El
Corán Indica el Camino a la Ciencia

HARUN YAHYA
Fuente: www.harunyahya.com
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reservados. Se prohíbe la reproducción total o parcial, por cualquier medio
electrónico o mecánico, incluidos fotocopia, grabación magnetofónica y cualquier
otro sistema de archivo de información, sin autorización previa y por escrito
del editor.
Primera
publicación en turco: Noviembre de 2000, Estambul, Turquía.
Primera
traducción al inglés: Enero de 2002, Singapur.
Primera
traducción al español: Enero de 2003, España.
Traductor al español: Marcelo
Serio
Primera
corrección versión en español: Noviembre de 2003, Buenos Aires, Argentina.
Corrector de la
versión en español: Abu Dharr Manzolillo, Buenos Aires, Argentina.
INDICE
INTRODUCCION
LIBRO UNO
LA RELIGION
ALIENTA A LA CIENCIA
LA RELIGION AYUDA
A QUE LA CIENCIA SE ENCAMINE DE MANERA CORRECTA
EXISTE UNA
CONCORDANCIA PERMANENTE ENTRE LA RELIGION Y LA CIENCIA
A MODO DE MILAGRO EL
CORAN COMUNICA REALIDADES QUE
LA CIENCIA DESCUBRIO
CON POSTERIORIDAD
LIBRO DOS
LOS CIENTIFICOS
RELIGIOSOS
CONCLUSION
AL LECTOR
El motivo por
el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución
es que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Dado
que el darwinismo rechaza el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia
de Dios, ha provocado que durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente
abandone su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una
obligación importante relacionada muy estrechamente con el din (modo de
vida islámico) mostrar que esta teoría es un engaño. Resulta imperativo que ese
importante servicio sea puesto a disposición de todos. Y como es posible que
algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros,
pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida.
Otro punto que
tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones
relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los
versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Los
temas referidos a las palabras de Dios se explican de una manera tal que no
dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector.
El estilo
empleado, llano, abierto y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo
social, puedan comprender los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera
lúcida y efectiva del relato lo hace de rápida lectura. Incluso algunos que
rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por la veracidad de los
hechos a los que se hace referencia en los libros de Harun Yahya, y no pueden
refutar sus contenidos.
Este y los demás
trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de
estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al
intercambio de reflexiones y experiencias.
Además, será un
gran servicio al din contribuir a la presentación y lectura de este
libro, el cual está escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los escritos
de Harun Yahya son muy convincentes. Por esta razón, uno de los métodos más
efectivos de comunicar el din a otras personas es impulsar a su lectura.
ACERCA DEL AUTOR
El
autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956.
Completó sus estudios primario y secundario en esa ciudad y luego cursó Bellas
Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de
Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre
política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El haber escrito
obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los
evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación
entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el
comunismo, lo han hecho una persona muy conocida.
El
seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’
–Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad.
El sello sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está
vinculado a sus contenidos: representa al Corán (la última escritura) y al
Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor,
bajo la guía del Corán y de la sunnah (literalmente significa: costumbre,
práctica, uso, tradición), es refutar cada uno de los pilares fundamentales de
las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión
se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién
obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por
Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian
la creencia religiosa.
Todos
los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del
Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como
la presencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los
fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos.
Los
lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo
el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a
Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en
inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés,
ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.
Esos
libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe
en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre
religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo,
dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los
lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se
caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la
imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención
puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o
cualquier otra ideología o doctrina pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas
posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que
el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan
la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de
trabajos escritos por Harun Yahya.
No
cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de
la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto
medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la
publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material.
Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy
importante, pues “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de
Dios.
Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que
confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del
corazón de los individuos.
Está
claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del
autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá
tener un gran efecto.
Quienes dudan de que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo
que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar
los valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta
en la convicción que adquieren los lectores.
Hay
algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la
crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la
población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación
puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo
conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se
viva según ésta. Teniendo en cuenta la situación del mundo de hoy día, que
conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la
tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva,
pues de otro modo puede ser demasiado tarde.
No es
exagerado decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea
primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales
los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la
felicidad prometidas en el Corán.
Sus obras
incluyen: Judaísmo y Masonería, Masonería Mundial, Terrorismo: El Ritual del
Mal, Cábala y Masonería, El Nuevo Orden Masónico, Los Caballeros Templarios, El
Islam Denuncia el Terrorismo, La 'Mano Secreta' en Bosnia, Los Kurdos la Carta
Secreta de Israel, El Comunismo al Acecho, Fascismo: La Ideología Sangrienta del
Darwinismo, Los Desastres Que Produjo el Darwinismo a la Humanidad (disponible
versión en castellano), Entre Bastidores del Terrorismo, Entre Bastidores del
Holocausto, La Política Opresiva de China Comunista y la Situación en Turkestán
Oriental, Palestina: La Solución, Las Normas Eticas del Corán, El Invierno del
Islam y la Primavera Esperada, Declaración de Fe (1, 2 y 3), Un Arma de Satanás:
el Romanticismo, La Luz del Corán Destruyó el Satanismo, Los Ultimos Tiempos y
Sus Signos en el Capítulo del Corán “La Vaca”, Signos del Ultimo Día y la Bestia
de la Tierra, Realidades (1 y 2), El Mundo Occidental se Vuelve Hacia Dios, El
Engaño del Evolucionismo (disponible versión en castellano), Respuestas Precisas
a los Evolucionistas, Las Equivocaciones de los Evolucionistas, El Corán se
Opone al Darwinismo, La Epoca de Oro, Pueblos Desaparecidos (disponible versión
en castellano), El Arte del Color de Dios, La Verdad de la Vida en Este Mundo,
Signos en los Cielos y en la Tierra Para las Personas de Entendimiento
(disponible versión en castellano), El Profeta Moisés, El Profeta Yusuf, El
Profeta Muhammad (BP), El Profeta Salomón, La Gloria Está por Todas Partes, La
Importancia de las Evidencias de la Creación, La Pesadilla del Incrédulo,
Conocimiento de la Verdad, La Eternidad Ya Ha Comenzado, La Eternidad y la
Realidad del Destino, Materia: Otro Nombre de la Ilusión, El Hombrecito en la
Torre, El Islam y la Filosofía del Karma, La Magia Negra del Darwinsimo, La
Religión del Darwinismo, El Colapso de la Teoría de la Evolución en 20
Preguntas, La Ingeniería de la Naturaleza, La Tecnología Copia a la Naturaleza,
El Atolladero del Evolucionismo I (Enciclopédico), El Atolladero del
Evolucionismo II (Enciclopédico), Dios es Conocido a Través de la Razón, El
Corán Guía el Camino de la Ciencia, El Verdadero Origen de la Vida, Conciencia
en la Célula, La Tecnología Imita a la Naturaleza, Una Retahíla de Milagros, La
Creación del Universo (disponible versión en castellano), Los Milagros en el
Corán, El Designio de la Naturaleza, Autosacrificio y Modelos Inteligentes de
Comportamiento entre los Animales, El Fin del Darwinismo, Nunca Defienda la
Ignorancia, El Milagro Verde: La Fotosíntesis, El Milagro del Atomo, El Milagro
en la Célula, El Milagro del Sistema Inmune, El Milagro en el Ojo, El Milagro de
la Creación en los Vegetales, El Milagro en la Araña, El Milagro en el Mosquito,
El Milagro en la Abeja, El Milagro en la Hormiga, El Milagro de la Semilla, El
Milagro en la Termita, El Milagro de la Hormona, El Milagro del Cuerpo Humano,
El Milagro de la Creación del Ser Humano, El Milagro de la Proteína, El Milagro
del Olfato y del Gusto, El Milagro del Micromundo, Los Secretos del ADN.
Los libros para
niños del autor son: Maravillas en la Creación de Dios, El Mundo de los
Animales, La Gloria en los Cielos, Criaturas Asombrosas, Aprendamos Nuestro
Islam, Los Milagros en Nuestros Cuerpos, El Mundo de Nuestras Amiguitas: Las
Hormigas, Los Panales Perfectos de las Abejas, Constructores Hábiles de Diques:
Los Castores, ¡Chicos, Darwin Mentía!.
Otros trabajos
del autor sobre temas coránicos incluyen: ¿Nunca
Pensaron Acerca de la Verdad?; Devotos de Dios; Abandono de la Sociedad de la
Ignorancia; La Real Morada de los Creyentes, El Paraíso; Valores Morales en el
Corán; Conocimiento del Corán; Index del Corán; La Emigración por la Causa de
Dios; Referencia a los Hipócritas en el Corán; Los Secretos del Hipócrita; Los
Nombres de Dios; La Comunicación del Mensaje y la Discusión en el Corán;
Conceptos Básicos en el Corán; Respuestas Desde el Corán; Muerte, Resurrección,
Infierno; La Lucha de los Mensajeros; El Enemigo Jurado del Ser Humano: Satanás;
La Mayor Difamación, La Teoría de la Evolución; Idolatría, la Religión del
Ignorante; La Arrogancia de Satanás; El Rezo en el Corán; La Importancia de la
Conciencia en el Corán; El Día de la Resurrección; No Olvidar Nunca; Desprecio
de los Dictámenes Coránicos; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La
Importancia de la Paciencia en el Corán; Conocimiento General a Partir del
Corán; Rápida Adhesión a la Fe (partes 1, 2 y 3); Razonamiento Imperfecto del
Incrédulo; La Fe Perfeccionada; Lo Que Dicen Nuestros Mensajeros;
La Compasión de los Creyentes; El Temor a Dios; La Pesadilla del Incrédulo; El
Profeta 'Isa (Jesucristo) Vendrá; Las Bellezas de la Vida Presentadas por el
Corán; Un Conjunto de las Bellezas de Dios (partes 1, 2, 3 y 4), La Iniquidad
Llamada "Burla"; El Secreto de la Prueba; La Verdadera Sabiduría Según el Corán;
El Combate con la Religión de la Irreligión; La Escuela de Yusuf; La Alianza de
Dios; La Difamación Contra los Musulmanes a lo Largo de la Historia; La
Importancia de Seguir la Buena Palabra; ¿Por Qué Te Autoengañas?; El Islam: La
Religión de la Tranquilidad; el Entusiasmo y el Vigor Según el Corán; El Ver el
Bien en Todo; ¿Cómo Interpreta el Corán el Ignorante?; Algunos Secretos del
Corán; El Valor de los Creyentes, Confiados en el Corán, La Justicia y la
Tolerancia en el Corán, Pilares Fundamentales del Islam, Los Que Desatienden el
Corán, El Corán Como Guía, Una Amenaza al Acecho: La Negligencia, La Sinceridad
en el Corán, La Religión de las Personas Devotas, Los Procedimientos del
Mentiroso Según el Corán.
Dios emplaza a
la humanidad a investigar y reflexionar acerca de los cielos, la tierra, las
montañas, las estrellas, las semillas, las plantas, los animales, la alternancia
del día y la noche, la creación del ser humano, la lluvia, etc., es decir, sobre
todo lo creado. Al hacerlo, dentro del pensamiento lógico, reconocemos el arte
de Dios en la creación de todo lo que nos rodea y, en definitiva, que El creó el
universo de la nada.
“La ciencia”
ofrece un método por medio del cual se puede examinar todo lo que contiene el
universo para descubrir el arte en la creación de Dios y de ese modo hacerlo
conocer a la humanidad. La religión, por lo tanto,
alienta a la ciencia a la vez que la adopta como un instrumento para dilucidar
la sutileza de la creación de Dios.
La religión no
sólo impulsa el estudio científico, sino que también permite que, asistido por
la verdad revelada, sea concluyente y expeditivo. El motivo de ello reside en
que la religión es la única fuente que provee respuestas precisas y definidas
con respecto a cómo pasaron a existir el universo en general y la vida en
particular.
Por lo tanto, si
la investigación se realiza sobre fundamentos apropiados, evidenciará de la
manera más directa y sencilla las verdades que tienen que ver con el origen del
universo y la estructuración de la vida. Como dijo Alberto Einstein, considerado
uno de los científicos más grandes del siglo XX, La ciencia sin la religión
renquea. Es decir, si la ciencia no es guiada por la religión, no puede dimanar
correctamente sino que pierde el tiempo o, lo que es aún peor, no convence.
La ciencia
encarada por los científicos materialistas incapaces de ver la verdad, condujo a
que en los dos últimos siglos se desperdicie una inmensa cantidad de tiempo, de
trabajo y de dinero.
Existe un hecho
que debe ser reconocido con toda claridad: la ciencia puede alcanzar resultados
satisfactorios solamente si adopta como su principal objetivo la investigación
de los signos de la creación en el universo y si en ello pone todo el esfuerzo.
Solamente puede alcanzar su fin último, en el menor tiempo posible, si apunta en
la dirección correcta, es decir, si es guiada de la manera apropiada.
LIBRO UNO
LA
RELIGION ALIENTA A LA CIENCIA
El Islam es la
religión de la razón y la conciencia. Es decir, es por medio del discernimiento
que reconocemos la verdad que proclama la religión y establecemos las
conclusiones del caso. Quien se vale de la razón y de la conciencia cada vez que
debe averiguar el origen de algo, puede comprender, aunque no sea un experto en
la materia, que fue creado al igual que todo lo que hay en el universo por el
Poseedor de una Sabiduría, Conocimiento y Poder sin par. Con sólo descubrir
algunos de los millones de factores que posibilitan la vida en la Tierra, ya
puede entender que el universo fue diseñado para sustentarla. Por consiguiente,
quien hace uso de la razón y sigue lo que la conciencia le dicta, puede
constatar de inmediato lo absurdo de la suposición de que el mundo pasó a
existir por casualidad. En resumen, quien recurre a la razón y a la conciencia
puede reconocer los Signos de Dios con toda claridad. Un versículo del Corán se
refiere a este tipo de gente:
que recuerdan
a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y
de la tierra: “¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria Ti! ¡Presérvanos
del castigo del Fuego!”
(Corán, 3:191).
En el Corán Dios
llama a la gente a reflexionar y a examinar los signos de la creación que le
circundan. El Profeta Muhammad, Mensajero de Dios (la bendición y la paz sean
con él –BP--), también ordenó a la gente la búsqueda del conocimiento. Incluso
remarcó que es nuestra obligación. Dicen dos hadices (tradiciones)
auténticos:
La búsqueda del
conocimiento es una obligación de todo musulmán1.
Adquiere
conocimiento y compártelo con la gente2.
Cualquiera que
indague respecto de la forma en que operan el universo y las cosas vivientes y
considere e investigue lo que ve en su entorno, llegará a percatarse de la
Sabiduría, Conocimiento y Poder sin igual y sin fin de Dios. El Corán nos señala
algunas de las cuestiones que El nos invita a sopesar:
¿No ven el cielo que tienen encima,
cómo lo hemos edificado y engalanado y no se ha agrietado? Hemos extendido la
tierra, colocado en ella firmes montañas y hecho crecer en ella toda especie
primorosa, como ilustración y amonestación para todo siervo (de Dios)
arrepentido. Hemos hecho bajar del cielo agua bendita, mediante la cual hacemos
que crezcan jardines y el grano de la cosecha, esbeltas palmeras de apretados
racimos, (Corán, 50:6-10).
Es Quien ha creado siete cielos
superpuestos. No ves ninguna contradicción en la creación del Compasivo. ¡Mira
otra vez! ¿Adviertes alguna falla? (Corán, 67:3).
¡Que considere el hombre de qué ha
sido creado! (Corán, 86:5).
¿Es que no consideran (los
infieles) cómo han sido creados los camélidos, cómo alzado el cielo, cómo
erigidas las montañas, cómo extendida la tierra? (Corán, 88:17-20).
Vemos pues que
los versículos mencionados determinan claramente que Dios convoca a la humanidad
a estudiar y examinar los distintos elementos de la naturaleza, tal como los
cielos, la lluvia, las plantas, los animales, la procreación y los rasgos
geográficos sobresalientes. Y como ya lo indicamos, es por medio de la ciencia
que debemos llevar adelante esta tarea. La observación científica introduce al
ser humano en los misterios de la creación y, en última instancia, en la
Sabiduría, Conocimiento y poder eternos de Dios. La
ciencia es un camino para alcanzar la justa estima de Dios, razón por
la cual, a través de la historia, un gran número de científicos que han prestado
importantísimos servicios a la humanidad, fueron devotos creyentes en Dios.
Como mencionamos
antes, la religión anima a la ciencia y hace que los científicos guiados por la
lógica fortalezcan su fe al captar los signos de la creación de Dios de manera
consciente. En cada campo de investigación del que se ocupan y en cada
descubrimiento que hacen, se confrontan con sistemas perfectos creados con una
gran sutileza y precisión. Como expresó el Profeta Muhammad, Mensajero de Dios
(BP): Quien investiga para obtener conocimiento es un devoto de Dios3.
El científico
que investiga un sistema tan complejo y perfecto como el ocular, descubrirá que
algo así nunca podría haberse desarrollado a través de un proceso o cadena de
casualidades. Por el contrario, se dará cuenta de que cada detalle de la
estructura del ojo es un milagro de la creación. Al constatar que dicho órgano
está compuesto por docenas de componentes que operan en armonía, incrementará su
admiración por Dios, Quien lo creó.
De manera
similar, el científico que investiga el cosmos se encontrará con miles de
equilibrios admirables y aumentará su sed de conocimiento al descubrir que miles
de millones de galaxias y miles de millones de
estrellas dentro de las mismas, continúan su existencia armónica en un espacio
ilimitado.
El ser humano de
fe tendrá siempre el acicate y la inspiración para conducir estudios científicos
que lleven a descubrir los misterios del universo. Alberto Einstein, considerado
el mayor genio del siglo pasado, se refiere en uno de sus artículos a la
inspiración que obtienen los científicos de la religión: ... Sostengo que el
sentimiento religioso que inspira el cosmos es el motivo más fuerte y noble para
la investigación científica. Sólo aquellos que comprenden los inmensos esfuerzos
que hay que invertir al efecto y, especialmente, la ineludible devoción que
exige el trabajo de pionero en ciencia teórica, son capaces de entender la
fuerza emotiva que dicho trabajo llega a hacer fluir, puesto que se trata de
algo que tiene muy poco que ver con las realidades inmediatas de la vida. ¡Sin
una profunda convicción en la racionalidad del universo y un deseo ardiente de
entenderla, Kepler y Newton no habrían podido invertir tantos años de trabajo en
soledad para elucidar los principios de la mecánica celeste!
Quienes sólo
entienden como conocimiento científico la búsqueda de resultados prácticos,
desarrollan una idea totalmente falsa de la mentalidad de las personas que,
inmersas en un mundo de escépticos, han mostrado el camino a los espíritus
afines ampliamente diseminados por el mundo a lo largo de los siglos. Sólo
quienes han consagrado su vida a objetivos similares pueden lograr una vívida
percepción de lo que ha inspirado a esas personas y les ha dado la fuerza para
mantenerse fieles a sus propósitos a pesar de sus incontables fracasos.
Es el sentimiento religioso cósmico lo que les da
semejante fuerza. Un contemporáneo ha dicho, con razón, que en esta
era materialista los trabajadores más serios son los profundamente religiosos4.
Johannes Kepler
contó que se comprometió en el camino de la ciencia para
ahondar en el conocimiento de los trabajos del Creador, en tanto
que Isaac Newton, otro gran científico, manifestó que lo que más impulsó su
interés por la ciencia fue su deseo de un mejor
conocimiento y una mejor percepción de Dios.
Estas son las
observaciones de sólo algunos de los más eminentes científicos del pasado. Al
igual que otros centenares que veremos en las próximas páginas, su creencia en
la existencia de Dios a través del estudio de distintas cuestiones del universo
e impresionados por las leyes y los fenómenos que Dios ha creado de forma tan
magnífica, anhelaban seguir adelante sus investigaciones.
Como vemos, el
deseo de enterarse de qué forma Dios creó el universo, ha sido el factor más
motivador para muchos científicos a lo largo de la historia. Esto es esencial,
porque quien percibe que el universo, y todo lo viviente en particular, ha sido
creado, también percibe que dicha creación tiene un propósito. La aspiración de
comprender ese sentido, de descubrir sus señales y sus detalles, es lo que puede
acelerar en gran medida la investigación científica.
Sin embargo, si
se niega la creación del universo, y de lo viviente en particular, sucede que
también desaparece el sentido más profundo de la investigación. El científico
que acepta la filosofía materialista y el darwinismo, parte de la idea de que el
universo no tiene un fin determinado y que todo es fruto de la simple
casualidad. Por consiguiente, su investigación no tendrá un sentido categórico.
Acerca de esto dijo Einstein: No he encontrado ninguna
forma de expresar con más certeza la naturaleza racional de la realidad, hasta
donde es accesible a la mente humana, que definiéndola como religiosa. En
cualquier caso que este sentimiento esté ausente, la ciencia degenera en un
empirismo desalentador5.
De ser así, el
científico apuntará sólo a alcanzar la fama personal a través de un
descubrimiento sorprendente, a ser recordado por la historia o a hacerse rico,
cosas que pueden alejarlo de la sinceridad y la integridad en su disciplina. Por
ejemplo, si la conclusión a la que llega se revela en contradicción con la
visión existente en la comunidad científica, puede verse forzado a mantenerla
como un secreto para no verse privado de la fama, calumniado o degradado.
La aceptación de
la teoría de la evolución durante tanto tiempo en el mundo científico, es una
prueba de esa falta de sinceridad. Gran cantidad de estudiosos son conscientes
de que la teoría de la evolución dista mucho de explicar el origen de la vida
pero no lo pueden manifestar abiertamente por miedo a una reacción negativa. El
físico británico H. D. Lipson hace la siguiente confesión en esta línea de
pensamiento: De la materia viviente conocemos mucho más que lo que sabía Darwin.
Sabemos cómo funcionan los nervios y considero que cada uno de ellos es una obra
maestra de ingeniería eléctrica. En el cuerpo tenemos millones...
Cuando pienso en este tema, la palabra que me viene a
la mente es “diseño”, cosa que no les gusta a mis colegas biólogos6.
La palabra
“diseño” o “designio” es descartada en la literatura científica porque,
simplemente, disgusta. Muchos estudiosos sucumben ante ese dogmatismo. Dijo
Lipson en este sentido: En realidad, el evolucionismo se convirtió en una
especie de religión científica. Casi todos los científicos lo han aceptado y
muchos están dispuestos a “forzar” sus observaciones para que se ajusten al
mismo7.
Esta situación
indeseable es el resultado del engaño que representa una “ciencia sin Dios”
impuesta de manera generalizada sobre la comunidad científica desde mediados del
siglo XIX. Sin embargo, como afirmó Einstein, la
ciencia sin la religión renquea8. Esto no sólo ha
conducido a algunos científicos hacia objetivos equivocados sino que también ha
dado lugar a la aparición de esos que, si bien reconocen el error, permanecen
indiferentes o silenciosos respecto del mismo.
Nos ocuparemos
más de este tema en las próximas páginas.
El “Ansia por Servir” de los Científicos
Creyentes
Debido a que
los científicos que creen en la unicidad de Dios y su Omnipotencia no desean de
modo especial las cosas mundanales (buena posición material, rango, reputación,
dinero), encaran con total sinceridad la investigación a la que se dedican.
Saben que cada misterio del universo que develen incrementará el conocimiento de
Dios de toda la humanidad y ayudará a aumentar la consciencia de Su poder y
conocimiento infinitos.
Un acto muy
importante y verdadero de adoración por parte del creyente es confirmar a los
seres humanos la existencia de Dios y exhibirles la realidad de la creación.
Los científicos
creyentes, guiados por ese tipo de preocupaciones, llevan a cabo sus
investigaciones con gran entusiasmo para descubrir los sistemas maravillosos y
mecanismos perfectos que operan en la naturaleza, las leyes del universo y los
comportamientos de los seres vivientes. Logran grandes resultados y hacen
importantes progresos. Nunca se desalientan frente a los problemas que
encuentran ni se descorazonan al no ser tenidos en cuenta por otros. Sólo buscan
la aprobación de Dios por el trabajo que realizan.
Se esfuerzan sin
límites y sinceramente con el objeto de servir a otros de la mejor forma
posible, para agrado de Dios, lo cual los lleva a ser muy prolíficos y obtener
resultados positivos.
Caen en un gran
error quienes sostienen que la ciencia debe diferenciarse de la religión. Antes
que nada, los que no creen en Dios no pueden experimentar el crecimiento
espiritual que brinda la práctica religiosa. En consecuencia, los proyectos
científicos que inician con ardor caen pronto en la monotonía y el desaliento.
Lo único que les queda entonces es la búsqueda de beneficios mundanos. Por
consiguiente, el interés en la investigación quedará condicionado a la obtención
de riqueza, prestigio, etc. Por ejemplo, si un científico quiere tener renombre,
desarrollará su investigación sólo en esos campos que le permitan alcanzarlo. No
trabajará de manera gratuita en proyectos que sean de beneficio para la
humanidad, salvo si sirven a su interés personal. De tener que elegir entre dos
campos de investigación, se encaminará por el que le pueda proporcionar mayores
réditos y descartará el otro, aunque sea más útil para la humanidad. En resumen,
es muy raro que este tipo de científicos sea de provecho para todos los
pobladores del mundo porque no sirven al bien común, al menos que les represente
gratificaciones inmediatas. En la medida que desaparece la posibilidad del
provecho individual, desaparece su disposición de servicio.
El Profeta
Muhammad, Mensajero de Dios (PB), también se refirió al daño que puede ocasionar
esa forma de pensar: No adquieran conocimiento sólo para polemizar con otros
estudiosos y demostrar superioridad sobre ellos o para discutir con el ignorante
o para atraer la atención de la gente9.
Por otra parte,
el Profeta Muhammad (BP) alabó la difusión del conocimiento útil: Dios bendice a
aquellos que instruyen a la gente con conocimientos
provechosos10.
Al estudioso que
cree en Dios, tiene motivaciones buenas y sinceras y es consciente de las
bendiciones que recibirá, se le abren nuevas perspectivas no sólo en el campo de
la ciencia sino en muchas otras esferas de la vida, como la del arte, la
cultura, etc. Nunca siente decaer su espíritu elevado sino que se incrementa en
gran medida.
LA
RELIGION AYUDA A QUE LA CIENCIA SE ENCAMINE DE MANERA CORRECTA
La ciencia es
la investigación del mundo material en el que vivimos por medio de la
observación y la prueba. En consecuencia, conducirá a conclusiones diversas en
función de los resultados de los análisis y experimentos realizados. Además,
cada disciplina científica posee un cierto número de normas aceptadas como
verdaderas aunque no se hayan verificado exhaustivamente. En la literatura
científica se denomina “paradigma” a ese conjunto de normas.
Estos criterios
iniciales marcan el curso de toda la investigación y el primer paso es la
formulación de una “hipótesis”. Eso que se supone o postula debe pasar la prueba
de la experimentación científica. Si la hipótesis se verifica, pasa a ser un
“principio establecido o ley”. Si por el contrario, se desaprueba, deberá
presentarse otra hipótesis y ponérsela a prueba nuevamente.
En la
formulación de la hipótesis lo que más pesa, normalmente, es el punto de vista
general de los científicos. Por ejemplo, si éstos adhieren a una visión
espontaneísta, pueden basar su trabajo en una hipótesis que sostenga que “la
materia tiene una tendencia a organizarse a sí misma sin la intervención de un
agente consciente”. En consecuencia, durante muchos años llevarán a cabo
investigaciones para intentar demostrar que dicha hipótesis se confirma en la
práctica. Sin embargo, debido a que la materia no posee dicha capacidad, todos
los esfuerzos que se hagan para verificarla estarán condenados al fracaso. Pero
si se obstinan en su intento, la resultante será un
gran gasto de tiempo y recursos.
Si el punto de
partida se hubiese fundado en la idea de que “es imposible que la materia pueda
organizarse sin un plan consciente”, la investigación habría seguido un camino
más productivo y satisfactorio. El problema reside en que para establecer esta
hipótesis se requiere una fuente de información decisiva que está en un plano
más allá de lo científico. Dicha fuente es decisiva para no incurrir en
esfuerzos inútiles durante años, decenios o siglos.
Esa fuente de la que hablamos es la
revelación de Dios a la humanidad.
Si Dios es el creador del universo, el conocimiento exacto e indiscutible de los
temas científicos que abordemos derivan de El y, por lo tanto, de la información
que nos suministra Su palabra, es decir, el Corán. Los datos principales son los
siguientes:
1)
Dios creó el universo de la nada, por lo que nada pasó a existir como resultado
de sucesos azarosos o por propia determinación. De esto se desprende que en el
universo o la naturaleza no hay un caos de acontecimientos casuales sino
un orden perfecto creado por una determinación
inteligente.
2)
El universo material y en especial la Tierra en la que vivimos, están diseñados
para permitir la vida humana. En el movimiento de las estrellas y planetas, en
los rasgos geográficos sobresalientes, en las propiedades del agua y de la
atmósfera, hay un propósito que hace posible
la vida.
3)
Todo lo que existe ha tomado forma porque Dios lo ha
creado. Por consiguiente, las criaturas actúan por inspiración de
Dios, como dice el Corán en el ejemplo de las abejas: Tu Señor ha inspirado a
las abejas... (Corán, 16:68).
Estas son verdades
absolutas que Dios nos ha comunicado a través del Corán. Si a la ciencia
accedemos basados en dichas verdades, nos conducirá inevitablemente a un gran
progreso y la humanidad obtendrá los mejores réditos de ella. Son muchos los
ejemplos en la historia, de esto que decimos aquí. Los científicos musulmanes,
al colocar a la ciencia en el lugar correcto, consiguieron forjar la más grande
civilización mundial y los mayores logros en los siglos IX y X. Asimismo, los
pioneros en todos los campos de la ciencia en occidente fueron grandes personas
que creían en Dios e hicieron sus investigaciones para develar lo que El creó.
Einstein también
sostenía que los científicos debían atenerse a las fuentes religiosas al
establecer sus objetivos: La ciencia contribuirá, en el sentido más amplio, al
logro de los objetivos determinados por la religión. Es decir, la ciencia sólo
puede ser creada por quienes estén plenamente compenetrados de la aspiración por
la verdad y el conocimiento. Y este sentimiento proviene de la esfera
religiosa... No puedo concebir un científico genuino sin una fe profunda11.
Sin embargo,
desde mediados del siglo XIX la comunidad científica se ha divorciado de dicha
fuente divina y quedó bajo la influencia de la filosofía materialista.
El materialismo,
una idea que la podemos remontar a la Grecia antigua, sostiene la existencia
absoluta de la materia y niega a Dios. Esta visión penetró gradualmente en la
comunidad científica y desde mediados del siglo XIX una parte considerable del
conocimiento proveniente de allí se dedicó a respaldarla. Con ese propósito se
formularon muchas teorías, como la llamada “modelo de universo infinito” que
sugiere que el universo tiene una existencia infinita, o como la evolucionista
de Darwin que supone que la vida es producto de la casualidad, o como la de
Freud que sostiene que la mente humana se ubica exclusivamente en el cerebro.
Hoy día vemos,
retrospectivamente, que las suposiciones presentadas
por el materialismo fueron una pérdida de tiempo y energía para la ciencia.
Durante decenios un gran número de científicos han derrochado sus mejores
esfuerzos por intentar demostrar cada una de esas suposiciones, aunque los
resultados las exhibieron siempre erradas. Los descubrimientos confirmaron lo
proclamado por el Corán: el universo fue creado de la nada, fue preparado para
albergar la vida humana y es imposible que la vida pasase a existir y se
desarrollase por casualidad. Consideremos ahora estos puntos uno por uno.
El Tiempo Malgastado por la Ciencia Debido a la
Obsesión
de los Materialistas con el “Universo Infinito”
Hasta
principios del siglo XX y bajo la influencia del materialismo, la opinión
aceptada por la comunidad científica era la de un universo infinito, en sus
dimensiones espacio-temporales, de existencia infinita. De acuerdo con este
punto de vista --llamado “modelo de universo estático”-- el universo no tiene
principio ni fin y es, simplemente, un conglomerado ilimitado de materia. El
objetivo de esta teoría era demostrar que el universo no fue creado y así
establecer la aceptación de la filosofía materialista.
Muchos
científicos que profesaban el materialismo o eran influenciados por su
filosofía, colocaron como fundamento de sus investigaciones el modelo de
“universo infinito”. En consecuencia, todo el estudio en el campo de la física y
astronomía se basó en la hipótesis de que la materia es eterna y durante algún
tiempo muchos investigadores se afanaron por demostrar ese supuesto, pero la
ciencia rápidamente hizo pedazos ese concepto erróneo.
El científico
belga Georges Lemaitre fue el primero en
reconocer la inexactitud del modelo de “universo infinito” y presentó una
alternativa científica. Basándose en los cálculos del científico ruso Alexandre
Friedmann declaró que el universo en realidad tuvo un
comienzo y que se expande desde ese momento.
Afirmó también que debía ser posible detectar la radiación residual del momento
en que se originó. Debemos advertir que G. Lemaitre era sacerdote y creía
firmemente en que el universo fue creado por Dios de la nada. Por lo tanto, su
enfoque de la ciencia discrepaba del de los materialistas.
Con el paso de
los años se confirmó la exactitud de las afirmaciones de Lemaitre. En primer
lugar, el astrónomo norteamericano Edwin Hubble descubrió con su gran telescopio
que las estrellas se movían alejándose de nosotros y una de otra. Esto
significaba que el universo se estaba expandiendo y por consiguiente no era
estático como suponían los materialistas.
En realidad,
Einstein había calculado teóricamente poco antes que el universo no podía ser
estático. Pero no insistió con esa teoría debido a la aceptación general de que
sí lo era. Es decir, hasta esta personalidad considerada la más genial de su
siglo, fue intimidada por el dogmatismo de la visión materialista y prefirió
poner sordina a esa comprobación tan importante. Posteriormente se refirió a ese
incidente como “el mayor error de su carrera”.
La expansión del
universo señalaba otra importante verdad: si retrocedemos lo suficiente en el
tiempo, todo se irá acotando hasta convergir en un solo punto. Los cálculos
demostraron que ese punto tenía volumen cero y nuestro universo pasó a existir
como resultado de la explosión del mismo, llamada “Big
Bang”.
La afirmación de
que el punto que explotó tenía volumen cero no es más que una expresión teórica
que sugiere la carencia absoluta de todo. Es decir, el universo fue creado de la
nada, como lo demuestra claramente el Big
Bang. Sin embargo, aún se requirió más evidencia científica para que ello fuese
aceptado ampliamente. George Gamow opinó en 1948 que si el universo se formó
como resultante de una explosión espontánea y repentina, como sugirió Lemaitre,
todavía debía existir una cantidad definida de radiación proveniente de la misma
y debería ser uniforme en todo el universo.
La comprobación
científica del postulado de Gamow estaba a punto de producirse. Los
investigadores Arno Penzias y Robert Wilson descubrieron en 1965 los restos de
dicha radiación. Se la denominó “radiación cósmica de
fondo”, estaba distribuida de manera uniforme en todo el universo y
reverberaba desde el momento de la gran explosión o Big Bang. Penzias y Wilson
recibieron el premio Nobel por su descubrimiento.
La NASA
(Administración Nacional del Espacio y la Aeronáutica de los EEUU) lanzó al
espacio el satélite COBE (Explorador Cósmico Ambiental) con el propósito de
investigar la radiación mencionada. Los sensibles equipos del satélite
confirmaron en minutos los niveles de radiación informados por ambos
científicos.
Semejante
hallazgo, que confirmaba la creación del universo de la nada con el Big Bang,
hizo vacilar a los estudiosos materialistas. Eran testigos del colapso de todos
sus trabajos de investigación, de todas sus hipótesis y teorías insubstanciales,
una tras otra. El conocido filósofo ateo Anthony Flew comentó lo siguiente
acerca de esta situación: La confesión, notoriamente, es buena para el alma. Por
lo tanto, empiezo por confesar que el ateísmo Stratoniciano tiene que
encontrarse turbado por el consenso cosmológico contemporáneo. Parece que los
cosmólogos están suministrando la prueba científica de lo que Santo Tomás no
pudo probar filosóficamente. Es decir, que el universo tuvo un inicio. En tanto
que se pueda pensar como consuelo que el universo existe no sólo sin final sino
también sin comienzo, es fácil argumentar que su existencia ilimitada y todo lo
encontrado como rasgos fundamentales, debería aceptarse como la explicación
última. Aunque creo que esto que digo es correcto, no resulta fácil ni
consolador mantener esa posición frente a los argumentos del Big Bang12.
Como demuestra
lo dicho, si una persona es ciegamente devota del materialismo, es difícil que
acepte alguna evidencia en contrario. Aunque admita que la situación cambió, no
se modifica su compromiso con el materialismo.
Por otra parte,
muchos científicos que no se empecinan en sostener la inexistencia de Dios,
aceptan actualmente que El creó el universo. Así lo hace William Lane Craig,
conocido por sus investigaciones sobre el Big Bang: En realidad, dada la verdad
de la máxima ex nihilo nihil fit (nada proviene de la nada), el Big Bang
requiere una causa física sobrenatural. Puesto que la singularidad cosmológica
inicial representa el límite de todas las trayectorias espacio-tiempo, no puede
existir ninguna causa física (natural) para el Big Bang. La causa debe
trascender los límites físicos del espacio y el tiempo: debe ser independiente
del universo e increíblemente poderosa, además de ser una existencia dotada de
una voluntad sin restricciones... La causa del origen
del universo debe ser, por lo tanto, un
Creador , Quien hace una determinada cantidad de tiempo hizo existir
el universo por su libre decisión13.
Otra importante
conclusión a extraer de la teoría del Big Bang es que, como ya mencionamos, el
trabajo científico alcanza el éxito en su esfuerzo por descifrar los misterios
del universo si se fundamenta en el conocimiento divino. Los científicos que
provienen de una filosofía materialista fueron incapaces, a pesar del esfuerzo
empeñado, de verificar la teoría del “universo infinito”. Sin embargo, la teoría
del Big Bang que desarrolló Georges Lamaitre basándose en fuentes divinas,
contribuyó al progreso científico y ayudó a develar el verdadero origen del
universo. La ciencia está proveyendo prueba científica de aquello que fue
sostenido primero por fuentes religiosas.
El repaso de la
historia de la ciencia en el siglo XX nos llevará a encontrar casos similares a
este del Big Bang en otros campos.
El
Atraso Científico que Produjo la Suposición de que
“En la Naturaleza no Existe Ningún Diseño”
Los
materialistas manifiestan que el universo existió y existirá siempre y suponen
que su existencia no implica ningún tipo de diseño o propósito. Sostuvieron y
sostienen que el equilibrio, armonía y orden universal es únicamente el
resultado de la casualidad. Esta pretensión dominó el mundo de la ciencia desde
la segunda mitad del siglo XIX y dictó el curso de toda la investigación
científica.
Algunos
estudiosos presentaron la llamada “teoría del caos” para demostrar la ausencia
de diseño o designio en el universo. Es decir, se les ocurrió que el orden puede
presentarse espontáneamente en lo caótico. Para dar una respuesta a la pregunta
“¿cómo se puede demostrar que el universo es producto del caos?”, desarrollaron
cálculos matemáticos, trabajos en física teórica, pruebas físicas y experimentos
químicos.
Pero cada nuevo
descubrimiento negaba más aún la posibilidad de un orden a partir del caos y la
creación del cosmos debido a la casualidad. Es decir, cada paso que daban
revelaba la existencia de un designio que todo lo abarcaba.
Un conjunto de
investigaciones que se llevaron a cabo a partir de 1960 demostraron que todos
los equilibrios físicos en el universo han sido diseñados para hacer posible la
vida. En la medida que avanzaban los estudios, se descubrió que cada una de las
leyes de la física, la química, la biología y de las fuerzas fundamentales, como
la de la gravedad o la electromagnética, así como las particularidades de la
estructura de los átomos, han sido hechas a medida, de modo que el ser humano
pudiese existir. Los científicos denominaron a ese designio extraordinario
“Principio Antrópico”.
Quedaba así
demostrado que era una falacia contraria a ciencia el dictamen impuesto con
bombos y platillos a la comunidad científica por la filosofía materialista, que
se sintetiza de la siguiente manera: “el universo es un montón de materia sin
sentido ni propósito que de un modo totalmente azaroso elabora cosas con un
orden o lógica determinados”. El conocido biólogo molecular Michael Denton hace
el siguiente comentario en su libro EL DESTINO DE LA NATURALEZA : Cómo las
Leyes de la Biología Revelan un Propósito en el Universo: El nuevo cuadro
que ha emergido en la astronomía del siglo XX presenta desafíos dramáticos a la
presunción dominante en la comunidad científica durante la mayor parte de los
últimos cuatro siglos, es decir, que la vida es una contingencia, un fenómeno
periférico en el esquema cósmico... La evidencia dada
por la cosmología y física modernas es exactamente la del tipo que buscaron y no
encontraron en la ciencia de su época los teólogos de la naturaleza en el siglo
XVII14.
Los “teólogos de
la naturaleza” a los que se refiere Denton, son los estudiosos religiosos de los
siglos XVII y XVIII que se esforzaron por demostrar la invalidez del ateísmo y
la existencia de Dios en base a fundamentos científicos. Como afirma este
biólogo molecular, el nivel de la ciencia de aquellos momentos no posibilitaba
el logro de pruebas concluyentes para lo que se entendía como verdad. En
consecuencia, se dio la paradoja de que creció la autoridad del materialismo
porque se apoyaba en un nivel de conocimiento primitivo. Pero la ciencia del
siglo XX modificó los criterios hasta poco antes en boga y proveyó evidencias
concluyentes respecto de que el universo fue creado por Dios.
Un punto que es
importante tener en cuenta es la extraordinaria cantidad de tiempo que se ha
perdido en demostrar la ilusión materialista que sostiene que “el universo
carece de todo tipo de designio”. Todas las teorías, fórmulas, estudios en
física teórica, ecuaciones matemáticas, etc., que supuestamente confirmaban esa
hipótesis, se exhibieron como esfuerzos inútiles. De la misma manera que las
teorías racistas condujeron a desastres en la humanidad y a la segunda guerra
mundial, la ideología materialista llevó al mundo de la ciencia hacia el
oscurantismo.
Si la comunidad
científica no hubiese centrado sus esfuerzos en la errada concepción
materialista sino en la realidad de que el universo fue creado por Dios, la
investigación científica hubiera tomado un camino más apropiado y prolífico.
Los
Esfuerzos de la Ciencia por Demostrar que la Teoría
de la Evolución es Correcta Causaron un Gran Daño
La aceptación de
la teoría de la evolución de Darwin es el mejor ejemplo de cómo la ciencia puede
ser guiada incorrectamente. Fue introducida en el orden del día del estudio
científico hace unos 140 años y demostró ser la mayor falacia, aunque por mucho
tiempo se consideró “correcta”.
La teoría de la
evolución sostiene que la vida proviene de la configuración de la materia
inanimada por medio de la casualidad y que los organismos que se formaron así
evolucionaron y se convirtieron en otras criaturas, también por casualidad. El
escenario central de los últimos 150 años ha sido el esfuerzo concertado por
hallar una justificación científica al libreto evolucionista. Pero ese esfuerzo,
irónicamente, probó exactamente lo contrario. La
evidencia científica ha demostrado que el evolucionismo nunca tuvo
lugar, que la posibilidad de la transformación gradual de una especie en otra es
algo imposible y que cada una de las especies fue
creada de modo singular sin que haya cambiado nunca su forma.
Sin embargo, a
pesar de todas esas evidencias, los evolucionistas realizan estudios y
experimentos incontables, escriben libros llenos de falacias y errores,
establecen instituciones, dan conferencias y emiten innumerables programas de
televisión para “demostrar” que la teoría darwinista es valedera. El haber
utilizado a miles de científicos y abultados bienes para afirmar como cierto lo
que no lo es, ha causado un gran daño a la humanidad. Si esos recursos hubiesen
sido usados correctamente, se habrían dado grandes pasos y obtenido resultados
positivos en las áreas más conducentes del estudio científico.
Por otra parte,
un importante número de pensadores científicos se han percatado del grave error
que se ha cometido al aceptarse la teoría de la evolución. Por ejemplo, el
filósofo británico Malcom Muggeridge comentó: Personalmente estoy convencido de
que la teoría de la evolución, especialmente en el grado en que ha sido
aplicada, servirá para hacer uno de las mayores chistes en los libros de
historia del futuro. Las generaciones por venir se maravillarán de que una
hipótesis tan débil y tambaleante haya sido aceptada con la increíble credulidad
en que lo es actualmente15.
El científico
escandinavo Søren Løvtrup hace la siguiente observación en su libro
Darwinismo: La Refutación de un Mito: Supongo que nadie negará que es una
gran desgracia que una rama completa de la ciencia adhiera a una teoría falsa.
Esto es lo que ha sucedido con la biología: durante un tiempo prolongado e
incluso hoy día, se discuten, en el peculiar lenguaje darwinista, los conceptos
de “adaptación”, “presión selectiva”, “selección natural”, etc., pensando que
así se contribuye a la explicación de eventos naturales. Pero no es así... Creo
que algún día el mito darwinista será considerado la mayor falacia en la
historia de la ciencia16.
Una importante
cantidad de científicos han reconocido que la teoría que defienden no se ajusta
a la realidad y se sienten incómodos por eso.
El científico
evolucionista Paul R. Ehrlich admitió en una entrevista con la revista
Science, de manera indirecta, que la creencia ciega en la teoría de la
evolución causa un gran daño a la ciencia: La
perpetuación de la actual teoría (de la evolución) como dogma, no alentará el
progreso hacia otras explicaciones más satisfactorias de los fenómenos
observados17.
Ocupémonos ahora
de todos los esfuerzos inútiles realizados para sostener la suposición no
científica de la teoría evolucionista, lo cual ha costado a la ciencia un gran
desperdicio de tiempo y recursos.
El Atraso
que Ha Causado a la Ciencia la Creencia de que
“La Materia Inanimada Puede Originar Vida Por Sí Misma”
¿Cuál es el
origen de la vida? ¿Qué es lo que distingue a un ave o a una jirafa de una
piedra, del agua, de la tierra, es decir, de la materia inanimada?
La respuesta a
estas preguntas ha sido objeto de curiosidad desde la antigüedad. Las visiones
predominantes son dos: una de ellas es de la opinión de que entre la materia
animada e inanimada existe una delgadísima línea divisoria que puede ser
traspasada fácilmente y entonces la vida puede originarse de modo espontáneo de
lo inanimado. Esta posición es llamada “abiogénesis” en la literatura
científica.
La otra sostiene
que hay una línea divisoria inviolable entre la materia viva y la inerte. De
acuerdo a esta posición es imposible que los organismos animados se desarrollen
a partir de la materia inanimada. Es decir, lo viviente puede desarrollarse
solamente a partir de otro organismo viviente. Este punto de vista es llamado
“biogénesis” y se lo puede resumir en la expresión “la vida proviene sólo de la
vida”.
Significativamente, la idea de “abiogénesis” está conectada a la filosofía
materialista, mientras que la idea de “biogénesis” proviene de fuentes
religiosas. La filosofía materialista ha sostenido siempre que la materia
inanimada puede dar lugar a organismos vivos. Los filósofos griegos creían que
las formas simples de vida surgían continuamente de la materia inanimada.
Las fuentes
divinas dicen, por el contrario, que el único que posee poder para dar vida a la
materia inanimada es Dios. Leemos en el Corán:
Dios hace que germinen el grano y
el hueso del dátil, saca al vivo del muerto y al muerto del vivo. ¡Ese es Dios!
¡Cómo podéis, pues, ser tan desviados! (Corán, 6:95).
Suyo es el dominio de los cielos y
de la tierra. El da la vida y la muerte. Y es omnipotente (Corán, 57:2).
En la Edad
Media, época en que la gente poseía un conocimiento muy limitado de la
naturaleza, prevalecía el punto de vista de la “abiogénesis” debido a ciertas
observaciones o consideraciones erróneas. Quienes vieron que los gusanos se
desarrollaban en un pedazo de carne al aire libre, pensaron que aparecían de
modo espontáneo. La misma explicación le daban a la existencia de las ratas. Es
decir, suponían que se originaban en los granos de trigo almacenados. Esta
creencia se denominó también “generación espontánea” y fue ampliamente aceptada
hasta el siglo XVII.
Esa suposición
pasó al basurero de la historia gracias a los experimentos realizados por dos
científicos de renombre. Uno fue Francisco Redi, quien demostró en 1668 que los
gusanos que aparecían en el pedazo de carne expuesta al aire libre no se
formaban espontáneamente sino que provenían de los huevos depositados por las
moscas que se posaban allí. Con este descubrimiento los defensores de la
“abiogénesis” aceptaron que si bien eso era lo que sucedía con los organismos
grandes, como los gusanos o las ranas, los microorganismos invisibles sí surgían
espontáneamente de la materia inerte. El debate continuó dos siglos hasta que el
biólogo Luis Pasteur demostró que los microbios tampoco podían formarse de lo
inanimado. El sabio francés resumió sus conclusiones así: ¿Puede organizarse la
materia por sí misma? En otras palabras, ¿pueden pasar a existir sin padres o
ancestros los organismos vivos? Es a esto a lo que hay que dar respuesta... Nada
permite afirmar que los seres microscópicos no se originaron de otros que les
antecedieron18.
Redi y Pasteur
tenían algo en común: ambos creían en la existencia de Dios y que la vida fue
creada por El. Esta creencia jugó un papel central en la determinación de lo
absurdo que resultaba la idea de la “abiogénesis”. En efecto, mientras una serie
de científicos influenciados por el materialismo suscribían ese punto de vista
(Darwin, Haeckel, etc), otros que enfocaban la ciencia con un entendimiento
distinto comprobaban la verdad de la “biogénesis”.
Pero los
evolucionistas resistieron dicha realidad evidente y defendieron de modo
obcecado la filosofía materialista, lo que dio lugar a una disputa inútil que
duraría un siglo. Los científicos materialistas Alexander Oparin y J. B. Haldane
establecieron la idea de “evolución química”: la “abiogénesis” no tuvo lugar en
un tiempo breve sino en un período largo. Lo dicho condujo al mundo de la
ciencia a un callejón sin salida y contribuyó a una gran pérdida de tiempo,
además de estar en conflicto con ciertos principios científicos, especialmente
con la Segunda Ley de la Termodinámica.
Una serie de
investigadores se dedicaron a lo largo del siglo XX a realizar experimentos para
comprobar la hipótesis de la “evolución química” o desarrollaron nuevas teorías
para darle un fuerte respaldo. Grandes laboratorios, institutos de investigación
y universidades se volcaron a esa tarea. Pero todos sus esfuerzos culminaron en
el fracaso. El conocido evolucionista Klause Dose, director del Instituto de
Bioquímica de la Universidad Johannes – Gutenberg, confesó que se vieron
frustrados todos los intentos por producir evidencias a favor de la hipótesis
que sostiene que la materia inerte produce materia viva: Más de treinta años de
experimentos en los campos de la evolución química y molecular para determinar
el origen de la vida en la Tierra, han conducido a una mejor percepción de lo
inmensamente problemático que resulta, antes que a lograr resultados positivos.
Todas las discusiones actuales sobre las teorías y experimentos principales en
la materia, terminaron en un atolladero o en la confesión de ignorancia19.
Si el mundo de la
ciencia no se hubiese obsesionado con la idea de la abiogénesis, que es una
falacia materialista, todos los esfuerzos hechos en el nombre de la “evolución
química” podrían haber sido canalizados hacia áreas más productivas.
Si la comunidad científica hubiese partido del
reconocimiento de que la vida es creada por Dios y que sólo El posee el poder
para dar vida, todo ese tiempo y recursos desperdiciados se habrían ahorrado.
En ese caso, la ciencia se hubiese concentrado en investigaciones y
descubrimientos provechosos para la humanidad, en vez de intentar probar la
veracidad de mitos de la Grecia Antigua.
Hoy día la
comunidad científica está demostrando que la materia no viviente no puede
autoorganizarse a través de sucesos casuales para luego juntarse con otras
materias inertes y formar células muy complejas y perfectas. También es obvio
que las millones de formas de vida que vemos alrededor de nosotros no pudieron
formarse de modo accidental como suponen los evolucionistas. Por cierto,
ni una rosa, ni un pavo real, ni una hormiga, ni un
tigre, en otras palabras, ningún ser viviente puede pasar a existir por medio de
la voluntad de células inconscientes construidas por la combinación de átomos
inconscientes.
El propio
científico que realiza amplios estudios en estos temas no es, en su constitución
física y mental, de ninguna manera, el producto de la decisión tomada por átomos
inconscientes.
Hay que tener en
cuenta que en el Corán está escrito hace cientos de años que la vida fue creada
por Dios de la “nada” y que sólo El “da vida”. Si la ciencia hubiese descubierto
las implicancias de las verdades que Dios transmitió a la humanidad, no se
habría “encaprichado” en investigaciones imprecisas durante un período de tiempo
tan largo.
Los Esfuerzos
que Derrochó la Ciencia para Intentar
Demostrar la Supuesta “Evolución de las Especies”
En
la Tierra existen miles de especies vivientes que difieren entre ellas de las
más distintas maneras. Consideremos, por ejemplo, los caballos, las aves, las
serpientes, las mariposas, los peces, los gatos, los murciélagos, los gusanos,
las hormigas, los elefantes, los mosquitos, las abejas, los delfines, las
estrellas de mar, las medusas, los camellos... Todas las formas de vida difieren
entre sí en sus características físicas, particularidades del lugar donde
habitan, técnicas de caza, técnicas de defensa, hábitos de alimentación, formas
de reproducción, etc.
¿Cómo pasaron a
existir criaturas con tantas diferencias?
Quien reflexione
acerca de esta pregunta recurriendo a su facultad de razonamiento, descubrirá
que todas han sido diseñadas así, es decir, han sido creadas. Cada diseño prueba
la existencia de un diseñador inteligente. Es decir, lo viviente, como la
naturaleza en su conjunto, demuestra la existencia de Dios.
Esta verdad nos ha
sido revelada a través de la religión. En el Corán se nos informa cómo pasaron a
existir las criaturas: todas fueron creadas por Dios, Quien con Su poder y
conocimiento infinitos las equipó con características distintas, haciendo de ese
modo que la humanidad se entere de Su potestad y sapiencia. Algunos versículos
coránicos se refieren a la creación de lo viviente:
Entre Sus signos figuran la creación
de los cielos y de la tierra, los seres vivos que en ellos (es decir, en los
cielos y en la tierra) ha diseminado y que, cuando quiere, puede reunir (Corán,
42:29).
Dios ha creado a todos los animales del agua: de ellos unos se arrastran, otros
caminan a dos patas, otros a cuatro. Dios crea lo que quiere. Dios es
omnipotente (Corán, 24:45).
Ha creado los cielos sin pilares visibles. Ha fijado en la tierra las montañas
para que ella y vosotros no vaciléis. Ha diseminado por ella toda clase de
bestias. Hemos hecho bajar agua del cielo y crecer en ella toda especie
generosa. Esta es la creación de Dios. ¡Mostradme, pues, qué han creado los
otros dioses que hay fuera de El! Sí, los impíos están evidentemente extraviados
(Corán, 31:10-11).
Hay, en verdad, en los cielos y en la tierra signos para los creyentes. En
vuestra creación (es decir, en la creación de los seres humanos) y en las
bestias que El esparce hay signos para gente que está convencida (de la Verdad)
(Corán, 45:3-4).
Después de
reconocer la realidad de la creación los científicos establecieron diversas
disciplinas, como la biología, la anatomía y la paleontología,
plenamente conscientes de que todo lo viviente fue
creado por Dios. Entre esos estudiosos destacados tenemos a: Carl von
Linneo, conocido como “el padre de la taxonomía vegetal” y en consecuencia el
pionero en la clasificación definida de las plantas; Georges Cuvier, fundador de
la ciencia de los fósiles y de la anatomía comparada; Gregory Mendel, quien dio
inicio a la ciencia de la genética y descubrió las leyes de la herencia; Louis
Agassiz, considerado el principal biólogo del siglo XIX.
Luego, con la
introducción de la teoría de la evolución de Charles Darwin, el mundo de la
ciencia se esforzó por demostrar que “las especies evolucionaron una de otra”.
Eso llevó a los científicos a investigaciones largas e infructuosas. Se pasó a
buscar fósiles en todo el mundo con la idea de encontrar los restos de
existencias constituidas por partes de dos especies distintas, es decir,
criaturas intermedias entre una especie y otra, que justifiquen lo aseverado.
Además se fabricaron escenarios imaginarios para explicar cómo se habría
producido esa evolución. Y esto que era una simple especulación empezó a
aparecer en publicaciones científicas y eventualmente fue enseñado en las
escuelas como algo real y comprobado.
Conviene repasar
algunos de esos escenarios para demostrar cómo los evolucionistas
ligaron a la ciencia con sus propias fantasías alocadas.
Por ejemplo, la historia que transcribimos a continuación fue publicada en un
artículo evolucionista que se ocupa de la supuesta transición de los reptiles a
los mamíferos: Algunos de los reptiles de las regiones más frías comenzaron a
desarrollar un método para mantener caliente sus cuerpos. Consiguieron producir
un aumento del calor corporal en la medida en que el clima era más frío y evitar
su pérdida achicando las escamas, haciéndolas más puntiagudas y, por último,
convirtiéndolas en piel. Otra adaptación para regular la temperatura del cuerpo
fue incorporar a éste la transpiración, es decir, un mecanismo que enfría todo
el organismo por medio de la evaporación de agua. Además, accidental o
casualmente, las crías pasaron a lamer el sudor de la madre para alimentarse. En
consecuencia algunas glándulas comenzaron a producir una secreción cada vez más
rica, la que eventualmente se convirtió en leche. De ese modo las crías de los
primeros mamíferos comenzaron a llevar un mejor tipo de vida20.
Para sustentar la
hipótesis evolucionista era necesario probar de modo científico acontecimientos
imposibles, como la transición del sudor a leche y de las escamas a la piel.
Ello hizo que miles de estudiosos desperdiciasen su tiempo intentando verificar
semejantes supuestos. En realidad, ninguna de dichas transiciones es posible. Es
absolutamente imposible que el sudor haya evolucionado hasta convertirse en
leche, la cual contiene todo lo necesario para el desarrollo del bebé. Se trata
de una sustancia que se regula especialmente, en concordancia con las
necesidades y con cada fase de la criatura que la toma. Es decir, lo que
encuentra la criatura en la leche de la madre es exactamente lo requerido para
cada momento de su desarrollo.
Por ejemplo, en el
momento en que el bebé necesita potasio, la leche es más rica en potasio. Lo
mismo sucede con todos los demás componentes que vaya a necesitar en sus
primeros años de desarrollo. Por supuesto, es imposible que esa concordancia se
dé como producto de la casualidad.
Por otra parte, es
imposible la evolución de las escamas de los reptiles hasta convertirse en el
pelaje de los mamíferos, pues ambos elementos poseen estructuras completamente
distintas:
1) El pelaje es
folicular, es decir, crece de un saco (folículo piloso), a diferencia de las
escamas, que son estructuras planas dentro de la piel. Además, las escamas se
desarrollan, crecen y se desprenden de un modo absolutamente distinto de como lo
hace el pelaje. No tienen nada en común.
2) No hay ninguna
evidencia científica que sugiera que el pelaje sea el producto de una evolución
a partir de las escamas. Los evolucionistas no poseen evidencia fósil alguna que
demuestre esa suposición, de la misma manera que no pueden presentar ningún
mecanismo lógico que haga posible esa transformación.
Es decir, todas las
suposiciones como estas dos mencionadas colisionan claramente con la realidad
científica.
Lo dicho respecto
de la conversión de reptiles en mamíferos no es la única fábula anticientífica.
Cada evolucionista elabora su propio “libreto”. Así se inventaron muchos
escenarios para hacer creer que los dinosaurios evolucionaron en aves, como el
que relata que dichos reptiles comenzaron a volar mientras cazaban moscas. Otro
cuento nos dice que desarrollaron alas mientras saltaban de un árbol a otro.
Finalmente la ciencia se fue acostumbrando a “demostrar” esos escenarios creados
por la imaginación de los evolucionistas. Hasta ahora muchos científicos han
llevado a cabo investigaciones para “comprobar” cómo los dinosaurios pudieron
haber comenzado a volar mientras corrían o saltaban de las ramas de los árboles,
e invirtieron años para “evidenciar” cómo las escamas se convirtieron en las
plumas de las aves. Uno de ellos, el conocido científico ornitólogo Alan
Feduccia, se pasó la vida trabajando en este tema. Después de 25 años de
investigación buscando una conexión entre dinosaurios y aves, hace la siguiente
confesión: Bien, he estudiado cráneos de aves durante 25 años y no encuentro
similitudes de ningún tipo. No las veo... El origen de las aves terópodas, en mi
opinión, será la más grande dificultad de la paleontología del siglo XX21.
Los escenarios
evolucionistas no se limitan a lo dicho. Como admitió el paleontólogo
evolucionista Dr. Colin Patterson, Existe una tremenda
cantidad de fábulas, una más imaginativa que otra, sobre la
naturaleza de esas historias de vida22.
Los darwinistas
proponen también la fantástica suposición de que los mamíferos marinos
--ballenas, focas, delfines-- llegaron a ser tales después de evolucionar a
partir de osos nadadores. Incluso, para dar fundamento a ese escenario,
produjeron teorías acerca de criaturas semiballenas y hasta de “ballenas
caminantes”.
El problema no está
en que los evolucionistas sueñen y crean en los escenarios que se les ocurran
sino en que derrochan los recursos científicos y el tiempo en todo el mundo
esperanzados en encontrar pruebas que justifiquen sus pretensiones. Dijo el
conocido científico evolucionista Pierre Paul Grassé acerca de esos escenarios:
No existe ninguna ley que prohiba soñar despierto, pero la ciencia no debe
entregarse a esa práctica23.
La ciencia
continuará dándose la cabeza contra la pared en sus intentos por demostrar esos
mitos en la medida en que los científicos sigan fundamentándose en hipótesis
incorrectas como las del darwinismo. Sólo el reconocimiento de la verdad de que
todo ha sido creado pondrá fin a esos esfuerzos vanos que inhiben el progreso de
la ciencia. Como mencionamos antes, todas las criaturas
fueron creadas por Dios, una por una. Sus características físicas,
hábitos de alimentación, técnicas de caza y defensa, la forma en que nutren a
sus vástagos, etc., reflejan compatibilidades perfectas. No tiene sentido
investigar cómo la casualidad dio lugar a esos procedimientos tan armoniosos. La
perfección que exhiben no pudo pasar a existir de modo fortuito sino, solamente,
a través del poder y control de nuestro Señor, el Creador Supremo. Por
consiguiente, sería mucho más valioso investigar lo posible de verificar y sus
particularidades, antes que producir escenarios completamente imaginarios. Lo
importante es que esa investigación nos ayudará a conocer mejor a Dios, el
Todopoderoso, Quien creó a los seres humanos y a todo el universo de la nada.
El
Atolladero de las Mutaciones
Otra aseveración de
los evolucionistas que provocó una gran pérdida de tiempo a la ciencia, fue la
ilusoria búsqueda de “mutaciones benéficas”.
Las mutaciones son
cambios que ocurren en el código genético de un organismo por efectos de las
radiaciones, sustancias químicas, etc. Aunque los darwinistas suponen que lo
viviente evolucionó a través de mutaciones, estas son casi siempre dañinas
porque causan desórdenes orgánicos. El escape de radiación en Chernobyl
constató, desgraciadamente, los efectos nocivos de las mutaciones. Luego de ese
desastre muchas personas empezaron a padecer de leucemia y distintos tipos de
anormalidades muy serias, como las deformaciones físicas en los recién nacidos.
El neodarwinismo
les dio el carácter de “mecanismo evolutivo” a dos procesos negativos. Uno de
ellos es el de la mutaciones. Por lo tanto se vieron obligados a demostrar que
podían dar lugar a efectos beneficiosos en lo que a la evolución concierne. Sin
embargo, como explicamos antes, las mutaciones son siempre dañinas y nunca se ha
observado que conlleven a la evolución.
Con una tenacidad
sorprendente proyectaron modelos de mutaciones artificiales y trabajaron durante
decenios con miras a lograr una beneficiosa. Por ejemplo, numerosas veces
provocaron mutaciones en la moscas de la frutas esperanzados en “llegar a
mejorar el código genético”. El resultado fue un fracaso total. El evolucionista
Michael Pitman hizo la siguiente observación acerca de estos dilatados
experimentos en el campo de las mutaciones, realizados con el objeto de que
conduzcan a algo concluyente: Morgan, Goldschmit, Muller y otros genetistas han
sometido varias generaciones de moscas de la fruta a condiciones extremas de
calor, frío, luz, oscuridad, radiaciones y exposición a agentes químicos. Se
produjeron diversos tipos de mutaciones, prácticamente todas irrelevantes o
abiertamente nocivas. ¿Consiguió el ser humano reproducir la evolución? En
realidad, no. Pocos de los monstruos creados podrían haber sobrevivido fuera de
las probetas en las que fueron engendrados. En la práctica, los mutantes mueren,
son estériles o tienden a volver al tipo original24.
También Gordon
Taylor, otro conocido evolucionista, dijo que se perdieron cincuenta años con
los experimentos sobre mutaciones: En los miles de experimentos de reproducción
de moscas llevados a cabo en todo el mundo durante más de cincuenta años, nunca
hemos visto que aparezca una especie nueva o, aunque más no sea, una enzima
nueva25.
Las experiencias de
los evolucionistas en otras áreas de la ciencia no han sido diferentes. No
obstante, a pesar de toda la evidencia científica en contra, consideran que esa
persistencia (irracional) en el error es “perseverancia científica”. Pero su
comportamiento no es tal sino resistencia u oposición a
los principios de la ciencia.
El Atolladero en el Campo de los Fósiles
Otro ejemplo de la
pérdida de tiempo de la que es responsable la teoría de la evolución lo
encontramos en el callejón sin salida al que fue empujada la paleontología.
Nadie duda de que los estudios paleontológicos son fundamentales para la
comprensión de la historia de la vida en la Tierra. Sin embargo, los
preconceptos erróneos de la teoría de la evolución tuvieron un efecto negativo
en los mismos y llevaron a los científicos a conclusiones equivocadas. Los
paleontólogos que investigan “el origen del ser humano” se ven en apuros: todas
las investigaciones llevadas a cabo para encontrar una criatura semisimia,
semihumana, han sido una completa pérdida de tiempo.
Debemos mencionar
que la búsqueda de fósiles se hace bajo condiciones muy difíciles y requiere
presupuestos elevados. Las excavaciones realizadas por numerosos investigadores
en los últimos ciento cincuenta años en regiones como las de los desiertos
africanos y en campamentos bajo el sol ardiente, con presupuestos de millones de
dólares, no han brindado resultados concretos. El conocido paleontólogo Richard
Leakey y el renombrado escritor científico Roger Lewin, hicieron la siguiente
confesión acerca de la carencia de resultados de esos estudios: Si alguien se
toma el trabajo de coleccionar en una habitación todos los fósiles encontrados
de nuestros ancestros (y sus parientes biológicos) que vivieron, digamos, entre
cinco millones y un millón de años atrás, para exponerlos necesitará solamente
un par de caballetes y dos tablones grandes. ¡Y como si esto no fuese bastante
lamentable, una simple caja de zapatos sería más que suficiente para acomodar
los fósiles de homínidos con una antigüedad de entre quince y seis millones de
años!26.
Todas esas tareas
fueron un desperdicio de tiempo, conocimiento, trabajo, dinero y recursos,
consideradas equivocadamente “en función de la ciencia”. En todo el mundo, miles
de universidades, instituciones y organizaciones científicas, millones de
científicos, instructores y estudiantes, laboratorios, expertos, equipos
técnicos e incontables recursos, han sido consagrados al servicio de un
argumento falso. El resultado concreto de todo esto es “nada”, pero así y todo
se sigue en esa línea de acción aunque los nuevos descubrimientos siguen
exponiendo la falacia de la hipótesis evolucionista.
El científico
darwinista S. J. Jones explica en un artículo publicado en la revista Nature
las dificultades de la paleoantropología, del estudio de los fósiles y de la
investigación sobre el origen del ser humano: Parece que los paleoantropólogos
cubren la falta de fósiles con un exceso de entusiasmo y esta debe ser ahora la
única ciencia en la que aún es posible hacerse famoso sólo por tener una
opinión. Como dijo un cínico, en paleontología humana el consenso lo tiene quien
grita más fuerte27.
Los Daños que Causan a la Ciencia Quienes Niegan
la Existencia de un “Diseño Perfecto en la Naturaleza”
Negar
el hecho de la creación, es decir, la existencia del “diseño” en la naturaleza,
significa impedir la investigación científica. El estudioso que es consciente de
esa existencia emprende sus estudios con el objeto de investigarlo y llegar a
conocer cuál es su propósito. Pero un evolucionista no tendrá la misma meta
debido a que considera que la naturaleza es un amontonamiento de materia sin
ninguna intención.
El físico y
filósofo norteamericano William Dembski, es otro de los que sostiene que en la
naturaleza hay un “diseño” y dice que el punto de vista evolucionista, al negar
la existencia de un propósito en la misma, detiene el progreso científico.
Ejemplifica esto valiéndose del término “ADN chatarra” usado por los darwinistas.
(Denominan así a los elementos del A