuro en el Corán

Introducción

La victoria de los bizantinos

La conquista de La Meca

La tribu de Israel se llenará de una gran soberbia

La exploración del espacio

Los modernos medios de transporte

La tecnología aeronáutica

 

Tercera Parte: Milagros Históricos del Corán

La palabra “Haman” en el Corán

Títulos de los gobernantes egipcios en el Corán

El Profeta Moisés y el ahogamiento de Faraón en el mar

El período de las calamidades y la necedad del faraón

Hallazgos arqueológicos de la ciudad de Iram

El pueblo de Saba y la inundación de Arim

Hallazgos arqueológicos sobre el pueblo de Zamud

 

Conclusión: El Corán es la Palabra de Dios

 

Cuarta Parte: El engaño del evolucionismo

Introducción

El colapso científico del darwinismo

La primera etapa insuperable: el origen de la vida

“La vida proviene de la vida”

Esfuerzos que no convencen en el siglo XX

La compleja estructura de la vida

Los mecanismos imaginarios de la evolución

El impacto de Lamarck

El neodarwinismo y las mutaciones

Restos fósil: no hay rastros de formas intermedias

Las esperanzas de Darwin se hicieron pedazos

El cuento de la evolución humana

La tecnología presente en el ojo y el oído

¿A quién pertenece la conciencia que ve y escucha dentro del cerebro?

Una fe materialista

 

 

 


 

Primera Parte:

Milagros científicos del Corán

 

 

Introducción

 

Hace catorce siglos Dios reveló el Corán a la humanidad como un libro guía, y exhortó a la gente a aferrarse a él para ser conducidos hacia la verdad. Como se lee en el versículo: “Pero no es [el Corán] sino un Recordatorio para todos los mundos” (Sura al-Qalam [68]: 52), desde el día de su revelación hasta el Día del Juicio, este último libro divino permanecerá como la única guía para la humanidad.

El lenguaje y estilo inigualables del Corán, así como la sabiduría que encierra, constituyen una evidencia incontrastable de que es la Palabra de Dios. Además, él posee muchos atributos milagrosos que prueban que es la Palabra de Dios. Uno de ellos es el hecho de que cierto número de verdades científicas —que sólo ha sido posible descubrir con la tecnología del siglo XX— aparecen ya enunciadas en el Corán hace 1400 años.

El Corán no es, desde luego, un libro científico. No obstante, muchos datos científicos, expresados de una manera extremadamente concisa y profunda en sus versículos, sólo han sido descubiertos recientemente con la tecnología disponible en los siglos XX y XXI. Se trata de hechos que no podían conocerse en la época de su revelación, y ello constituye una prueba más de que el Corán es la Palabra de Dios.

Para comprender el milagro científico del Corán primero debemos echar una mirada al estado de la ciencia en la época en que se reveló.

Cuando el Corán fue revelado, en el siglo VII, la sociedad árabe tenía muchas supersticiones y creencias sin fundamentos en lo que se refiere a temas científicos. Careciendo de tecnología para examinar el universo y la naturaleza esos árabes primitivos creían en leyendas heredadas de pasadas generaciones. Pensaban, por ejemplo, que las montañas sostenían el cielo encima de sus cabezas. Creían que la tierra era plana y que había enormes montañas en sus dos extremos. Se pensaba que esas montañas eran pilares que mantenían elevada la bóveda celeste.

No obstante, todas esas creencias supersticiosas de la sociedad árabe fueron eliminadas con el Corán. En la Sura Al-Ra’d, versículo 2, dice: “Dios es quien elevó los cielos sin pilares visibles” (Corán, 13:2). Este versículo invalidó la creencia de que el cielo se mantiene elevado gracias a las montañas. En muchos otros temas se revelaron hechos importantes en una época en que nadie podría haberlos conocido. El Corán, revelado en una época en que la gente sabía muy poco sobre astronomía, física o biología, contiene datos claves sobre diversos temas tales como la creación del universo, la conformación del ser humano, la estructura de la atmósfera y el delicado equilibrio que hace posible la vida sobre la tierra.

Veamos juntos ahora algunos de estos milagros científicos revelados en el Corán.

 

 

El origen del Universo

 

El origen del universo es descripto en el Corán en el siguiente versículo:


 

“El es el Originador de los cielos y la tierra...” (Corán 6:101).

 

Esta información suministrada por el Corán está en un todo de acuerdo con los descubrimientos de la ciencia contemporánea. Como dijimos antes, la conclusión a la que la astrofísica ha llegado actualmente es que la totalidad del universo, junto con las dimensiones de materia y tiempo, se manifestaron como resultado de una gran explosión que ocurrió fuera del acontecer temporal. Este evento, conocido como el Big Bang, demuestra que el universo fue creado de la nada como resultado de la explosión de un solo punto.

Antes del Big Bang no existía lo que denominamos materia. Desde una condición de no-existencia en la cual ni la materia, ni la energía, ni incluso el tiempo existían, y que sólo puede describirse metafísicamente, materia, energía y tiempo fueron creados en un instante. Este hecho, descubierto sólo recientemente por la física moderna, nos fue anunciado en el Corán hace 1400 años.

 

 

La expansión del Universo

 

En el Corán, revelado hace 14 siglos en una época en que la ciencia astronómica era todavía muy primitiva, la expansión del universo está descripta de esta forma:

 

“Nosotros hemos construido el cielo con fuerza, y ciertamente lo estamos expandiendo” (Corán 51:47)

 

La palabra “cielo”, como figura en el versículo anterior, es utilizada en varios lugares del Corán con el significado de espacio y universo. Aquí se utiliza con este sentido y estableciendo que el universo se “expande”. Y esta es precisamente la conclusión a la cual ha llegado la ciencia actualmente.

Hasta principios del siglo XX la opinión prevaleciente en el ámbito científico era que “el universo posee una naturaleza constante y ha existido desde siempre”. No obstante las investigaciones, observaciones y cálculos realizados con la tecnología moderna han revelado que el universo de hecho tuvo un comienzo y que está constantemente “expandiéndose”.

A comienzos del siglo XX, el físico ruso Alexander Friedmann y el cosmólogo belga Georges Lemaitre calcularon teóricamente que el universo está en constante movimiento y que se está expandiendo.

Este hecho fue probado también mediante observaciones directas en 1929. Observando el cielo con un telescopio, Edwin Hubble, el astrónomo americano, descubrió que las estrellas y galaxias están constantemente separándose unas de otras. Un universo en donde todo está constantemente separándose de lo demás implica un cosmos en expansión. Las observaciones realizadas en los años siguientes corroboran que el universo está expandiéndose constantemente. Este hecho fue explicado en el Corán cuando todavía era desconocido para todos. Y ello porque el Corán es la Palabra de Dios, el Creador y Soberano del universo todo.

 

 


 

La separación en partes de “los

cielos y la tierra”

 

Otro versículo sobre la creación de los cielos es el siguiente:

 

“No ven los incrédulos que los cielos y la tierra estaban unidos (formando un todo homogéneo, una unidad de creación) [ratq] y los separamos; e hicimos del agua toda cosa viviente. ¿Es que no creerán? (Corán 21:30).

 

La palabra ratq traducida como “unidos”, “cosidos” significa “mezclados, combinados” según los diccionarios árabes. Se utiliza para referirse a dos sustancias diferentes que conforman un todo. La frase “los separamos” es el verbo fataqa en árabe, e implica algo que se produce como resultado de descombinar o separar la estructura de cosas que estaban unidas entre sí. Una de las acciones a las cuales se aplica este verbo es al brote de un vástago del suelo por la germinación de una semilla.

Miremos de vuelta el versículo teniendo en mente esta información. En el texto el cielo y la tierra están en principio sujetos al estado de “ratq”. Son separados luego saliendo uno del otro. Y sorprendentemente, cuando consideramos los primeros momentos del Big Bang, encontramos que toda la materia del universo estaba reunida en un solo punto. En otras palabras, todo, incluyendo “los cielos y la tierra” que todavía no habían sido creados, estaban entrelazados, combinados en una condición inseparable. Entonces este punto explotó violentamente provocando que su materia se desuniera.

 

 

La redondez de la Tierra

 

“El ha creado los cielos y la tierra en verdad. El enrolla (envuelve) la noche en el día, y envuelve el día en la noche” (Corán 39:5).

 

Las palabras utilizadas en el Corán para describir el universo son realmente notables. El término árabe que se traduce aquí como “enrollar” (o “envolver”) es takwir. En español significa “hacer que una cosa sea envuelta por otra, plegándola como si fuera una tela extendida” (Por ejemplo, en los diccionarios árabes, esta palabra es utilizada para la acción de enrollar una cosa alrededor de otra, en la forma en que se arma un turbante).

La descripción que da el versículo sobre el día y la noche envolviéndose mutuamente implica una información precisa sobre la forma del mundo. Esto sólo puede ser verdad si la tierra es redonda. Lo cual significa que en el Corán, revelado en el siglo VII, la redondez de la tierra se encontraba ya insinuada.

Es preciso no olvidar que la comprensión que en esa época se tenía de la astronomía concebía al mundo de manera diferente. Se pensaba al mundo como una superficie plana y todos los cálculos y explicaciones científicas se basaban en esta convicción. No así el Corán, que siendo la Palabra de Dios, utiliza términos más precisos cuando se ocupa de describir el universo. Comunicó así estos hechos, que recién se convalidaron en siglos recientes, hace más de 1400 años.

 

 


 

El techo protegido

 

Dios llama nuestra atención en el Corán sobre un importante atributo del cielo:

 

“Hemos hecho del cielo un techo protegido, pero no obstante ellos se desvían de Nuestros Signos” (Corán 21:32).

 

Esta propiedad del cielo ha sido descubierta por la ciencia en el siglo XX. La atmósfera que rodea la tierra cumple funciones importantes en la conservación de la vida. Al destruir por la fricción muchos meteoros, grandes y pequeños, que se aproximan a la tierra, impide que estos lleguen al suelo y dañen a los seres vivientes.

Además, la atmósfera filtra las radiaciones provenientes del espacio exterior que son perjudiciales para los seres vivos. La característica más sorprendente de la atmósfera es que sólo permite que pasen a través de ella radiaciones inocuas y útiles, como la luz visible, la radiación ultravioleta de baja longitud de onda y las ondas de radio. Toda esta radiación es vital para la vida. La radiación ultravioleta de baja longitud de onda, que la atmósfera deja entrar solo parcialmente, es muy importante para la fotosíntesis de las plantas y para la supervivencia de todos los seres vivos. La mayoría de la radiación ultravioleta intensa emitida por el sol es filtrada por la capa de ozono de la atmósfera, y sólo una parte limitada —y esencial— de su espectro alcanza la tierra.

La función protectora de la atmósfera no termina allí. Protege también a la tierra del intenso frío del espacio exterior, que alcanza los -270° C. Y no sólo la atmósfera protege la tierra de efectos dañinos. Aparte de ella el cinturón de Van Allen, una capa originada por el campo magnético de la tierra, sirve también como escudo contra la radiación perjudicial que amenaza nuestro planeta. Esta radiación, emitida por sol y otras estrellas, es mortal para los seres vivos. Si el cinturón de Van Allen no existiera, los masivos estallidos de energía llamados erupciones solares, que ocurren frecuentemente en el sol, destruirían toda la vida en la tierra.

El Dr. Hugh Ross ha dicho sobre la importancia de los cinturones de Van Allen en nuestras vidas: “De hecho la tierra tiene mayor densidad que cualquiera de los planetas del sistema solar. Su gran núcleo de hierro-níquel es la causa de nuestro gran campo magnético. Este campo magnético produce el escudo de radiación de Van Allen que protege a la tierra del bombardeo de radiación. Si este escudo no estuviera presente, la vida en la Tierra no sería posible. El único planeta rocoso —aparte de la Tierra— que tiene un campo magnético similar es Mercurio, pero la fuerza de su campo es 100 veces inferior al de la Tierra. Incluso Venus, planeta hermano de la Tierra, carece de campo magnético. El escudo de radiación de Van Allen es un diseño único para la tierra” (1).

La energía liberada solamente por una de estas erupciones solares detectada en años recientes fue calculada como equivalente a la explosión de 100 mil millones de bombas atómicas como la arrojada sobre Hiroshima. Cincuenta y ocho horas después de la erupción se pudo observar que las agujas de las brújulas realizaban movimientos inusuales y que la temperatura a 250 km por encima de la atmósfera se elevaba a 2500° C.

En resumen: hay un sistema perfecto funcionando a gran altura encima de la Tierra, rodea a nuestro mundo y lo protege de amenazas externas. Y hace ya muchos siglos Dios nos informó en el Corán de que la atmósfera del mundo funcionaba como un escudo protector.

 

 


 

El cielo que retorna

 

En el Corán el versículo 11 de la Sura Al-Târiq [86] se refiere a la función “retornadora” del cielo:

 

“¡Por el cielo y sus sistemas cíclicos [raÿ‘]!” (Corán 86:11).

 

La palabra interpretada como “cíclico” [raÿ‘] en las traducciones del Corán tiene también los significados de “devolver” y “retornar”.

Como es sabido la atmósfera que rodea la tierra está compuesta de muchas capas. Cada capa cumple un rol fundamental en beneficio de la vida. Las investigaciones han revelado que estas capas tienen la función de retornar los materiales o radiaciones a que están expuestas, sea al espacio exterior o de vuelta a la tierra, actuando como una “pantalla”. Veamos ahora algunos pocos ejemplos de esta función “retornadora” de las capas que circundan la Tierra.

La troposfera, ubicada en la zona que va de los 13 a los 15 km. por encima del suelo, permite que el vapor de agua que se eleva de la superficie de la tierra se condense y retorne en forma de lluvia.

La capa de ozono, ubicada en la parte inferior de la estratosfera a una altitud de unos 25 km., refleja la radiación nociva y la luz ultravioleta proveniente del espacio devolviéndola hacia el vacío exterior.

La ionosfera, refleja las señales de radio provenientes de la tierra, devolviéndolas hacia el suelo desde gran altura, exactamente como lo haría un satélite de comunicaciones estacionario, y de esta forma hace posibles la comunicación inalámbrica y las emisiones de radio y televisión a grandes distancias.

La magnetosfera rechaza hacia el espacio exterior los rayos cósmicos y la radiación nociva emitida por el Sol y otras estrellas antes de que alcancen la superficie de la Tierra.

Esta propiedad de las capas de la atmósfera, que sólo se ha descubierto en años recientes, fue anunciada hace siglos por el Corán, demostrando de nuevo que es la Palabra de Dios.

 

 

Las capas de la atmósfera

 

Un dato sobre el universo revelado en los versículos del Corán es que el cielo tiene siete capas:

 

“El es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra. Luego se ocupó del cielo y lo dispuso en siete cielos. El conoce todas las cosas” (Corán 2:29).

 

“Luego se dirigió al cielo, cuando era humo. [...] Y en dos días determinó que fueran siete cielos, y le inspiró a cada cielo su mandato (función)...” (Corán 41:11-12).

 

La palabra “cielo/s” [samâ’ / samâwât], que aparece en muchos versículos del Corán, es usada tanto para referirse al cielo por encima de la tierra, como al universo en su totalidad. Dándole a la palabra el primer sentido, se deduce que el cielo de la tierra, o atmósfera, está compuesta por siete capas. Y efectivamente, hoy se sabe que la atmósfera de la tierra está compuesta de siete capas superpuestas (2). Definiciones basadas en criterios que consideran la composición química o la temperatura del aire han determinado siete estratos en la atmósfera de la tierra (3). Según el “Limited Fine Mesh Model” (LFMMII), un modelo atmosférico utilizado para predecir condiciones climáticas por 48 horas, la atmósfera también tiene 7 capas. Para las modernas definiciones meteorológicas las siete capas o estratos de la atmósfera son los siguientes:

1. Troposfera

2. Estratosfera

3. Mesosfera

4. Termosfera

5. Exosfera

6. Ionosfera

7. Magnetosfera

Otro milagro importante a destacar es el mencionado en la afirmación: “y le inspiró a cada cielo su mandato (función)”, del versículo 12 de la sura Fussilât [sura 41] ya citada. En otras palabras, Dios manifiesta que le asignó a cada cielo su propio deber. Y ciertamente, como vimos en los acápites previos, cada una de estas capas cumple funciones vitales para beneficio del género humano y de otros seres vivientes en la Tierra. Cada estrato tiene una función particular, que va desde la formación de la lluvia hasta proteger de radiaciones nocivas, desde reflejar ondas de radio hasta evitar los efectos perjudiciales de los meteoritos.

Los versículos citados a continuación nos informan sobre el aspecto de estos estratos atmosféricos:

 

“¿No habéis visto como Dios creó siete cielos en capas [tibâqan]? (Corán, Sura Noé, 71:15).

 

“El que creó los siete cielos en capas...” (Corán, Sura Al-Mulk, 67:3).

 

Es un milagro extraordinario que estos hechos, que no podían descubrirse si no era con la tecnología del siglo XX, fueran formulados explícitamente por el Corán 1400 años atrás.

 

 

La función de las montañas

 

El Corán nos llama la atención sobre la importante función geológica de las montañas:

 

“Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente enclavadas para que no se mueva debajo de ellos” (Corán, 21:31).

 

Como podemos ver en el versículo se afirma que las montañas tienen la función de prevenir movimientos sísmicos. Este hecho era totalmente desconocido en la época en que el Corán fue revelado. Es algo que salió a la luz recientemente debido a los hallazgos de la geología moderna.

Según estos descubrimientos las montañas emergen como resultado del movimiento y colisión de enormes placas tectónicas que conforman la corteza terrestre. Cuando dos placas chocan la más fuerte se desliza debajo de la otra, y la que queda encima se pliega y forma alturas y montañas. La capa inferior sigue avanzando debajo del suelo y se extiende a gran profundidad. Consecuentemente, como afirmamos recién, las montañas tienen una parte que se extiende hacia abajo, tan grande como su parte visible encima del suelo.

En un texto científico se describe la estructura de las montañas como sigue:

“Donde los continentes son más gruesos, como en las cordilleras, la corteza se hunde más profundamente en el manto” (4).

En un versículo este rol de las montañas es descripto comparándolo con “estacas”.

 

“¿No hemos hecho de la tierra lecho y de las montañas estacas?” (Corán 78:6-7).

 

Dicho en otras palabras, las montañas “remachan” las placas en la corteza terrestre que se extienden por encima y por debajo de la superficie, fijándolas en los puntos de conjunción de las mismas. De esta forma fijan la corteza terrestre e impiden la fluctuación a la deriva sobre la capa de magma o entre las placas. Sintéticamente podríamos asemejar a las montañas con los clavos que mantienen unidas piezas de madera.

Esta función fijadora de las montañas es descripta en la literatura científica con el término “isostasia”. Isostasia es: “...el equilibrio general en la corteza terrestre mantenido por el libre flujo de material rocoso debajo de la superficie bajo presión gravitacional” (5).

Este rol vital de las montañas, descubierto por la geología moderna y la investigación del fenómeno sísmico, fue revelada en el Corán hace siglos como un ejemplo de sabiduría suprema en la creación de Dios.

 

“Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente enclavadas para que no se mueva debajo de ellos” (Corán, 21:31).

 

 

El movimiento de las montañas

 

Se nos informa en un versículo del Corán que las montañas no están inmóviles como parecen, sino que están en constante movimiento.

 

“Verás pasar a las montañas, que tú creías inmóviles, como pasan las nubes...” (Corán 27:88).

 

Este movimiento de las montañas es provocado por el desplazamiento de la corteza terrestre sobre la cual están ubicadas. La corteza terrestre “flota” sobre la capa del manto, que es más densa. Recién a comienzos del siglo XX, por primera vez en la historia, un científico alemán de nombre Alfred Wegener (1880-1930) sugirió que los continentes de la Tierra debieron estar todos unidos cuando se formaron al principio, y que luego flotaron a la deriva en diferentes direcciones separándose unos de otros.

Recién en la década de 1980 los geólogos comprendieron que Wegener tenía razón, 50 años después de su muerte. Como Wegener señalaba en un artículo publicado en 1915, la masas continentales de la tierra estaban unidas hace unos 500 millones de años. Este enorme continente emergido, que llamó Pangea, estaba ubicado en el Polo Sur.

Hace aproximadamente 180 millones de años Pangea se dividió en dos partes que derivaron en diferentes direcciones. Uno de estos continentes gigantes era Gondwana, que incluía Africa, Australia, Antártida e India. El otro era Laurasia, que incluía a Europa, América del Norte y Asia con excepción de India. Durante los siguientes 150 millones de años, siguiendo con su separación, Gondwana y Laurasia se dividieron en partes más pequeñas.

Estos continentes que surgieron luego de la división de Pangea han estado moviéndose constantemente sobre la superficie de la tierra a razón de varios centímetros por año, cambiando al mismo tiempo los mares y las proporciones de la Tierra.

Descubierto gracias a las investigaciones geológicas emprendidas a comienzos del siglo XX, este movimiento de la corteza terrestre es explicado por los científicos como sigue:

“La corteza y la parte más elevada del manto, con un espesor de unos 100 km, se divide en segmentos llamados placas. Hay seis placas mayores y varias menores. Según la teoría llamada ‘tectónica de placas’, estas placas se desplazan sobre la tierra arrastrando consigo a los continentes y al lecho oceánico. El movimiento de los continentes ha sido estimado de entre 1 y 5 cm por año. A medida que avanza el movimiento de las placas esto produce un lento cambio en la geografía terrestre. Cada año, por ejemplo, el Océano Atlántico se vuelve un poco más ancho” (6).

Hay un punto muy importante para destacar aquí: Dios se refiere al movimiento de las montañas como un movimiento de arrastre y a la deriva (al compararlo con el paso de las nubes). Hoy día la ciencia moderna también usa el término “deriva de los continentes” para referirse a este movimiento (7).

 

 

El milagro del hierro

 

El hierro es uno de los elementos puestos de relieve en el Corán. En la Sura Al-Hadid —que significa “hierro”— se nos informa:

 

“...Y hemos hecho descender el hierro que encierra una gran fuerza y tiene muchos usos para los hombres...” (Corán, 57:25).

 

Respecto de la expresión “hecho descender” utilizada en particular para el hierro en este versículo, podría pensarse que tiene un significado metafórico para explicar que éste fue manifestado para beneficiar a la gente. Pero cuando tomamos en consideración el significado literal de la palabra (anzala), que es: “hacer descender físicamente algo del cielo”, como ocurre en el caso de la lluvia y los rayos solares, nos damos cuenta que este versículo implica un notable milagro científico.

Esto debido a que los modernos hallazgos astronómicos han descubierto que el hierro presente en nuestro mundo proviene de estrellas gigantes del espacio exterior (8).

No solamente el hierro presente en la Tierra, sino también el que se encuentra en todo el sistema solar, proviene del espacio, porque la temperatura del Sol es insuficiente para la formación de este elemento. El hierro solo pudo producirse en estrellas mucho más grandes que el Sol, donde las temperaturas alcanzan solo unos pocos cientos de millones de grados. Cuando la cantidad de hierro excede de cierto nivel en una estrella, ésta ya no puede alojarlo y, eventualmente, explota provocando lo que se conoce como una “nova” o “supernova”. Como resultado de esta explosión los meteoros que contienen hierro se esparcen por todo el universo, y se mueven por el vacío hasta que son atraídos por el campo gravitatorio de un cuerpo celeste.

Esto muestra que el hierro no se forma en la tierra, sino que es proyectado en forma de meteoritos por estrellas que explotan, y luego “desciende” a la tierra exactamente de la misma forma como se manifiesta en el versículo. Queda claro que este hecho no podía ser conocido a nivel científico en el siglo VII, cuando el Corán fue revelado.

 

 

La relatividad del tiempo

 

Actualmente la relatividad del tiempo es un hecho científico comprobado. Fue descubierta por la teoría de la relatividad de Einstein en los primeros años del siglo XX. Hasta ese momento la gente no sabía que el tiempo era un concepto relativo, y que podía cambiar según condiciones del entorno. El famoso científico Einstein lo demostró públicamente con la teoría de la relatividad, que muestra que el tiempo depende de la masa y de la velocidad. En la historia de la humanidad nadie había expresado con claridad este hecho anteriormente. Con una excepción: ¡el Corán incluía información sobre el carácter relativo del tiempo! Algunos versículos sobre el tema afirman:

 

“Un día con tu Señor es como mil años de los que contáis” (Corán 22:47)

 

“El dispone en el cielo todo lo de la tierra. Luego todo ascenderá a El en un día cuya duración es como mil años de los que contáis” (Corán 32:5).

 

“Los ángeles y el Espíritu ascienden hasta El en un día cuya duración es de cincuenta mil años” (Corán 70:4).

 

En algunos versículos se indica que la gente percibe el tiempo de manera diferente, y que algunas veces las personas pueden percibir como un período de larga duración lo que es sólo un corto lapso de tiempo. La siguiente conversación de la gente durante su juicio en el Más Allá es un buen ejemplo de esto:

 

“El dirá: ‘¿Cuántos años habéis permanecido en la tierra?’ Ellos responderán: ‘Hemos permanecido un día o parte de un día. ¡Interroga a los encargados de contar!’ Dirá: ‘No habéis permanecido sino poco tiempo, si hubierais sabido...” (Corán 23:112-114).

 

El hecho de que la relatividad del tiempo esté tan claramente enunciada en el Corán, que comenzó a ser revelado en el 610 d.C., es otra evidencia de que es un Libro sagrado.

 

 

La proporción de lluvia

 

Uno de los datos que suministra el Corán sobre la lluvia consiste en que ella es derramada sobre la tierra en una medida definida. Esto se menciona en la Sura Zujruf (El lujo) en estos términos:

 

“Es El quien hace descender agua del cielo en una medida definida, y con ella revivimos una tierra muerta. Del mismo modo se os hará surgir (de la muerte el día de la resurrección)” (Corán 43:11).

 

Esta medida global de la lluvia también ha sido descubierta por las investigaciones modernas. Se estima que en un segundo se evaporan de la superficie de la tierra aproximadamente 16 millones de toneladas de agua. En un año el número asciende a 513 billones de toneladas de agua, y esta equivale a la cifra de la cantidad de la lluvia que cae sobre la tierra en el mismo período anual. Esto significa que el agua circula continuamente en un ciclo equilibrado, según una “medida” definida. La vida sobre la tierra depende de este ciclo del agua. Aunque los hombres utilizaran toda la tecnología disponible hoy día en el mundo serían incapaces de reproducir este ciclo artificialmente.

Incluso un pequeño desvío en este equilibrio provocaría rápidamente un grave desajuste ecológico que pondría fin a la vida sobre la tierra. No obstante esto nunca ocurre, y la lluvia continúa cayendo cada año exactamente en la misma proporción tal cual fue revelado en el Corán.

 

 

La formación de la lluvia

 

El proceso de formación de la lluvia fue un gran misterio durante largo tiempo. Sólo después que se inventara el radar meteorológico fue posible descubrir las distintas fases en la formación de la lluvia. Según las investigaciones la formación de la lluvia se produce en tres etapas. En primer lugar la “materia prima” de la lluvia asciende en la atmósfera impulsada por el viento. Luego se forman las nubes, y por último aparecen las gotas de lluvia.

El relato coránico sobre la formación de la lluvia se refiere exactamente a este proceso. En un versículo se describe el proceso de la siguiente manera:

 

“Dios es quien envía los vientos que levantan las nubes y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia. Cuando la derrama sobre aquellos que El quiere de Sus siervos, he aquí que estos se regocijan” (Corán 30:48).

 

Examinemos ahora más técnicamente las distintas etapas delineadas en el versículo.

Primera etapa: “Dios es quien envía los vientos...”.

Innumerables burbujas que se forman en los océanos están constantemente estallando y provocando así que minúsculas partículas de agua sean proyectadas hacia la atmósfera. Estas partículas, ricas en sales, son transportadas por los vientos y ascienden en la atmósfera. A dichas partículas se las denomina aerosol (dispersión coloidal de un sólido o líquido en un gas), y funcionan como trampas de agua que forman nubes de gotas juntando alrededor suyo vapor de agua que asciende desde los océanos en forma de diminutas gotitas.

Segunda etapa: “...y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros...”.

Las nubes están formadas por vapor de agua que se condensa alrededor de cristales de sal o partículas de polvo en el aire. Debido a que las gotitas de agua en estas nubes son diminutas (tienen un diámetro que oscila entre 0,01 y 0,02 mm) es que ellas pueden mantenerse suspendidas en el aire y dispersarse por el cielo. Así es como el cielo se cubre de nubes.

Tercera etapa: “...y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia...”.

Las minúsculas partículas de agua que rodean a los cristales de sal y a las partículas de polvo se condensan y espesan formando las gotas de lluvia que, al volverse más pesadas que el aire, dejan las nubes y caen al suelo en forma de aguacero.

Como vemos cada etapa en la formación de la lluvia está descripta claramente en el Corán. Y más aún, esas etapas están explicadas exactamente en su correcta secuencia. Igual que con muchos otros fenómenos naturales que se producen sobre la tierra, Dios da también respecto de éste la explicación más correcta, dándola a conocer a la gente en el Corán siglos antes de que el hombre la descubriera.

En otro versículo se da la siguiente información sobre la generación de la lluvia:

 

“¿No ves que Dios empuja las nubes y las agrupa, y, luego, forma pilas (nubarrones), y entonces ves salir la lluvia de ellas? El hace descender del cielo montañas (de nubes) en las cuales hay granizo, azotando con él a quien El quiere, y desviándolo de quien El quiere. El resplandor de su relámpago casi deja sin vista” (Corán 24:43).

 

Estudiando los tipos de nubes los científicos se han topado con sorprendentes resultados en lo referente a la formación de las nubes de lluvia. Estas se forman según un sistema y etapas definidas. Las etapas de la formación de los cumulonimbos (o cumulus nimbus), un tipo de nube de lluvia, son las siguientes:

1ª Etapa: Desplazamiento: las nubes son transportadas, esto es, empujadas por el viento.

2ª Etapa: Unión: las nubes pequeñas (cumulus), llevadas por el viento, se unen formando una nube más grande (9).

3ª Etapa: Apilamiento: cuando las nubes pequeñas se unen, las corrientes ascendentes dentro de la nube más grande se incrementan. Las corrientes ascendentes cerca del centro de la nube son más fuertes que las cercanas a los bordes, y esto provoca que el cuerpo de la nube crezca verticalmente, y así se apila hacia arriba. Este crecimiento vertical provoca que el cuerpo de la nube se estire hacia regiones más frías de la atmósfera, donde comienzan a formarse gotas de agua y granizo que crecen más y más. Cuando estas gotas de agua y granizo se vuelven demasiado pesadas para ser sostenidas por las corrientes ascendentes, comienzan a desprenderse de la nube en forma de lluvia, granizo, etc. (10).

Debemos recordar que los meteorólogos sólo recientemente han descubierto estos detalles sobre la formación de las nubes, su estructura y función, y esto gracias a la utilización de equipos modernos como aviones, satélites, computadoras, etc. Resulta evidente que Dios nos ha dado en esto una información que no podía conocerse 1400 años atrás.

 

 

Los vientos fecundantes

 

El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:

 

“Nosotros enviamos los vientos fecundadores, y así hacemos descender agua del cielo con que os damos de beber...” (15:22).

 

En este versículo se señala que la primera etapa en la formación de la lluvia le corresponde al viento. Hasta principios del siglo XX la única relación entre el viento y la lluvia era la ya conocida, que el viento empujaba las nubes. Sin embargo los modernos hallazgos en meteorología han demostrado el rol “fecundante” del viento en la formación de la lluvia.

Esta función fecundante del viento opera de la siguiente forma:

En virtud de la capacidad de generar espuma que tiene el agua se forman en la superficie de los océanos innumerables burbujas que, al estallar, liberan en el aire minúsculas partículas, con un diámetro de un centésimo de milímetro. Estas partículas, conocidas como “aerosoles”, se mezclan con el polvo arrastrado de la tierra por el viento, y son transportadas a las capas superiores de la atmósfera. En esas regiones elevadas donde son trasladadas por el viento las partículas entran en contacto con vapor de agua. Ese vapor se condensa alrededor de esas partículas y se convierte en gotitas de agua. Estas gotitas de agua primero se juntan formando nubes y luego caen al suelo en forma de lluvia.

Como puede verse los vientos “fecundan” el vapor de agua que flota en el aire con las partículas que arrastran desde el mar y eventualmente coadyuvan a la formación de las nubes de lluvia.

Si los vientos no poseyeran esta propiedad jamás se formarían las gotitas de agua en la atmósfera superior, y no existiría algo como la lluvia.

El punto más importante aquí es que este rol crítico del viento en la formación de la lluvia fue expuesto hace siglos en un versículo del Corán, en una época en que la gente sabía muy poco sobre los fenómenos naturales.

 

 

Los mares no se mezclan entre sí

 

En un versículo del Corán se describe una propiedad de los mares que sólo ha sido descubierta recientemente:

 

“Ha dejado fluir a los dos mares, para que converjan, pero los separa una barrera que no rebasan” (Corán 55:19-20).

 

Esta propiedad de los mares, que pese a estar en contacto entre sí no se mezclan, ha sido descubierta sólo recientemente por los oceanógrafos. En virtud de una propiedad física llamada “tensión superficial”, las aguas de mares vecinos no se mezclan. Esta tensión superficial, provocada por la diferencia de densidad de sus aguas, impide que éstas se mezclen, exactamente como si hubiera una delgada pared entre ellas (11).

Es notable que en una época en que la gente no tenía conocimientos de física, de la tensión superficial o de la oceanografía, este hecho fuera revelado en el Corán.

 

 

Tinieblas en los océanos y las olas internas

 

“O (el estado de los impíos) es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes. Tinieblas sobre tinieblas. Si extendiera su mano apenas la distinguiría. A quien Allah no le da luz no tendrá ninguna luz” (Corán 24:40).

 

En la obra “Océanos” se describe el ambiente general de los mares en los siguientes términos: “La oscuridad en lo profundo de mares y océanos se encuentra alrededor de los 200 m y por debajo de esta marca. A esa profundidad casi no hay luz. Por debajo de los 1000 metros no hay luz en absoluto” (12).

Actualmente conocemos la estructura general del mar, las características de los seres vivos que lo habitan, su salinidad, así como la cantidad de agua que contiene, su profundidad y superficie. Los submarinos y otros equipamientos especiales desarrollados por la moderna tecnología han permitido a los científicos obtener esta información.

El ser humano es incapaz de sumergirse más de 70 metros sin la ayuda de equipos especiales. No puede sobrevivir en absoluto en las partes profundas de mares u océanos a profundidades tales como 200 metros. Es por esta razón que sólo recientemente los científicos han descubierto estos datos sobre los océanos. Y no obstante ello, la información de que lo profundo del océano está en tinieblas fue suministrada por el Corán hace 1400 años. Y por cierto es uno de los milagros del Corán que tal dato fuera aportado en una época en que el hombre no disponía de equipos para sumergirse en las profundidades del mar.

Por otro lado, la afirmación del mismo versículo 40 de la Sura Al-Nur “...es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes...” llama nuestra atención sobre otro milagro del Corán.

Recientemente los científicos han descubierto que hay olas internas en el mar, que “se producen en la superficie de separación entre dos capas de diferente densidad”. Estas olas internas cubren el agua profunda de los mares y océanos porque ella tiene una mayor densidad que el agua que está por encima. Las olas internas actúan como las olas de la superficie, y pueden romper igual que lo hacen estas últimas. Si bien no pueden ser vistas por el ojo humano estas olas internas pueden ser detectadas estudiando los cambios de temperatura o salinidad en un lugar determinado (13).

Las afirmaciones del Corán tienen un absoluto paralelismo con la explicación que acabamos de suministrar. Sin investigar, uno sólo puede ver las olas en la superficie del mar. Es imposible que alguien supiera que existen olas internas por debajo de la superficie del mar. Y no obstante, en la Sura Al-Nur, Dios llama nuestra atención sobre otro tipo de olas que se producen en la profundidad de los océanos. Por cierto que este hecho, que los científicos han descubierto muy recientemente, muestra una vez más que el Corán es la Palabra de Dios.

 

 

La región cerebral que controla

nuestros movimientos

 

“Lo agarraremos por un mechón de su frente, de su frente mentirosa y pecadora” (Corán 96:15-16).

 

La expresión “frente mentirosa y pecadora” en el versículo citado es muy interesante. Investigaciones realizadas en años recientes revelaron que el área prefrontal, que es responsable de la administración de funciones particulares del cerebro, reside en la parte frontal del cráneo. Recién en los últimos 60 años los científicos descubrieron las funciones de esta área, algo que el Corán señaló hace 1400 años atrás. Si miramos dentro del cráneo a la altura de la frente en la cabeza encontramos allí el área frontal del cerebro. Un libro titulado “Principios de Anatomía y Fisiología”, que incluye los resultados de las últimas investigaciones sobre las funciones de esta región del cerebro, señala: “La motivación y la previsión para planear e iniciar movimientos se ubica en la porción anterior de los lóbulos frontales, en el área prefrontal. Esta es una región de asociación de la corteza...” (14).

El libro también dice: “En relación a su involucramiento con la motivación, se piensa también que el área prefrontal contiene el centro funcional para la agresión...” (15).

En suma, esta área del cerebro es responsable de la planificación, la motivación y el inicio tanto del comportamiento bueno como del pecador, y también es responsable de decir mentiras o la verdad. Es claro que la afirmación “frente mentirosa y pecadora” se corresponde completamente con las explicaciones recién suministradas. Este hecho, que los científicos han descubierto en los últimos 60 años, fue expresado por Dios en el Corán hace varios siglos.

 

 

El nacimiento de un ser humano

 

En el Corán se mencionan muchos y diversos temas para invitar a la gente a la fe. Dios pone como evidencia para los hombres a veces los cielos, y otras los animales o las plantas. En muchos versículos se invita a los seres humanos a reflexionar sobre su propia creación. Se les recuerda cómo vinieron al mundo, por que etapas han pasado, y cual es su esencia:

 

“Nosotros os hemos creado. ¿Por qué pues no aceptáis la verdad? ¿Os habéis fijado en lo que eyaculáis? ¿Lo creáis vosotros o somos Nosotros los creadores?” (Corán 56:57-59).

 

En muchos otros versículos se hace hincapié en el aspecto milagroso de la creación del hombre. Algunos ítems de la información contenida en esos versículos son tan detallados que es imposible que alguien que vivía en el siglo VII pudiera conocerlos. He aquí algunos:

1. El ser humano no es creado de la totalidad del semen sino de una muy pequeña porción de él (el espermatozoide).

2. Es el varón el que define el sexo de la criatura concebida.

3. El embrión humano se adhiere al útero de la madre como una sanguijuela.

4. El embrión se desarrolla en tres regiones oscuras en el útero.

Los ítems de información que se acaban de citar están muy por encima del nivel de conocimientos y comprensión de la gente que vivía en la época de la revelación del Corán. Han sido verificados por la ciencia del siglo XX y solamente gracias a la tecnología disponible en esta época.

Analicémoslos ahora uno por uno.

 

Una gota de semen

Los espermatozoides emprenden un viaje en el cuerpo de la madre hasta alcanzar el óvulo. Solamente un millar de los 250 millones de espermatozoides eyaculados consiguen alcanzar el óvulo. Al final de esta carrera de pocos minutos, el óvulo, cuyo tamaño es de la mitad de un grano de sal, permitirá que ingrese en él solo uno de los espermatozoides. Es decir que la creación del hombre no se produce de la totalidad del semen sino sólo de una parte ínfima del mismo. Esto es descripto en la Sura Al-Qiyamah como sigue:

 

“¿Supone el hombre que no van a ocuparse de él? ¿No fue él acaso una gota de esperma eyaculada?” (Corán 75:36-37).

Como vemos el Corán nos informa que el hombre se forma no de la totalidad del semen sino solo de una pequeña parte de él. El particular énfasis en esta afirmación, anunciando un hecho que recién ha descubierto la ciencia moderna, pone en evidencia que se trata de la Palabra de Dios.

 

El semen como mezcla de distintos componentes

El líquido que llamamos semen y que contiene a los espermatozoides no está compuesto únicamente por éstos. Por el contrario se trata de una mezcla de distintos fluidos. Estos componentes tienen diferentes funciones, tales como contener el azúcar necesario para dar energía a los espermatozoides, neutralizar los ácidos presentes en la entrada del útero, y proporcionar un ambiente resbaladizo que facilite el movimiento de los espermatozoides.

Es por cierto notable que cuando se menciona al semen en el Corán, se haga referencia a este hecho, que recién fue descubierto por la ciencia moderna, definiendo al semen como una mezcla de distintos ingredientes:

 

“Hemos creado al hombre de una gota mixturada para ponerle a prueba. Le hemos dado el oído y la vista” (Corán 76:2).

 

En otro versículo se hace nuevamente referencia al semen como una mixtura y se recalca el hecho de que el hombre es creado del “extracto” de esa mixtura:

 

“Aquél que ha creado todas las cosas de la mejor manera, inició la creación del hombre de arcilla; luego hizo a su progenie de un extracto [sulâla] de líquido insignificante” (Corán 32:7-8).

 

La palabra árabe sulâla, traducida como “extracto”, designa a la esencia o la mejor parte de una cosa. En cualquiera de sus implicaciones designa a “una parte del todo”. Esto muestra que el Corán es la Palabra de Dios que conoce la creación del hombre hasta en sus más mínimos detalles.

 

El sexo de la criatura concebida

Hasta hace muy poco se pensaba que el sexo de la criatura concebida era determinado por las células de la madre. O al menos se creía que el sexo se determinaba en conjunto por las células tanto del padre como de la madre. No obstante en el Corán se nos da una información diferente, ya que allí se afirma que la masculinidad o feminidad es producida por “una gota de esperma que ha sido eyaculada”.

 

“El ha creado ambos sexos, varón y hembra, de una gota de esperma que ha sido eyaculada” (Corán 53:45-46).

 

La genética y la biología molecular, disciplinas en vías de desarrollo, han validado científicamente la exactitud de esta información suministrada por el Corán. Hoy se sabe que el sexo es determinado por las células espermáticas masculinas, y que las femeninas no juegan ningún rol en este proceso.

Los cromosomas son los principales elementos en la determinación del sexo. Dos de los 46 cromosomas que determinan la estructura de un ser humano están identificados como los referidos al sexo. Estos dos cromosomas son llamados “XY” en los varones y “XX” en las mujeres, porque la forma de los cromosomas semeja esas letras. El cromosoma Y contiene los genes que codifican la masculinidad, mientras que el X los que codifican la feminidad.

La formación de un nuevo ser humano comienza con la combinación cruzada de uno de estos cromosomas, que están presentes en pares en hombres y mujeres. En las mujeres, ambos componentes de la célula sexual, que se divide en dos durante la ovulación, llevan cromosomas X. La célula sexual de un varón, por el contrario, produce dos tipos diferentes de espermatozoides, uno que contiene cromosomas X y el otro cromosomas Y. Si un cromosoma X de la mujer se une con un espermatozoide que contiene un cromosoma X, entonces la criatura es de sexo femenino. Si se une con un espermatozoide que contiene un cromosoma Y, la criatura resultante es de sexo masculino.